Deux Kratos: Pantheon
Séptimo acto: Búsqueda del amo
Al llegar a su casa, Maaya se dio cuenta de que estaba
sola. Recordó que su padre había viajado fuera de la ciudad para cuidar a su
hermano, mientras que sus hermanitos se habían ido de campamento con otros
amigos. Esa ocasión la aprovecharía para llamar a los demás e ir a ayudar a
Aoshi. Sacó una chaqueta del armario y se marchó a toda prisa.
* * *
Aoshi no podía creer lo que estuvo pasando. Cuando una de
las tres cabezas del perro lo mordió, pensó que moriría al empezar a sangrar,
hasta que llegó alguien a su rescate. El perro, al ver al recién llegado, se
volvió temeroso y huyó por un pasaje oscuro.
Para el dios de la guerra era inaceptable el que un
completo extraño le hubiera salvado la vida y, que para rematar, estuviera
cuidándolo en su departamento.
–¿Qué era esa cosa que te estuvo atacando? – le preguntó el
joven a Aoshi.
–No sé... Pero no quiero saberlo – respondió. Aún le dolía
la herida y, aunque podía sanarse más rápido, aún pasaría mucho rato para que
cicatrizara y se borrara.
–Llamaré a tus padres para que sepan que estás bien y que
pueden recogerte aquí, Aoshi-kun. No deberías estar en la calle a estas horas.
–¡Para tu información soy lo suficientemente grande para
andar solo! Además... Mis padres viven en Kyoto ¡¿Y cómo es que sabes mi
nombre?!
–Ten... – le pasó su carné de la escuela – La encontré en
tu chaqueta.
–Al menos no te la llevaste... Ni la podrías vender si no
le quitas la sangre y las mordidas. Ya que tú sabes mi nombre, es justo que me
digas cómo te llamas tú.
–Soy Kobayashi Yamato – después de mojar una toalla con un
líquido marrón verdoso, le quitó las vendas a Aoshi – Esto te va a doler.
–¿Doler qué? ¡Itte! – gritó de dolor cuando Yamato le
colocó la toalla en el hombro.
–Sí... Siempre funciona.
–¡¿Qué diablos fue eso?! – balbuceó al recuperarse.
–Una medicina que me enseñó a hacer mi padre. Desinfecta,
acelera la cicatrización y mata neuronas – dicho esto, se tomó un buen trago de
la botella – Te daría, pero eres menor de edad.
–¡Tengo diecisiete años! ¡No es para que me trates como a
un niño!
–Pero yo te encontré, así que puedo tratarte de cualquier
manera.
No había forma de discutir con él. Se resignó a quedarse
con Yamato hasta que se curara y luego le daría un escarmiento al monstruo que
lo atacó.
Después de un rato, los dos comenzaron a charlar como si se
conocieran desde hace mucho tiempo.
–Así que aún estudias en Hokubei. Yo también estuve ahí
¿Sigue enseñando la vieja de la maestra Fujisaki?
–Más vieja y amargada cada día que pasa – continuó contando
Aoshi.
–Aún tengo buenos recuerdos de esos días. Una vez pegué los
muebles del salón en el techo.
–¿Fuiste tú? Esa hazaña fue mi inspiración desde que entré
a la secundaria.
–No creí tener un seguidor... Esa hazaña me costó cinco
botes de súper pegamento.
Aoshi sabía que en algún momento tenía que irse. Aún tenía
asuntos pendientes con el perro monstruoso.
–Oye... La charla estuvo muy entretenida, pero ya tengo que
irme.
–Te llevo a tu casa.
–No es necesario... Yo... Tomaré el bus.
–Ni creas. Yo era experto mintiendo, y sé que te vas a ir a
perseguir al monstruo. Iremos a tu casa y no quiero que discutas.
Aoshi lo miró incrédulo. El que Yamato fuera mayor que él y
que le hubiera salvado el pellejo, no significaba que se dejaría mandar como si
fuera su hermanito menor.
* * *
Los cinco se reunieron en el callejón donde Maaya había
dejado a Aoshi con la bestia. Trataron de buscar a Aoshi, pero no lo
encontraron por ningún lado; y la mancha de sangre en el suelo no era muy buen
augurio.
–No creo que lo hayan matado... – dijo Maaya al ver el
suelo – Yamaki no se dejaría tan fácilmente.
–Entonces debe estar en algún lado – Kenji tocó la sangre
de Aoshi que estaba en el suelo – Sí. Aún está bien.
–¿Puedes saberlo con solo tocar la sangre? – le preguntó
Ryo.
–Eso y porque hay pisadas de alguien más – señaló Reika, al
fijarse en las huellas de alguien más en la escena.
–Miren. Las huellas de la criatura van para otra dirección
– notó Sakura al examinar otro lado – Debió huir... Esto es raro. Se parecen a
las huellas que estaban en el muelle.
–Eso significa que el asesinato y lo de Aoshi fue
ocasionado por la misma criatura – supuso Reika.
–¿Pero cómo hallaremos a Aoshi-kun? No sabemos si le pasó
algo – Ryo estaba también preocupado por su amigo.
–Reika. Shikura-san. Encárguense de rastrear a Aoshi. Ryo y
yo tenemos que ir a buscar a la bestia – indicó Kenji.
–¿Y yo qué hago? – preguntó Sakura.
–Tú tienes un trabajo muy importante, Takatsuki-kun – le
indicó Reika.
* * *
–... Así que tu hermano se va a quedar a dormir con
Kenji-senpai y Tenryo-senpai en su casa. Aún les queda mucho qué hacer de su...
Trabajo de Física 1 – le explicó Sakura a la niña de 12 años.
–O a lo mejor está tratando de llamar a otra chica desde la
casa de Kenji – dijo Emi, la hermanita menor de Aoshi.
Emi tenía varios rasgos físicos de su hermano, incluyendo
en la manera en la que hablaban, el mismo estilo del cabello, aunque ella lo
llevaba en una cola alta. Incluso la mirada de saberse todas las mañas estaba
en la cara de esa niña, a diferencia de que sus ojos eran avellanados, casi
felinos al igual que los de su hermano mayor.
–Etto... No sé... pero ellos me enviaron a cuidarte
mientras tu hermano está estudiando – no podía creer que la niña fuera tan, o
incluso más, precoz que Aoshi.
–¿“Aniki[1]”
y “estudiar” en la misma frase? – preguntó la pequeña – Aunque si están Kenji-kun
y Ryo-kun para vigilarlo, sí lo creo posible.
–Bueno... Entonces hagamos algo para que valga la pena el
que esté aquí.
–Pues... Quiero trenzarte el cabello.
–... – la chica resopló al escuchar esto – Bien, pero luego
iremos a ver televisión y a cenar.
«Las cosas que hago por Kenji-senpai» pensó la chica.
* * *
Kenji y Ryo continuaron recorriendo otro parque, ya que
estaba más cercano al callejón. También era lógico pensarlo, ya que ese sería
el segundo lugar más favorable para que la criatura se escondiera.
–¿Cómo haremos para encontrar a esta cosa si ni siquiera
sabemos cómo es? – dijo Kenji.
–A ver... Creo que tiene dientes...
–Todas las criaturas peligrosas tienen dientes, Ryo.
–¿Y qué hay de la Medusa Asesina? No tenía dientes, pero
sus tentáculos paralizantes se hacían cargo del enemigo en un dos por tres.
–Esa serie la veíamos cuando teníamos siete años.
–Pero admite que en verdad te impresionó cómo se batió en
duelo con el Gran Tiburón Blanco en el episodio 50.
–Que si lo recuerdo. Yo en verdad apostaba a que el Pulpo
Radioactivo iba a ganar.
–Nada que ver. El Pulpo Radioactivo era una pulga comparado
con el Monstruo de Algas. Producía sus propias enzimas y se regeneraba con el
sol.
–Ahora que lo dices... – entonces Kenji recordó por qué
estaban en el parque a las 22.30 horas – ¡¿Qué hacemos hablando de monstruos
cuando deberíamos estar buscando uno?!
–Es verdad...
–Pues el último lugar que falta es en esa cueva de osos.
–Y ni siquiera es una verdadera. Es sólo una construcción
para las clases de biología de los niños de sexto grado.
–De todos modos debemos entrar.
Kenji se concentró y pudo crear unas chispas en su mano, lo
cual le permitió iluminar la oscuridad de la pequeña caverna.
–¿Cuándo aprendiste a hacer eso? – le preguntó Ryo.
–Fui practicando...
–Tus poderes están avanzando muy rápido. A estas alturas
podrás dominarlos de nuevo.
–Pues es normal que siga oxidado. Hace milenios que no soy
un dios...
–Pues te está saliendo muy bien... Creo que es el
entrenamiento que te impuso tu prima.
–No me lo recuerdes... – dijo esto como si se hubiera
tratado de la experiencia más traumática de su vida.
Detrás de ellos, un hombre vestido de guardia se asomó
tambaleándose por la entrada de la cueva.
* * *
Mientras tanto, Aoshi seguía conduciendo el auto de Yamato,
con el dueño del vehículo inconsciente en el asiento del acompañante. El
muchacho mayor quería llevarlo a su casa, pero al parecer el adolescente tenía
su propia agenda y remató el asunto cuando golpeó a Yamato a penas entraron al
auto. Con éste último desmayado, Aoshi cogió las llaves del auto y partió hacia
el parque, suponiendo que la criatura se dirigía hacia allá.
Su brazo estaba mejor, pero no en el estado para pelear.
Aún así, tomaría el riesgo. Eso lo hacía más divertido.
–Esperen un momento... ¿Desde cuando la Cueva del Oso tiene
iluminación interna? – se preguntó al divisar la luz en el centro del parque.
Viró el auto y se dirigió a la cueva.
* * *
Maaya seguía tratando de pensar en cómo rastrear al
atolondrado de Aoshi Yamaki.
–¿Y si le pasó algo? Nunca debí dejar que el baka peleara solo contra el monstruo.
–Deja de reprenderte tanto, Shikura. Sabes que Aoshi es el
dios de la Guerra. No es fácil destruirlo en un dos por tres – trató de
calmarla una serena Reika.
–Eso lo sé perfectamente... Pero también sabes que se
confía demasiado de su título. Y ese es el talón de Aquiles que formó él solo.
–Podría decir que empiezas a preocuparte por él, Shikura.
–¡Nada de eso! – refutó Atenea instantáneamente – Sólo que
todos los dioses seguimos siendo hermanos, aunque hayamos nacido separados. Es
natural que muestre interés por lo que pasa.
–Como digas... – la reencarnación de Artemisa hizo una
mueca de incredulidad luego de escucharla. Sabía que Atenea era muy sensata,
pero para ocultar sus sentimientos era inútil.
Aún estaban sin pista alguna sobre el paradero de Aoshi,
por lo que estaban empezando a desanimarse en la búsqueda.
–Debería haber algún medio para localizarlo.
–¿Pero cuál? La única pista que tenemos es el charco de
sangre en el callejón.
–Sangre... ¡Eso es! – Reika pensó en seguida y se entonces
recordó algo muy importante – La sangre es siempre la solución a los problemas
de los dioses ¿Te has dado cuenta de eso?
–Pues es verdad... Hasta parece tan trillado...
* * *
Cerca de otro callejón, el perro de tres cabezas sintió dos
presencias y se puso a la defensiva. La primera persona que apareció resultó
ser Goro Hanajima, el cual apoyó una rodilla en el suelo y miró seriamente al
animal, el cual se volvió manso como cualquier perro doméstico y se acercó
dócilmente al dios del Mar.
–Aún te acuerdas de mí. Buen chico, Cerbero – dijo el
hombre, aún acariciando la cabeza central.
–Apuesto a que está perdido aquí... – Marla salió también a
escena y también acarició al guardián del Hades – Oye. Apuesto también a que
buscas a tu dueño, ¿Verdad?
Cerbero asintió y le dio la pata a la diosa. A pesar de
verse monstruoso por sus tres cabezas, era un animal muy inteligente, capaz de
entender el lenguaje humano. Si no fuera por esas características, pasaría como
un gran danés normal.
–Sigues siendo adorable – dijo como si se tratara de una
cachorrito tierno.
–Deja eso para cuando tengas hijos – contestó Hanajima
sarcásticamente. Luego volvió hacia Cerbero – Si estás aquí, significa que tú
también quieres verlo ¿No es así?
Asintió de nuevo, pero mostró un gesto manso y atemorizado
a la vez.
–¿Qué te ocurre, Cerbero? – preguntó Hestia.
–Seguro que él ha visto a la otra criatura que sentimos.
El animal se levantó del suelo y miró a Poseidón como si le
estuviera pidiendo ayuda.
* * *
Volviendo a la cueva, Los muchachos se habían llevado un
susto de muerte al ver a un hombre muy amorfo y con uniforme de guardia. Llegó
instantáneamente al cerebro de Kenji el momento en el que Sakura le había
contado sobre el guardia asesinado y su uniforme extraviado.
Su sorpresa fue en aumento cuando, al darle una patada, la
piel cayó como si fuera una cáscara de huevo y dentro del ente se estaba
formando una extraña bestia. Kenji aún peleaba con una criatura, mientras Ryo
había sido dejado inconsciente por un fuerte coletazo del nuevo animal. En esos
momentos, una luz desde la entrada de la cueva iluminó el interior. Kenji vio
la forma del animal: cuerpo y cabeza de león, alas y garras delanteras de
águila y cola de serpiente. Esa era una quimera.
–¡Kenji! – Aoshi salió del auto.
–Aoshi... – Kenji aún estaba arrinconado. Tenía que
preguntarle varias cosas a su recién llegado amigo: Si estaba bien y de dónde
había sacado el auto, entre otras; pero no era el momento.
–¿Contra qué peleas?
–¿Qué pregunta es esa? ¿Acaso no te atacó esta Quimera?
–¡Claro que no! ¡A mí me atacó un perro monstruoso!
–¡¿Entonces por qué peleo contra esto?!
Aoshi fue a ayudarle, así que pateó con rapidez al animal.
–Recoge a Ryo y llévalo al auto – le indicó el castaño.
–De acuerdo. Te lo encargo.
Mientras Kenji llevaba a su inconsciente amigo al auto,
Aoshi se iba a preparar para su pelea. La quimera ahora estaba con la vista
enfocada en el Dios de la Guerra.
–Oye, una cosa, bestia ¿No conoces a un perro feo de tres
cabezas? Aún tengo que ajustar cuentas con él... – le dijo el joven, como si
pudiera intimidar al híbrido.
* * *
Cuando Kenji llegó al auto, se sorprendió al ver al joven
que estaba en el asiento del acompañante.
–¿Yamato-nii? – dijo el chico de ojos verdes.
–¿Kenji-kun? Has crecido mucho – dijo el joven de 23 años
al reconocerlo también. Recién estaba despertando.
–Pues no es buen momento... Tengo que ayudar a mi amigo
Aoshi.
–Quién diría que él era conocido tuyo...
Después de dejar a Ryo, Yamato y Kenji entraron a la cueva.
* * *
Casi lo tenía dominado. Sólo habían pasado unos segundos y
ya lo tuvo completamente dominado.
–No tienes idea de cuánto te detesto – se quejó Aoshi
después de varios golpes y zarpazos que la quimera le propinara.
Una piedra desvió la atención del monstruo mítico. Al
voltear, Aoshi se dio cuenta que Yamato fue el que lanzó la roca.
–Cuando pensé que había algo peor... Tenías que venir tú de
nuevo – dijo el irónico adolescente.
–Tú y yo hablaremos muy seriamente.
Pero al distraerse, la quimera aprovechó para atacar al
recién llegado. Kenji levantó a Aoshi del suelo.
–¿Qué hacía Yamato-nii contigo? – le preguntó Okubo.
–¿Tú lo conoces?
–Él es...
Debieron interrumpir la charla al recordar que Quimera aún
quería comerse a Yamato. Cuando todo parecía perdido, otra criatura intervino
para salvarlo. Era Cerbero, quien ahora luchaba contra la Quimera.
–¡Es ese perro! – exclamó Aoshi.
–¿Él te atacó? – preguntó Kenji, confundido al ver a las
dos bestias luchando ¿A cuál de las dos debía apoyar?
–Ese es... – Yamato parecía estar recordando – Cerbero...
La batalla entre ambos animales estuvo pareja, pero al
final quimera demostró ser más fiero que el guardián de los infiernos. El perro
terminó lastimado de una pata, quedando indefenso en el suelo, pero Yamato
intervino para defenderlo.
–Ya estás bien, amigo... Pasaste todo esto para encontrarme
¿No es así? – le dijo al animal con cariño.
Al escuchar ese comentario, Kenji se dio cuenta
instantáneamente. Había una persona con la que Cerbero era completamente
sumiso, y esa divinidad era el mismo Hades.
* * *
–Yamato es... – Lina quedó estática frente a la cueva,
seguida por Maaya y Reika. Ella había estado preocupada por lo que pasaba y
había recibido la llamada de Reika y Maaya.
–No creí que... – Reika iba a decir algo, pero súbitamente
Lina cambió a Perséfone al escuchar que Hades estaba ahí.
–Hades... ¡Él está aquí! – dijo completamente emocionada,
pero al instante se horrorizó al darse cuenta de la situación – Tengo que ir
con él.
–Es muy peligroso. No vayas – Maaya la sujetó con la ayuda
de Reika.
–Hazte a un lado... – le ordenó la esposa del señor de los
infiernos.
–No.
–¡Les digo que se quiten! – con una gran cantidad de
energía, Perséfone se deshizo de la resistencia de las otras dos diosas.
* * *
Hades no podía hacer mucho, ya que sólo el 10% de su poder
había regresado. Debido a eso, sólo podía limitarse a defender a Cerbero. Aoshi
se lanzó al lomo de la bestia y ató su hocico con una chaqueta. Kenji pudo
aprovechar el momento para sacar algo de energía en un disparo, pero otra carga
de energía se adelantó y terminó por matar a la criatura.
–Perséfone... – murmuraron Aoshi y Kenji al ver que la
diosa había acabado al instante con el monstruo, mientras que Yamato se
extrañaba por la presencia de Lina en la cueva.
–¡Estás aquí! – fue corriendo donde Yamato y lloró sobre él
– ¡¿Por qué tenías que desaparecer tanto tiempo de mi lado?! ¡No sabes la falta
que me hiciste!
–Estuve siempre contigo, Lina... Pero recién puedo
recordar...
–Yo aún no estaba consciente en este mundo. Y no soy
Lina...
Yamato miró confundido a Kenji, como pidiéndole una
explicación.
–El caso de Lina es diferente... Perséfone vive
paralelamente en el mismo cuerpo que ella.
–Ah... – no podía decir nada más, ya que la sorpresa se lo
impedía.
Mientras Perséfone seguía abrazada a él, Kenji se fijó en
Aoshi, quien tenía la cabeza gacha.
–¿Ahora qué sucede? – le preguntó el del cabello de dos
colores.
–Es que me es difícil aceptarlo...
–Bueno... Yamato-nii nos salvó... y Cerbero también...
–No hablo de eso – en ese momento, Kenji se dio cuenta que
Aoshi estaba mirando a Quimera – ¿No debería evaporarse, desintegrarse o algo
por el estilo? ¿Qué vamos a hacer con esto?
–Pues... – Kenji también tenía cara de no saber qué hacer.
En ese momento, Cerbero se adelantó a rastras y, con sólo
ladrar las tres cabezas al mismo tiempo el cuerpo de la criatura se fue.
–¿No recuerdan que su habilidad es deshacerse de los
cadáveres del Hades? – les recordó el soberano del mundo subterráneo.
–Vaya... Sería muy bueno para eliminar pistas – bromeó el
castaño.
–Hiciste un viaje largo desde el Hades... Debes estar
cansado después de todo esto – Apolo le acarició tiernamente a cada una de sus
tres cabezas, a lo que el guardián de los infiernos se pone tan manso como un
cachorrito.
Perséfone volvió a atraer la mirada de Yamato.
–Lo que me alegra es que estarás conmigo sin que sea invierno.
–Eso es lo bueno... No te vi por más de dos mil años. No
podría aguantar hasta el próximo año...
Cuando los dos se besaron, en ese momento Lina abrió los
ojos y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Lo siguiente que se escuchó fue
una sonora cachetada que retumboó en toda la cueva.
–¿Quién te entiende? – se quejó Yamato.
–Eres un aprovechado... – se alejó completamente apenada.
–Pero si ella... Ah, claro... Tiene en su mismo cuerpo a
una mujer que sigue loca por mí...
–Mujeres... Cada día están más locas – dijo Aoshi.
–Dale tiempo, Yamato – le dijo Kenji, con una sonrisa de
complicidad. La reencarnación de Apolo aún estaba cargando a Cerbero en su
espalda.
–Pues creo que debería darte las gracias, sarnoso – cuando
Aoshi iba a acariciarle, las tres cabezas le gruñeron – ¿Y qué le pasa a éste?
–¿Acaso lo olvidaste? – le dijo Yamato – Yo recién lo acabo
de recordar.
* * *
(Hace 4000 años)
Un adolescente Ares fue de visita al mundo subterráneo, ya
que tenía que hacerle una visita anual a Perséfone por parte de su padre.
–Y recuerda. No toques nada – le siguió prohibiendo su tío
Hades.
–Tengo más de 500 años. No me sigas tratando como a un niño
– le respondió el joven dios de la guerra.
-Muy bien. Espera aquí mientras voy a decirle a tu hermana.
El travieso dios adolescente se dirigió a las orillas de
Estigia para ver cruzar a los muertos, cuando vio a Cerbero a la orilla del río
congelado.
–Oye, sarnoso ¿No tienes nada qué hacer?
El perro parecía tener ganas de ignorarlo y seguir con su
juguete.
–Deberías estar ahora comiendo carne muerta... – con un
gesto aburrido, miró alrededor. Vio la pelota que estaba masticando la cabeza
central y se la quitó – ¿La quieres?
Cerbero, como todo can que era, siguió animosamente la
pelota con la mirada. Después de moverla para varios lados, Ares finalmente la
lanzó, pero la bola rebotó por varios sitios hasta que cayó justo en las aguas
del Estigia. Cerbero la siguió, pero fue muy tarde. El agua helada lo tenía
atrapado, ya que si alguien caía no podría regresar a la superficie. De no ser
porque Caronte pasaba por ahí, el pobre canino se hubiera ahogado en las
heladas aguas.
–No le diré nada a tu tío, pero espero que no note el olor
a perro mojado – le regañó el remero del río al joven dios de la guerra,
mientras secaba al guardián del Hades con una gran tela.
–Fue un accidente. Pero fue sin intención ¿No hay rencores,
sarnoso? – Ares le extendió la mano, pero Cerbero trató de morderle – Bah. No
necesito tu amistad, ni tú la mía.
Era comprensible que Cerbero le tuviera rencor al dios de
la guerra, ya que caer en las aguas de Estigia era un asunto muy grave.
Desde lejos, Hades tuvo ganas de reprender a su sobrino,
pero no quería que Perséfone se molestara más, por lo que decidió también hacer
de cuenta que el accidente nunca pasó.
(Fin del recuerdo)
Después de que todos escucharon el relato, Kenji, Reika,
Ryo y Maaya miraron acusadoramente al Dios de la Guerra. Se encontraban con
Cerbero y Yamato en el departamento de éste.
–Dejen de mirarme así. Eso fue hace más de 4000 años. No
esperen que me acuerde de algo así si mis recuerdos no están reconstruidos del
todo – se defendió el aludido.
–Pues Cerbero sí lo recuerda muy bien ¿Verdad que sigues
enojado con éste cabeza hueca? – Atenea le acarició con cariño, por lo que el
perro le lamió la mano con la cabeza de la izquierda.
–¡Hola!... ¡Él intentó matarme! – Aoshi trató de llamar la
atención al mostrar su vendaje del hombro – ¡Me mordió mortalmente el hombro y
casi cortó mi yugular con sus dientes!
–Pues tú tuviste la culpa para que él siga molesto contigo
– Reika le seguía haciendo mimos a la cabeza de la derecha – Además él aún
pensaba que eras un dios y que no morirías por ese “rasguño”
–Así es... No te pasó nada, así que no te quejes – le calló
Maaya.
–Creo que el aura de un dios es muy distinta al cuerpo
biológico. Cerbero come carne humana muerta, así que el aura que él percibe
tiene muchas diferencias de lo físico desde su perspectiva – trató de explicar
Kenji.
–Sí... Debe ser eso... – Aoshi contestó aún molesto.
–Lo que sucede es que él es muy inteligente y se da cuenta
de lo que pasa a su alrededor – intervino el dueño del perro – Él entiende
perfectamente cada indicación que le doy.
–Pues a mí me sigue pareciendo el mismo fenómeno pulgoso –
el Dios de la Guerra se cruzó de brazos, intercambiando una que otra mirada
hostil con el perro negro.
Mientras los seis chicos aún conversaban sobre Cerbero,
Lina aún seguía molesta con Yamato por el beso. La joven cogió la botella que
usara Yamato para la herida de Aoshi y tomó un buen trago al contenido. Habían
muchas cosas que no cambiaban.
–Si ya te dije que fue porque besé a Perséfone – se excusó
Hades reencarnado.
–¿Y ella besa mejor que yo? – contestó irónica.
–No sé ni porqué te molestas. Sigues siendo igual de
renegona desde que te conocí.
–Cálmate, Lina. Hace ya muchos años que no nos reuníamos
todos con Yamato-nii - le trató de apaciguar su prima.
–Claro. Yamato-nii sigue igual de siempre, Lina. Sabes que
no sirve mucho que te provoque - secundó Kenji.
–¿Yamato es hermano de ustedes? - preguntó Aoshi.
–Nada que ver - respondieron los dos a la vez.
–Pero si están llamándole "Yamato-nii" - señaló
Maaya, ya que el "-nii" venía de "onii-san" (hermano).
–Así debió ser... - respondieron los gemelos, incluyendo a
Ryo, simultáneamente.
–¿Ustedes se conocían? – preguntaron Aoshi y Maaya hacia
Yamato y Lina.
–Claro que sí – respondió Yamato.
–Estudiamos en Hokubei también – dijo Lina.
–Estuvimos en el mismo salón.
–Él y yo éramos mejores amigos.
–Más que amigos.
–Fuimos novios... – respondió aún más avergonzada.
–Un poco más que eso – coronó el castaño, pero Lina le
estampó un buen lapo en la cabeza a penas adornó con esa frase.
Aoshi y Maaya estaban sorprendidos, pero al parecer Kenji,
Reika y Ryo no lo estaban, lo que significaba que ellos tres ya lo sabían. No
quisieron saber si la frase ambigua de Kobayashi era simplemente eso o algo
más.
* * *
Después de la reunión, en la que Lina le explicara mejor
todo el asunto, Yamato estaba por irse a dormir. Si hacía caso a las
indicaciones de Lina sobre las técnicas para activar sus habilidades
especiales, podría hacer algo para conservar a Cerbero a su lado.
–Ni de broma te enviaré al Hades otra vez si no voy yo
contigo, así que te quedarás en el reino mortal conmigo, amigo – le habló a su
mascota.
Había que hacer algo con las otras dos cabezas, ya que
sería anormal si la gente lo viera con un perro así. Después de leer un párrafo
del pequeño papel con la letra de Lina, Yamato ya supo qué hacer. Concentró su
poder en la mente y tocó con dos manos las cabezas laterales del guardián.
Después de un rato, se volvieron invisibles dos de las cabezas, quedando
visible sólo la del medio.
–Así pasarás desapercibido frente a los demás... Sería un
truco sucio y sé que tampoco te gusta esconderte, pero vamos a aprender a
aparentar ser normales.
Cerbero asintió y se echó a los pies de su dueño.
–Buenas noches, amigo...
Antes de dormirse, Yamato se preguntó en voz alta.
–Aún no puedo creer que me encontraras en la cueva... Se
supone que tú rastreas por el aura, pero la habilidad de la quimera era disipar
las presencias... Supongo que fue suerte.
Si Cerbero pudiera hablar, podría decirle que recibió ayuda
del segundo hermano mayor de su amo.
* * *
–Emi-chan... ¿Qué le hiciste a Takatsuki-kun? – le preguntó
Reika al ver a la pobre muchacha dormida en posición fetal y temblando en medio
de la sala.
–... No puede ser... Oh, Dios mío... Oh, Dios mío – murmuró
la chica, aún dormida.
–Se desmayó cuando se vio al espejo.
–Yo no la culpo... – comentó la Okubo al ver a la chica de
secundaria con varias trenzas chuecas en la cabeza.
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