Deux Kratos: Pantheon
Octavo
acto:
En
la escuela Hokubei, se comentaba mucho sobre el nuevo profesor que reemplazaría
a la retirada profesora Fujisaki en literatura y como tutor encargado del aula.
Ese tema en especial se estaba tratando en el grupito de los hermanos Okubo.
–Espero
que sea guapo, tolerante y que no deje tareas – comentó Reika.
–Aún
me pregunto por qué Fujisaki-sensei habrá renunciado – comentó Kenji.
–La
razón está frente a sus ojos – señaló Tetsuo Akiyama, haciendo una clara
referencia a Aoshi – Yamaki la llevó hasta el límite de su paciencia.
–Pues
me parece razonable – dijo Ryo desde su laptop – Aún recuerdo que ella, antes
de presentar su renuncia con el director, dijo que Yamaki Aoshi era la peor
amenaza desde alguien que pegó los pupitres y sillas al techo del salón... Creo
que aún recuerda a Yamato.
–Prometí
a Yamato que haría algo tan memorable como lo que hizo... Y creo que cumplí –
sonrió confiado al recordar su gracia en el salón de literatura, donde había
colgado los muebles y libros por la ventana, sosteniéndolos afuera con sogas
amarradas a los marcos de la ventana – Quizá en unos años, Yamaki Aoshi también
tenga un sucesor.
–Pues
tienes suerte de que no te suspendieran – le encaró Kenji – Tuviste el
beneficio de la duda por compasión del director. No había ninguna prueba en tu
contra.
–Creo
que Yamato tuvo la misma suerte cuando estuvo acá. Qué tal paciencia de Lina
para haber estado con él tantos años – comentó Reika.
–Pues
claro... Aún recuerdo la cara con la que regresó a la casa...
* * *
(5
años atrás)
–¡¿Qué
crees que hiciste?! – le gritó Lina, cuando Yamato llegó a su casa cuatro horas
tarde, con un saco de latas de pegamento vacías.
–No
mucho... Pero mañana será toda una bomba – contestó sonriente.
–Si
es algo que levante a los directivos de sus sillas, te juro que yo misma cavaré
tu tumba.
–Entonces
ve comprando una pala.
Lina
sabía que algo sucedería, ya que Yamato siempre decía que terminaría la
preparatoria con algo que lo haría famoso. Sacó unos libros de la mochila y los
apoyó en la alfombra.
–Bien.
No haré nada por el momento, sólo dedícate a lo que viniste – le dijo tratando
de volver a la seriedad.
–De
acuerdo... Estudiaremos para el examen de la próxima semana... Y después de
eso... – el muchacho castaño sonrió coquetamente y le besó el cuello.
–No
seas tonto, Yamato. Mis primos están en sus cuartos y mis papás no tardan en
llegar – le apartó levemente y terminó con un pequeño beso en los labios –
¿Ahora sí estudiaremos? Quiero que termines la preparatoria conmigo.
–Por
si no lo recuerdas, yo también voy contigo en los primeros diez del grado...
Se
apoyaron boca abajo en la alfombra del piso y trataron de repasar los resúmenes
de las clases. De vez en cuando, Yamato rozaba su mano con la de su enamorada,
mientras que ella le hacía cosquillas con el lápiz detrás de la oreja. Como
cualquier pareja adolescente, los dos terminaron besándose y olvidándose de que
tenían que estudiar.
–¡Aja!
– la voz de la pequeña Reika hizo que los dos se pararan en seco, completamente
fríos por el susto. En aquel entonces, la niña tenía una larga trenza bicolor
que era lo único que la diferenciaba de su gemelo – Me hubiera gustado haber
venido con tía May.
–Graciosa...
– Lina le dio un jalón de mejillas a su primita – ¿Qué tengo que hacer para
comprar tu silencio?
–Quién
diría que estás sobornando a tus primos – Kenji asomó la cabeza desde las
escaleras, acompañado por Ryo, en ese entonces con lentes aún más gruesos y de
la misma estatura de los mellizos.
–Pues
considerando la oferta y la demanda actual... Creo que la suma debería de
ascender a 150 yenes para cada uno de nosotros – completó el niño de lentes.
–Pequeñas
ratas... – murmuró la chica.
–Nuestro
silencio lo vale – dijeron los mellizos a la vez.
–De
acuerdo. Ustedes ganan – el sonriente Yamato tuvo que pagarles a los niños.
Estaba claro que ellos lo estaban haciendo en broma, pero al muchacho le
gustaba consentir también a sus “primos”.
–Yamato-nii
sí es bueno – comentó Ryo con sus monedas en la mano.
–Como
me gustaría que Yamato-nii fuera ya nuestro primo.
–Como
va con Lina, no falta mucho.
Alejándose
entre risas juguetonas de los niños, Lina escuchaba perfectamente lo que decían
y tuvo ganas de darles de coscorrones, pero Yamato seguía sujetándola de los
brazos, habitualmente sonriente ante el temperamento de su novia.
* * *
A
la mañana siguiente, todos los que llegaron al aula quedaron boquiabiertos,
incluyendo a la misma Lina, quien no creía lo que veía. Yamato tenía que
contener las ganas de reírse y tratar de aparentar sorpresa también. Todos los
pupitres, sillas, e incluso el escritorio del profesor, estaban de cabeza en el
techo. La cereza que coronó el pastel fue la llegada de la señora Fujisaki,
quien al ver tal cuadro, cayó irremediablemente desmayada.
–Eres...
– Lina quería terminar la frase, pero la estupefacción se lo impedía.
–¿“Un
genio”? – le contestó el castaño.
–...
Iba a decir “Terrible”... Pero esa palabra también queda – aunque estaba algo
molesta por la gracia de su novio, no podía negar sentir orgullo por el ingenio
de Kobayashi.
Lina
le dio un codazo en el estómago a su novio antes de cumplir con sus
obligaciones de delegada de aula e ir a atender a la pobre maestra de
preparatoria.
* * *
–¡No
sé cómo, pero sé que Kobayashi Yamato es la razón de este problema! ¡Esa rata
es una amenaza para la sociedad! – se quejó la profesora Fujisaki con el
director.
–Cálmese,
cálmese, Fujisaki-san – le decía el director – Pero no hay ninguna prueba que
lo inculpe. Además, el alumno Kobayashi es de una buena familia y sus notas lo
ubican entre los diez primeros lugares del grado. Es ilógico que un alumno así
haga una broma de ese tipo.
–¡Es
por eso que él sí fue! ¡Es tan listo que planeó cada detalle! ¡Es un lobo
vestido de cordero!
–De
todas maneras no hay manera de probar si lo hizo él o no. Hoy se suspenderá la
clase para que los alumnos ayuden a despegar los pupitres del techo y ya no se
hable más del asunto.
Detrás
de la puerta de la dirección, Lina, Yamato y otros dos chicos que habían
ayudado al muchacho con la gracia, escuchaban la discusión. Lina no dejaba de
lanzarle miradas acusadoras a su novio, mientras los tres muchachos seguían
conteniendo las ganas de reírse.
(Fin
del Flashback)
–Y
desde entonces se te metió la maldita obsesión por figurar – Tetsuo seguía
apoyado en su pupitre.
–Bueno,
bueno... Ahora sólo falta el siguiente profesor y planearé algo – contestó
Aoshi.
–Lo
harás tú solo. No quiero seguir en Preparatoria más tiempo del que debería –
respondió Tetsuo, quien estaba cursando el grado por segunda vez.
–Además
este profesor quizá resulte ser más listo que tú – se burló Reika.
–Muy
graciosa...
La
campana del inicio de las clases sonó y todos regresaron a sus asientos.
Ingresó por la puerta un hombre que vestía como los demás profesores de la
escuela. Era de aspecto oriental, con mezcla británica, buen porte, apuesto y
serio de apariencia. Usaba lentes sobre sus ojos claros y tenía el cabello
negro corto con una larga cola forrada de blanco en la nuca.
El
profesor nuevo escribió su nombre en la pizarra y se presentó ante la clase con
voz firme.
–De
ahora en adelante, la materia de literatura se llevará conmigo. Soy Roy
Flanagan, su nuevo tutor. Si tienen alguna consulta, con gusto les atenderé.
Aoshi
llamó la atención de Ryo y le dijo en voz baja.
–Voy
a probar al sujeto.
–No
te busques problemas, Aoshi-kun.
–Vamos
a ver... El sujeto parece serio, pero vas a ver que al final yo ganaré.
Tenía
que planear una nueva estrategia. Su inteligencia en batalla debía ser útil en
esos momentos. Reika y Kenji podían presentir problemas para el dios de la
guerra, aunque no se necesitaba ser un ser divino para saber a qué iba a llegar
todo esto.
* * *
En
la universidad, Lina ya estaba empezando clases. Yamato sería el único conocido
en la facultad, pero podría hacer más amistades ahí en poco tiempo.
Durante
el almuerzo, la joven de cabello largo veía el periódico para buscar un buen
departamento, pero no tenía dinero suficiente para alquilar, menos comprar uno.
–Disculpe
¿Puedo sentarme aquí? – le preguntó una muchacha. Era de su misma talla, de
ojos ámbar y largo cabello negro atado con una cinta, y usaba lentes. Se veía
por sus rasgos que era de origen chino.
–Sí.
Veo que el lugar se llenó rápido... – Lina apartó sus cosas para que la otra
joven se pudiera sentar.
–Perdona.
Debo ser más cortés y presentarme – sonrió amablemente – Soy Misty Flanagan, de
Medicina.
–Kuroha
Lina. De Administración...
–Espero
que puedas ayudarme un poco a ubicarme, Kuroha-san... Acabo de llegar de
Londres y todo es tan diferente en Tokio...
–Sólo
Lina, Misty. Vaya. No lo sabía... Supongo que sí podría mostrarte la ciudad si
no estás muy ocupada...
–Por
mí no hay problema. Tengo pensado arrendar un departamento, pero no sé cómo
escoger uno si aún no conozco la ciudad...
–Es
una coincidencia. Yo también estoy buscando uno, pero no tengo suficiente
dinero... Sería buena idea si las dos viviéramos juntas – estuvo por
arrepentirse al abrirle tanto el camino a alguien que recién conocía, pero
Misty le inspiraba confianza.
–Sí.
Buena idea. Las dos nos repartiríamos el alquiler y me ayudarías a adaptarme al
ritmo de este país... Me parece bien. Fue una suerte conocerte, Lina-san.
Yamato
llegó a la mesa de las dos señoritas y besó a Lina en la mejilla.
–Vengo
a ver a mi amor... – dijo sonriente.
–No
seas tonto, Yamato.
–No
te hablaba a ti – le dijo al oído, esperando que Perséfone le escuchara.
Lina
se molestó por la evidente broma de su ex y lo apartó de ella.
–¿Es
tu novio, Lina-san? – le preguntó la inglesa.
–¿Yamato?
No... Estuvimos un tiempo, pero sólo somos amigos.
–Hola.
Soy Misty Flanagan. Acabo de conocer a Lina y es muy buena conmigo.
–Espero
que disfrutes tu estancia en Tokio... Soy Kobayashi Yamato.
Yamato
cogió una silla y se sentó con ellas dos, justo en medio de las dos chicas.
–¿Dices
que vienes de Londres? Yo estudié allá por un tiempo – le comentó Yamato.
–Creo
que te vi un par de veces en el campus... – comentó Misty – El mundo es
pequeño.
–Pues
quién diría que por fin conocería a alguien de allá... Hablando de eso. Hoy van
a pasar una película por cable y quería que las dos fueran a mi departamento.
Dicen que aún no tienen un lugar dónde quedarse y mañana no hay clases por día
festivo.
–Suena
divertido – respondió la inglesa.
–No
sé... Creo que estaré ocupada – se excusó Lina.
–Vamos.
Sólo será un pequeño descanso... Y no tiene nada de malo relajarse un poco de
vez en cuando... – trató de disuadirla Misty.
–Pues
por otro lado está bien. Misty y yo podríamos ver la película nosotros dos
solos – Yamato miró un rato a Lina, viendo que ella reaccionó como él lo
esperó.
–¡Ahí
estaré! – respondió con un fuerte manotazo en la mesa.
–Perfecto.
Entonces estaremos los cuatro ahí.
–¿Los
cuatro? – preguntó la nueva.
–Qué
bien. Me gustaría verlo – dijo encantada.
Lina
pudo suponer que Yamato ya había activado su habilidad para “disfrazar” al
guardián del Hades; si no fuera así, no estaría invitando a nadie si Cerbero
estaba en su casa.
Por
otra parte, Perséfone, quien veía todo desde la perspectiva de Lina, podía sentir
algo muy extraño en la nueva chica, la cual parecía no dejar de sonreír.
* * *
–¿Y
cómo te fue hoy? – dijo Misty, ya en su hotel.
–Pues
yo hasta ahora no he encontrado nada en ese lugar... – le respondió Roy,
todavía en el sillón, cruzado de brazos.
–Pues
quién diría que terminarías dando clases en la preparatoria.
–Termina
siendo un mal necesario. Pero los muchachos de la clase son... cómo decirlo...
diferentes.
–Estamos
en un país diferente, Roy... Y mi intuición me dice que nos quedaremos aquí por
mucho tiempo...
–Si
he aprendido algo, es a hacerle caso a tu intuición, Misty ¿Y pasó algo en la
universidad?
La
joven sonrió nuevamente y fue donde su hermano mayor.
–Hoy
conocí a una amiga. Las dos arrendaremos un piso.
–Está
bien por ti, Misty. Te hará bien vivir sin mí...
–Sabes
que adoro que estemos juntos, Roy... Es sólo que necesito espacio y no creo que
sea bueno quedarnos en un hotel tanto tiempo con la misión que tenemos.
–De
acuerdo. Pero antes tengo que conocer a la amiga con la que dices que vas a
vivir.
* * *
Por
otro lado, Aoshi se rompía la cabeza tratando de pensar en algo original contra
el profesor Flanagan. Todos habían quedado en reunirse en el departamento de
Aoshi para estudiar.
–Oye,
ya abúrrete, Aoshi... – le dijo Tetsuo – ¿Tienes el ejercicio de la 3?
–No...
Ni esto ni lo otro.
–Tampoco
está bien que te empeñes en esto. Créeme que tengo tantas ganas como tú de
participar en este proyecto, pero hay varias cosas pendientes como... ¡Pasar
segundo de preparatoria esta vez!
–Calma...
Solamente es algo que mi mente hace al dejarla volar... Física es otra cosa en
la que mi genial mente es una piedra en el agua.
–Pues
hasta las rocas pueden flotar si uno piensa que lo harán, así que termina la
tarea para que podamos irnos a dormir.
Ryo
y Kenji llegaron al departamento de Aoshi.
–Perdón
por la demora. Primero dejamos a Reika con su grupo de trabajo y luego pasamos
por la tienda para comprar algunas cosas – explicó Kenji, aún con las bolsas de
comida.
–Genial.
Vas a cocinar de nuevo – dijo Tetsuo, con ánimos de comer finalmente.
Emi,
la hermanita menor de Aoshi, salió de su habitación y se dirigió alegremente
hacia los amigos de su hermano.
–Oye,
Aniki. Será mejor que te pongas a estudiar en serio... Mamá acaba de llamar y
le dije que estabas con otra de tus conquistas en la sala.
–Pequeña
rata... Sé que no lo hiciste – gruñó el joven.
–Claro
que no. Tenía que decir otra cosa porque mamá no creería nada si le digo que
están estudiando aquí.
–Pues
eso es verdad – asintieron los tres amigos de Aoshi al unísono, ya acodados
para ver la clásica lucha entre hermanos, en las cuales la pequeña acostumbraba
ganarle a su hermano con un “Se lo diré a papá”.
–Qué
poca fe me tienen, muchachos – Aoshi se volvió a sentar molesto en la alfombra
– Y tú métete a tu agujero, rata – le dijo a la niña de 12 años.
–Anda.
No es para que se traten así – dijo Tetsuo – Emi-chan es tu hermanita.
–Tetsuo-kun
es el único que me entiende ¿Sí o no que tú y yo vamos a ser novios algún día?
– la chiquilla se abrazó tiernamente al mayor del grupo – Tetsuo-kun no se
parece nada al monstruo de Aoshi porque Tetsuo-kun es más comprensivo y lindo.
Tetsuo
sólo trataba de sonreír mientras Emi se le abrazaba cariñosamente del brazo.
Kenji y Ryo veían divertidos la reacción de Aoshi al ver a la pequeña aferrada
así a Tetsuo.
–Será
mejor que te bañes tres veces, Tetsuo. Cualquier cosa te puede pasar si te
muerde una garrapata – le dijo el castaño.
–Ignóralo,
Emi-chan. Será mejor que regreses a tu cuarto. Nosotros estaremos ocupados aquí
– le dijo el chico de la pañoleta.
–De
acuerdo. Se necesita de todo el tiempo disponible para enseñarle el alfabeto a
Aniki – dicho esto, la niña se retiró alegremente.
Aoshi
gruñó exasperado, siendo contenido por Ryo y Kenji a la vez. Afortunadamente
Emi ya no estaba en escena.
–Demonios...
Pequeña ladilla... Ya verás cuando tenga un segundo libre – renegó el
adolescente.
–Cálmate,
Aoshi-kun – le trataba de convencer Ryo – Ya sabes que tu hermana siempre es
así... Bueno... Sólo contigo...
–¿Y
qué me dices del señor Akiyama “lindo, comprensivo, demás adjetivos lindos”
Tetsuo? – dijo el castaño, señalando al muchacho de la pañoleta.
–No
tengo la culpa de que Emi-chan tenga tan buenos gustos – respondió con una
sonrisa burlona.
Kenji
rió junto con Ryo al ver la clásica discusión entre Tetsuo y Aoshi. Era claro
que el castaño quería a su hermanita de una manera muy particular, por eso
mismo le molestaba que a Emi le gustara tanto un vago como Tetsuo, a pesar de
que ambos fueran tan buenos amigos (también incluyendo el hecho de que Emi y
Tetsuo se llevaban 6 años de diferencia). Incluso Tetsuo era más sensato que el
muchacho y pensaba las cosas dos veces.
–¿Y
aún no hay plan B para darle tu “bienvenida” a Flanagan-sensei? – le preguntó
Ryo para cambiar el tema.
–Para
tener un plan B, se necesita primero el A – aclaró Akiyama, aún sonriendo por
el bloqueo mental de la reencarnación del Dios de la Guerra.
–Yamaki
Aoshi-sama pensará en algo. Sólo hay que darle tiempo – proclamó el orgulloso
muchacho. Cuando Aoshi hablaba en tercera persona y con tal grado de
importancia en su nombre, significaba sólo una cosa: Tenía que fanfarronear a
falta de un buen plan.
–No
me gustaría que lanzaras algo explosivo debajo de su escritorio – a penas
pronunció estas palabras, Kenji quiso morderse la lengua, pero ya era tarde,
dado a que el castaño comenzó a sonreír.
–Sí
se puede... Sólo debo concentrar mucha energía en mi mano, hacerla una bolita
y... – Aoshi ya estaba recuperando sus poderes paulatinamente, razón por la
cual Kenji y Ryo se negaban rotundamente a que los usara incluso al pelear.
–Como
si tuvieras super poderes o algo por el estilo, Yamaki – Tetsuo seguía en su
sillón sin percatarse de los rostros de los otros tres, aliviados de que el
cuarto muchacho no sospechara nada todavía.
En
el momento en el que Kenji estaba pelando patatas, una visión azotó su mente,
haciendo que se hiciera un leve corte en la mano.
–¿Estás
bien, Kenji? – le preguntó Ryo al verlo sangrar. Cogió una toalla y se la pasó
para que se limpiara.
–No
te preocupes... Fue un lapsus.
–Será
mejor que pongas atención cuando tienes una de esas en las manos – le dijo
Aoshi.
–Pareciera
como si algo te hubiera llegado de repente – comentó Tetsuo.
Kenji
sonrió como si nada hubiera ocurrido, pero le preocupaba lo que vio en esos
breves segundos. Recordó los borrosos detalles de la imagen mental: Dos
personas corrían y era otro dios que los perseguía. No tenía idea de cuándo
ocurriría aquello y lo peor de todo era que los protagonistas de la predicción
estaban muy borrosos. Era por eso que aún no podía comunicarle aquello a
alguien hasta que tuviera todos los detalles completos.
* * *
Lina
llegó al departamento de Yamato, encontrándose en la entrada con Misty.
–Qué
bueno que sí te animaste a venir, Lina-san – dijo la sonriente chica.
–Bueno...
Tengo que tomar un descanso de vez en cuando – Lina aún estaba sin entusiasmo,
ya que ir al departamento del castaño no era parte de sus planes.
La
actitud de Misty era casi inexplicable, ya que parecía no saber otra expresión
facial que no fuera sonreír. Eso hasta le dio a Lina la leve sospecha de que
algo extraño ocurriría.
En
cuanto Yamato les abrió la puerta, Cerbero fue a recibir a Lina con entusiasmo.
–Hola,
Cerbero ¿Cómo te ha ido? Supongo que aburrido al estar tanto tiempo encerrado –
Lina acarició al gran danés negro. Estaba sorprendida al ver que Yamato ya
estaba apto para mantener la ilusión sobre él.
Lina
recordó otra habilidad de Cerbero. El can podía percibir si una persona sería
una amenaza para su dueño, por lo que ganaría hostilidad inmediata con el
individuo. Podría verificar sus sospechas si Cerbero se acercaba a Misty.
La
nueva muchacha se le acercó al perro y le acarició alegremente, comprobando que
Cerbero gustaba de mimos.
–Es
tan lindo... – dijo la muchacha de lentes.
–Sí...
Generalmente él es muy amistoso – para sus adentros, Lina se sorprendió. A lo
mejor se había equivocado con respecto a su nueva amiga.
Al
poco rato, Yamato también salió a verlas.
–Sabes,
Lina... A veces me pareces algo estresada. Qué bueno que pudiste venir –
comentó el joven.
–Sólo
vine porque quería verificar que no le hicieras nada a Misty... – respondió muy
seriamente.
–Entremos
ya... – insistió Misty, antes de dejarla terminar la frase.
Durante
la película, Lina miraba de reojo a Yamato, quien estaba justo en medio de las
dos chicas. Pudo notar que el muchacho de cabello castaño miraba a Misty, como
si tratara de encontrar algo en ella. A su vez, la chica de ojos ámbar se fijó
en el perro de Yamato, ya que veía la televisión como ellos. Eso de por sí ya
era increíble para un perro aparentemente normal.
Al
terminar la película, los tres se sirvieron algunas bebidas y conversaron sobre
épocas de colegio y más anécdotas, más que nada sobre el tiempo en el que Lina
y Yamato eran pareja.
–Y
no sé cómo es que tuve paciencia para aguantarte todo este tiempo... – continuó
regañándole Lina.
–Eso
es porque me amabas, me querías y no podías estar sin mí – en un tono muy
burlón, el muchacho empezó a hacer muchos gestos notoriamente sobreactuados
mientras se abrazaba a sí mismo – Y aún sigue eso. Me amas, me extrañas, me
quieres y no puedes estar sin mí.
–No
eres la última Coca Cola del desierto – refutó igual de seria – Y una
cosa más...
En
el momento en el que la chica iba a decirle algo, ésta cayó profundamente
dormida. Yamato la revisó extrañado.
–¡Lina!
¡Lina! – pero al oír que alguien tronaba los dedos, él también cayó dormido.
Misty
miró a los dos dormidos y sonrió, pero de una manera muy distinta. Cerbero, en
cambio, sólo miró a la muchacha muy tranquilamente y ésta volteó hacia el
guardián de los infiernos.
–No
te preocupes. Sólo estoy haciendo esto para una prueba. Te prometo que tu dueño
va a estar bien. Él hizo un buen trabajo al disfrazarte.
Al
estar inconsciente Hades, la ilusión sobre Cerbero desvaneció, dejando ver sus
otras dos cabezas, pero Misty no se inmutó ante la apariencia del can. El perro
asintió y volvió a ver la televisión.
* * *
Al
día siguiente, los muchachos aguardaban el comienzo de las clases. Tetsuo
recién había llegado y vio lo que jamás pensó encontrar: Aoshi estaba sentado
calmadamente, sin hacer absolutamente nada. Normalmente el castaño estaría
conversando con alguien, tocando algo en la guitarra o fanfarroneando como de
costumbre.
No
quería interrumpir esa extraña aura de tranquilidad que tenía, así que se
dirigió hacia Kenji y Ryo.
–Apuesto
a que vienes a preguntar qué le ocurre a Aoshi – se adelantó a decir el rubio.
Kenji no necesitaba ser la reencarnación del Dios de la Profecía para adivinar
la cara de interrogante de Akiyama.
–Pregunta
obvia... – respondió el muchacho, volteando a ver a su amigo.
–Ni
nosotros lo sabemos. Aoshi-kun ha estado sonriendo desde que llegó – continuó
Ryo.
Sonó
el timbre y todos volvieron a sus lugares. Al sentarse, Ryo y Kenji pudieron
divisar una bolita debajo del escritorio del profesor, lo cual parecía brillar
un poco. Kenji recordó horrorizado que esa era la broma favorita de Ares cuando
aún vivían en Olimpo. Era por eso que el castaño estaba tan sonriente. En verdad
estaba a punto de hacerlo.
Se
abrió la puerta, pero para confusión de los demás, no era el profesor Flanagan,
sino el mismo director. Aoshi miró decepcionado.
–Flanagan-sensei
no va a poder venir. Dijo que tenía asuntos pendientes relacionados con un
pariente – explicó el director.
Aoshi
tuvo que resignarse a no ver los resultados de su plan ese día, mientras Ryo,
Kenji, Reika y Tetsuo suspiraron aliviados, por lo menos eso creían.
–...
Es por eso que yo daré la clase de hoy – terminó de decir el director.
Pronto,
los gestos de los cinco chicos se volvieron aterrorizados, incluyendo al mismo
Aoshi.
En
cuanto el director se sentó en el pupitre del profesor, una onda de energía
desbarató la silla y la mesa. Aoshi se tapó los ojos, mientras que los dioses
gemelos aún seguían en mutismo.
Los
murmullos empezaron a escucharse en el aula.
–¿Cómo
hiciste eso? – le preguntó Tetsuo a Aoshi en voz baja.
–Eeeehhh...
Un mago no revela sus secretos – se apresuró a improvisar.
Apolo
y Artemisa no podían creer que Ares se atreviera a usar esa broma después de
tantas centurias. Con solo dejar una porción de su energía en un punto, ésta
podía disiparse violentamente al tener contacto con otro ser vivo. Esa
jugarreta la habían hecho ellos tres contra Hera, una razón más de la esposa de
Zeus para seguir enfadada con sus hijastros y con Ares.
Los
demás muchachos de la clase y el mismo director no llegaron a sospechar nada,
llegando a pensar que el mobiliario estaba defectuoso.
* * *
En
otro lugar, Roy Flanagan vestía una capa morada sobre su ropa y tomaba algunos
apuntes mientras examinaba sólo con la mirada a una dormida Lina, quien
reposaba sobre una cama. Yamato estaba en otro cuarto, también en estado de
inconsciencia.
–No
creo que haya sido necesario que les aplicaras el hechizo de sueño, hermana –
dijo el inglés.
–De
todos modos se hubieran negado a venir si empezaba por decirles que ya sabíamos
quiénes eran... – justificó Misty – No habrían querido escuchar el resto de la
explicación y pensarían que nosotros queremos algo por el estilo como su poder.
–Será
mejor que expliques tú, Misty. No me gusta hacer trato con desconocidos...
–Peor
aún si la chica es bonita ¿Verdad? – su hermana menor le guiñó uno de sus ojos
ámbar, haciendo que Roy se sonrojara considerablemente al dirigir nuevamente su
mirada hacia la joven reencarnación de Perséfone.
–Simplemente
le haría preguntas que no sean intimidantes para ella – se apresuró a
contestarle – Si sabes que la única mujer en mi vida eres tú, hermana.
–En
algún momento conocerás a alguien...
Cuando
la joven se retiró, Roy siguió sentado sobre el taburete, mirando fijamente a
la joven que yacía profundamente dormida por el hechizo de Misty. Era cuestión
de tiempo para que recobrara el conocimiento y comenzara a preguntar, así que
debía preparar preguntas y respuestas concretas. Sin embargo, la faceta crítica
que intentó mantener al examinarla no pudo más frente a la belleza de la chica.
Misty,
con la perspicacia que la caracterizaba, sonrió al ver que esa era una de las
pocas ocasiones en las que su hermano estaba tan intranquilo. Cerró los ojos y
se concentró para volver a su verdadera forma. Nada había cambiado, excepto por
dos marcas verdes en sus mejillas y las orejas alargadas características de los
elfos. A diferencia de ella, Roy era un humano normal, a pesar del linaje
sanguíneo que ambos hermanos compartían.
–Así
se está más cómodo – dijo la joven.
–Si
se niegan a creernos, creo que podría servir que te vieran así – se limitó a
comentar Roy.
–Ellos
en el fondo sabrán que digo la verdad si realmente son quienes deberían ser...
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