Deux Kratos: Pantheon

  

Segundo Acto:

  

En la noche, al seguir con miedo de no poder defenderse de algún ataque, Reika le había pedido a su hermano dormir en el mismo cuarto que ella, petición a la cual Kenji siempre accedía sin dudar.

 

–Ken-chan... ¿Sigues dormido? – le preguntó Reika a su hermano, quien aún estaba dándole la espalda del otro lado de la cama. 

–¿De qué quieres hablar, Reika? 

–Es solo que... – ella se levantó y se sentó – Aún no estoy del todo bien después de... lo que pasó.  

–Sé a lo que te refieres... – a su mente vinieron los sucesos de la tarde.  

 

Aunque todo se había solucionado con Perséfone, aún faltaban los demás dioses. No tendrían oportunidad si no despertaban sus propios poderes a tiempo.  

 

Lina ya se había recuperado, pero no iba a regresar a América hasta que se haya resuelto el misterio.

 

–¿En verdad crees en Lina cuando dijo que ya todo se solucionó? – le preguntó a su mellizo.  

–No puedo saberlo... En algún momento ella podría perder el control. Ella misma lo sabe... – suspiró y abrazó a su hermana – Pero confío en ella. Cuando promete que logrará algo, sabes que hará lo posible.  

–Ken-chan... Apolo es bueno... como siempre lo hemos creído desde niños... ¿Verdad que sí?  

–No puedo sentir nada malo... Aun así no confío en mí mismo todavía, Reika...  

–Aunque yo vaya a transformarme en Artemisa, aún seguiremos siendo los mismos...  

–Así será.  

 

Ya cansada, Reika terminó dormida en brazos de su hermano gemelo. La vio por unos instantes. Reika nunca se había mostrado insegura ante nadie, pero él era uno de los pocos que tenían el beneficio de conocerla en su totalidad, con debilidades incluidas.  

 

* * *

 

Ya era domingo por la mañana, lo cual significaba que era cumpleaños de los gemelos Okubo.  

 

Ellos se saludaron primero, siendo tan efusivos como todos los años. Las actividades de ese día serían las siguientes: después del aseo matutino, Kenji y Reika irían a la escuela, donde se encontrarían con Ryo; los tres irían a la exposición griega del museo y, luego de eso, celebrarían con una gran cena, cortesía de Lina.  

 

–Apúrate. Tenemos que ir al museo – le apuró Reika, terminando de ponerse la chaqueta.  

 

Como de costumbre, la ropa de la muchacha era muy informal. Ella no era de ponerse cosas muy femeninas a menos que la situación lo ameritara. Gustaba en especial de esa chaqueta negra de algodón, mangas cortas y capucha, la cual usaba cada vez que salía a la calle; a diferencia de Kenji, quien era más de usar camisas cortas sobre las camisetas.  

 

–Sí. Ahora voy... – dijo desde su habitación.  

 

Terminó de quitarse la camisa del pijama, pero lo que vio en su propio cuerpo le sorprendió. Encontró una cicatriz en el lado izquierdo de su abdomen, como si hubiera sido hecha hacía varios años. Eso no estaba ahí hasta esos momentos ¿Por qué tenía esa marca ahora?  

 

* * *

 

–¿Te encuentras bien, hermano? – le preguntó una asustada Artemisa.  

–Estoy bien – trató de soportar el dolor que le hiciera la daga de su hermano Ares.  

 

Artemisa no podía ayudar a Apolo, quien trataba de contener la sangre que brotaba de la herida. Su túnica ya estaba manchada de rojo, y el color se expandía sobre la tela.  

 

–Esto no puede continuar así... Estoy harta de huir. Soy la deidad de la cacería - renegó con los ojos llenos de lágrimas.  

–Tú y tu orgullo, hermana – trató de reír, pero el dolor le interrumpió abruptamente – Vete antes de que te alcancen...  

–¿Y qué sucederá contigo?  

–Confía en mí... Trataré de darte tiempo, Artemisa.  

–Eres un estúpido, Apolo... ¡Huiremos juntos! Si no es así, entonces moriremos los dos.   

Escucharon el grito delator de Hera, esposa del supremo Zeus, quien ya los había divisado en el bosque.  

 

* * *

 

Llegaron a la escuela, tal como habían quedado con Ryo. Ahí lo encontraron, tan puntual como siempre.  

 

–Feliz cumpleaños a los dos – Ryo les saludó con entusiasmo.  

–Perfecto. Te acordaste ¿Qué más podíamos esperar, Ryo-chan? – rió la muchacha, yendo a saludar a su mejor amigo.  

–¿Estamos listos para ir? No puedo esperar más tiempo – sonrió Kenji.  

–Ese entusiasmo por la historia griega sigue siendo el mismo. Nada cambia... – al instante, Ryo se calló al darse cuenta de que la última frase puso en seriedad a su amigo –Gomen, Kenji...  

–Descuida. No lo hiciste adrede, Ryo – volvió a componer su expresión alegre en unos instantes – ¿Qué esperamos? Vámonos ya.  

 

Sabían que Kenji aún estaba afectado por su transformación en Apolo.  

 

«“Nada cambia”» pensó el muchacho «Si yo fuera realmente una amenaza como Apolo... ¿Significa que yo también sería malo? ¿Que no hay forma de remediar aquello?»  

 

Mientras caminaban, Reika no pudo evitar notar el cambio de actitud de su gemelo. Lo que uno sufría, el otro lo sentía. Así había sido desde siempre.  

 

* * *

 

En el edificio de la Corporación Hanajima, propiedad de uno de los empresarios más poderosos del país, se encontraba Hanajima Goro, un exitoso hombre de 29 años, el presidente de la firma con varios negocios prósperos. Era joven, muy guapo y de cabello negro azulado, arreglado a la perfección con gomina. Lucía orgulloso, prendido a la solapa de su traje de negocios, un pin de plata que representaba el tridente de Neptuno, símbolo de su Compañía y herencia de la familia desde cinco generaciones atrás, siendo él el sexto portador.  

 

–Hanajima-sama. Tiene visitas – anunció la secretaria por un comunicador. 

–Aún tengo asuntos pendientes. Que vuelva en otra ocasión.  

 

Se escuchó por el comunicador que la secretaria trataba de detener a alguien. Pronto sonó una voz completamente diferente.  

 

–Si fuera posible, me gustaría que pospusieras tus deberes, Darling – dijo la sensual voz femenina.  

–¿Nos conocemos de algún lado?  

–Claro que sí... Tiempos mitológicos – dijo tratando de sonar sarcástica.  

 

Con esa última frase, dejó pasar a la que solicitaba su presencia. Pasó a la oficina una mujer de su misma edad, cabello largo verdoso, recogido en un moño, lentes y ojos pardos casi verdosos, quien era realmente Hestia, diosa del hogar.  

 

–Mucho tiempo de no vernos... Hanajima Goro.

–¿Qué te trae por Japón, Hestia? – respondió indiferente.  

–Preferiría Marla. Simplemente pasaba por aquí ¿Acaso no puedo visitar a un colega de trabajo?  

–Simplemente me sorprende que vengas de visita tan inesperadamente – respondió aún indiferente.  

–Claro. Ahora tengo que recibir regaños del gran Poseidón simplemente porque la gran Hestia viene a visitarle y sacarlo del trabajo – le respondió en tono burlón y se sentó en la silla frente al escritorio.

 

A pesar de que no tuvieran nada en común, Poseidón tenía que soportarla, ya que mantenían muchos acuerdos. Ellos dos eran de los pocos dioses que resultaron reencarnaciones puras, ya que aún tenían intactos los recuerdos de vidas anteriores.  

 

–¿Y a qué debo tu visita, Marla? – preguntó el dios del mar finalmente. 

–Pues te tengo noticias...  

–¿Y cuales son? – empezaba a darse cuenta de que la reencarnación de Hestia quería prolongar el juego.  

–Tendrás que adivinar...  

–No estoy para juegos. Y si no me lo vas a decir, regresa otro día cuando se te quiten las ganas de jugar.  

–Tampoco es para que te pongas así... – volteó y, aún dándole la espalda, le respondió – Los dos volvieron a esta época.  

 

Bajó un poco sus lentes para verla. Sabía que Hestia no bromeaba cuando se trataban de esos asuntos.  

 

–Al fin logré tu atención – sonrió ella.  

–¿Y vas a intervenir?  

–Claro que no. Hace mucho que le he perdido el interés a esto.  

–Ya veo... Así de irresponsable eres tú. No hay cosa que hayas olvidado por vagas frivolidades.  

–Disfrutar de fama y fortuna en esta vida no es frívolo... Es sólo un placer al ego humano.  

–¿Ego humano? – rió levemente y dibujó una sonrisa de lado – Ese ego te ha acompañado desde la creación del universo. Tienes suerte de haber reencarnado en este siglo como Marla Winslow, popular diva. No me sorprende que hayas usado eso a tu favor.  

–¿Y tú qué harás? ¿También te harás cargo de ellos? Supe que Perséfone falló. La muy tonta se dejó convencer por la carita linda del niño que es ahora Apolo.  

–No me importa lo que haga el resto. Aún tengo una compañía que dirigir. Mantener rencor contra ellos por más de dos milenios es una tontería.  

 

Ella cerró los ojos y se sentó sobre el escritorio del ejecutivo.  

 

–Debí suponer que serías así de metódico. Algo muy característico de ti.  

–¿Eso era todo?  

–Supongo que sí... Ah, y también otra cosa más. Hera se comunicó conmigo hace poco. En definitiva está furiosa. No tardó en enterarse de lo que pasó con Perséfone y quiere que lo sueltes a “él” y que si no haces caso, ella misma vendrá a Japón y hará de tu vida un infierno ya que sus poderes regresaron.  

 

Hanajima levantó una ceja ante la disposición que quería Hera. Claro que ella seguía siendo una vengativa psicópata, como la llamaba él.  

 

–Entiendo... – el dios marino buscó un número en su organizador y llamó – ¿Está todo preparado? Perfecto. Envíenlo para allá esta tarde.  

 

Cuando colgó el teléfono, volteó a ver a Marla y suspiró resignado.  

 

–Después de trescientos años vas a soltarlo... Y eso que no te dejas dominar por Hera tan fácilmente – dijo la mujer con algo de burla.  

–Es para que esa perra psicópata me deje en paz.  

–La verdad es que le tienes miedo a su rabia...  

–No te he pedido tu opinión.  

 

La mujer se asomó más hacia el otro dios y le sonrió.  

 

–Salgamos. Hace siglos que no me invitas a ningún lado.  

–¿Hace siglos? Déjame aclararte algo: NUNCA te he invitado.  

–Siempre hay una primera vez para todo. Tengo algo muy interesante qué mostrarte.  

 

Él sabía que los caprichos de Hestia eran más persistentes que los de Afrodita. Comunicó a su secretaria que se tomaría la tarde libre y que cancelara todas las actividades del día. La diosa del hogar tenía el lugar perfecto para visitar.  

 

* * *

 

Kenji, Reika y Ryo llegaron al museo a las 12.30 pm, justo cuando habían inaugurado la exposición de la antigua Grecia. Como el homenaje a Okubo Genma se haría en unas horas más, decidieron ver las reliquias de la galería.  

 

–Mira esto... – Reika se asomó emocionada a una de las vitrinas – Pensé que estos eran tesoros que sólo se podrían ver en los libros.  

–Sí. Y aquí hay pergaminos muy antiguos del Siglo II a.C. – Kenji vio en la vitrina del costado – Papá me habló mucho de las poesías épicas, inspiradas por la musa Calíope.  

–¿Y qué hay del manto de Aracné? – le dijo Reika, señalando unas tablas de mitos - Era una chica tan arrogante que se atrevió a retar a la mismísima Atenea en el tejido.  

–Deberían trabajar aquí como guías – rió Ryo, algo mareado al no poder prestar atención.  

–Es simple cultura general, Ryo – rió el muchacho rubio.  

 

Los tres jóvenes siguieron recorriendo el museo. La avidez de los gemelos por la historia griega era impresionante, incluso más detallada que la que otorgaban los guías del propio museo. Se notaba con seguridad que eran hijos del arqueólogo Okubo Genma.  

 

A medida que pasaban las horas, con Kenji y Reika relatando diversos mitos griegos, desde la creación de los dioses hasta la intervención de éstas deidades en la Iliada, Ryo podía ver que al menos se estaban olvidando del asunto de los dioses vengativos.  

 

Dentro de poco iba a empezar el homenaje al padre de los mellizos, por lo que fueron a ocupar sillas en primera fila. Lina se quedó a la entrada del museo para ver la exposición. Miró a todos lados, fijándose en una pareja que veía desde la segunda puerta, quienes resultaban ser Goro Hanajima y Marla Winslow.  

 

–Esas personas... – la prima de los gemelos podía sentir la energía que emanaba de ambos individuos. Se veían como personas normales, pero eso, en definitiva, no lo era.  

 

Por su parte, Marla llamó la atención de su compañero.  

 

–Mira, Goro... ¿Esa no es Perséfone? – le hizo notar la presencia de Lina.  

–No es ella... Es su vasija humana.  

–Para este momento ella debería estar tomando el control completo del cuerpo que le fue destinado.  

–Eso es para que no subestimes a los humanos. Ésta tiene una gran fuerza espiritual.  

 

Interrumpieron su charla cuando la exposición iba a comenzar.  

 

–Bienvenidos a todos los que vinieron a contemplar y aprender sobre las antigüedades griegas. En esta ocasión recordaremos a un gran hombre que vivió entregado a su vocación. No sólo representó a Japón por sus descubrimientos, sino que también murió como el orgulloso arqueólogo que era. Estamos hablando del honorable Okubo Genma-san, descubridor del Templo de la Urna y del mito de Apolo y Artemisa...  

 

Mientras hablaban, Reika se llevó una mano a la frente y fijó su mirada al suelo, lo cual llama la atención de su hermano y su mejor amigo.  

 

–Reika... ¿Te encuentras bien? – le susurró Ryo.  

–Hermana ¿Qué pasa? – trató de llamarle Kenji.  

 

Mientras ellos trataban de hacerla volver en sí, Reika sentía que un choque eléctrico pasaba por sus nervios y sus sentidos se agudizaban ¿Era algún presagio de algo?  

 

–Salgamos de aquí – murmuró.  

–Reika... ¿Estás segura?  

–Sí... Tenemos que irnos ahora... Ese olor lo conozco...  

 

Kenji de repente tiene una visión fugaz. Al volver después de unos segundos, asintió a lo que dijo su hermana.  

 

–Démonos prisa... – dijo el muchacho de ojos verdes.  

 

Muy tarde. En el momento en el que salían, un cíclope gigante arrinconó la puerta principal, dejando a todos los presentes en pánico.  

 

Hestia y Poseidón habían salido mucho rato atrás, observando el espectáculo desde otro lado de la calle.  

 

–Así que tuviste agallas para hacerle caso a Hera y soltaste a Polifemo luego de que pasó centurias encerrado en las profundidades de tu mansión. Muy astuto de ella, debo decir – comentó la diosa.  

–No pienses que la bruja de Hera me obligó.  

–Seguro... Según recuerdo, te negaste a soltarlo desde la antigüedad y lo mantuviste encerrado en esa isla hasta que el rey de Ítaca, Odiseo, lo dejó ciego ¿Aún así lo curaste y lo mantuviste prisionero?  

–No tenía elección. Anteriormente había pensado en dejarlo morir con su ceguera, pero preví que quizás haría un buen uso de él.  

–No tienes remedio...  

–¿Y qué? Tampoco me interesa... – volteó y estuvo dispuesto a marcharse.  

–¡Espera! – Lina fue donde ellos antes de que se retiraran.  

 

Marla y Goro se detuvieron cuando Lina les llamó y voltearon tranquilamente hacia ella.

 

–Así que tú eres la vasija de Perséfone... Creo que ya nos conoces – dijo Marla.  

 

–No te ofendas, muchacha, pero sólo me dignaré a hablar con Perséfone – fue lo único que dijo el CEO de Corp. Hanajima.  

–Entonces así será... – dicho esto, Lina dejó salir nuevamente a la esposa de Hades.  

 

La diosa movió una mano y se la miró haciendo esa simple acción.  

 

–Estoy de nuevo aquí... – murmuró Perséfone.  

–Gusto en verte de nuevo, Perséfone... – le recibió Marla.  

–Hestia... y viniste con Poseidón... – continuaba tan seria como siempre – ¿Vinieron por algo?  

–Ya no es asunto nuestro. Polifemo se encargará de Apolo y Artemisa – le respondió el dios del Océano.  

–¿Siguen con sed de venganza? – preguntó Perséfone.  

–No tenía caso continuar con esa tonta tradición del odio. La fortuna puede hacer que uno sobrelleve todo... Y ellos tenían razón. Acá se está mejor que en Olimpo... Al menos ésta época donde los humanos descubrieron la tecnología - Hestia continuaba sonriente.  

–Si no tienen nada contra ellos ¿Por qué llamaron a ese cíclope?  

–Culpa de todo a la sádica tu madrastra, Perséfone – respondió Poseidón.  

–¿Hera les ordenó hacer esto? ¿Desde cuando ella tiene poder para hacer esto?  

–Desde que Apolo hizo el favor de devolvernos a todos parte de nuestro poder... Atenea no pensó mucho cuando decidió ocultar la inmortalidad en otro frasco. Hera puede hacer mucho si se lo propone.  

 

Lina captó con atención esa respuesta de Hestia. Ahora lo comprendía.  

 

Antes de que ambos dioses se marcharan, Poseidón le hizo una última pregunta a Perséfone.  

 

–¿Tú por qué los perdonaste?  

 

* * *

 

La gente aprovechaba para huir por la puerta posterior, pero Kenji, Reika y Ryo se quedaron cerca del estrado, viendo cómo el gigante cíclope quería cogerlos.  

 

–¿Está buscándonos también a nosotros? – dijo Reika.  

–Al parecer sí. Si sólo quisiera alimentarse, habría interceptado la otra puerta en lugar de seguir donde nosotros estamos – dijo Kenji.  

–¿Qué es esa cosa? – preguntó un asustado Ryo.  

–Polifemo, un cíclope hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Cuentan las leyendas que Odiseo lo derrotó al destruir su ojo y dejarlo ciego – explicó Kenji.  

–Díganme que es vegetariano...  

–Por desgracia no...  

 

Kenji pareció irse por un momento, para luego mirar de diferente manera a su enemigo.  

 

–No nos queda más que enfrentarlo – dijo con determinación.  

 

Ryo y Reika se dieron cuenta que sucedió otra vez. Kenji estaba actuando como Apolo nuevamente. Éste se lanzó hacia él y quedó apresado por el brazo del gigante. El cíclope asomó el rostro para ver si tenía a su presa. Aún así, Kenji ponía resistencia, impidiéndole sacar la mano del museo.  

–Ryo. Reika... Será mejor que salgan por la puerta de atrás... Soy yo uno de sus objetivos, así que lo distraeré.  

–Estás loco... No voy a dejar que lo hagas.  

–Reika. Tienes que salvarte tú. Mi vida no tiene valor. De no ser por mí, no estaríamos pasando por todo esto. De lo único que me arrepiento es de provocar la ira de los demás dioses y ponernos en riesgo.  

–No seas tonto. Suicídate tú, pero no lo hagas mientras aún seas mi hermano Kenji – lloró tratando de disuadirle.  

–Reika... – por un momento, Apolo se dio cuenta que tenía la misma actitud de su hermana gemela. Aún habían esperanzas para que ella saliera nuevamente - Si quieres ayudarme, entonces coge la jabalina que está por allá - le indicó señalando uno de los anaqueles.  

–Es propiedad del museo...  

–¿Quieres salvar el día? Será mejor que lo hagas...  

 

Reika no dudó más y sacó la lanza de la estantería.  

 

–¿Y ahora qué hago?  

–Artemisa era muy buena en lanzamiento y la jabalina era su segunda arma favorita. Tienes que darle en el ojo.  

–Pero... Yo no sé nada de lanzamiento...  

–Si confías en ti, puedes despertar su habilidad... ¡Hazlo, hermana! – en ese momento ella pudo entenderlo. Kenji y Apolo eran la misma persona, no sólo en cuerpo, también el alma era la misma. Comprendió que Kenji parecía cambiar, pero era solamente que sus recuerdos como Apolo le afectaban. Seguía siendo él.  

 

Se decidió y trató de lanzar bien. Sin embargo, para mala suerte de los demás, el tiro se desvió por el campo espiritual del gigante y terminó clavada en una columna. 

 

–Debió darle... No entiendo qué pasó... – dijo un incrédulo Ryo, aún viendo lo que pasaba.  

–Lo sabía... No puedo hacer esto...  

 

Kenji entendió en seguida lo que había ocurrido. Sólo un Dios o un semidios podía matar a un monstruo mitológico que había sido revivido por una deidad del mismo origen. No tendrían oportunidad si Artemisa no despertaba en Reika, ya que él estaba imposibilitado de hacer algo mientras Polifemo siguiera sujetándolo.  

Reika tuvo todo el incentivo que necesitaba para arder cuando Polifemo decidió acabar con Apolo de una buena vez. Al apretar más la mano, se detuvo al sentir una energía emanando de la misma muchacha sin poder que estaba ahí.  

 

Tal como había pasado con Kenji, la presencia de Reika se confundió con la esencia de la diosa de la cacería, Artemisa.  

 

–Será mejor que dejes a mi hermano – le amenazó la recién despertada diosa.  

–Por fin despertaste... Significa que acabaré con ustedes y Hera me dará un nuevo lugar en Grecia – dijo el cíclope al ver activa a Artemisa.  

–Así que Hera sigue siendo una vengativa... Te diré qué. Tu muerte le dará la advertencia de no meterse con nosotros nuevamente.  

  

Kenji miró complacido. Esa era en definitiva Artemisa. Aunque al parecer no había variado en nada, ya que, según las memorias de Apolo, Reika era exactamente igual.  

  

Antes de poder hacer algo, el brazo del coloso terminó mandándola hacia atrás en una dolorosa caída.  

  

–Si fueras Artemisa en su totalidad, habrías soportados eso, niña.  

–¡Reika! – Kenji sintió cómo lo estrujaba más esa mano.  

–Estoy bien. Estoy bien... – dijo levantándose.  

  

«No entiendo. Regresé a ser yo en sí, pero aún no recupero mi poder ¿Qué voy a hacer ahora?»  

  

Pensó que lo mejor era recoger la jabalina, la cual aún se encontraba clavada a la pared. Intentó de todo para sacarla, pero no lo lograba.  

  

Ryo veía todo lo que ocurría. Se lamentaba de no poder hacer nada por sus amigos. Entonces se le ocurrió una idea. Era alocada, pero podría dar resultado.  

  

–No puedo sacarla... – trató de jalarla, pero no podía hacerlo.  

–Confía en ti, hermana... – le gritó Kenji, todavía apresado.  

  

La voz de su hermano le daba la convicción de que debía persistir y rescatarlo. Las fuerzas llegaron a ella instantáneamente y logró sacar la jabalina de la pared.

  

–Ahora sí – sonrió malévolamente y miró al cíclope, quien empezó a aterrarse al darse cuenta de que Artemisa había elevado su poder.  

–No te atreverás a lanzar todavía – Polifemo puso a Kenji entre ella y el ojo del gigante, lo cual le impedía atacarlo.  

  

¿Qué podía hacer ahora? No podía sacrificar a su hermano, pero la situación no estaba a su favor. Por lo menos no hasta que pasó. Una luz hizo que Polifemo se cegara momentáneamente y soltara a Kenji. Reika miró hacia arriba y se fijó de que la luz provenía de un gran espejo en el estrado. Miró hacia arriba. Ryo fue el que encendió los reflectores, dándole una oportunidad más a su amiga.  

  

Supo que era el momento y le lanzó nuevamente la jabalina. Ésta vez logró su objetivo y acabó con el monstruo que los perseguía. Reika se dejó caer sentada en el suelo y miró incrédula lo que había hecho. No tuvo tiempo para descansar, ya que su atención se volteó hacia su hermano, quien se recuperaba de la impresión anterior.  

  

–¿Qué se dice? – se le acercó una sonriente Reika.  

–¿“Sankyuu[1]”? - sonrió también.  

–Eso es. Buen chico.  

  

Los dos empezaron a reírse después de aquello. Ryo, quien volvió a bajar al primer piso, se extraño de verlos así ¿Cómo se podían reír después de que un cíclope casi los mataba? Respuesta simple: Son Kenji y Reika.  

  

Cuando la policía estaba llegando al museo, toda la gente vio estupefacta cómo el cuerpo del gigante se desvanecía. Los tres jóvenes que estaban dentro del museo vieron incrédulos lo que había ocurrido.  

  

Fuera del museo, Lina también vio lo que pasó. Supuso que esto había sido obra de Hestia y Poseidón. Ahora que todo comenzaba, tendrían que tener más cuidado.  

  

* * *

  

Ya de noche, y luego de que Kenji y Reika dieran declaraciones en la estación, Ryo les esperó a la entrada de la jefatura.

  

–¿Qué tal les fue? – preguntó el muchacho de lentes.  

–Ya sabes cómo es eso... Horas de interrogatorio sin sentido... – Reika se llevó las manos a la nuca y se rascó en la zona negra del cabello.  

–¿Qué les podíamos decir? No creerían que en verdad pasó todo eso aunque lo hayan visto con sus propios ojos – respondió un cansado Kenji.  

-Tuvieron suerte de salir vivos de esta... Aunque ahora tienen poderes. Eso de por sí trae muchas cosas buenas.  

–No es tan fácil... No podemos controlarlos todavía, pero no sé cómo fue que lo saqué – la chica del trío se sentó en las gradas de la escalera.  

–Todo esto aún es incierto... Vaya cumpleaños... – suspiró su hermano.  

–Pero aún faltan unas horas. Una cena tranquila en familia es lo mejor después de una tarde llena de aventuras – Ryo levantó a Reika y los tres fueron al hotel de Lina para cenar todos juntos.  

  

* * *

  

Cuando todo se acabó, cerca de las 12, y Kenji estaba a punto de irse a dormir, Reika tocó la puerta de su dormitorio.  

  

–¿Ocurre algo, Reika?  

–Ken-chan... Sólo quería que supieras que me preocupaste cuando casi te matan, grandísimo tonto.  

–Gracias, Reika...  

–¿Eso es todo lo que me dirás? – no resistió más y lloró sobre sus hombros – Estuviste a punto de sacrificarte para que Ryo-chan y yo huyamos. Cuando Artemisa despertó, vi en sus recuerdos. No fue la primera vez que querías hacer eso ¡Eres el idiota más grande desde tiempos mitológicos, Okubo Kenji!  

  

Kenji lo sabía. Por algo tenía la cicatriz de Apolo en su cuerpo. Aquella que obtuvo en el abdomen al tratar de proteger a Artemisa.  

  

–Eso es porque tengo una hermana igual de tonta y precipitada – la rodeó con sus brazos y también la abrazó – Te amo, Reika.  

–También yo, Ken-chan... – entonces sacó algo de su bolsillo. Era una cadena de plata con una placa del mismo material – Feliz cumpleaños 16. Debes poner ahí tu nombre. Es de buena suerte si tú mismo lo haces.  

–Hemos pasado mucho tiempo juntos, Reika – sacó una bolsa de su cómoda, que contenía una cadena igual – Feliz cumpleaños 16.

  

 

[1] Sankyuu: Pronunciación japonesa para el inglés “Thank you” (Gracias)

  

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