Deux Kratos: Pantheon
Noveno acto:
Tocó
el timbre por décima vez, pero nadie contestaba. Kenji estaba empezando a
preguntarse sobre la ausencia de Yamato, ya que Lina tampoco había dado noticia
alguna. Normalmente ella llamaba todos los días a la misma hora, pero no tuvo
noticias de su prima desde el día anterior.
–A
lo mejor salió... – dijo Sakura, quien se había ofrecido para acompañar a su
senpai.
–No
creo... A esta hora debería estar aquí... – Kenji iba a seguir insistiendo,
pero empezaron a escucharse ruidos dentro del departamento, como si estuvieran
rascando la puerta.
Acumulando
un poco de energía en la mano, el muchacho logró abrir la cerradura sin
forzarla. En cuanto abrieron la puerta, Cerbero fue directo donde Apolo.
–Ah...
Eras tú, Cerbero... – Kenji se inclinó a acariciar al animal, pero le pareció
extraño el que sus otras dos cabezas estuvieran visibles.
–¿Todo
está bien? – preguntó Sakura, a lo cual Cerbero respondió moviendo afirmativamente
la cabeza central.
–¿Yamato-nii
regresó? – ante la pregunta, la cabeza de la derecha y la de la izquierda
negaron, cosa que preocupó a los dos jóvenes.
–¿Sabes
dónde está?
Cerbero
hizo que Kenji y Sakura lo siguieran hasta la terraza del departamento, donde
había tierra para plantar. El can acercó una pata y comenzó a escribir algo en
griego.
–¿Qué
significa eso, Kenji-senpai? – preguntó Takatsuki.
–Secreto...
– murmuró Kenji.
–Bueno...
No me lo tiene que decir si no quiere, Kenji-senpai...
–No
es eso, Takatsuki-kun. Dice “Secreto” en griego.
* * *
Al
mismo tiempo, Lina comenzó a recobrar el conocimiento. No era su habitación en
el hotel y lo último que recordaba era que discutía con Yamato en la sala de su
departamento antes de quedarse dormida.
–¿Cuándo
me quedé dormida?... ¡¿Y dónde me encuentro?!
Se
sentó sobre la cama y trató de analizar la situación. La puerta se abrió y Roy
entró a la habitación, pero la reacción de Lina fue prácticamente violenta, ya
que se puso a gritar y lanzarle todo lo que encontrara. El recién llegado tuvo
que hacer uso de su agilidad para evitar todos los proyectiles.
–Espere...
– esquivó otro florero – La trajimos para hablar...
–¡Y
seguro que tú me raptaste! – Lina seguía histérica – ¡¿Quién eres?!
–Lina-san.
Si dejaras de tirarle tantas cosas, seguro que te respondería – la voz se
escuchó desde otro lado del cuarto.
Misty
entró por la segunda puerta en su forma real, cosa que enmudeció completamente
a su amiga.
–M-Misty...
¿Q-q...? – habían muchas preguntas en la mente de Lina, pero las palabras
simplemente no salían.
–Disculpa
que haya tenido que dormirlos a Yamato-san y a ti, pero teníamos que contar con
la ayuda de ustedes dos... – volteó a ver a su hermano, quien seguía observando
silenciosamente la escena en medio de todo lo que le tiró la muchacha – Ah, lo
olvidaba. Él es mi hermano Roy.
–Eso
era lo que trataba de decirte... – murmuró el hombre.
–No
podría pensar otra cosa si despierto en el cuarto de un hotel y veo a un
completo desconocido – respondió Lina, todavía enfadada.
Misty
se acercó a ella y se arrodillo mientras le tomaba una mano, dejando asombrada
a la chica de ojos verdes.
–Una
vez más me disculpo con usted, Perséfone-sama...
–¿Qué?
¿Cómo supiste que yo...?
–Eso
mismo es lo que quiero explicarles cuando Hades-sama también despierte.
* * *
Maaya
salió de otra práctica de basketball, y se dirigió a la banca, donde Takahashi
Mizuki observaba los entrenamientos. A diferencia de los demás chicos que
esperaban, todos ellos con cámaras y con la atención fija en las curvas
femeninas, él siempre estaba neutral y pendiente del juego de su mejor amiga.
–¿Listo
para irnos? – le preguntó la pelirroja a su amigo.
–Sí...
– respondió calmadamente.
Maaya
y Mizuki eran amigos desde que entraron a primaria y se juntaban con Aoshi para
hablar de todo (Aunque realmente Mizuki tenía que cumplir el papel de réferi
cuando Aoshi metía la pata con la pelirroja). Cada tarde, después de los entrenamientos
de cualquier club en el que participara ella, Mizuki la esperaba pacientemente
para ir juntos a casa, ya que el muchacho de cabello blanco tenía que comprar
en la tienda del papá de la familia Shikura.
Las
caminatas desde la escuela hasta la casa de Maaya eran silenciosas, algo
normal, ya que Mizuki no era de hablar mucho y ella tampoco. Además Maaya
tampoco estaba para hablar, ya que junto con la mitad de sus memorias, también
había que pensar en muchas cosas que podrían resultar de gravedad.
–Perdón,
Maaya. Tengo que ir a otro lugar.
–No
te preocupes por eso... Cuídate.
–Y
tú trata de levantar esos ánimos.
–Es
que normalmente no tienes ese aura de contrariedad... No quisiera preguntártelo
ahora, pero sólo espero que lo puedas solucionar.
–Está
bien, Mizuki... – respondió.
Maaya
sabía que Mizuki siempre era así de perceptivo, generalmente retraído con otras
personas además de ella y Aoshi.
En
cuanto llegó a su casa, uno de sus hermanos fue a ella con el teléfono inalámbrico
en la mano.
–Nee-chan.
Tienes una llamada... – le dijo Kyo.
Normalmente
nadie la llamaba por teléfono a excepción de Mizuki, y eso era sólo cuando
tenían que ver alguna tarea.
–Diga...
– respondió la joven.
–Qué
bueno que te encuentro, Shikura. Necesitamos ayuda – le dijo Reika por
teléfono.
–¿No
pueden resolverlo ustedes?
–Si
lo pudiéramos hacer, no te estaría llamando ahora.
–De
acuerdo. Iré para allá.
Cuando
colgó el teléfono, Maaya se preguntó qué era tan importante como para que Reika
la llamara ¿Se trataría de otro caso como el de la quimera o era algo peor?
* * *
Cuando
llegó a su edificio y subió las escaleras, Mizuki trató de buscar las llaves de
su departamento, pero la vista empezó a nublársele y algunos mareos atacaban su
cabeza. Estuvo a punto de perder el conocimiento y caer por las escaleras de no
ser porque alguien logró sujetarlo a tiempo.
–¡Oye!
¡¿Te encuentras bien?! – le preguntó el recién llegado Tetsuo, pero el muchacho
de cabellos blancos estaba inconsciente.
Trató
de despertarlo, pero el chico parecía haberse desmayado. El muchacho de la
pañoleta tuvo que cargarlo en su espalda y llevarlo a su apartamento, ubicado
unos pisos más arriba.
–Genial...
No todos los días uno se encuentra con un moribundo... – dijo Tetsuo para sus
adentros.
Al
llegar a su piso, abrió la puerta y llevó a Mizuki en su espalda.
–Hola,
abuelo. No tengo tiempo para charlar – le dijo Tetsuo a un anciano que dormía
en el sillón – Sí... Sigue dormido. Tal como lo dejé en la mañana.
Ingresó
a su cuarto y, luego de dejarlo en su cama, trató de atender al chico con
algunas cosas del botiquín, pero no sabía qué tenía que darle. Pensó que lo
primero era quitarle la chaqueta del uniforme. Se dio cuenta que ese uniforme
era de Nagumo Chuugaku, además de que sabía que a él lo había visto antes.
–Cómo
no te reconocí antes – exclamó Tetsuo al ver el rostro dormido de Mizuki – Tú
eres amigo de Shikura y Aoshi y también vives en este mismo edificio. Qué pequeño
es el mundo. Tu nombre es... ¿Takigawa? ¿Takahisa?
Recordó
algo y revisó la mochila de Mizuki, encontrando un inhalador y dos píldoras.
Después de suministrarle dichas medicinas, esperó unos minutos hasta que él
despertara. Finalmente Mizuki abrió los ojos y se frotó la cabeza.
–Me
pasó de nuevo... – murmuró, pero luego se dio cuenta que esa no era su casa.
–Por
ese comentario, creo que no fue una simple recaída... – le dijo Tetsuo desde la
silla.
–Espera...
Te recuerdo ¿No nos conocimos en el picnic al que me invitó Maaya? Etto... Te
llamas Akiyama ¿Cierto?
–Exacto,
pero sólo llámame Tetsuo. Y tú eres... Taka...
Taka...
–Takahashi Mizuki.
–Sí,
disculpa.
–Si
gustas, puedes usar mi nombre.
–Ha.
También me puedes llamar “Tetsuo”, Mizuki.
–Qué
pequeño es el mundo...
–Es
exactamente lo mismo que dije...
–Gracias
por ayudarme... Mejor me voy. No quiero ser una molestia aquí...
–Descuida.
Esta es la conversación más larga que he tenido con alguien aquí, así que te
puedes quedar acá más rato.
–¿A
qué te refieres con eso? ¿No hablas con nadie aquí, Tetsuo?
–Vivo
con mi abuelo, pero como siempre está dormido es lo mismo que hablarle a una
pared. Voy a avisar a tu mamá.
–No
es necesario... Vivo prácticamente solo. Y mi tutor trabaja hasta tarde.
–Razón
de más para que te quedes. Al menos así comes algo y descansas hasta que te
recuperes. Y no voy a aceptar un no por respuesta.
No
había manera de negarse, por lo que Takahashi tuvo que permanecer más rato en
la casa de Akiyama. Mientras cenaban en la habitación, Mizuki y Tetsuo
estuvieron conversando, aunque realmente Tetsuo era el único que hablaba, dado
a que su interlocutor no era la persona más expresiva del mundo.
–Pero
bueno... Cambiemos el tema ¿Por qué te desmayaste, Mizuki? Me contaste que
estabas delicado, pero no sabía que a ese grado.
–Sufro
de desmayos constantes. Me recetaron tres medicinas diferentes que debía tomar
juntas. Sólo debo abstenerme de realizar actividades de mucho esfuerzo, por lo
demás esto no es nada para preocuparse...
–A
cualquiera le puede pasar... Está bien. No soy tan bueno para decir alguna cosa
amable y dar ánimos. Ese es el trabajo de Kenji. Pero al menos no digo nada en
comparación con Aoshi – Tetsuo se sonrojó un poco porque ya no sabía qué más
decir.
Después
de un momento, Mizuki comenzó a reír, primero bajito y luego fue subiendo el
nivel. Akiyama lo miró algo sorprendido, ya que el muchacho tenía fama de ser
introvertido.
–Tienes
razón en eso. Yamaki decía cosas que nunca ayudaban. Era peor cuando tenía
algún malentendido con Maaya – Mizuki no dejaba de reír, pero cuando se calmó,
por fin le dirigió una sonrisa a su nuevo amigo – Gracias... Por todo. Es la
primera vez que algo me causa gracia y también... por haberme traído aquí.
–No
me des las gracias ni nada por el estilo. Eso es mucha bondad para mi gusto –
se volteó algo avergonzado, ya que no se acostumbraba a ese tipo de respuestas,
más aún cuando veía a Mizuki, directo a esos ojos celeste pálido.
Eventualmente,
la conversación entre ambos muchachos fue extendiéndose, primero comparando
cómo era estudiar en Hokubei y en Nagumo, el tiempo que ellos conocían a Aoshi,
las travesuras de la secundaria en las que Tetsuo hizo equipo con Aoshi y Ryo,
hasta que ya ni tuvieron otro tema de interés.
Para
Mizuki, era la primera vez que hablaba tanto con alguien, ya que ni con Maaya
tenía conversaciones tan extensas. No sabía cómo describirlo, pero le agradaba
mucho estar en compañía con Tetsuo.
Por
otra parte, Tetsuo se dio cuenta que a Mizuki le había contado cosas que no le
había dicho a nadie más, ni siquiera a Aoshi, a Tenryo o a Kenji, quienes eran
sus mejores amigos.
Al
no encontrar otro tema para hablar, los dos se quedaron callados. Era como si
esperaran a que el otro tuviera algo qué decir. En ese momento, Mizuki comenzó
a sentir dolores en el pecho y que algo estaba llamándole con intensidad.
–¿Te
encuentras bien? – le preguntó Tetsuo.
-¿Me
prestas tu baño?
–Sí.
Segunda puerta de la izquierda.
–Gracias...
* * *
En
otro lado, Hanajima Goro tenía que tratar algunos asuntos con unos socios de la
compañía, mientras Marla esperaba en la oficina del CEO de Corporación
Hanajima.
–Pase
a esperar aquí, por favor – le indicó una secretaria a un hombre.
Marla
volteó a ver, percatándose de que se trataba de Takatsuki Katsuya, o Hefesto,
como se conocían. Por su parte, Katsuya también se sorprendió al encontrarla
también ahí.
–Espero
que no le moleste esperar con el señor, señorita Winslow – le dijo la
secretaria.
–Descuide.
De repente el señor y yo podamos encontrar un buen tema de conversación. Puede
retirarse – indicó la diosa.
En
cuanto la secretaria se fue, Hestia se quedó sentada con Katsuya frente al
escritorio de Goro.
–No
habría imaginado que Marla Winslow, la diseñadora más cotizada de América,
resultaras ser tú, Hestia – le comentó sonriente.
–Pues
tú has cambiado muchísimo... Estás el doble de guapo, Hefesto, además de más
sociable y... alegre.
–Sabes
que ahora respondo por mi otro nombre.
–Sí.
Lo sé, Katsuya. Lo leí cuando Goro recibió ese regalito tuyo.
–Técnicamente
no es regalo si él me contrató para forjarlo... ¿Y hasta ahora le sirvió?
–No
lo vi usarlo... Creo que lo guarda para cuando sea el momento indicado.
Se
quedaron unos minutos en silencio hasta que la mujer por fin le preguntó:
–Y
bueno ¿Qué ha sido de tu vida? No, mejor dime sólo de esta.
–Qué
decir... Lo de todas las anteriores. Ahora está todo bien tal como está.
–Y
supongo que a estas alturas encontraste a alguien o alguien te encontró a ti.
–Ahora
la única mujer en mi vida es mi hija. Tendrías que conocerla.
–Apuesto
a que debe parecerse muchísimo a ti, Darling – sonrió y luego se acodó
en el brazo de la silla – ¿Con qué motivo viniste a visitar a Goro?
–Se
trata de... Mejor no te lo diré todavía. La sorpresa la daré a los dos en su
momento o no hay chiste.
–Arruina
el chiste. Goro nunca se ríe con nada.
–Solamente
si es bueno – intervino el susodicho, recién entrando a su oficina – ¿De qué
quieres hablar, Takatsuki?
–Algo
que va a interesarnos a los tres. Tanto a nosotros como a Hera, pero no se lo
diré a ella... Aún.
–Será
mejor que valga la pena – se limitó a contestar.
* * *
Durante
horas, Kenji, Ryo, Aoshi, Sakura y Cerbero veían lo que estuvieron haciendo
Reika y Maaya. La diosa de la cacería y la diosa de la guerra estaban sentadas
en el suelo del departamento con los ojos cerrados y tomadas de las manos. Un
viejo libro y un pergamino estaban en el centro del círculo, murmurando
conjuros en un idioma desconocido.
Lo
que estaba escrito en el papiro era parte de rituales utilizados en tiempos
mitológicos por los sacerdotes de los dioses, y una traducción en katakana para
Shikura. El libro tenía los decodificadores de los ideogramas, ya que se
trataba de una lengua reservada solamente para los hechiceros de la época.
–¿Esto
en verdad funcionará? – preguntó la menor del grupo, aún abrazada de Cerbero.
–Descuida,
Takatsuki-kun. No por nada ellas dos fueron diosas de las artes de guerra– le
respondió Ryo – Algo deben saber todavía de los rituales.
–Yo
ya estoy aburrido – bostezó Aoshi – Nunca me gustaron estos rituales.
–No
te lo tomes tan a la ligera – le interrumpió Maaya, todavía desde su lugar.
–¿Tienes
algo, Reika? – le preguntó su mellizo.
–Roma
no se construyó en un día, Ken-chan... Bueno... Quizás sí pasó eso con el
primer templo de Hera... Pero como te digo. Esto me tomará tiempo. Tampoco les
dije que se quedaran a esperarme – respondió todavía sentada.
–De
todos modos debemos permanecer aquí en caso ocurra lo peor. Hace más de 2000
años que no haces este truco, hermana – le siguió insistiendo Kenji.
–Como
si fuera novata... El que aún no recupere la mitad de mi memoria no significa
que me haya olvidado de lo elemental.
Al
mencionar eso, Aoshi y Kenji decidieron no responder.
«Lo
sabía... Ni ellos pueden activar la mayor parte de sus poderes» pensó Ryo
al verlos.
Finalmente
sucedió. Reika abrió los ojos y dejó la prenda para ella poder acercarse al
suelo y comenzar a escucharlo con una oreja pegada a la tierra. Después comenzó
a hablar sola en griego, como si pudiera conversar con la tierra. Maaya apoyó
las manos en el suelo por el cansancio.
–Creo
que ya se chifló – murmuró Aoshi al verla portarse tan raro.
–Di
todo lo que quieras – respondió Reika con una gran sonrisa en el rostro.
Al
verla así de sonriente, supusieron que ella había encontrado algo.
–¿Lograste
saber algo sobre ellos? – le preguntó Ryo.
–No.
Pero al menos pude saber que no se los llevaron a la fuerza...
–No
entiendo ¿Cómo puede saberlo Reika-senpai con solo escuchar la tierra? –
preguntó Takatsuki.
–Es
fácil de explicar – intervino Ryo – La habilidad especial de Artemisa es el
rastreo y eso tiene mucho que ver con las artes de cacería. Se puede amplificar
su habilidad si recibe la ayuda de otro ser divino de la misma rama, como lo es
Atenea.
–No
sólo eso... Este tipo de rastreo lo aprendió de Gaya – aclaró Kenji – Claro...
Yo también podría hacerlo.
–Lo
que pasa es que no sabes cómo – empezó a fastidiarle su melliza.
–Tal
como yo puedo ver el futuro y tú no – le respondió ante la declaración de su
hermana.
–Pero
sin mencionar que sé más de atrapar animales salvajes que tú...
–Pero
yo sé manejar el arco mejor que tú.
–¿Ah
sí? ¿Acaso no te acuerdas cuando tratamos de darle al ciervo dorado en los
bosques de Vólos?
Cuando
los dos empezaron a reñir, Ryo se interpuso entre los dos Okubo, aunque sabía
que eso se llamaba “Suicidio”.
–Basta.
Dejen de pelearse. Lo que importa en estos momentos es encontrar a Lina y a
Yamato ¿Sí o no?
Los
dos hermanos se calmaron y volvieron al trabajo.
–¿Llegaste
a encontrar algo más con el ritual? – le preguntó Aoshi.
–A
ver... Había un olor muy extraño. No era de un humano... Pero también tenía
otras especies – contó Artemisa.
–Pude
sentir otra cosa... – dijo la pelirroja – Una presencia familiar... Muy
familiar... Pero aún no puedo saber qué es.
Mientras
trataban de analizar los detalles obtenidos, Kenji fue atacado por otra
violenta visión. Era la misma escena, pero más nítida, donde se podía apreciar
a un hombre con alas negras y a dos personas huyendo. Los rostros aún no se
revelaban. Después de la fugaz escena en su mente, Kenji cayó inconsciente. Los
demás fueron a ayudarle inmediatamente.
* * *
–Espero
que puedas explicar esto... ¿Por qué tienes esa forma? – le preguntó Yamato.
Misty
se sentó en una silla, mientras que Roy seguía de pie junto a ella.
–Desde
hace milenios, hemos pertenecido a los Sacerdotes Olímpicos, nos dedicamos por
tradición al servicio del templo del Olimpo. Cuando ocurrió aquel incidente en
el que todos bajaron a la tierra, mis antepasados no vieron el caso a seguir
custodiando un templo que sus dioses habían dejado atrás, así que nos mezclamos
con la gente y también nos fuimos adaptando al cambio de las épocas. Pero el
deber es algo que la familia Flanagan ha mantenido.
–La
razón por la que Misty tiene esta apariencia es porque nuestra madre es una
ninfa mitad humana, mientras que el linaje de nuestro padre proviene de una de
las tribus de elfos que habitan en Europa Central – terminó de explicar el
mayor de los Flanagan – Sin embargo, yo soy completamente humano por la mitad mortal
de nuestra madre.
Al
mencionar aquello, Misty dejó salir un par de alas de hada semitransparentes
color violeta que atravesaban la ropa sin hacer algún agujero. Lina y Yamato
aún no creían lo que escuchaban, menos lo que veían.
–Lo
que debemos hacer ahora es encontrar a los dioses que formaron parte de la
apuesta. Saben a lo que nos referimos – explicó Misty.
–¿Para
qué? – preguntó Hades.
–Hay
una profecía... – Perséfone volvió a tomar el cuerpo de Lina – Tiene mucho que
ver con Apolo y la intervención de todos nosotros, pero aún no se sabe qué está
preparándose para venir. No puedo creer que lo olvidaras.
–Zeus,
Poseidón y yo sabíamos algo con respecto a eso, pero con el paso del tiempo
llegué a olvidarlo todo... hasta hoy.
–Desgraciadamente
nosotros tampoco lo sabemos y por eso tenemos que encontrar a Apolo, Artemisa,
Atenea, Ares y Hermes, quienes iniciaron el pacto. Creemos que sus movimientos
también fueron trazados – explicó Roy.
–Pero
es imposible... – interrumpió Perséfone – El destino sólo afecta a los mortales
y en ese entonces ninguno todavía lo era... ¿Eso significa que hay algo más
fuerte que nosotros?
En
ese momento, Yamato guardó silencio, como si él supiera algo más.
* * *
(4
años atrás)
Últimamente
tenía más sueño de lo normal y una vez se desmayó durante una clase de
deportes. Debido a estos síntomas extraños, el director había mandado a Mizuki
al médico de la escuela, a pesar de que el muchacho de cabello blanco dijera
que no le pasaba nada.
Después
del chequeo, Maaya, quien acompañó a su amigo desde que sufrió la recaída, lo
recibió en la sala de espera de la enfermería.
–Me
tuviste preocupada todo este tiempo – le regañó la pelirroja.
–Perdóname,
Maaya...
–No
te lo dije para que te disculparas. No eres responsable de esto y desmayándote
no le hiciste mal a nadie. Quítate esa costumbre conmigo.
–Lo
sien... – antes de terminar la palabra, su mejor amiga volvió a mirarle
acusadoramente, haciendo que Mizuki no volviera a cometer el error nuevamente.
–Mizuki...
– le dijo luego de quedarse callados.
–¿Qué
pasa, Maaya?
–Me
alegra que sólo haya sido esa recaída.
Cuando
Mizuki iba a contestarle, el doctor salió a buscar a los dos niños.
–Takahashi-kun...
–¿Qué
encontró, sensei? – le preguntó una preocupada Maaya.
–Creo
que no se trata de una simple anemia como pensé... Tampoco es algo de gravedad.
Debe ser algún tipo de mal hereditario, pero pienso que tú ya estabas enterado
de eso.
Mizuki
no dijo nada. Maaya entonces empezó a entender por qué su amigo no participaba
en clases de deportes y la causa del repentino desmayo de esa tarde.
–Espero
que estés tomando los medicamentos que te recetaron.
–Entonces
esa puede ser la razón de tu recaída. Puedes ir a tu casa, así que daré una
nota a tu profesor para que te dispense.
–Gracias,
sensei.
–Llamaré
a tus padres para que vengan a recogerte.
–No
vivo con nadie... y el Takase-sensei anda ocupado.
–En
ese caso, alguien tiene que acompañarte a tu casa – el doctor miró a Maaya –
Shikura-kun. Ve con Takahashi-kun. Ojalá no te importe perder el último bloque.
–Descuide,
sensei.
Durante
el viaje en el ferry, los dos estuvieron callados largo rato. Finalmente Maaya
le preguntó:
–¿Por
qué nunca me dijiste eso? Se supone que tú eres mi mejor amigo y yo debería
saber algo tan importante como eso.
–Perdóname,
Maaya... Es solo que... Me es difícil decirle a los demás que tengo algún
problema de salud. Si los demás lo supieran, estarían siempre pendientes de mí.
Mis papás tampoco lo saben o tendrían que dejar sus trabajos para quedarse
conmigo y atenderme. Ahora estás perdiendo clases por tener que llevarme a
casa...
–Mizuki...
No es ninguna molestia lo que hago por ti. Para eso estamos, para ayudarnos.
Cuando lleguemos a tu casa, tomarás tu medicina y me quedaré contigo hasta que
mi papá vaya a recogerme. Y no quiero escuchar ninguna queja al respecto.
–De
acuerdo, Maaya...
Cuando
quería, Maaya podía ser muy maternal. Quizás eso se debía a que la chica
necesitaba asumir ese rol por la ausencia de ella en su familia. Estando con
Shikura, Mizuki podía darse una ligera idea de lo que era tener a alguien que
se preocupara por él. Sus padres le enviaban dinero cada mes, pero nunca
enviaban cartas o llamaban. La única persona a la que veía regularmente era a
su doctor, quien, desde que Mizuki tenía uso de memoria, se encargaba de
cuidarlo en lo que a su salud se refería.
(Fin
del Flashback)
* * *
Lo
que les había pedido Misty, era encontrar una porción de energía mística
concentrada en una parte de la ciudad. Debido a que eran dioses, podrían tener
contacto con el objeto buscado. Era por eso que Lina y Yamato se encontraban en
el parque, en medio de la noche.
–¿Logras
percibir algo? – le preguntó Yamato a Perséfone.
–No...
Aún nada...
–Lina...
–No
soy ella... – le miró algo molesta.
–Perdóname.
No puedo saber cuándo eres ella...
–¿La
quieres más a ella?
–¿Qué?
–Que
si la quieres más a ella que a mí.
–Perséfone...
– Yamato no sabía qué responderle – No puedo contestarte algo así.
–Yo
sé que al vivir de nuevo pudiste haber conocido a alguien más... Yo aún sigo
enamorada de ti como Hades. Sin embargo... Cuando estoy contigo y te abrazo,
siento como si no estuvieras tocándome a mí... Estás tocando a Lina.
Yamato
no dijo nada. Sabía que los sentimientos de Perséfone eran auténticos hacia él,
pero el problema era que ella usaba el cuerpo de Lina. No podía estar con una
sin sentir que traicionaba a la otra, menos si no sabía si Lina aún sentía lo
mismo por él que hace años.
–Es
cierto que hubo algo entre Lina y yo... Pero fue hace años. Y no quiero elegir
entre alguna de las dos. Cada una es diferente... Y estás hospedada en su
cuerpo.
–Únicamente
sigo aquí porque juré a mi alma que si llegara a encontrarte, jamás te dejaría.
Hades... Espero que puedas pensarlo mejor. Ahora habla con ella...
Antes
de que Yamato pudiera reaccionar, Lina estaba de nuevo frente a él.
–¿Qué
tanto hablaban? – le preguntó la recién aparecida.
–Pues...
Nada importante... – aún no tenía el valor de preguntarle algo al respecto,
también sabiendo el explosivo carácter de la chica.
En
ese momento, Yamato logró percibir algo. Lina también lo percibió, pero pronto
fue derribada por algo. Cuando la reencarnación de Hades volteó a ver, se
encontró frente a frente con un individuo.
* * *
–¡Mizuki!
¡Mizuki! – Tetsuo seguía tocando la puerta del baño.
El
chico ya se había tardado mucho y Akiyama comenzó a preocuparse. Cuando logró
romper la puerta, se sorprendió al no encontrar a nadie ahí. La ventana estaba
abierta.
–¿De-desapareció?
– logró murmurar.
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