Deux Kratos: Pantheon

  

Duodécimo acto:

  

Cerca de las 6.00 de la tarde, los muchachos llegaron al lobby del hotel completamente llenos de arena.  

  

–No tenías que empezar a tirarme media playa encima, Reika – se quejó Aoshi, quien todavía no terminaba de sacudirse la arena del cabello.  

–Eso no hubiera pasado si no me hubieras tirado esa alga en la espalda y me hubieras hecho pensar que era una medusa.  

–Ya basta – los pausó Kenji, también lleno de arena – Reika, no debiste usar tus poderes para hacer que la tabla de Aoshi lo tirara. Aoshi, no tenías que hacer que lanzarle algas. Y ustedes dos deberían medirse con sus descargas.  

–Es verdad... – asintieron los otros cinco, también llenos de arena.  

  

Después de unos momentos de silencio, ninguno pudo reprimir las risas al recordar la avalancha de arena que los sepultó, producto del despliegue de poder simultáneo de Artemisa y Ares ante la pequeña pelea que tenían en esos momentos. Para fortuna de los muchachos, los demás turistas debieron pensar que fue un viento demasiado fuerte o una de las mejores olas que jamás se hayan visto.  

  

En cuanto cada uno dejó la sala y se dirigió a sus habitaciones, llegaron Poseidón, Hestia y Hefesto. Se podía notar que la Diosa del Hogar no estaba en su mejor momento.  

  

–¡Cómo las detesto! – seguía quejándose Marla por lo ocurrido en la playa.  

–Pero si ya las quemaste. Deja de quejarte tanto – le dijo Goro, quien la había estado escuchando todo el camino después de dejar al muchacho e inventarle algo sobre la muerte del otro.  

–Déjala un poco, Hanajima. Sabes que ella nunca se ha llevado bien con las sirenas... Además... – Katsuya también hizo una pausa al recordar ese asesinato – Esto aún afecta... Los sacrificios ya no se ven iguales...  

–Por cosas como estas me pregunto cómo es que nosotros aceptábamos sacrificios humanos... – murmuró la mujer del grupo.  

–Suficiente de cosas tan insignificantes – interrumpió el serio CEO – Eso ya quedó atrás y no va a solucionarse nada con quejas. Hay una cena de negocios dentro de unas horas y deben arreglarse. Estaré en mi habitación.  

  

Al dejarlos, Marla y Katsuya no dijeron nada. Sabían que esa actitud la tomaba siempre que algo le molestaba. Una vez sólo en el elevador, Hanajima dejó caer la máscara frívola que tuvo todo el día y se dejó caer contra la pared. En verdad estaba muy cansado.  

  

* * *

  

Kenji, Ryo y Aoshi llegaron a los baños termales, donde Mizuki y Tetsuo ya estaban esperándoles. Era un ambiente sin techo y con una poza de piedras que daba una apariencia rústica. Los muchachos estaban en toallas, por lo que se daban a ver muchos detalles de sus físicos, por ejemplo el tatuaje de ángel negro en el brazo izquierdo de Aoshi; o las marcas en la espalda de Mizuki, producto de sus alas; mientras que Ryo mostraba tener buen físico, a pesar de su apariencia habitual de intelectual. Lo que nadie había notado fue la cicatriz en el abdomen de Kenji, la cual había cubierto con su toalla. El rubio no quería recordarle al actual Ares esa primera pelea que tuvieron la primera vez que bajaron a la tierra, por lo que era mejor no sacar al aire lo que enterró el paso del tiempo, con más razón si en esta vida el Dios de la Guerra era uno de sus mejores amigos.

  

–Se tardaron demasiado – les dijo Tetsuo. Mizuki sólo los miraba inexpresivo.  

–Lo siento mucho – se disculpó Kenji – Antes de venir teníamos que quitarnos la arena de encima.  

–Aoshi-kun se estaba tardando mucho en el baño. Parecía que sacaba la arena de su precioso cabello grano por grano – argumentó Ryo, usando algo de divertido sarcasmo.  

–Jaja... muy chistoso... El pelo de mi cabeza no era lo único con arena ¿Quieres que te enseñe más, cuatro ojos? – le contestó el castaño, haciendo ademán de desanudar su toalla.  

–Ya cálmense ustedes dos – les interrumpió Kenji, ya en el agua.  

–Por esta vez no te respondo como lo haría generalmente – dijo Yamaki.  

–Como si quisiera que me fulminaras con una bola de fuego – le dijo Tenryo.  

–Él sólo lanza plasma concentrado... El fuego no está bajo su rango – intervino Mizuki, igual de neutral.  

  

Cuando los cinco estuvieron tranquilos, el silencio duró poco, ya que no evitaron romper en carcajadas simultáneas al recordar lo sucedido en la playa. Incluso el serio Takahashi estaba riéndose (A pesar de que Tetsuo era el único que logró hacerle reír)  

  

–En serio que estás loco, hombre – le dijo Akiyama a su mejor amigo, después de las buenas risotadas – No tenían que recurrir tú y Reika a la fuerza de sus poderes.  

–Fue un arranque de locura. Déjame ser, hermano... – respondió Aoshi, después de tanto reírse al recordar la expresión de los demás al recibir su lluvia de arena.  

–Esta situación me recuerda el motivo por el que estamos aquí... – comentó Kenji.  

–¿Te refieres a porqué vinimos a este Ofuro? – le dijo Ryo  

–No... Me refería a porqué estamos aquí como mortales – dijo el calmado muchacho.  

–Es verdad... Un hecho tan simple entre dos campesinos que se ensuciaban terminó causándote gracia. Por esto es que todos nos encontramos aquí en este mundo y en estas vidas – le respondió el peliblanco – ¿Qué opinas respecto a eso, Ares?  

–Me da lo mismo – Aoshi se hizo el insensible y se cruzó de brazos – Aunque todavía me intriga el que sólo te pongas así de fastidioso cuando te pones a hablar de los viejos tiempos y en lo demás seas el mismo inexpresivo de siempre, Mizuki.  

–A diferencia tuya, sólo hablo cuando hay algo bueno qué decir...  

–Es de armas tomar el blanquito – le respondió el moreno Dios de la Guerra.  

  

Kenji y Tetsuo suspiraron. Si Aoshi no discutía con Maaya, lo hacía con cualquiera. Pero si había logrado que Mizuki le contestara, significaba que parte de las personalidades de sus vidas pasadas estaban saliendo paulatinamente. O también que Mizuki se estaba abriendo más al grupo.  

  

–Bueno... Quería preguntarles algo – interrumpió Ryo, haciendo que los otros dos dioses que discutían le prestaran atención.  

–¿Qué sucede, Ryo? – preguntó Kenji.  

–Es que... – el muchacho se frotó los ojos antes de continuar – Se pusieron algo raros en la playa. Parecían preocupados por algo y me preguntaron si escuché un ruido que no había ¿Qué les pasó?  

–Verdad que sí ¿Qué pasó?... – dijo Tetsuo al recordar las reacciones tan extrañas de los demás.  

  

Los tres dioses se quedaron callados por unos instantes. Después de pasados unos segundos, Kenji pareció ser el encargado de explicar.  

  

–Lo que escuchamos fueron cantos de sirenas... Nos preocupó la posibilidad de que ustedes fueran a caer en el encantamiento...  

–¿Sirenas? – Ryo estaba aún confundido – Creí que ellas habitaban en el Mediterráneo.  

–También nosotros... – continuó Aoshi – Si llegaron hasta Oriente, significa que se atrevieron a desobedecer a Poseidón cuando él se fue de la Atlántida.  

–Pero después de eso la presencia de las tres desapareció en unos minutos – terminó Mizuki.  

–Si desaparecieron ¿Por qué siguen tan preocupados? ¿No se supone que eso es algo bueno si estamos hablando de tres mujeres mitad pez que comen gente? – Tetsuo también estaba escuchando atento.  

–Si fueron eliminadas, sólo pudo haber sido obra de un dios. Los mortales que lograron acabar con las bestias míticas recibieron ayuda de nosotros en esos tiempos... Como todos estamos en la tierra, no hay otra opción lógica.  

  

Los dos mortales del grupo entendieron la preocupación de sus tres amigos. Un dios podía estar en Okinawa y quizás su objetivo sean también Apolo y Artemisa.  

  

–Por nosotros no hay ningún problema, incluso Okubo y Maaya son tan fuertes como nosotros, pero nos preocupan ustedes y Takatsuki – explicó Mizuki a los otros dos.  

–Lo último que queremos es que salgan lastimados, Tetsuo... Eso también va para ti, Ryo – Kenji aún permanecía serio – Pero... Todo esto es por mí, ya que los demás no tienen nada en contra de Hermes, Atenea ni Ares. Reika y yo estamos resueltos a...  

–Miren. Ustedes serán supremos dioses, harán muchas cosas que nosotros no, pero por lo que me concierne, yo no me voy de un sitio si no me da la gana. Aunque nos digan que nos vayamos, yo aún me quedaré con ustedes para apoyarles en lo que pueda – le interrumpió Ryo, tomando una actitud decidida por primera vez – Tú, Reika y yo estamos juntos desde que tenemos memoria, Kenji. No comenzaré a separarme de ustedes ahora.  

–Eso mismo, pero dirigido para ustedes dos – dijo Tetsuo, observando de reojo a Mizuki y Aoshi.  

  

Debían aceptar que era difícil doblegarlos. Aunque fueran testarudos y algo atolondrados, no cabía duda que esos dos eran de los verdaderos amigos. Cuando iban a decir algo más, escucharon voces del otro lado del muro.  

  

–Pero no tenías por qué hacerle eso a Yamaki – le dijo Maaya.  

–Bien que tú querías hacerlo – le respondió Reika.  

–Pues sí. Para qué te lo voy a negar – dijo la pelirroja.  

  

Los muchachos guardaron silencio para escuchar algo de la conversación. Quizás sería divertido saber de qué hablaban las chicas cuando estaban solas.  

  

–Pero sabes... No estuvo nada mal el truco ¿Recuerdas la última vez que lo usaron tú y tu hermano? – le recordó la reencarnación de la Diosa de la Razón.  

–Poseidón terminó gritándonos mil cosas sobre sus serpientes de mar... – dijo nostálgica la Diosa de la Cacería – De todos modos la broma sí que funcionó y Hera fue un punto extra.  

–Por lo que le he escuchado a mi papá y a Yamaki-senpai, ninguno parece que se lleva bien con Hera – dijo Sakura.  

–Ella era así con todos, en especial con los que éramos sus hijastros – le explicó Maaya – Entre ella, Afrodita y yo tuvimos una pequeña confrontación y la resolvimos de manera sensata.  

–La “sensatez” a la que recurrieron terminó en guerra – aclaró Reika – ¿Recuerdas a cierto chico de nombre “Paris”?  

–No me culpes a mí... Dile eso a Afrodita por poner tal chantaje. Además yo era la que debió haber ganado esa vez.  

–Oye, si yo hubiera participado en esa contienda, las habría dejado a las tres bien atrás – intervino la egocéntrica diosa – Yo, en todas mis vidas, sigo siendo la más hermosa y perfecta.  

–No me hagas reír – dijo Maaya en un tono irónico – Yo tengo mejor cuerpo que tú. Si lo ves bien, mi busto es más grande.  

–Sí, pero yo tengo mejores caderas que las tuyas.  

–Miren quién habla...  

  

En el otro lado de la pared, los muchachos estaban cada vez más sonrojados al haberse percatado hacia dónde giraba la conversación. Tetsuo y Aoshi acumulaban esfuerzos sobrehumanos para no reírse; al mismo tiempo, Ryo, Mizuki y Kenji no podían evitar imaginar a Reika y a Maaya, colorándose inmediatamente. Los atributos de sus amigas eran más que notorios, pero imaginarlas en un baño de vapor era otra cosa que no podrían manejar tan bien.  

    

–Pues... – Sakura se sintió apenada al ser menos desarrollada que las otras dos y se sumergió más en el agua.  

–Oye, no te apenes así, Takatsuki – le dijo Maaya – Tampoco queremos que te sientas menos. Total, aún estás chica.  

–Tiene razón. Además... A mi hermano no le gustan las chicas demasiado generosas – bromeó Reika.  

  

Volviendo al lado de los muchachos, Kenji gruñó un poco al escuchar a su hermana.  

  

–Tú no te cansas de hacerme esto... – murmuró el otro rubio del equipo, refiriéndose a su melliza – Vas a ver cuando te tenga frente a frente, Reika...  

–Lo mismo de siempre... – dijo Ryo para sí mismo, ya acostumbrado a ver así a Kenji cada vez que Reika hacía algún chiste referido a él.  

–Sshh... – les calló Mizuki – Creo que están volviendo a hablar.  

  

Los cinco hombres comenzaron a agudizar el oído.  

  

–Oi! No me había fijado que tenías las piernas tan bien torneadas, Takatsuki-kun - era evidente que Reika estaba mirándole las piernas a Sakura.

–Ia... No es tanto... - trató de responder la chica.

–También se te nota que tienes una piel suave. Y eso que trabajas en una herrería - comentó Maaya.

–¡No siga diciendo eso, Shikura-san!

–¡Qué linda! Takatsuki-kun no está acostumbrada a los halagos – exclamó una enternecida Reika.

–¡Okubo! ¡Vas a asfixiarla si sigues abrazándola así contra tus pechos!

–Jajaja... Lo siento, lo siento. Pero tú tienes tetas más grandes que yo, Shikura.

–Son una verdadera molestia – se quejó Maaya – A veces me duele mucho la espalda y hay deportes que no puedo practicar por la ropa. Y lo peor son los mirones que van a mis entrenamientos. Por eso me sería más cómodo tener un cuerpo como el tuyo, Takatsuki-kun.

  

Mizuki susupiró al recordar que él era el único muchacho que no demostraba interés alguno. Mientras todos perseguían a Maaya con la vista, él sólo esperaba a que su amiga terminara de entrenar. Por otra parte, Aoshi se había quedado callado. Suponían que él hubiera formado parte del grupo boyerista si hubiera seguido en Nagumo.

  

–Estamos hablando de mi hermana... Estamos hablando de mi hermana... – se repetía Kenji constantemente al no querer hacerse imágenes mentales.

–Eh... Sí, sí – Ryo se apresuró a darle la razón a su mejor amigo con el mismo objetivo, pero sin mucho éxito.

     

–Tengo una buena idea para pasar el rato – propuso la rubia.  

–¿Qué pasó por tu cabeza ahora, Okubo? – le dijo Maaya.  

–Estoy tan aburrida que incluso pensé en hacer un ranking de los muchachos. No hay que negar que están muy guapos...

–No hacía eso desde que iba de campamento con las chicas de mi clase – respondió Sakura, también algo curiosa por el juego que proponían.  

–Suena interesante – asintió la atleta.  

–A ver, yo voy primero – comenzó Reika – Es obvio que mi niichan tiene el primer lugar y la máxima clasificación. Obvio que el encanto es de familia. Jajajaja, saben que es broma. Después dejo a Tetsuo, ya que me gusta su look. Después va Aoshi, luego Mizuki y no me queda mas que poner a Ryo después, pero no signifique que no me guste cómo se ve. El que tenga alguito de panza ya le hace ver normal.  

  

Kenji torció una ceja al escuchar a su gemela. Por su parte, Ryo trató de reír con una ceja torcida mientras se llevaba las manos al estómago ¿De verdad estaba fofo?

  

–Cree que puede llamarme "niichan" de esa manera solo porque soy cinco minutos menor que ella... Ya verá – Kenji se levantó del agua e iba a decirle unas cosas, de no ser porque Ryo y Aoshi lo agarraron y lo metieron de nuevo al agua.  

  

Si había algo capaz de hacer que Kenji reaccionara así, ese efecto únicamente lo tenía la mismísima Reika.  

  

Durante este breve momento, el castaño no evitó fijarse en la cicatriz en el abdomen de su amigo. Inmediatamente un recuerdo amargo invadió la mente del nuevo Dios de la Guerra, pero si Kenji no había dicho algo al respecto, era mejor que él tampoco lo hiciera.  

  

–A ver, sigo yo – continuó Maaya – El primer lugar se lo dejo incondicionalmente a Mizuki. En lo físico y siendo objetiva, está muy delgado, pero tiene ojos bonitos, aunque es un poco delicado en facciones. Es serio, maduro y también es lindo... a diferencia del burro bocón que es Yamaki – por mientras, Aoshi reaccionó igual que Kenji, aunque fue detenido por Tetsuo y Mizuki – A propósito de él, no niego que Yamaki también es guapo, pero él se queda tercero porque Akiyama le gana el segundo lugar. De ahí iría Okubo-kun y después Tenryo-kun.  

–Te toca, Taktsuki-kun – le indicó Reika.  

–Bueno... yo... Pondría primero a Kenji-senpai... Luego iría Yamaki-senpai... Y después pondría a Takahashi-san, Akiyama-senpai y Tenryo-senpai...  

–No tienes que decirnos “senpai” a todos, Takatsuki. Se supone que ya estamos en confianza – le dijo Reika.  

–Es sólo que no puedo acostumbrarme... lo siento, Reika-senpai...  

–Cuestión de costumbres... – comentó Maaya.

  

Entre tanto, Kenji estaba algo avergonzado al ver cómo Tetsuo y Aoshi hacían evidentes bromas gesticuladas imitando a la tímida Takatsuki.  

  

–Lo amo, senpai... senpai... – se burló Aoshi, abrazándole como si fuera Sakura.  

–Déjame en paz, Aoshi – se lo trató de quitar el chico de ojos verdes – No es gracioso.  

–¿Entonces porqué a nosotros sí nos parece gracioso? – dijo Ryo, algo apartado.  

  

–¿Y qué es lo que más te gusta de Ken-chan, Takatsuki-kun? Al menos el primer lugar debe tener un fundamento – le inquirió Reika con curiosidad.

–P-pues... – Sakura reunió suficiente aire e impulso para poder soltarlo y oponerse a su vergüenza – Sus ojos...

–Sí, son exóticos los verdes...

–No... No es por el color... – Sakura volvió a enrojecer, pero se relajó más a medida que iba expresando lo que pensaba de esos ojos verdes – Cuando Kenji-senpai sonríe y habla con cualquier persona, pareciera expresar un interés comprometido. Cuando nos conocimos en el club de arquería, él me miraba y me daba consejos para que pudiera mejorar, aunque me quedé ahí sólo por unas semanas. No sólo lo hacía por su obligación de senpai, sino porque se compromete enteramente a que otros mejoren... – volvió a sonreír – Es por eso que lo respeto mucho. Sus ojos transmitían todo eso y papá una vez me dijo que el alma de una persona se refleja en la mirada. 

   

Si las chicas estaban enternecidas, en el lado de los muchachos Tetsuo y Aoshi ya ni podían fastidiar a Kenji. Aunque habían infinidades de bromas que podían extraer de eso, no les nacía hacerlo en base a ese testimonio de Takatsuki. Kenji muchas veces había escuchado que las chicas de la escuela comentaban sobre sus razgos exóticos, pero Sakura había hablado de él mucho más allá de un punto de vista superficial.

  

Las chicas ya habían decidido irse, ya que se acercaba la hora de la cena. Los muchachos no sabían qué opinar sobre todo lo que habían oído, aunque era poco común que se hubieran abierto tanto. Habían pasado de la seriedad a la ternura con sólo estar una hora en el baño público. Había sido el momento más variado de esas vacaciones. Ellos también decidieron salir y vestirse de una vez para la cena en el comedor.  

  

* * *

  

–Oigan... Están algo callados – les dijo Reika, viendo que sus amigos comían silenciosamente.  

–Quizás les haría bien una visita a las aguas termales – comentó Maaya.  

–Ya tuvimos suficiente con los baños – respondieron los cinco al unísono.  

–Pareciera como si les hubiera ocurrido algo insólito en el baño – comentó la rubia – Si no los conociera, juraría que vieron u oyeron algo que no debían.  

  

Los demás se quedaron callados. Tetsuo al final dijo:  

  

–Es que a Mizuki se le abrieron las alas y nos costó mucho impedir que la gente entrara al baño.  

–¿Qué?... – el peliblanco volteó extrañado al escuchar que esa fue la mejor excusa que pudo ocurrírsele a Akiyama. No le quedó otra que seguirle la corriente – Sí... Eso... – contestó inexpresivamente.  

–Sé más cuidadoso, Mizuki – le dijo su mejor amiga – A veces te pasa eso cuando te pones nervioso...  

–Sí... tendré más cuidado... – el muchacho, todavía frío, le siguió.  

  

En ese momento, el grupo interrumpió su cena cuando escucharon a la multitud del hotel recibir a Hanajima Goro, quien iba acompañado por Marla Winslow y Takatsuki Katsuya. De la nada, salieron reporteros que buscaban palabras de Hanajima o una foto de la bella acompañante del empresario.  

  

–Hanajima-san ¿Cuáles serán los puntos a tratar en esta primera junta con los presidentes de la Corporación Tenryo? – preguntó un reportero.  

–¿Qué le llevó a realizar esta firma de directivos en su hotel de Okinawa?  

–¿Cuál es su opinión sobre los tabloides que relatan sobre la conexión de sus ancestros con el ocultismo?  

–¿De dónde conoce a la señorita Winslow?  

  

Goro se detuvo en seco y volteó con ojos gélidos hacia los reporteros.  

  

–Acordaré con los dueños de la Compañía Tenryo sobre acciones que compraré. El resultado lo comunicaré mañana en la primera ronda de prensa. Escogí mi hotel de Okinawa entre muchos porque mi trabajo va ligado a mis vacaciones. Leer tabloides es una pérdida de valioso tiempo y esfuerzo, por eso no me molesto en ver basura. Mis amistades no incumben a los medios, así que no le debo explicaciones a nadie – respondió a las últimas cuatro preguntas – Hay una junta pendiente. Ustedes ya no tienen que hacer nada aquí.  

–Gracias por la atención... Mañana estaremos disponibles para cualquier entrevista – la carismática americana sonrió a los paparazzi y les despidió a su manera para que dejaran tranquilo a su colega.  

  

Mientras el serio hombre de negocios caminó hacia el salón privado donde sería la cena con los padres de Ryo, Kenji notó que Hanajima Goro había dirigido una breve mirada hacia él antes de entrar al cuarto y cerrar la puerta.  

  

–De por sí, ese presumido no me cae bien para nada – gruñó Aoshi.  

–Nunca te agrada la gente que recibe más atención que tú, Yamaki – le dijo Maaya.  

–Nadie puede tener más atención que yo sobre un escenario – le respondió el arrogante dios bélico.  

–Oi, Ken-chan... – le susurró Reika, dándose cuenta de lo que estaba ocurriendo.  

–Él me llamó a mí. No a ti, Reika – le contestó sin voltear a verla.  

  

Kenji aún seguía mirando la puerta por la que entró Hanajima. Algo en el fondo de su alma le gritaba que hiciera caso a aquel llamado que le hacía el extraño hombre, a pesar de no haber tratado nunca con él directamente ¿O cabía la posibilidad de que se conocieran desde muy antes?  

  

* * *

  

Esa noche, cerca de las 11.30, todos ya estaban dormidos en sus habitaciones. Todos estaban tranquilamente en sus respectivas camas excepto por una sola persona. Miró la luna a través de su ventana. Su hermana Artemisa se regía bajo este símbolo, mientras que él mismo era la representación del Sol. Una vez más el sonido lejano de la marea le llamó. Se levantó de su cama, se vistió con unos jeans y una casaca de algodón gris y se dirigió hacia la fuente de su llamado.  

  

Cuando salió de su habitación, se asustó al toparse con alguien, quien resultó ser su hermana. Al ver su expresión, parecía que ella ya estaba enterada de lo que Kenji quería hacer.  

  

–¿Cómo supiste que iba a ir? – le preguntó Kenji.  

–La Luna te vigila... Y ella me lo dice todo – le respondió.  

–Pues mañana el Sol te dirá que no me pasó nada... Simplemente quiero ver por qué me llama el mar...  

–Entonces iré contigo.  

–No. Quédate. Poseidón sólo me llamó a mí.  

–Pero...  

–No insistas.  

–Está bien – terminó aceptando Reika – En cuanto sienta algo, iré por ti.  

–Te prometo que te llamaré – Kenji le dio un beso en la frente a su melliza – Regresaré pronto.  

Ken-chan Baka...  

  

* * *

  

La presencia del Dios del Mar lo llevó hasta una cueva ubicada en un peñasco de la playa. Había mucha humedad y el frío era más intenso en el interior de la caverna. Al llegar a la parte iluminada, el adolescente se encontró frente a frente con Hanajima Goro, quien aguardaba pacientemente sentado en una roca y con su tridente en la mano izquierda.  

  

–Te estaba esperando... – le dijo el empresario.  

–Hanajima... digo, Poseidón... – le respondió el rubio – Tú sabías desde el principio quién era yo en esta vida... ¿Tenías que traerme de alguna manera a Okinawa?  

–No has perdido tu perspicacia, muchacho. Tú sabes que ya tenía este reencuentro planeado. Si citaba aquí a los padres de tu amigo, y él actuaría como esperaba que lo hiciera, podría tenerte aquí en este lugar, Apolo.  

–¿Qué es lo que quieres mostrarme en esta cueva?  

–Antes que nada, primero debo contarte sobre la leyenda...  

  

Kenji recordó que Lina había investigado sobre una profecía que incluía a los cinco dioses que iniciaron la bajada de los olímpicos a la tierra. Misty y Roy también les contaron todo eso cuando debían explicarles el motivo por el que la casta de los Flanagan conservaba su puesto como sacerdotes de los Olímpicos. Sin embargo, aún no se descubrían más detalles sobre esta predicción en la que los cinco jugaban un papel muy importante.  

  

–Hanajima... ¿Qué es lo que vas a contarme? – si Kenji no hacía ningún formalismo en el nombre, significaba que algo sobre esta noticia estaba afectándolo.  

–Apolo. Tú juegas un papel muy importante junto con todos nosotros. Esto no solo se centra en ustedes cinco. Los que bajamos a la tierra tenemos un propósito, en el que decidiremos quién regresará al Olimpo.  

–No puede ser...  

–Todos vendrán aquí, no sólo con el objetivo de matarlos a ti y a Artemisa. Una vez que hayan satisfecho su sed de venganza, tratarán de arrebatarse el trono de Zeus, ya que éste se encuentra vacío desde hace más de 3000 años.  

–Bien podrías matarme ahora, pero no lo haz hecho desde que llegué a Okinawa ¿Acaso tú no me odias como lo hacen los demás?  

–Yo dejé de odiarte hace mucho... Aunque realmente no pude ni estar molesto contigo. Sin embargo, aún participaré en la pelea. No puedo permitir que Hera se lleve el trono.  

–Lo recuerdo muy bien – Kenji sabía muy bien lo que habían hecho tiempo atrás.  

  

En las épocas mitológicas se había desatado una guerra entre los dioses, donde Hera, Poseidón, Apolo y algunas deidades se habían rebelado contra Zeus, sin embargo el Dios Supremo terminó victorioso y castigó a los involucrados de particular manera. En el caso de Apolo y Poseidón, se habían visto privados de su omnipotencia y limitarse a ser sirvientes de Laomedonte, rey de la futura Troya, cuyas murallas fueron construidas con el esfuerzo de ambas deidades. Después de esto, habían relegado los rencores contra Zeus; sin embargo, Hera todavía no había olvidado su rencor en esos momentos, ya que Zeus la castigó colgándola de los cielos.  

  

–Apolo... – le dijo Hanajima una vez más – Lo que quiero es que ustedes no se metan en esto. Los dos han muerto debido al rencor y la frustración de los demás, así que esta vez no se verán involucrados. Cumplí con advertirte sobre estas próximas confrontaciones, ya que Hera cumplirá su amenaza y vendrá por ti y por tu hermana.  

  

Kenji estaba completamente confundido. Poseidón no quería matarle, incluso le estaba advirtiendo sobre el futuro peligro que representaba Hera ¿Qué era lo que ganaba el Dios del Mar?  

  

–Es por eso que... – sin aviso, el hombre cogió su tridente e hizo subir la marea.  

  

La cueva empezó a llenarse de agua y llegaba a los tobillos de ambos. Kenji trató de moverse e ir a una roca alta, pero sus pies estaban inmovilizados.  

  

–¡¿Qué es lo que estás haciendo?! – gritó el joven.  

–No quiero matarte, pero eso no significa que te defenderé de la ira de los demás. Si logras liberarte de mi poder, significa que podrás enfrentarte a lo que venga.  

  

Dicho esto, Hanajima se retiró de la cueva y dejó que la marea subiera rápidamente mientras ésta subía por las piernas de Kenji.  

  

No sabía qué hacer, ya que sus piernas estaban inmovilizadas por el poder del Dios del Mar. Sería muy difícil que pudiera desvanecer aquella energía que lo apresaba.  

  

* * *

  

Cuando Goro Hanajima salió de la cueva, Marla le recibió con una toalla para que se secara sus cabellos azul oscuro.  

  

–Estás muy considerada... – le dijo indiferente.  

–No puedo evitarlo si veo que acabas de dejar atrapado a Apolo en una cueva que se llenará de agua en dos horas.  

–Creo que debería haber hecho lo mismo contigo.  

–No podrías – le sonrió confiadamente – No te atreverías y lo sé... Porque tus poderes quedarían parejos con los míos.  

  

Los dos voltearon a ver la cueva. Sabían que Kenji debía subir su nivel si planeaba defenderse de Hera. Él aún jugaba un papel muy importante en lo que acontecería, y no permitiría que el odio de los demás arriesgara la única probabilidad de salvación.  

  

–Sé que no quisiste recurrir a esto, Goro – le dijo la americana – Aún le tienes cariño a ese muchacho.  

–No es tu problema. Sólo quiero que sobreviva.  

  

Cuando estaban a punto de marcharse, se toparon frente a frente con una recién llegada Reika. Se podía ver que estaba muy enojada.  

  

–Artemisa – murmuró Hanajima al verla.  

–¿Dónde está mi hermano? – preguntó conteniendo la furia.  

–Por allá... Pero aún falta mucho y te agradeceríamos si no te entrometes – le dijo Marla.  

–¡Ken-chan! – Reika iba a ir en su ayuda, pero un destello de la mano de Hestia la mandó contra un peñasco cercano. Ésta vez, Marla se veía muy seria y amenazadora, un completo contraste con su habitual sonrisa.

–Te dije que no intervinieras. Él sólo debe hacer esto.  

–¡Déjame! ¡Ken-chan! – ella no se rendiría hasta soltarse e ir en auxilio de su hermano.  

–Dije que no quería matarlos a los dos – Poseidón cogió su lanza y le apuntó en el cuello con ella – No me obligues a recurrir a los extremos, Artemisa.  

  

* * *

  

Aún no conseguía liberarse y el agua estaba ya hasta el cuello.  

  

«No puedo morir ahora. Reika todavía me necesita y yo la necesito a ella...» pensó ante la posibilidad de fallar; sin embargo, el frío del mar y el cansancio al usar sus poderes durante esa larga hora estaban a punto de acabar con lo poco que quedaba de su fuerza de voluntad.  

  

Al mismo tiempo, Reika no podía soltarse de la energía de Hestia. No podía soportar la idea de que su hermano moriría y ella no pudiera hacer nada para ayudarle «Ken-chan... Aún te necesito a mi lado. No quiero que mueras de nuevo y me dejes sola...»  

  

Entonces algo increíble ocurrió. Tanto Hestia como Poseidón fueron golpeados por una fuerte energía. Cuando los dos se incorporaron, se dieron cuenta de que los gemelos habían elevado simultáneamente sus poderes internos. En cuanto se vio libre, Reika ignoró a los dos dioses y se lanzó al agua para ir en auxilio de su hermano.  

  

–Eso fue mucho poder... – masculló la mujer de cabellos verdosos – No puedo creer que hayan logrado romper nuestros poderes, significa que ellos ya tienen el nivel adecuado.  

–No... Esto fue accidental. Pero si no tomamos en cuenta ese detalle, significa que ellos sí tienen lo necesario, incluso más – le dijo el CEO de la Corporación Hanajima – Ahora puedo entenderlo... La clave de los poderes de Apolo es la misma Artemisa.  

  

Kenji había logrado soltarse, pero el agua ya había llegado al techo y Kenji no podía encontrar la salida de la cueva al estar todo oscuro. Ya no tenía fuerzas ni aire para nadar y encontrar la salida. A punto de perder la fe y el conocimiento, sintió que alguien lo recogía y lo guiaba hasta la superficie.  

 

Los hermanos salieron del agua y recuperaron la respiración.  

 

–¡Kenji! ¡Eres un idiota! – le gritó Reika.  

–Reika... – murmuró aún flotando con la ayuda de su hermana. A pesar de estar agotado, no pudo evitar sobresaltarse cuando Reika no lo llamó "Ken-chan". Significaba que ella realmente estaba perturbada con él.

–¡¿Por qué siempre me haces esto?! ¡Te odio! – Reika lloró abrazada a él.  

–Perdóname...  

  

Aún tenían que regresar a la orilla, pero ninguno tenía las fuerzas para nadar. En ese momento, el agua se fue separando hasta que los dos estuvieron parados en el fondo de la playa. Vieron a unos metros que Goro y Marla les habían ayudado.  

  

Cuando los dos llegaron a tierra, Kenji y Reika esperaban a que alguno de ellos los atacaran, sin embargo eso no ocurrió. Hanajima Goro los miró y dijo:  

  

–Apolo... Deberás seguir trabajando tus poderes si no quieres estar tan cerca de la muerte como ahora. Hera no te tendrá piedad.  

–¡¿Eso es lo único que se te ocurre decirnos después de que casi matas a mi hermano?! ¡¿Acaso tienes algo mal en la cabeza?! – le gritó Artemisa.  

–Reika. No – Kenji tosió agua y se apoyó sobre la arena – Gracias, Poseidón.  

  

Reika aún no entendía nada y esperaba a que Kenji pudiera explicárselo todo.  

  

–Discúlpenlo... Goro tiene la misma actitud desde siempre – les dijo Hestia – Espero que puedas entender las razones por las que tuvimos que someterte a esto... Creo que quieres que te llame Kenji-kun, nee?  

 

Kenji era incapaz de guardarle rencor, ya que él sí entendía cuál era el objetivo de Poseidón, y gracias a él logró descubrir qué era lo que necesitaba saber.  

  

–Nos veremos mañana... Descansen bien los dos – cuando se despidió de los dos, la mujer siguió a su compañero.  

  

* * *

  

Cuando llegaron al hotel, Reika terminó de cambiar a Kenji, con la ayuda de Ryo y Aoshi, quienes se levantaron sobresaltados al ver a su amigo mojado y muy debilitado. Una vez que los demás también se enteraron de lo que ocurrió, todos los demás se reunieron en la habitación para ver el estado de Kenji.  

  

–Senpai... – murmuró Sakura.  

–No se preocupen. Me encuentro bien... Solamente estoy un poco fatigado – les dijo el rubio.  

–Aún te lo sigo repitiendo. Eres un tonto, Kenji – le dijo Aoshi.  

–Ya me lo dijo ella – contestó señalando a Reika.  

–Si no hubiera estado cerca, te hubieras muerto ahogado, Ken-chan – le dijo su hermana.  

–Es por ti que también comprendí lo que quería Poseidón...  

  

La reencarnación de la Diosa de la Cacería parpadeó dos veces al escuchar esa frase de su gemelo.  

  

–No te entiendo ¿Qué tuve que ver yo con lo que dices?  

–Soy fuerte porque tú estás conmigo, Reika... Es por eso que pude soltarme, porque comencé a pensar en ti, hermana.  

–Ken-chan... – Reika entonces comprendió cómo pudo liberarse de la energía de Hestia, porque ella también estuvo pensando en rescatar a su hermano.  

–Pero... ¿Por qué querría Poseidón que descubrieran algo así? – se preguntó Ryo.  

–Él mencionó a Hera... – recordó Kenji – Todos están viniendo. En algún momento todos tendremos que pelear entre nosotros...  

  

Al voltear a ver a los demás dioses; Ryo, Tetsuo y Sakura pudieron notar la perturbación en los ojos de cada uno.  

  

–Debía suceder en algún momento... – murmuró Maaya – Poseidón ya sabía sobre esto...  

–¿De qué están hablando? – le preguntó Tetsuo.  

  

La pelirroja tomó un respiro antes de contar, ya que los demás no se veían muy entusiastas de hacerlo.  

  

–Cuando los iniciadores de la bajada a la tierra estén reunidos, será el inicio del derramamiento de sangre entre los supremos. Todos querrán reclamar su derecho para ocupar el trono supremo del Olimpo, el cual estuvo vacío desde entonces.  

–Eso significa que tendremos que pelear contra los que reencarnaron si ellos cumplen su objetivo de matar a la fuente de sus rencores – continuó Aoshi – Esto es simplemente por satisfacer la sed de venganza. Créanme que la mayoría la tiene bien plantada, en especial si hablamos de algunas personas...  

  

Los demás guardaron silencio. Una campanada avisó a los demás que ya eran las 3.00 a.m. Ya era muy tarde.  

  

–Vayan a dormir... aún hay mucho que hacer mañana – les dijo Kenji.  

–Está bien. Mañana hablamos – Tetsuo se estiró un poco – Vamos, Mizuki.  

–Ya voy...  

–Cuídese mucho, senpai – se despidió Sakura.  

–Gracias, Takatsuki-kun – le sonrió Kenji, haciendo que la muchacha se sonroje ligeramente antes de irse.  

  

Al ver que Reika y Kenji aún se miraban calladamente, Ryo y Aoshi comprendieron que debían dejarlos solos.  

  

–Oigan... no tienen que irse... – les dijo Reika, ya que ella era la que debía regresar a su cuarto.  

–Descuida, Reika. Aoshi y yo dormiremos en el cuarto de Tetsuo y Mizuki – le dijo Ryo, tratando de sonreír.  

–Es que vemos que necesitan un rato para los dos. Así que en eso no interferimos – agregó el castaño, antes de retirarse junto con su amigo.  

  

Los dos hermanos se quedaron solos en el cuarto y Reika se acurrucó en la cama al costado de su hermano.  

  

–Si te estás quedando a dormir conmigo, significa que algo te tiene asustada – le dijo a su hermana.  

–No me hagas decírtelo – le respondió.  

–Reika... Aún seguimos aquí... Perdóname si te preocupé más de la cuenta.  

–Al menos sigues vivo. Eso es lo que cuenta.  

–Buenas noches, Reika.  

–Buenas noches, Ken-chan.  

  

Cuando los dos iban a dormir, Kenji al final le preguntó:  

  

–¿Por qué tenían que hacer rankings?

–¿Nos estabas espiando? Eres un pervertido, Ken-chan.

–¡Nada de eso! Es sólo que ustedes hablan muy fuerte.

–Charlas absurdas. Ahora duérmete, "Ojos profundos" – Reika se aguantó la risa al ver que su hermano se había sonrojado considerablemente ante la insinuación. 

      

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