Deux Kratos: Pantheon

  

Decimocuarto acto:

  

  

Después de una semana de vacaciones en Okinawa, había que prepararse para las clases. Acordaron en que todos terminarían las últimas tareas de vacaciones en el departamento de Kenji y Reika. La sala estaba llena de separatas, libros y papeles escritos con diferentes tipos de letra. Mizuki y Maaya, si bien tenían deberes diferentes, estaban ahí para recibir o dar ayuda, dependiendo del intercambio de datos.

  

–¿Llego a salirte la 13, Ryo-chan? – preguntó Reika, aún con la separata de química.

–Yo ya la hice – le respondió Ryo, quien era el único desocupado del grupo.

–Sigue presumiendo, genio – Aoshi aún estaba en blanco y le faltaba física, química, álgebra, historia, etc (Por no decir TODO)

  

Voltearon a otro lado, donde Kenji le estaba explicando a Sakura sobre sus cursos. No escucharon el chiste, pero vieron cómo Kenji y Sakura rieron por algo que dijera el joven.

  

–Ellos dos se están comenzando a compenetrar mejor... – comentó Maaya.

–Sí... Es un gran avance si consideramos el carácter tímido de los dos – Tetsuo aún estaba resolviendo Geometría con Mizuki. El muchacho de cabellos blancos era quien ayudaba a Akiyama con sus lecciones, a pesar de que Mizuki estuviera en un nivel menos de la preparatoria.

  

Sonó el timbre y Kenji fue quien decidió atender la puerta. En cuanto abrió, la chica se abalanzó sobre Kenji, abrazándole muy cariñosamente. Los demás miraron con los ojos bien abiertos, en especial Sakura, pero Reika no lucía sorprendida.

  

La recién llegada era de unos 15 años, usaba un vestido muy corto, color blanco con celeste, largo cabello negro en una trenza y ojos verdes muy brillantes, muy parecidos a los de los gemelos Okubo.

  

–Kenji. Te he extrañado tanto – dijo la chica.

–Madison... Igualmente – dijo el muchacho, tratando de mantener su sonrisa, a pesar de seguir en el suelo.

  

La muchacha volteó a ver a Reika y también fue a abrazarla, aunque ese saludo se veía aún más efusivo que el que recibiera Kenji. Sakura fue donde Kenji y le ayudó a pararse.

  

–¿Quién es esa chica? – le preguntó la más joven del grupo, ocultando muy bien lo que sentía.

–Pues Madison es...

–Uy... Qué maleducada que soy – la recién llegada dejó a Reika y se presentó con los demás – Soy Madison Avalon Okubo.

–Okubo... Eso significa que eres pariente de estos dos – dijo Tetsuo.

–¿Cómo que “estos”? – dijeron ambos gemelos al mismo tiempo.

  

Tetsuo, Mizuki, Ryo y Aoshi se quedaron viendo a la muchacha con una expresión de embelesamiento, mientras Maaya y Sakura la miraban extrañadas. Por un lado, Sakura se alegraba de que Madison sólo fuera prima de Kenji, pero algo en esa chica le parecía raro.

  

* * *

  

Rato después, todo el grupo tomaba refrescos en la sala y comenzaban a conocer a la recién llegada.

  

–¿Vienes de Florida? – dijo Aoshi, luego de escucharle.

–Sí. Mi papá me mandó aquí para que termine de estudiar. Allá tuve unos cuantos problemas – explicó.

–Al menos nos hubieras avisado – le contestó Kenji, quien le sirvió más en el vaso – Así uno de nosotros te hubiera ido a recoger en el aeropuerto.

–Es que nunca te quitas esa costumbre de dar sorpresas, Madison – le dijo Reika.

–Me conoces a la perfección, Reika – le guiñó el ojo y sacó la lengua.

–¿Y hace mucho que no se ven? – le preguntó Maaya, quien terminaba el tercer vaso que se servía, viendo también cómo Aoshi miraba a la prima de los gemelos.

–Nos vemos por lo menos una vez al año en vacaciones y en las reuniones de la familia – Madison sonrió y luego dirigió una mirada hacia los amigos de sus primos – ¿Ustedes no me han dicho sus nombres todavía?

–Tenryo Ryo – contestó sonrojado.

–Yo soy Yamaki Aoshi – el castaño guiñó uno de sus ojos color plata.

–Akiyama Tetsuo – respondió el de la pañoleta.

–Takahashi Mizuki – dijo tratando de sonar indiferente frente a la americana.

–Shikura Maaya – expresó la pelirroja.

–Takatsuki Sakura, desu – respondió tímidamente la de cabellos castaños claros.

Yoroshiku nee[1] – dijeron todos a la vez.

 

Durante lo que quedaba de la tarde, a todos les terminó cayendo bien Madison, incluso a Maaya, quien miraba con severidad a Aoshi, quien había estado fijándose en la minifalda de Madison desde que llegó.

 

Debido a que Madison se quedaría con sus primos, Reika dormiría con ella, mientras que Ryo se quedaría de nuevo en el cuarto de Kenji. Sus padres todavía estaban de viaje y él no quería quedarse solo en su casa antes del primer día de clases.

 

–Creo que no debería incomodarlos ya que tienen otra visita en la casa – dijo Ryo, acomodando su futón en el suelo de la habitación de su mejor amigo.

–Descuida, Ryo. Ni notarás que Madison está aquí – le respondió Kenji.

–Es difícil pensar en eso...

–Oh no... Conozco esos ojos... – Kenji miró a su mejor amigo a través de sus lentes.

–¿De qué hablas? – respondió sonrojado.

–No debería extrañarme... Madison tiene ese efecto... Aunque yo creía que la cosa era con mi hermana...

–¡No sabes lo que dices, Kenji! – refutó enseguida, evidentemente avergonzado – Es que ella es...

–Ryo... Deja que te explique algo sobre Madison...

  

Kenji se acercó al oído de Ryo y le murmuró algunas cosas que hicieron que pasara paulatinamente a sorprendido.

  

* * *

  

Al mismo tiempo, Reika estaba ayudando a su prima a instalarse en la habitación. No tenían aún un futón extra para Madison, por lo que esa noche dormirían en la misma cama hasta que compraran uno nuevo.

  

–¿Cómo fue tu viaje? – le preguntó la chica de cabellos rubios y negros.

–Turbulento... Y pensando en volver a verlos a Kenji y a ti – sonrió.

–Yo también te extrañé un montón... aunque estés más loca que Lina...

–¿Sigue con sus ataques de esquizofrenia? – le preguntó Madison.

–No es esquizofrenia. Sabes que Perséfone está incontenible en algunas ocasiones...

–¿Y llegaron a encontrar a Apolo o Artemisa? – le preguntó.

  

Reika se quedó callada. Madison aún no sabía que ella y Kenji eran los dioses gemelos. Era mejor que no lo supiera aún.

  

–Estamos en eso... – se limitó a responder la rubia.

–Reika... – Madison se acercó a ella y tocó los cabellos bicolor a su prima – Extraño tu trenza...

–Simplemente decidí cortarme el cabello hace tiempo...

–Te pareces más a tu hermano.

–Eso es lo que me dicen todos.

–¿Y él que opina sobre eso?

  

Las dos no intercambiaron frases, hasta que Reika cerró los ojos y sonrió.

  

–A él no le molesta... Ahora vamos a dormir.

  

Compartieron la cama y, al apagar las luces, Madison le dijo mientras jugaba con los dedos sobre la cabeza de Reika:

  

–De todos modos tu cabello sigue sintiéndose suave.

  

* * *

  

Aoshi, a pesar de las protestas de Maaya, acompañó a la pelirroja hasta su casa. Durante el camino, la reencarnación de la diosa de la razón no le habló a su contraparte mitológica.

  

–Oi, Akako[2]... – Aoshi sólo la llamaba así cuando quería fastidiarla.

–¿Qué quieres? – le respondió Maaya.

–¿No estarás celosa?

–¿Yo? Es el mejor chiste que has podido inventar, Yamaki.

–Ni creas que no me he fijado en tus miradas matadoras cuando ella me miraba – alegó con una gran sonrisa de satisfacción.

–No necesito estar celosa de nadie... Menos si se trata de ti. Y ella no te miraba. Tú le veías la falda.

–Oye... Qué mala que eres. Está bien... entiendo tu crueldad – dramatizó con cierto tono burlesco.

–Yamaki baka...

  

En ese momento, Aoshi se detuvo y la jaló hacia él por la cintura, quedando los dos rostros a escasos centímetros.

  

–Soy un tonto que besa bien... y te consta – se acercó más, casi rozando sus labios con los de ella – Veo que han pasado 3000 años desde la última vez que estuvimos reunidos con los demás y con cada vida te has vuelto menos creativa en tus respuestas hacia mí.

–Yamaki... – Maaya le sonrió primero, pero luego lo golpeó en el estómago – Sólo te besaré de vuelta cuando llegues a derrotarme en combate, lo cual no ha pasado en 4000 años y no pasará.

  

Coincidentemente estaban justo frente al edificio de Maaya, así que la pelirroja abrió la puerta y, al entrar, la cerró fuertemente, mientras Aoshi se cogía el abdomen por el golpe, arrodillado de dolor. Después de un rato, el castaño comenzó a reír.

  

–Lo sabía... Está celosa... Y ella me ama... Y pega muy duro... Au... – se llevó las manos al abdomen nuevamente.

  

Pero tampoco podía negar que Madison estaba muy guapa, pero algo en la sangre le decía que ella tenía algo familiar en sus venas.

  

Al mismo tiempo, Maaya apoyó la espalda contra la puerta y se llevó la mano a la boca automáticamente, rozando sus labios con las yemas de los dedos.

  

–No debería sentir esto... Él es Ares y yo soy Atenea. Los dos nos odiamos... ¡¿Por qué no le respondo como antes?! ¡¿Qué rayos me pasa?! Como Yamaki me está dejando sin habla...

  

* * *

  

Al llegar al edificio, los dos se quedaron en las escaleras. Tetsuo sabía que su abuelo siempre estaba dormido, lo cual era igual a que nadie le esperara en su departamento ni nadie le gritaría por llegar tarde.

  

–Pillín... Vi cómo te ponías cuando la chica volteaba a verte – le bromeó Tetsuo.

–Estás imaginando... – la reacción más notoria de Mizuki fue alzar la ceja derecha, lo cual significaba mucho en su forma de ser.

–Es que hay que admitir que Madison está buena...

–¿En verdad piensas que ella te daría una oportunidad?

–No sé. Nadie puede resistir el encanto Akiyama – el muchacho emuló el ego Yamaki.

–Quizás ella sea la primera – Mizuki no reprimió una sonrisa casi imperceptible.

–Un momento ¿Por qué estamos empezando a discutir por algo así?

–No lo sé... Tú de repente empezaste a hablar de Madison.

–No sé... Es que esa chica tiene algo...

–Sí... Por no decirte que sentí algo en su sangre.

–Me lo explicarás en mi casa.

–Tetsuo... Vivo a un piso de tu departamento.

–¿Y qué? Ya te dije que te quedarás conmigo cuando yo te diga – le bromeó el muchacho – Simplemente no quiero que estés solo.

  

Después de mirarse un rato, Takahashi suspiró resignado.

  

–Gracias, Tetsuo.

  

* * *

  

Al día siguiente, ya se reanudaban las clases. La particularidad era que Madison también estudiaría con sus primos en Hokubei ese año. Y lo extraño era que habían más alumnos nuevos en el grado, entre ellos una chica rubia que era alumna de intercambio con Rusia, Lena Ivanovich.

  

Como era de esperarse, Madison ganó popularidad instantánea entre el aula, incluso le habían pedido que se uniera a todos los clubes femeninos, pero ella rechazó las ofertas. Lo que más destacaba de Madison, además de su acento americano y la misma complexión de Reika, era el estilo original que tenía. Si bien era el mismo uniforme, la falda de Madison era más corta, tenía el cabello más largo que cualquier chica de la escuela y cargaba a todos lados esa espada corta.

  

–Incluso te querían en el club de danza... – dijo Ryo – Y ni te tomaron examen.

–Creo que andan desesperadas por buena imagen – comentó Madison.

–Esto podría subir tu autoestima a niveles insospechados – le bromeó Reika.

–¿Más de lo que está o que la tuya? – contestó Kenji.

–Te has vuelto más ingenioso, primito – le dijo Madison.

–Los genes, los genes – respondieron los dos mellizos.

  

El grupo se fijó a su alrededor, viendo que todos se ponían a comentar sobre Madison.

  

–Los japoneses son raros... – murmuró Madison.

–Sabes que llamas la atención – le respondió su prima. Normalmente los mitad occidentales sobresalían. Eso también lo sabían Kenji y Reika por experiencia.

–No tengo la culpa de ser tan bonita – bromeó.

–Cosa de familia – concordó la egocéntrica Reika.

  

Cuando llegó el profesor Flanagan, todos regresaron a sus lugares. Todos se acercaron al escritorio del tutor y dejaron las asignaciones del verano.

  

–Aunque acaben de regresar de sus vacaciones, no habrá lugar para más relajos. Los nuevos se pondrán al día con dos alumnos que les designaré como asesores – explicó Roy.

  

Debido a que Madison vivía con Kenji y Reika, justamente fueron sus primos los designados para nivelarla. Ryo y Tetsuo debían asesorar a Lena. Tenían entendido que la chica no hablaba japonés y sólo atendía las clases de ciencias y de inglés hasta que hablara bien el idioma.

  

–Qué suerte tienen – comentó Aoshi – Como Madison es pariente de ustedes, hay favoritismo.

–No seas tonto, Aoshi – dijo Reika – Flanagan-sensei no te asigna a nadie porque sabe que terminarías corrompiendo a los nuevos.

–Me tienen muy poca confianza... Con amigos como ustedes, quién necesita más apoyo – dramatizó el castaño – Y es más ¿Por qué Tetsuo es tutor de Ivanovich?

–No lo sé... Soy malo enseñando en otros idiomas – comentó Tetsuo, dirigiendo una mirada a la rubia europea.

–Eso no explica nada...

–Quién sabe – respondió despreocupadamente – Quizás porque mejoré mi promedio en el último semestre.

–Quizás podría suplirte si aún no quieres estar con eso de la tutela – le dijo Yamaki.

–De todos modos yo tengo trabajo y Ryo se podría hacer cargo... – al final suspiró y pasó la mano por su cabeza – Está bien. Haz lo que quieras, Aoshi.

–A falta de la compañía de Madison, bien está una belleza rusa – sin embargo, cuando Aoshi volteó a ver a Lena, sintió algo más.

  

La muchacha era bonita, de ojos castaños bien claros, el cabello rubio ondulado hasta los hombros y la piel muy blanca. Ella volteó a verle desde su pupitre y le sonrió, gesto que le devolvió Yamaki.

  

Sin que nadie lo notara, Roy tenía un presentimiento en el aula. La piedra con la energía celestial, que estaba incrustada en su reloj, comenzó a brillar levemente, lo cual significaba que una nueva presencia divina se encontraba presente.

  

* * *

  

(Hace 2 meses)

  

Misty regresó de otra revisión semanal que le hacía a Mizuki en su departamento, ya que ella sabía más sobre las enfermedades sobrenaturales que sufría la reencarnación de Hermes. Se sentó en la mesa del comedor para terminar unos apuntes y sacó una caja aterciopelada de su bolso.

  

–No sabía que habías llegado ya – le recibió Lina, quien apenas salía de la cocina.

–Llegas a tiempo para ver en lo que estuve trabajando, Lina-san – sonrió la elfa.

  

Al abrir la caja, Lina se pudo fijar perfectamente en las cuatro piedras que brillaban.

  

–¿Esto es lo que creo que es? – la reencarnación de Perséfone miró el brillo azul pálido de los cuatro objetos de la caja. Todas las piedras eran pequeñas, pero con diferentes intensidades.

–Así es. Usé la energía que recuperamos para poder hacer estos localizadores. Brillarán ante la presencia de un nuevo dios que no haya puesto una muestra de sus genes en ellas.

–Por eso me pediste que recogiera algo de ellos – Lina recordó que Misty le había pedido algún cabello de sus primos o de Maaya o Aoshi.

–Así no nos confundiremos cuando alguno de ellos pasen – la elfa sacó una de las piedritas y la colocó en un relicario transparente en su collar – Está funcionando porque ahora puede captar a Perséfone en este mismo espacio.

–La llamaré ahora – Lina se concentró para dejarla salir.

  

Cuando la diosa se manifestó, Misty siguió igual de sonriente.

  

–¿Para qué necesitas verme? – preguntó fríamente la diosa, como siempre.

  

Después de colocar un cabello suyo, Perséfone le preguntó.

  

–¿Eso es todo? Digo... ¿Sólo salí para esto?

–Sí. Por el momento no hay nada más... Gracias por la ayuda – respondió la sonriente Misty.

–En fin. Si no hay más, me imagino que volveré a descansar. Ah... Sólo una pequeña advertencia – la diosa se le acercó y le susurró en voz muy baja – No comas nada de lo que te ofrezca la mortal.

–¿Y eso?

–La he visto hacer esa alquimia a la que ella llama cocinar. No es nada confiable.

–Gracias por la advertencia, Perséfone-sama – respondió imperturbable.

  

Cuando Lina volvió, Misty seguía como siempre.

  

–¿Y bien? – preguntó ella.

–Todo está funcionando bien.

–Perfecto. Ahora vamos a comer. Hace poco hice guisado.

–Eh... Ya almorcé con Roy. Gracias de todas maneras – no arriesgaría nada, especialmente al darle un vistazo rápido a la cocina. El resultado no le daba un buen augurio.

  

(Fin del recuerdo)

  

* * *

  

–... Y esto es todo lo que hicimos – le terminó de explicar Reika – ¿Ya habías visto todo esto en tu escuela anterior?

–Sí... y son de las cosas que siempre aburren. Fáciles, pero aburridas.

–Bueno... Creo que avanzamos más rápido de lo que había pensado. Podríamos ir al cine o...

–Reika... Me quiero quedar aquí y descansar un momento contigo.

–Madison... Ya hemos hablado de esto... – ella evitó el contacto visual con su prima.

–Ya lo hemos hablado... pero tú me conoces, Reika.

  

En ese momento, Ryo y Kenji interrumpieron la conversación de las dos. Kenji llegaba de su práctica en el club de arquería y Ryo le acompañó.

  

–Creí que Ryo tenía que darle tutoría a Lena – comentó Madison.

–Pensé que ella tenía que conocer la ciudad un poco, así que la dejé con Aoshi – dijo el chico de lentes.

–¿Dejaste a Yamaki Aoshi con UNA CHICA NUEVA? – exclamó Reika, haciendo énfasis en las palabras “Chica Nueva”.

–No se preocupen. Aoshi prometió que se portaría bien con ella – dijo Ryo – Pude notar que la miraba muy interesado.

–Aoshi siempre mira interesado a las chicas lindas... Pero no le comentes eso a Shikura-san – bromeó Kenji.

–Ryo-chan... Acabo de recordar que nos faltan cosas para la comida. Acompáñame a comprar – dijo de repente Reika.

–Pero ya hay cosas en la despensa y... – Ryo fue interrumpido cuando Reika lo arrastro del cuello de la camisa y se lo llevó a rastras.

  

Kenji y Madison se quedaron solos. Antes de que el rubio fuera a bañarse después de la práctica, Madison sólo le dijo:

  

–¿Tú que opinas sobre ella?

–No quiere demostrarlo... pero anda muy confundida, Madison.

  

* * *

  

Cuando estuvieron a varias cuadras del departamento, finalmente Reika dejó de arrastrar a Ryo. El muchacho se apoyó contra la pared y recuperó aliento.

  

–¿Te volviste loca? ¿Para qué hiciste eso? – le reclamó su mejor amigo.

–Te quería agradecer por entrar y salvarme a tiempo, Ryo-chan – le dijo Reika, mientras lo abrazaba.

–¿Qué? ¿A qué te refieres? – no negaba que le gustaban los abrazos de Reika, llegando a sonrojos notables, pero le parecía muy raro que ella lo hiciera sin motivo aparente.

–Olvídalo. Me entiendo sola – ella lo soltó y le dio la espalda.

–Reika-chan... ¿Por qué te comportas así cuando menciono a Madison y ella no se encuentra con nosotros?

–Ryo-chan... Es que hay algo en ella...

–No te preocupes. Kenji me lo dijo todo.

–¿Ken-chan te lo dijo? Ese bocazas de mi hermano... – ella alzó una ceja

–Sí... Lo que me sorprende es que lo tomen como algo tan raro... A mí me parece que no tiene nada de malo.

–¿Cómo que no tiene nada de malo? ¿Acaso no has pensado en el predicamento en el que me encuentro?

–Bueno, puedo entender que estés involucrada en cierta manera, pero no por eso vas a tratar de ser distante con ella.

–No tienes idea de lo que hablas, Ryo-chan. Madison es mi prima.

–¿Eso que tiene que ver con su rango?

–¿“Rango”? – Reika frenó la conversación – ¿Estamos hablando del mismo tema?

–Es que Kenji me contó que Madison es descendiente de las Amazonas que seguían las leyes de Artemisa.

  

Reika se quedó callada un momento. Alzó una mano y le dio un golpe a Ryo en la cabeza.

  

–¡Ni lo has notado! ¡Baka! – le gritó la chica de ojos verdes.

–¿Notar qué? – le preguntó aún frotándose la cabeza.

–Madison es...

  

En ese momento, Ryo y Reika interrumpieron su conversación cuando el profesor Flanagan pasó frente a ellos.

  

–Okubo. Tenía que hablar contigo sobre tu prima – le dijo el guerrero.

  

* * *

  

Al mismo tiempo, Maaya y Mizuki habían decidido ir a hacerle una pequeña visita a los gemelos, y de paso ver si Madison estaba bien. Los dos recién salían de Nagumo, por lo que aún traían puesto los uniformes de la escuela

  

–No tenías que venir conmigo, Maaya – le dijo el de los cabellos blancos.

–Descuida. No tengo nada contra ella... Incluso me llegó a caer bien – le respondió Shikura.

–Y porque quieres averiguar todo lo que puedas sobre ella ¿No es así? – Mizuki llegó a formar una mueca parecida a una sonrisa.

–Por eso eres mi mejor amigo. Las cosas no te las tengo que decir – Maaya también sonrió.

  

Cuando voltearon una esquina, fueron sorprendidos al encontrarse con Roy Flanagan en modo defensivo y una gran espada occidental.

  

–Lo siento. Pensé que eran otros – el profesor de literatura guardó su espada y revisó de nuevo su reloj. Era claro que aún no había registrado los genes de Atenea.

  

Ryo y Reika alcanzaron a su profesor y vieron que Maaya y Mizuki estaban ahí.

  

–Eran ustedes – dijo Reika – Menos mal que Flanagan-sensei no les hizo nada.

–¿A qué viene todo esto? – preguntó la diosa de la razón.

–Flanagan-sensei dice que hubo la presencia de otro dios en la escuela, pero como hay muchos alumnos nuevos, es difícil saber acerca de cada cual... – explicó Ryo.

–Y también tenemos la sospecha de que Madison puede ser una de los Olímpicos – terminó el guardián.

–¡Sabía que ella no era tan perfecta! – Maaya lo dijo en voz alta, llamando la atención de los otros cuatro – Esto... Lo digo porque era raro que una chica así tuviera la cualidad de llamar tanto la atención.

–¿Crees que sea Afrodita, Reika? – fue lo único que expresó Mizuki.

–¿Afrodita? – preguntó Ryo – Bueno... No hay que negar que llama la atención de muchos chicos, pero no lo creo... ¿O sí?

  

Reika se quedó congelada al escuchar tal suposición. Finalmente gritó enojada:

  

–¡Es imposible! ¡Madison de ninguna manera sería Afrodita! ¡Me niego a pensar en esa posibilidad!

  

Los demás no pudieron detenerla cuando Reika corrió en dirección desconocida.

  

–¿Qué le pasa? – preguntó Ryo al verla así.

–Afrodita y Artemisa tuvieron un problema a raíz de que asesinaran por primera vez a Apolo... – dijo Maaya – Reika puede recordar eso porque a la muerte de él, Artemisa quedó destrozada y estuvo a un paso de suicidarse. Antes de que ella muriera, Afrodita le echó en cara que ella los había delatado con Hera y arregló los detalles para que él y Ares se enfrentaran.

–¿Ares? Eso significa que el primero que asesinó a Apolo fue... – Ryo no sabía si ellos tres lo recordaban, ya que ni Aoshi, Reika o Kenji habían comentado algo. Estaba preocupado por las posibles confrontaciones que pudieran tener ellos en el futuro.

–Lo mejor sería que ubicáramos otra vez a Reika – Mizuki decidió que debían volver al punto principal del problema.

–Tiene razón. Yo iré por Reika. Maaya, Mizuki... Lleven a Flanagan-sensei con Kenji y Madison – Ryo se dio media vuelta y corrió.

  

Cuando los tres se quedaron solos, el profesor los miró seriamente.

  

–¿Sucede algo? – le preguntó Maaya.

  

Roy sacó su reloj, viendo que aún brillaba ante la presencia de Atenea.

  

–Dame un cabello tuyo – se limitó a pedirle el profesor.

  

* * *

  

Al mismo tiempo, Aoshi estornudó tres veces seguidas.

  

«Deben estar rajando duro de mí» sonrió al imaginar a cierta pelirroja decir mil pestes del Dios de la Guerra.

  

Sumimasenga[3] – dijo él al estornudar.

–Salud – le dijo una chica.

–Gracias... – pero al voltear a ver quién le respondió, Aoshi puso cara de sorpresa al escuchar la voz de la rusa – Creí que no hablabas japonés.

–Nunca me preguntaron si podía – sonrió la rubia.

–Perfecto. Así puedo dejar de hablarte en fuckin’ inglés – respondió igual de bromista.

–Eres agradable – le dijo Lena.

–Después podríamos ir a tomar algo y después... Tendría que estudiar contigo... – el castaño hizo una mueca al mencionar algo referido a la palabra “estudio” – Bueno... Ahí podríamos ver adonde vamos luego.

  

Lena era diferente a cualquier chica que Aoshi conociera, y por un momento se olvidó de la Maaya Shikura que siempre le decía tonto. Los dos siguieron recorriendo el centro.

  

* * *

  

Reika estaba sentada al borde del arroyo. Pensaba en todo lo que había pasado cuando conoció a su prima en una de las reuniones familiares, cuando aún las dos eran niñas. Madison y ella siempre comparaban cuál de las dos tenía la trenza más larga.

  

Pasó los dedos por sus cabellos cortos bicolor y sonrió irónicamente cuando recordó que ella le decía a todos que su cabello siempre sería largo, pero habían razones por las que Reika había decidido parecerse más a su hermano.

  

–No regresaste a la casa – Madison la había tomado por sorpresa, ya que apareció frente a ella sin aviso.

  

Se sobresaltó en cuanto vio a su prima aparecer de la nada.

  

–Deja esa mala costumbre de sorprenderme así – le dijo al recuperarse de la sorpresa.

–Pensé que serías más perceptiva...

–Oye... tengo que preguntarte algo, Madison.

–Dime.

–Es que... entre tú y yo... hay que aclarar algunas cosas...

–Eso era justamente de lo que tenía que hablarte.

–Madison... Yo...

–Sabes que te quiero mucho, Reika. Es por eso que tengo que preguntarte si tú eres...

  

En ese momento fueron atacadas por bombas de humo. Reika reaccionó instintivamente y levantó un muro de viento alrededor de las dos. Antes de que el humo se disipara, algunas cuchillas se dirigieron hacia ellas, pero Madison reaccionó al instante y sacó una espada corta de su mochila.

  

Se vieron acorraladas por dos hombres vestidos de túnicas negras, los cuales eran quienes lanzaron el ataque. Reika miró asombrada a Madison y también se percató de la espada corta que traía.

  

–Qué suerte que no eres Afrodita... Me estaba asustando – comentó Reika. Sabía bien que la diosa del Deseo era torpe con armas.

–¿Tú eres diosa? Con esto ya me respondiste lo que te quería preguntar – también sonrió.

–¿Te parece si hablamos mejor cuando terminemos?

–Hecho.

 

Dicho esto, las dos se lanzaron al ataque.

  

* * *

  

–¡¿Cómo que la dejaste ir?! – le regañó Maaya a Kenji, quien estaba secándose el pelo con una toalla.

–Madison dijo que quería ver porqué Reika se tardaba tanto – respondió el inocente muchacho.

  

Mizuki se llevó una mano a la frente y Ryo tuvo que hablar.

  

–Aún teníamos que revisar si ella era Afrodita.

–Un momento... ¿Ustedes piensan que Madison es...? – Kenji no resistió más y rompió en carcajadas.

–¿Cuál es el chiste? – Reika y Madison llegaron a la casa completamente mojadas.

  

Los demás las miraron sorprendidos.

  

Después de que las dos se cambiaran y contaran el enfrentamiento que tuvieron a orillas del río, estaban preguntándose quién habría mandado a los asesinos por ellas. De paso, Roy había aprovechado para revisar a Madison, cuyo resultado indicó “Negativo”.

  

–¿Qué fue lo que hicieron con los cuerpos de los que las atacaron? – preguntó Ryo.

–Nada... Después de eso, ardieron en llamas – contestó Madison.

–Y lo raro es que yo no lo hice... – agregó Reika.

–No creo que Hestia o Hefesto estuvieran ahí con ustedes... – dijo la reencarnación de Atenea – Quizás fueron enviados por otro dios que se rija por el elemento del fuego.

–Hay muchos que pertenecen a esa categoría – continuó Mizuki – Esta pelea será muy difícil.

  

Ryo decidió preguntarle a Madison.

  

–¿Por qué te interesaba tanto saber si Reika era Artemisa?

–Principalmente me habían enviado aquí para que Lina me informara del asunto, pero no sabía que ella se iba a ir a un seminario en Osaka, por eso vine aquí... No hubiera imaginado que tú eras lo que andaba buscando y adorando.

  

La respuesta de Madison dejó perplejos a los demás.

  

–¿No lo sabían? – Madison dijo esto con naturalidad – Reika es uno de mis más grandes amores.

–No tenemos nada mas que cariño fraternal, pero de eso no pasa – refutó Reika – Ya te dije que no soy lesbiana y las dos somos primas.

–¿Por qué no me lo dijiste, Kenji? – dijo un asombrado Ryo.

–¿Olvidé mencionarlo?

  

Todo tenía lógica. Si Madison era descendiente de amazonas, significaba que debía apegarse a las leyes de Artemisa Cazadora, las cuales se inclinaban al culto hacia la mujer.

  

–No te preocupes, que aún me gustan los hombres. La única chica a la que quiero mucho es a ti, Reika – le dijo la despreocupada amazona.

–Si no eres tú, significa que tendré que continuar con la búsqueda – dijo el profesor Flanagan, tratando de olvidarse de la orientación sexual de algún estudiante de su clase.

–Me pregunto si a Aoshi-kun le estará yendo bien con su cita... – entonces Ryo sintió que Reika le dio un leve codazo y señaló a una perturbada Maaya – Digo... No quise decir “cita”... pues...

  

Maaya apretó el puño y una sombra cubrió sus ojos.

   

–Eres... un... idiota... Yamaki Aoshi – masculló entredientes.

  

Incluso Mizuki estaba aterrado ante el aura de ira de la pelirroja.

  

* * *

  

No paró de besarla. Después del desenfrenado encuentro, Aoshi se separó de la rubia.

  

–Nada mal... Aún no perdiste tu toque... – dijo Lena, lamiéndose los labios.

–Quién diría que te iba a ver de nuevo, Afrodita – sonrió el Dios de la Guerra.

–Tenía que verte de nuevo... Y el esfuerzo valió la pena.

–Tú sabías lo que soy... Astuta como siempre. Dime ¿Ya habías manipulado tu ingreso a la escuela, verdad?

–Sí... Cuando descubra las identidades de Apolo y Artemisa en esta época, Hera se pondrá feliz.

  

«¿Hera? No me lo imaginaba...» Aoshi no le pensaba decir sobre Kenji y Reika, pero los recuerdos de todas sus aventuras con ella lo sacaban de sí mismo.

  

Lena volvió a los labios de Aoshi y sonrió.

  

–Demuéstrame que los besos no son lo único que no se oxidaron...

  

Se dejó llevar por los toques de la Diosa del Deseo, la cual estaba representando lo que encarnaba.

  

 



[1] Yoroshiku nee: en japonés, es usa frase que se usa con el saludo, más o menos como un “Gusto en conocerte”. Lo más correcto sería “Dôzo Yoroshiku onegaishimasu”

[2] Akako: “Aka” viene de “Rojo”, mientras que la terminación “ko” es un diminutivo. El resultado es algo así como un “Rojita”

[3] En Japón es una costumbre que se disculpe el que estornuda.

      

 Episodio Anterior

Volver al índice

Siguiente Episodio