Deux Kratos: Pantheon

  

Tercer Acto:

    

En la escuela no se hablaba más que del suceso del museo, ocurrido hacía una semana. Según los periódicos, debió ser algún holograma bien realizado, en conjunto con algún mecanismo lo suficientemente fuerte como para dañar la fachada del museo. Eran aún peores los tabloides, los cuales comentaban sobre posibles maldiciones en los artefactos del museo.

  

Para alivio de Kenji y Reika, pudieron volver a disfrutar una semana normal, en la que se olvidarían de que fueron dioses antiguos y que otras deidades deseaban asesinarlos.  

  

Hacía poco que Kenji había salido después de que el equipo de kendo de la escuela le insistiera en que se uniera al club. Ryo sabía que Kenji aceptaría, ya que el muchacho había entrenado antes cuando eran niños. Durante la tarde, cada uno decidió ir por su cuenta a los lugares de interés. Reika había conseguido que Lina le acompañara a una tienda esotérica, mientras que Kenji y Ryo aún estaban indecisos sobre cuál sería el siguiente lugar.  

  

Decidieron deliberarlo en una banca de parque, donde tratarían de descansar y seguirían un recorrido a pie hasta el destino escogido. Ryo había notado que Kenji estaba algo perturbado, aunque no lo diera a notar, por lo que pensó que sería buena idea llevarlo a lugares que le hicieran pensar mucho.  

  

–¿Qué tal a los juegos? – sugirió Ryo.  

–Ya fuimos el martes después de clases – contestó Kenji.  

–¿Qué tal si vamos al centro para ver a los que juegan Magic? Vamos, Kenji. Te encanta jugar Magic... Aunque no eres tan bueno como yo.  

–No lo sé, Ryo. Hoy no estoy de humor para hacer mucho. Reika está entretenida, pero eso no significa que también esté de ganas para algo.  

–Lo siento, Kenji... Entonces nos quedaría ir a tu casa y ver alguna que otra película que pasen por cable...  

–Ryo, espera. Tampoco quise que te sintieras mal. Sé que tratas de animarme y todo eso, pero... hay cosas que yo mismo debería estar comprendiendo en lugar de distraerme – luego recuperó su sonrisa cuando comprendió que Ryo sólo trataba de levantarle el ánimo – ¿Aún quieres ir a ver los juegos de Rol?  

–Pensé que nunca lo dirías – sonrió también y ambos se levantaron para ir hacia el centro comercial.  

  

* * *

  

Tenían todavía la tarde, por lo que decidieron explorar partes desconocidas de Shibuya[1] después de pasar por Akiba[2]. Había muchas tiendas y negocios. Era sabido que el distrito de Shibuya se caracterizaba por ser activa y muy movida económicamente en Tokio.

  

La parte que ellos atravesaron era la zona no concurrida. No había ni una sola tienda ahí, y el silencio era algo que parecía efímero en la ciudad ¿Habían caminado tanto que ya habían salido de ese distrito?

  

–¿Habías estado en un sitio así? – le comentó Kenji a su mejor amigo.  

–Sólo cuando lo veo en el cine...  

  

Escucharon que una chica gritaba “¡Detengan a esa cosa!”. Al voltear, una rueda metálica de carreta iba directamente hacia ellos a gran velocidad. Kenji apartó a Ryo y puso el pie para impedirle seguir a la rueda, lo cual sorprende a su amigo por la gran fuerza que estaba desarrollando Kenji.  

  

La muchacha que iba persiguiendo a la pieza, fue corriendo para ver cómo estaba. Era sólo dos centímetros ojos más alta que Kenji, cabello hasta los hombros de color castaño claro muy claro, ojos violetas y vestía un overol grande de trabajo.  

   

–¿Se encuentra bien? No fue mi intención dejarla escapar... – se disculpó la joven.  

–No fue problema... – entonces llegó a reconocerla – ¿Eres tú, Takatsuki-kun? – era Takatsuki Sakura, una chica de 3er año de secundaria a la que Kenji conocía por el club de arquería.

–Ahora que lo dices, Kenji... Sí es Takatsuki-kun – también comentó Ryo.  

–¿Okubo-senpai? ¿Tenryo-senpai? – enseguida se dio cuenta que los dos chicos eran de 2do de preparatoria. Se sonrojó instantáneamente al estar justo frente a Kenji.  

–Por favor... me siento incómodo con los formalismos... Sólo llámame Kenji, Takatsuki-kun.  

–Sí, Okubo-senpai... etto... digo... – le apenaba llamarle por su nombre.  

–No importa... Si te sientes más cómoda llamándome así, no hay problema.  

–Disculpe, Okubo-senpai...  

–¿Y esto de dónde salió? – preguntó Ryo, viendo la gran rueda.  

–Fue culpa mía... Tengo que entregarla acá cerca – se disculpó una vez más la muchacha – Por accidente la dejé rodar hasta que llegó a ustedes.  

–Ya veo... ¿Qué dices, Ryo? ¿Le ayudamos a llevarla? – le dijo el muchacho de cabello bicolor.  

–Suena divertido. Veremos duelos otro día.  

–Pero... No se molesten.  

–No es para tanto, Takatsuki-kun. No teníamos planes y queremos ayudar – dijo Kenji.  

  

Después de la entrega en un establo, los tres regresaban hacia la casa de Sakura.  

  

–Es una pena que tuvieras que dejar el equipo después de un mes... – comentó Kenji.  

–Papá necesitaba ayuda en la tienda y tengo que ayudarle. Ha tenido muchas dificultades desde que se divorció de mamá...  

–¿Y en qué trabaja tu papá? Cualquier tienda no vende ruedas de metal – preguntó Ryo.

–Es herrero. Yo me dedico a pulir el metal y entregarlo a los clientes, mientras que él diseña y forja el modelo.  

–Suena muy interesante. Hasta me dan ganas de decirle a tu papá para que haga algunos proyectos que tengo en mente - comentó Ryo.  

–Le encantaría la idea.  

  

Cuando llegaron, Ryo y Kenji estaban con Sakura frente a una casa grande, pero algo vieja. El patio delantero estaba lleno de esculturas de metal y carrocerías viejas. Sakura les invitó a pasar. Grande fue la sorpresa de ambos jóvenes al comprobar que habían más objetos de metal dentro de la casa.  

  

–Sakura, qué bueno que llegas – se escuchó la voz de un hombre desde la cochera.  

–Hola, papá. Traje a unos amigos del colegio – le dijo la rubia.  

–Ahora voy a verles. Estoy algo ocupado con un nuevo pedido.  

  

Mientras el señor Takatsuki estaba trabajando en el taller, Sakura les invitó a pasar a la cocina. Los tres se acomodaron en la barra de la cocina y la muchacha sacó limonada.  

  

–Cuando se concentra en un trabajo, ni yo lo saco del taller – suspiró la muchacha de 14 años – Pareciera que lleva el oficio de herrero en las venas.  

–No lo culparía. Hace cosas de muy buena calidad – comentó Kenji al ver los numerosos adornos de hierro en la cocina.  

–Sí. En especial estas espadas... – Ryo vio varias katanas colgadas en la pared, y muchas más que llenaban una esquina.

–Ese es su hobby. Cuando no está haciendo algún trabajo, se dedica a ellas. Él mismo las prueba en madera o en el mismo metal de la cochera.  

–No me gustaría hacer enojar a tu papá – bromeó el muchacho de lentes.  

  

* * *

  

Cuando puso esa última pieza en el agua, se quitó el mandil y dio un suspiro después del arduo trabajo al fuego. Otro trabajo más y luego se dedicaría a hacer otra katana más; claro, no sin antes conocer a los amigos de su hija.  

  

El señor Takatsuki Katsuya era un hombre de aspecto jovial para sus 45 años, cabello corto castaño y ojos violeta metálico del mismo tono de los de Sakura. Se dedicaba a la herrería como buen artesano que era.  

  

Colgó su mandil y, luego de lavarse, estaba a punto de ir a conocer a los amigos de su hija, cuando sonó el teléfono.  

  

–Takatsuki desu – contestó.  

–Sí, llamo de parte de Hanajima Goro-sama – le dijo una secretaria – Si tuviera tiempo, el Hanajima-sama quisiera hablar con usted, además de mostrarle un diseño sobre la pieza que desea.  

–Creo que no podré asistir a esa junta con él. Estaré algo ocupado con otros trabajos, pero puedo tomar el pedido... Le aseguro que podré hacerlo sin necesidad de algún catálogo.  

–Yo hablaré con él – se escuchó la voz de un hombre tomar el aparato y hablarle – Takatsuki. Habla Hanajima. En verdad requiero de su presencia aquí. Hay algo de suma importancia que debemos tratar en persona.  

  

La voz de ese hombre la conocía, a pesar de nunca haber tratado con el CEO de la Corporación Neptuno.  

  

–Entiendo. Iré para allá – dicho esto, colgó el teléfono.  

  

Se preguntó una y otra vez para qué le llamaría uno de los hombres más ricos de Tokio.

  

* * *

  

Cuando el señor Takatsuki salió de la cochera, Sakura fue hacia él.  

   

–Por fin terminaste – le regañó Sakura – El almuerzo sigue tal como te lo dejé. Deberías al menos parar y comer como se debe, papá.  

–Sabes que esto es muy absorbente. Ya estaba terminando de forjar la barra – rió despreocupadamente ante las reprimendas de su hija.  

–Tú no tienes remedio – luego volteó a ver a sus invitados – Papá. Ellos son Okubo-senpai y Tenryo-senpai.  

–Mucho gusto – ambos chicos se inclinaron ante el padre de Sakura.  

–Hacía mucho que Sakura no trae chicos. Supongo que uno de ustedes debe ser su prospecto.  

–Cuando aprenderás a no decir desvaríos – le golpeó el hombro a su papá, visiblemente sonrojada.  

–Tiene un buen talento con las espadas, Takatsuki-san – comentó Kenji.  

–Son mi pasatiempo. Ya hice todos los tipos e intento probar con cosas nuevas – comentó el señor – No es por presumir, pero soy el mejor herrero de Japón.  

–No le hagan caso. Pasa mucho tiempo en las brasas que su cerebro también se cocina – la muchacha se llevó una mano a la frente.  

–Esta chica... En definitiva cogió el carácter de su madre – comentó.  

–¡Papá! – se apenó aún más.  

  

Volteó a ver a Ryo y Kenji y les sonrió.  

  

–Vengan. Voy a mostrarles más piezas de arte – fue hacia la esquina y cogió una de sus espadas – No van a encontrar katanas con mejor filo que estas.  

–Aquí va de nuevo – suspiró su hija.  

–A ver muchacho. Se ve que tienes potencial para el kendo. Pruébala – cogió la espada y se la extendió.  

–Sí – Kenji alzó la mano para cogerla.  

  

Cuando los dos tuvieron contacto con el arma, Katsuya vio al muchacho rubio con algo de sospecha. Fue cuando sintió esa energía rara alrededor de él. Kenji también tuvo un mal presentimiento, pero no dijo nada.  

  

Sakura y Ryo miraron extrañados. Ninguno de los dos soltaba la espada, quedándose con la mano en la katana.  

  

Finalmente el señor la soltó. Se dio media vuelta y se dirigió a las escaleras.  

  

Papá le llamó Sakura al notar la actitud rara de su padre.  

Perdonen... Quizás sí estoy algo cansado después de trabajar tanto... sonrió y se dirigió a su habitación Disculpen, muchachos. No podré seguir con ustedes para probarla...  

Descuide... le despidió Ryo. El muchacho de lentes sacudió ligeramente a Kenji para que volviera al mundo de los conscientes.  

Supongo que mi papá les pareció raro. Él es muy entusiasta y efusivo normalmente. Es una buena persona se excusó Sakura al ver a Kenji algo afectado.  

No. No hubo ningún problema, Takatsuki-kun. Es sólo que he estado algo extraño últimamente.  

Te veremos mañana en la escuela se despidieron y se marcharon.  

  

En su habitación, Takatsuki Katsuya trató de asimilar bien lo que había ocurrido. Ahora comprendía por qué Hanajima Goro quería verle.  

  

Papá... le llamó Sakura desde el otro lado de la puerta Estabas medio raro. Generalmente empiezas a presumir de tus katanas y luego haces que las prueben en cualquier cosa. Ya hasta estuve con la idea de comprar más sillas.

Sakura... En verdad estoy algo cansado. Sólo voy a dormir un poco. Hablaremos mañana...  

Está bien... aún confundida, se alejó de la puerta y se dirigió a su habitación para terminar su tarea.  

  

* * *

  

Ya se encontraba en el edificio, esperando a que Hanajima Goro le recibiera. No evitaba fijarse que muchos hombres de negocios y secretarias lo veían con extrañeza. Era de suponer, debido a que él era el único con ropa informal en todo el edificio.  

  

Hanajima-sama puede recibirlo ahora, señor Takatsuki.  

Sí. Gracias respondió.  

  

Entró a la oficina y vio al CEO de la compañía en el gran escritorio.  

  

Tome asiento le dijo el serio hombre de negocios.  

  

Miró a los costados e hizo caso. Cuando estuvieron ya acomodados, Goro Hanajima hizo una seña a su secretaria una seña para que se retirara. Una vez que se quedaron solos, Takatsuki Katsuya se recogió las mangas de la chaqueta y le miró con seriedad.

  

Tú no eres de recibir visitas, Poseidón. Sabía que habías reencarnado... pero no puedo creer que sigas renaciendo como descendiente de los Hanajima le habló con familiaridad.  

Todo esto es por ese asunto por el cual todos continuamos en la tierra Hanajima continuó con su mirada fría.  

¿Hablas de Apolo y Artemisa? Yo ya estaba enterado.  

Simplemente quería saber si ibas a tomar participación en esto.  

Claro que sí. Es algo a lo que no puedo renunciar todavía... Sin embargo... Tú sabes quiénes son ellos dos en esta época ¿Por qué no vas por ellos y te encargas personalmente? Tienes el poder suficiente para hacerlo, y no sólo hablo de los logros de tu compañía.  

Marla y yo hemos decidido tomar cartas blancas en el asunto. No estamos a favor de nadie.  

¿"Marla"? Así que Hestia también ha llegado aquí por la noticia...  

No voy a ponerme a contarte detalles.  

Supongo que no me llamaste solamente por el asunto de Artemisa y Apolo ¿Verdad?  

Así es. Necesito que hagas un trabajo más le extendió un papel Tú sabes perfectamente qué es esto.  

Será sencillo. Más aún que ahora tengo los recursos necesarios.  

  

Antes de irse, Katsuya le preguntó  

  

¿Lo de la semana pasada en el museo fue por iniciativa tuya?  

En parte... Culpa de todo a la loca.  

Entiendo... Así que ella también se enteró...  

  

* * *

  

Al día siguiente, Kenji, Reika y Ryo estaban conversando en el salón de clases.  

  

Y miren todo lo que compré ayer Reika sacó una gran bolsa con amuletos, incienso y un gran libro de artes oscuras.  

Aún sigues coleccionando toda esa basura, Reika-chan... dijo Ryo.  

Nada de basura. Tiene un gran poder sobre el espíritu le contestó la muchacha.  

Pero no confío en esas cosas ¿De aquí a cuanto los mitos nos han beneficiado en algo? Pues si Ken-chan y yo somos dioses, Lina intentó matarnos y un cíclope casi destruye el museo, no hay nada en lo que no debamos creer le refutó Reika ¿Verdad, Ken-chan?  

  

Su gemelo estaba algo distraído. Aún seguía pensando en lo raro que se sintió cuando estuvo frente al papá de Sakura. Le había dado miedo y confianza a la vez. Era muy confuso.  

  

¡Ken-chan! le llamó Reika por enésima vez.  

¿Qué? Lo siento... se llevó una mano a la frente.  

Estás muy raro desde que fuimos a la casa de Takatsuki-kun le hizo notar su mejor amigo.  

Es verdad... Ayer hiciste crema de apio en lugar de ensalada... Generalmente haces lo que programaste para la cena, Ken-chan - dijo su melliza.  

De repente se me antojó sopa... rió inocentemente. Realmente sí estaba preocupado, pero no quería decir nada todavía.  

  

Uno de los muchachos iba a salir, cuando Kenji le dijo:  

  

Miyata, cuidado que puedes chocar con Tatsuya. 

¿A qué te ref...? fue interrumpido cuando se chocó en la puerta con el mencionado.  

  

Todos en la clase se rieron, mientras Reika, Ryo y el mismo Kenji se quedaron completamente sorprendidos con el resultado.  

  

Buena, Okubo-kun ¿Cómo supiste que Miyata iba a chocar con Tatsuya? le preguntó otro muchacho.  

Buena pregunta respondió el trío a la vez.  

  

Reika y Ryo comenzaron a sospechar. A lo mejor las habilidades de Apolo estaban recuperándose más rápido. Sabían que una de esas habilidades era el de la profecía, pero ¿Realmente estaba ocurriendo o fue coincidencia?  

  

En ese momento, se asomó una muchacha de cabello claro. Kenji notó su presencia y fue a la puerta. Sakura llevaba el uniforme de las chicas de secundaria, que se diferenciaba con el uniforme de la preparatoria por el color de la corbata y la falda, la cual era azul, mientras que el de los mayores era verde.  

  

Ah, Takatsuki-kun dijo Kenji al verla ¿A quién buscabas?  

Ah, pues... la chica vaciló un momento, con un leve sonrojo Lo que pasa... Lo que pasa es que mi papá quería decirle que si podía fuera a la casa, Okubo-senpai.  

Oh... ya veo. Claro. Aún tengo que probar esa katana contestó alegremente. La verdad era que le asustaba la idea de encontrarse con él nuevamente.  

  

La chica se fue corriendo al área de secundaria.  

  

«Eres una tonta, Sakura. Tenías que arruinarla y verte frente a Okubo-senpai como una tonta» se regañó a sí misma mentalmente.  

  

* * *

  

Sakura estaba haciendo una entrega en Odaiba y no había nadie en la casa mas que ellos dos. Kenji estaba atado a una viga del taller cuando recuperó la conciencia. El padre de Sakura estaba sentado frente a él con una cara de seriedad.  

  

Takatsuki-san... ¿Por qué hace esto?  

Creo que la respuesta será directa y muy breve Katsuya sacó una de las katanas Debido a que el intento anterior también falló, la responsabilidad ahora ha pasado a mí, Apolo.  

  

Kenji quedó boquiabierto. Si conocía su verdadera personalidad, eso sólo significaba una cosa: Katsuya Takatsuki era la reencarnación de uno de los dioses del Olimpo.  

  

¿Quién es usted realmente?  

Pues mi verdadera identidad es Hefesto, dios del fuego y herrero de los dioses. Tú ya sabes mi historia.  

Sí, yo sé tu historia... le dijo Kenji Eras rechazado por los demás dioses, pero nunca tuviste malas intenciones. No está bien que hagas esto... No lo digo porque sé que vas a matarme, pero asesinar a otra persona no está bien. Somos dioses, no salvajes.  

No se trata sólo por la venganza. Es un deber que tengo pendiente... Créeme que tampoco quiero hacer esto, pero no está en mí optar por no hacerlo. Lo siento, Kenji.  

  

Tenía que liberarse de alguna manera, pero Hefesto había utilizado una buena cadena para sujetar sus manos.  

  

¡No! ¡Déjeme ir! gritó tratando de soltarse.  

No te va a funcionar. No puedes romper esas cadenas. Yo mismo las forjé con metal del Olimpo.  

  

Después de forcejear, Kenji pudo sacar fuerzas internas para separar un eslabón y soltarse de la viga. Pero este acto lo dejó completamente agotado.  

  

No es posible... Ahora no deberías tener ese nivel en tus poderes para romper las cadenas. Veo que estás evolucionando muy rápido, Apolo. Pero también puedo notarlo. Esto ha consumido lo que te quedaba de fuerza vital.  

Aún no puedo morir, Hefesto... Kenji se apoyó en el suelo con las manos. Aún jadeaba cansado No he vivido lo suficiente en ninguna de estas vidas... No puedo dejar a mi hermana sola...  

  

Sabía que ahora era la oportunidad para acabar con la vida del joven dios de la profecía. Era el momento para hacerlo. Sacó la katana de su funda. Era en verdad una bella obra de arte: la hoja era muy brillante y tenía unos grabados en japonés que decían “El Destino de los Dioses”.  

  

Esta espada la forjé esperando a que llegara esta oportunidad. Utilicé roca estelar y polvo de diamante para hacerla. Con esta arma demostraré que un Dios no necesita de poder divino. Será un honor que tu vida acabe por su filo, Apolo dijo antes de rematar al muchacho, pero éste se defendió con una barra de hierro.  

  

Comprobó que el muchacho era tan bueno en las artes de la espada como se presumía en la escuela. Esa no era ninguna característica natural de Apolo, pero fácilmente podría competir con Ares en los próximos enfrentamientos.  

  

Kenji le dio una buena batalla, aunque se veía que estaba extenuado por el esfuerzo que concentró hace poco. Hefesto estuvo sacando partido de ello, hasta que por fin le hizo caer con una barrida, acorralándolo nuevamente contra la misma viga. Amenazó al joven, apuntando la hoja de la katana contra su cuello. Un fino hilo de sangre corrió por el corte que le hiciera. El herrero de los dioses empuñó el arma y estuvo a punto de acabar con el joven, cuando apareció Sakura, viendo incrédula lo que estaba a punto de ocurrir.  

  

¡Papá! ¡¿Qué estás haciendo?! gritó la joven.  

Sakura... Katsuya volteó a ver a su hija.  

Kenji-senpai... ¿Se encuentra bien? fue corriendo hacia su senpai, aún debilitado ¿No te hizo nada grave?  

Takatsuki-kun... ¿Me llamaste por mi nombre? sonrió con las pocas fuerzas que le quedaban.  

¡Eso es lo de menos! ¡¿Cómo pudo mi papá hacerle esto?! no evitó soltar las lágrimas y llorar sobre él.  

Él no me hizo nada... Estoy bien... Deja de llorar, Takatsuki-kun... Por favor...  

   

Al verlos, en especial las lágrimas de su hija, Hefesto se conmovió. Ahora el único impedimento era su hija, cosa lo suficientemente fuerte para refrenarle. Guardó la espada en su funda y se volteó.  

  

Apolo... Simplemente te perdono la vida que tienes en ésta época por consideración a mi hija. Aún así no estoy de parte de nadie.  

Lo entiendo, Hefesto...  

  

Sakura miraba confundida y se fijó en la extraña familiaridad de su amigo hacia su padre.  

  

Kenji-senpai... ¿Qué ocurrió? ¿Cómo llamó a mi papá? le preguntó la muchacha.  

Te lo puedo explicar... volteó hacia el señor Takatsuki Disculpe ¿Puede cenar en mi casa conmigo y mi hermana? Si es necesario la traeré aquí temprano.  

No hay problema. Vayan. 

  

Era lo mejor, ya que él mismo no podría explicarle tan fácilmente lo que ocurría.  

  

«De todas las personas de este amplio mundo tenías que enamorarte de él... Las Parcas fueron muy traviesas al trazar tu destino, hija» pensó Katsuya al subir las escaleras.  

  

* * *

  

En el departamento de Kenji y Reika, estaban reunidos los gemelos, Ryo y una incrédula Sakura, quien aún no podía asimilar todo lo que ellos estaban contándole.  

  

No entiendo... Mi papá es la reencarnación de un dios... repitió la muchacha de cabello claro.  

Verás... No es tan fácil... dijo Reika, llevándose otro bocado.  

Entonces... ¿Qué tiene que ver un mito griego? ¿No estamos en Japón?  

Las cosas no se limitan a un solo país... De por sí, los dioses ya eligen a los mortales en los que van a reencarnar explicó Kenji.  

Y coincidentemente, la mayoría nace cerca de ellos completó Ryo.  

Todos tienen el objetivo de matarnos y satisfacer su sed de venganza... No fue nuestra culpa el sufrimiento que tienen... Reika tomó otro vaso de jugo.  

Sufrimiento... Sakura se puso algo triste ¿Eso es lo que soy para él?  

No... Tu papá te ama. Por ti es que no me mató trató de calmarle Kenji.  

Algunos de ellos sí han encontrado cosas buenas de las vidas que les han dado le dijo Reika Nosotros las hemos vivido cuando bajamos a la tierra la primera vez... Supongo que cada uno de ellos encontró lo que les hacía falta con el paso del tiempo.  

Aún no entiendo mucho de esto... Dioses... mitología... Todo esto no debería ocurrir murmuró la muchacha.  

Eso fue lo primero que pensamos cuando lo supimos respondieron los gemelos a la vez, lo cual hizo reír un poco a Sakura ¿Qué? ¿Qué dije? seguían hablando a la vez, y voltearon a regañarse mutuamente ¡Deja de imitarme! ¡Para! ¡No, para tú! ¡No es gracioso! ¡Odio que ocurra eso! ¡Detente! ¡Esto es molesto!  

  

Ryo reía al verlos coincidir cada palabra. Cogió otra pieza de carne del plato que estaba al centro de la mesa y lo comió con el arroz de su taza.  

  

Estaría de más decir que son idénticos comentó Ryo con la chica.  

Sí... miró algo sonriente a Kenji, mientras un sonrojo adornaba la alegría que le producía verlo.  

De todas maneras te voy a repetir que no juzgues a tu padre por lo que viste...

No lo haría, Tenryo-senpai...

  

* * *

  

Hacía horas que se encontraba en su hotel. Estuvo investigando arduamente para hallar alguna solución. La vida de sus primos dependía de lo que descubriera.  

  

¿Qué tanto estás buscando? Perséfone por fin se dignó a comunicarse con su reencarnación.  

Es la primera vez que hablas conmigo...  

Eso no viene al caso respondió con su seriedad perenne También me preocupa lo que pueda ocurrirles a tus primos.  

¿Significa que estarás de nuestro lado? le preguntó la joven humana.  

Supongo... Aunque hayan hecho todo esto... Aún siguen siendo los mismos niños... Me es imposible guardarles rencor después de lo que pasó entre nosotros hace una semana.  

A pesar de que sigues alojándote en mi cuerpo, me es difícil entender tu juicio ¿Qué hacían Poseidón y Hestia en el museo en aquella ocasión? ¿Ellos también llegaron para matar a Kenji y Reika?  

No. Ellos dos se acostumbraron a sus vidas sedentarias. Ahora sólo serán espectadores.

¿Espectadores de la muerte de ambos? No tiene sentido... Ni los dioses se sienten satisfechos al ver tanta sangre...  

No hablo de la matanza... Me refiero a la culminación de las profecías. Apolo es una pieza clave para esto.  

Kenji... ¿Qué sabes de esto?  

Por desgracia, aún ignoro esos detalles. Muy pocos de los supremos lo sabían... Pero muchos de ellos simplemente quieren asesinarlo, ignorando lo que en verdad va a influir.  

  

Lina revisó aún sus libros y por fin logró encontrar algo en lenguaje arcaico.  

  

* * *

  

Ya en su mansión, Poseidón recibió un paquete. Al ver el nombre del remitente, supo que él cumplió su promesa. Él vivía solo en esa gran mansión, la cual estaba sólo de adorno para las visitas de negocios. Todo estaba hecho de fino mármol blanco pulido, el piso adornado con algunos tapetes persas y numerosos jarrones griegos que simbolizaban alguna que otra leyenda de dicha civilización antigua.  

  

¿Qué fue lo que pediste ahora? le preguntó Marla, aún sentada en uno de sus sillones de cuero italiano de su sala. Sus visitas eran ya tan frecuentes que Poseidón ni se molestaba en echarla. En verdad le irritaba esa mujer, pero algo impedía que estallara en gritos frente a ella.  

Simplemente cobré un favor a un colega.  

  

Abrió la caja y los dos lo vieron. En verdad Takatsuki Katsuya hacía bien su trabajo; no por nada era uno de los mejores herreros de Tokio. Poseidón sacó unas piezas de metal del paquete y las fue ensamblando.  

  

¿Qué es todo esto? ¿Acaso le mandaste a Hefesto que lo hiciera? miró Marla.  

Así es... Esto sólo podía lograrse ya que la Urna de los Tesoros fue rota y él recuperó también sus poderes para conseguir el material.  

  

Al terminar de ensamblar el tridente, de aspecto plateado, con reflejos azules, Hanajima Goro cogió la punta con las manos desnudas y se cortó, bañando de sangre las tres puntas. El líquido fue absorbido por el arma, haciendo que resplandeciera con más vitalidad.  

  

Eso era lo único que le faltaba comentó la otra diosa El arma de un Dios sólo puede ser bautizada con la sangre de su dueño. Estas piezas maestras son dignas del talento de Hefesto.  

Y tuve que esperar dos milenios para tenerlo de vuelta... la probó rompiendo una de las columnas con ella.  

Pensé que no ibas a tomar participación en la cacería de Apolo y Artemisa suspiró al ver el daño y usó sus propios poderes para volver a unir la columna Extrañé hacer esto...  

No te confundas. Tú me conoces y no soy de los que se retractan. Simplemente me preparo para lo que viene.  

Es verdad... Falta que cumplan sus destinos... Ese día está llegando y la espera cada vez se achica terminó Hestia.

    

Ambos dioses miraron por la ventana. La luna menguante estaba comenzando a ser despejada por las nubes.  

  

 



[1] Zona más conocida y concurrida de Tokio comercialmente.

[2] Akiba: Calle de Tokio conocida como “El centro de los otakus”

  

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