Deux Kratos: Pantheon
Decimoquinto Acto:
Aunque era innegable, tenían que quitar la hoja del calendario. El papel
que se reveló marcó el número 5 del mes de octubre. Las hojas del otoño
aumentaban en número y el viento comenzaba a soplar más frío.
Reika salió de su habitación, ya vestida con el uniforme de invierno, el
cual era un saco oscuro que le llegaba hasta las rodillas y un chaleco que iba
sobre la blusa y la corbata. Normalmente Reika iba con el uniforme en un estilo
más informal, usando una camiseta corta con capucha en lugar del chaleco, pero
ese día era muy diferente. Madison y Ryo ya estaban tomando desayuno y Kenji
terminaba el último plato.
–Ohayou gozaimasu – saludó Reika.
–Ohayou gozaimasu – respondieron los demás.
–Ohayou gozaimasu – saludó Reika hacia el altar con las fotos de sus
padres.
Los cuatro se sentaron a la mesa y tomaron los alimentos
silenciosamente. Ryo sabía que de por sí el tema era muy difícil de tratar.
–No olviden que hoy después de clases hay que ir... – les dijo Madison.
–No lo olvido, Madison – respondió Reika.
–Ve también con nosotros, Ryo – le dijo Kenji.
–De todos modos iré... – respondió el muchacho de lentes.
Aunque los gemelos siempre estuvieran sonrientes, Madison y Ryo conocían
muy bien al dueto para adivinar lo que realmente sentían. Era demasiado obvio
el repentino apagón en los ánimos de Reika. Kenji no era la excepción, pero la
diferencia radicaba en que él sabía cómo sobrellevar mejor la situación.
* * *
Al llegar a clases, Tetsuo y Aoshi estaban conversando. Ellos también
tenían bandas negras en el brazo, al igual que los cuatro recién llegados.
Continuaban igual que siempre, pero aunque trataran de aparentar que era
una fecha ordinaria, simplemente no se podía. Algo era ligeramente distinto en
el ambiente, como si el día hubiese sido destinado a ser más oscuro de lo
normal, en el sentido figurado, claro. Aoshi, para romper la tensión,
finalmente dijo:
–¿Saben qué es lo que caería mejor en estos momentos? ¿Qué les parece si
jugamos algo hasta que suene la campana? – el castaño sabía que era una idiotez
lo que decía, pero era mejor que le regañaran y le llamaran “Payaso” a que
continuaran en ese silencio tan deprimente.
–Mejor ve inventando una excusa por no tener la tarea lista – le
contestó Tetsuo.
–Ja Ja... Muy gracioso – respondió Yamaki – Para que lo sepas, ayer sí
estuve trabajando y tengo la asignación justo aquí.
Tetsuo y Ryo miraron asombrados las hojas en el file. Debió suceder algo
para que Aoshi hiciera la tarea. A lo lejos, sin que los demás lo notaran, Lena
sonrió al castaño y viceversa. Madison volteó a ver a Aoshi, pero no sabía
hacia dónde miraba el castaño.
* * *
Yamato recién llegó de la universidad. Por la manera en la que la
perilla de la puerta estaba rasguñada, significaba que Cerberos tomó la
iniciativa de dejar pasar visitas. Su sorpresa fue grande al ver a Sakura en la
sala junto a su perro.
–Ah, eres tú, Takatsuki-kun – le dijo igual de amable. Podía ver que la
chica acababa de salir de la escuela, ya que aún llevaba puesto su uniforme.
–Yamato-san... – Sakura se levantó e hizo una reverencia muy educada.
–No tienes que hacer eso si deseas pedirme un favor...
–Eso era a lo que vine, pero...
–Vamos. Cuéntame de qué se trata todo lo que te preocupa ahora. Viendo
también a Cerbero, él también notó lo mal que estás, ¿Sí o no, amigo? – a la
pregunta de su dueño, el can movió la cabeza afirmativamente.
Sakura jugó con los pliegues de su falda. Tomó aire y dijo:
–Tenryo-senpai dice que como usted es Hades, el gobernante del mundo de
los muertos, tiene algunas capacidades. Hoy es el aniversario de la muerte de
los padres de Kenji-senpai y Reika-senpai... Es por eso que yo quería
preguntarle si...
Cuando Sakura dejó de hablar, Yamato podía entender lo que la muchacha
quería.
–Perdóname... Pero ni siquiera yo tengo el poder para hacer eso – Yamato
se acercó a ella y le invitó a sentarse nuevamente – Desde que ocurrió aquella
desgracia con Orfeo, no he vuelto a conceder a alguien el privilegio de hacer
volver a alguien de los campos Elíseos. Aunque sean ellos, no puedo traer de
vuelta a su padre o su madre, ni siquiera por un día.
–¿Está seguro de que no puede hacer algo, Yamato-san?
–Créeme que no tengo nada a mi alcance. Aunque esté avanzando, aún no
poseo mis poderes en su totalidad. Sin embargo... Ni siquiera los dioses
podemos alterar el orden de lo natural. Para todos los que mueren sólo hay tres
destinos: el paraíso, el infierno o la reencarnación... – Yamato suspiró
apenado al no poder hacer nada.
Al voltear a verla, Sakura se veía triste.
–Hoy en la mañana fui a ver como siempre a Kenji-senpai... Él estaba
sentado en su escritorio muy tranquilo... – le contó la chica – Pero sé distinguir
los estados de tranquilidad de Kenji-senpai. Está muy afligido por estas
fechas... Y Reika-senpai está igual.
–A ellos los conozco desde que perdieron a sus padres. Son muchachos muy
fuertes, así que pronto se pondrán mejor...
–Quisiera poder hacer algo para que no se sientan tan mal...
–Estás pendiente de ellos... Con eso ya les estás ayudando mucho –
Yamato le sonrió de nuevo – El que hayas venido aquí ya es mucho.
Sakura miró al Dios de los Muertos y no creyó las descripciones sobre
Hades en los libros de Mitología Griega. Yamato era muy buena persona, lo cual
contrastaba con el ser frío y cruel que se retrataba. Quizás por eso Lina y
Perséfone aún estaban enamoradas de él.
* * *
Al terminar las clases, Kenji y Reika debían asistir a la reunión
familiar que se realizaba todos los años. Los únicos que les acompañaban eran
Ryo y Madison, quienes ya habían quedado en ir con los dos hermanos.
Kenji traía puesta una chaqueta negra, corbata, pantalón y zapatos
también negros y camisa blanca. Reika traía el mismo atuendo de su hermano,
pero adecuado para las chicas. Ryo iba igual que Kenji, pero con una camisa
azul y Madison vestía un vestido negro corto hasta las rodillas y una chaqueta
blanca encima y su largo cabello en la trenza habitual.
El autobús los dejó a las afueras de Tokio, frente a una gran casa
construida a la manera tradicional. Los autos en el jardín indicaban que no
eran los primeros en llegar.
–Vamos... es una reunión como otras... y ya han visto a sus parientes muchas
veces, muchachos – les trató de animar Ryo al ver a los gemelos y a Madison tan
serios.
–Sólo hay un problema... – dijo Reika.
–Ninguno de ellos sabe que los dos somos Apolo y Artemisa... – terminó
Kenji.
–Pues... No creo que eso se les note, muchachos... – Tenryo volteó a ver
a Madison – ¿Y qué pasa contigo?
–Soy la única amazona en la familia. En cuanto entre, los demás estarán
diciéndome “lesbiana” a mis espaldas – dijo la joven – No me molesta, pero
viniendo de ellos...
–Sólo serán unas horas. Supongo que podremos aguantar hasta que tengamos
que regresar a la ciudad – les dijo nuevamente.
Los tres se quedaron pensativos. Cuando estuvieron a punto de negarse,
Lina llegó y los encontró aún frente a la entrada.
–¿Qué tanto esperan? – les dijo la mayor – Ya se les invitó, así que
pasen de una vez.
–Siempre tan amable – murmuró Reika – Ya me estoy acostumbrando a verte
molesta todo el tiempo, Lina... Pero sólo quiero saber si te peleaste con
Perséfone o con Yamato.
–¿Qué te hace pensar que me peleé con uno de ellos? – levantó una ceja
cuando la pregunta fue asimilada.
–Pues... Cómo decírtelo... – dijo Kenji – Desde que hablas con
Perséfone, te noto más cuidadosa para que ella no salga y fulmine a cualquiera
que le hable a Yamato-nii.
–Y con respecto a Yamato-kun... Los hemos visto discutir desde que
tenemos memoria – intervino Ryo.
–Eso sin contar las veces en las que Perséfone apareció desnuda en el
departamento de Yamato – dijo Madison con una sonrisa maliciosa.
–¡¿Que ella hizo qué?! – gritó la reencarnación de Perséfone.
–Madison. Eres una malvada – le codeó Reika, tratando de contener las
carcajadas.
–Eso fue broma, Lina. Perséfone no lo ha hecho – dijo Kenji, pero
tampoco pudo reprimir una sonrisa – ... Aún.
Los cuatro decidieron entrar rápido, antes de que a Lina se le fuera el
poco autocontrol que le quedaba.
* * *
Durante dos horas se escucharon muchas rememoraciones de los momentos
con los padres de Kenji y Reika. Muchos delos presentes eran parientes por
parte de su madre, como sus abuelos maternos, los hermanos de su madre o
colegas de excavación. Sin embargo, casi no había gente que estuviera
directamente relacionada con Genma, a excepción de la tía May (la madre de
Lina). Después de la cena, los asistentes charlaban en el salón.
Al sentirse fuera de lugar y con ganas de despejar su mente, Kenji
decidió dar una vuelta por el jardín de la casa. Ya estaba oscuro, por lo que
sólo se recibían las tenues luces del interior del salón. Se sentó en el borde
del pasillo y trató de meditar y recordar lo poco que había pasado con sus
padres durante su niñez.
–¿Te encuentras bien?
–Sí... Al menos trato de estarlo – le sonrió el dios de la profecía –
Creí que tendrías trabajo hoy.
–Ya veré eso luego. Tenía que venir a ver cómo estabas.
–Muchas gracias... Aunque me pregunto cómo pudiste saber qué día era
hoy.
–Mis fuentes nunca las revelo.
–No me sorprende la respuesta – sonrió.
Los dos permanecieron sentados sobre el suelo del pasillo, mirando la
última hoja de una de las ramas del maple.
–Me pregunto cómo te dejaron entrar si no eres parte de la familia –
dijo el rubio.
–Tengo mis recursos. No pensé que te causaría más interrogantes en lugar
de respondértelas.
–No tengo ninguna inquietud por el momento. Tal vez sólo tenga
nostalgia. Yo ya acepté que se fueron, así que Reika y yo nos hacemos cargo el
uno del otro.
–Te diría algo en estos momentos...
–No necesito que me lo digas... Ya lo sé sin que tengas que soltar
palabra alguna. Así que de todos modos te lo agradezco.
–¿Lo profetizaste?
–No. Es porque te conozco bien, Goro.
* * *
Tetsuo llegó al edificio. Decidió hacerle una visita a Mizuki y ver cómo
se encontraba él. Cuando iba a tocar la puerta, ésta se abrió y salió Misty.
–Oh... No esperaba verte por aquí tan temprano, Tetsuo – dijo la elfa.
–Me dejaron salir temprano del trabajo ¿Mizuki está disponible?
–Sí. Sólo vine a hacerle revisión semanal y darle su nueva receta. Lo
bueno es que dos plumas cambiaron de negro a gris. Eso ya es un comienzo –
acomodó sus lentes y redujo el tamaño de sus orejas – No te preocupes. Mizuki
está mejorando.
–Claro. Voy a entrar. Gracias, doctora.
–Llámame Misty, Tetsuo. Bueno, yo ya me tengo que ir.
–Matta nee, Misty-san.
Cuando se fue, Tetsuo pasó al departamento de su amigo. Ya se había
acostumbrado a que todo ese espacio vacío era sólo ocupado por Mizuki.
–Hola – le recibió el inexpresivo Mizuki, quien estaba sentado sobre su
cama con las alas desplegadas, leyendo algún libro de la escuela.
–Venía como siempre a molestarte – dijo bromeando.
–Bueno...
–Bueno...
Los dos se quedaron sin decirse nada, simplemente estaban sentados al
borde de la cama. Mayormente ambos se la pasaban de esa manera, en la que la
compañía era suficiente y el silencio siempre se encontraba en el ambiente.
Entonces Mizuki vio la banda negra en el brazo de Tetsuo.
–¿Por qué estás de luto? – le preguntó el muchacho de cabellos blancos.
–Es por el aniversario de los padres de Kenji y Reika.
–Ya veo... No lo sabía.
–Sí... Aunque ellos saben sobrellevarlo muy bien.
–Es duro vivir sin ellos...
–Sí. Eso es cierto...
–Hay veces en que extraño verlos... Pero al final yo tuve la culpa de
que ya no estuvieran conmigo.
–Oye... – Tetsuo ya presentía a qué se debía el comentario de la
reencarnación de Hermes, por lo que le miró severamente.
–¿Qué sucede?
–No quiero que te deprimas también. No fue tu culpa. Ese doctor que te
usaba como títere fue el responsable.
–Pero... Sólo por lo que soy fue que pasó todo esto. Takase-sensei tenía
razón... Me encuentro solo... Sólo causo dolor si alguien trata de estar cerca
de mí. Traté de matarlos en algún momento...
–Oye... – Tetsuo se tragó toda la vergüenza que pudiera sentir, aunque
estaban solos, por lo que no había ninguna posibilidad de que los vieran, así
que tomó aire y abrazó a Mizuki – Estoy demasiado cerca de ti... ¿Me va a pasar
algo?
Se quedó callado. Por alguna razón, el abrazo de su amigo le hizo
olvidar el dolor que aún guardaba.
–Tetsuo...
–Dime.
–Gracias...
–Esto lo hago para que ya no digas disparates.
–Entiendo... Pero...
–¿Pero qué?
–Me estás asfixiando...
Al darse cuenta que aún lo estaba abrazando, Tetsuo se separó
instantáneamente de él.
–Las cosas que hago – murmuró sonrojado.
–No tenías que hacerlo... – el rubor en las mejillas de Mizuki eran más
notorias por la palidez natural de su piel.
* * *
En otro lado de la casa, Reika trataba de encontrar a su hermano. No lo
veía desde que había terminado la cena. Más de la mitad de los asistentes se
habían marchado, siendo ellos de los pocos que quedaban.
–Justo cuando necesito hablarte, desapareces. Sé que puede ser en otro
momento, cuando lleguemos a la casa o a penas salgamos de aquí, pero no puedo
esperar. Necesito hablar contigo, Ken-chan – murmuraba hablando sola, como si
estuviera ensayando lo que le diría a su gemelo a modo de regaño una vez que lo
encontrara.
Aunque siempre le decía lo mismo a su hermano, no evitaba sentirse igual
todos los años. Kenji, además de entenderla a la perfección y compartir un
vínculo especial con ella, era su único medio para desfogarse, pero no podía
hallarlo por ningún lado.
–Reika-chan. Estaban preguntando por ti allá adentro – le alcanzó Ryo.
–Creí que andaban ocupados con Madison.
–Preferí no acercármele mientras tu otra prima empieza a debatir sobre
la ascendencia cultural de Madison.
–Ya, ya. De lo poco que la conoces, sabes ya que es peligroso echarle
eso en cara. Ahora ayúdame a buscar a Ken-chan.
–¿Para qué necesitas verle? ¿No puedes conversar con él cuando lleguemos
a casa? – le preguntó.
–No es nada...
–Si tú lo dices...
–No insistas. No te voy a decir nada.
–Está bien.
–De acuerdo, te lo diré.
–A ver... Cuéntamelo – la invitó a sentarse al costado de él.
Los dos se sentaron en el pasillo, mirando hacia el jardín. Reika
recostó la cabeza en el pecho de Ryo, haciendo que el otro se sonroje
considerablemente, pero pudo conservar la calma y dejar que su mejor amiga
permaneciera ahí.
–No me gusta...
–¿Qué es lo que no te gusta? – le preguntó el muchacho.
–Recordar que es un año más desde que ellos no están.
–Reika-chan... Tú sabes que eso es algo normal...
–Eso lo sé yo, lo saben todos y la realidad lo dicta así. Pero ¿Acaso no
duele sabiéndolo o no? Se supone que ya estoy lo suficientemente grande y hace
mucho que acepté lo que pasó. Están muertos. Los extraño muchísimo y quisiera
contarle muchas cosas que me pasan a papá o a mamá. Me llega tener que venir
siempre a estas reuniones donde todos me recalcan una y otra vez que este mismo
día, hace nueve años, murieron haciendo el trabajo que tanto amaban. Y no sólo
eso... Resulta que Ken-chan y yo somos los dioses de la historia que siempre
nos contaba papá antes de dormir... No sabes lo que he estado escuchando en murmullos
allá adentro. Y si te fijas bien, a Lina siguen teniéndole miedo desde que
Perséfone había despertado momentáneamente en ella hace años. En algún momento
descubrirán lo que fui anteriormente y comenzarán a alejarse más de Ken-chan y
de mí por temor a que los otros dioses también los maten a ellos... A fin de
cuentas, muchos son una sarta de hipócritas... Cómo extraño a tío Hiroe y a tía
Haruka.
–¿Terminaste?
–Sí.
–Reika-chan... Cómo decírtelo... Sé que esperas que te diga un “Seguiré
contigo pase lo que pase”, y de hecho te lo iba a decir, ya que eso es
verdad... Pero lo que menos necesitas ahora es seguir ahogándote con esto. No
seré tan bueno dando ánimos como Kenji, pero al menos será algo que te diga de
corazón... Si en verdad el resto te dejara, no estarías sola. Puedes empezar a
contarnos a Kenji y a mí.
–Pues eso es lo mismo que me dice Ken-chan todos los años... Pero te doy
un 100/100 por la intención. Muchas gracias, Ryo-chan – sonrió finalmente.
Ryo se alegró al saber que lo que había dicho tuvo un resultado
positivo. En ese momento pareció recordar que Reika seguía apoyándose sobre él,
así que tomó mucho valor y se disponía a ponerle una mano en la cintura para
atraerla más. Justo en ese instante, Reika se apartó de él.
–¿Escuchaste eso? – dijo la muchacha.
–No... – en parte, se alivió al comprobar que Reika no se había dado
cuenta de lo que iba a hacer.
–Vino de allá – Reika miró hacia el montón de hojas caídas.
Las sospechas se acrecentaron cuando notaron que algo se movía dentro
del montículo.
–Quédate atrás... – le dijo la diosa a su amigo.
–No tienes que decirlo dos veces.
En ese momento, Reika estaba preparándose para lanzar el ataque, pero
Ryo la contuvo. Los dos vieron salir a una pequeña serpiente de jardín saliendo
entre las hojas secas. De escamas verde brillante y de no más de 30 centímetros
de largo.
–Me había asustado – murmuró Ryo.
–Tal vez ando con los nervios algo alterados... – dijo Artemisa.
Para extrañeza de ellos dos, la serpiente no parecía estarse dirigiendo
a alguna otra madriguera, como se supone debería hacer al ambiente frío. Estaba
arrastrándose justo en dirección a Reika. Al llegar a los pies de la diosa, se
trepó por las piernas de la muchacha. Reika no se movió, mientras que Ryo sólo
miraba atónito como la serpiente llegó a la chaqueta de su amiga y trataba de
resguardarse en uno de sus bolsillos.
–Al parecer es un bebé – dijo Reika al ver a la serpiente dormitando en
su chaqueta.
–¿Por qué vendría una serpiente de jardín hacia ti?
–Buena pregunta...
Interrumpieron su conversación cuando escucharon más hierbas moverse.
Fue cuando se deslizaron muchas más serpientes, las cuales pasaron de largo sin
ver a los dos humanos.
–¿Acabo de ver serpientes? – dijo Ryo al recuperarse de la impresión.
–No necesitas cambiarte los lentes... – le respondió Reika, aún con la
serpiente bebé en la chaqueta.
Pronto descubrieron de qué estaban huyendo los reptiles. Un dragón de
tamaño mediano había llegado al jardín. Ryo, antes de darse cuenta, tenía a la
cría de serpiente en sus manos, mientras que Reika se lanzaba al ataque.
–¡Ten cuidado! ¡Parece que va a...! – la advertencia de Ryo había
llegado tarde, ya que la diosa había sido golpeada por la cola. Ryo sólo
entrecerró los ojos, imaginando lo mucho que debía doler – ... golpear con su
cola...
* * *
–¡No llegarás!
–¡Claro que llego! – le respondió la niña, idéntica a ese niño de
cabellos rubios y negros, pero con una larga trenza bicolor.
–¿No ves que está muy alto? – le dijo su hermano gemelo desde lo alto de
un árbol.
–¿Entonces cómo subiste tú?
–No lo sé... ¡Pero yo ya me quiero bajar! – dijo lloriqueando el otro
niño, abrazándose a la rama.
–¡Entonces no te bajas hasta que yo suba! – se empecinó a llegar a esa
rama alta donde estaba su hermano, así que fue directo al tronco y trató de
subir, pero al final cayó sentada.
Una vez más trató de subir. Al llegar a un metro, resbaló y volvió a
caerse, pero ésta vez se había raspado la rodilla. A punto de ponerse a llorar,
su mamá se acercó a ella. De cabello rubio largo en una cola y ojos pardos.
–Reika... ¿Para qué sigues tratando de subir a ese árbol? Está muy alto
para ti – le dijo su madre.
–Es porque Ken-chan sigue allá – dijo conteniendo las lágrimas.
–¡Pero yo ya quiero bajarme! – cuando Kenji también iba a empezar a
llorar, llegó el papá de los muchachos y cargó al niño en sus hombros.
–No sé cómo llegaste aquí... Pero ya estás en tierra firme, muchacho –
el señor lo dejó en el suelo y lo despeinó un poco.
–No sé... De repente yo ya estaba arriba...
–Mentiroso... Sé que lo escalaste – Reika le sacó la lengua.
–Es verdad. Cuando me di cuenta yo ya estaba arriba – siguió insistiendo
Kenji.
–Dejen de discutir los dos – les interrumpió el papá – Hay una excavación
en Creta y nos ausentaremos por dos semanas, así que no queremos que la última
escena con ustedes termine en discusión.
* * *
–¡No! ¡No pueden irse! – gritó Reika, despertando del golpe.
–¿Qué sucede, Reika-chan? – Ryo estuvo cuidando de ella desde que quedó
inconsciente.
–¿Ryo-chan? – se llevó una mano a la cabeza y se incorporó nuevamente –
¿Qué pasó?
–La cuestión es lo que está pasando ahora – Ryo señaló a la escena de
combate, en la cual Kenji y Madison eran apaleados por la criatura.
–¡Ken-chan! – exclamó Artemisa.
–Por fin despertaste... – su hermano trató de hacerse el burlón, pero el
golpe recibido se lo impidió.
–Podrías acabar con él con un solo rayo... ¿Por qué no lo haces?
–Porque así estaré cumpliendo mi tarea...
Desde otro lado, Goro y Lina estaban observando lo que pasaba.
–Eres muy severo al prohibirle usar sus habilidades especiales – le dijo
la reencarnación de Perséfone.
–Se supone que tú eras quien debía hacer ese control.
–Estamos hablando de un dragón en etapa media. Esto ya es más que un
entrenamiento normal.
–Reclámale eso al que lo envió.
–¿Tú no hiciste aparecer al dragón?
–¿Crees que lo haría?
Los dos volvieron a ver la escena.
* * *
–Parece que va a llover... El cielo se está nublando... – canturreó la
niña de siete años.
–No empieces a cantar, Reika – le interrumpió un aburrido Kenji.
–No puedo evitarlo, Ken-chan... Papá y mamá aún no regresan de su viaje
a Grecia...
–Sí... se supone que en cualquier momento regresan... Ya han pasado dos
meses... – asintió su hermano.
Hacía dos meses que sus padres no estaban y ellos aún estaban al cuidado
de sus tíos. De vez en cuando Ryo iba a visitarles y pasaban el rato, pero aún
no se podían olvidar de que sus padres ya se habían ausentado demasiado tiempo.
Sonó el teléfono y tía May fue a contestar. Por la expresión gradual de
la señora, Reika y Kenji estaban preocupándose cada vez más. ¿Qué era lo que
estaba poniendo tan triste a su tía?
Cuando colgó el teléfono, la señora no pudo hablar más. Lina recién
llegaba de la escuela y fue a ver qué le ocurría a su madre.
Reika también se quedó muda al escuchar finalmente la terrible noticia.
Lo único que podía hacer Kenji era tratar de apaciguar a su hermana, la cual
explotó en llanto.
* * *
–Quién diría que un dragón era tan difícil de domar... – dijo Madison,
aún sosteniendo un colmillo de la bestia.
La joven amazona estaba con el vestido hecho jirones, manchada con un
poco de la sangre del dragón. Kenji y Reika estaban igual, mientras que los
únicos limpios eran Goro, Lina y Ryo.
–¿Qué haría un dragón aquí? – dijo Ryo, aún con la serpiente en las
manos.
–No me lo preguntes que no lo sé... – dijo Perséfone, igual de seria,
luego volteó a mirar a Poseidón – No me sorprendería si me entero que tuviste
que ver.
–No estoy tan loco para hacer eso – respondió con seriedad, luego giró
hacia Kenji – Y volviendo a eso, hicieron muy bien al no depender del uso de
sus poderes para derrotar al enemigo.
–Gracias... Creo... Aunque casi nos matan de no ser porque Madison logró
intervenir – respondió la reencarnación de Apolo.
–Para eso me entrenan, primito – sonrió la amazona.
Entonces los gemelos recordaron algo ¿No se supone que después del
ataque de un dragón en una propiedad privada, los asistentes debían acercarse
para ver lo que ocurrió?
Decidieron entrar para dar una explicación a lo que había ocurrido. Para
sorpresa de todos, sólo estaba ahí menos de la octava parte de los que
asistieron. Al parecer muchos se habían ido hace horas.
–Al menos no tendremos que convencer a más gente de la que habíamos
pensado – susurró Madison a Ryo, pero este se le quedó viendo a la muchacha de
pies a cabeza – ¿Qué sucede? Tengo todavía mucha sangre encima.
–Al contrario... Estás completamente limpia...
Madison no entendió hasta que comprobó aquello al verse reflejada en una
puerta de vidrio. Su vestido se veía como nuevo y no había ningún rastro de
sangre.
Cuando ellos dos alcanzaron a los demás, Kenji y Reika estaban boquiabiertos
al comprobar que nadie había visto ni oído nada, lo cual era lógicamente
imposible si se toma en cuenta que hubieron muchos destrozos en el jardín por
parte de un dragón en etapa media.
Desde afuera, Yamato estaba en su motocicleta con Sakura detrás de él.
–Gracias por encubrir la pelea, Yamato-san – le dijo la chica – Su
habilidad para crear ilusiones es muy útil.
–De nada... Se habría armado un gran escándalo aquí... – le dijo el
joven dios de los muertos.
–Yamato-san... yo...
Yamato la vio por unos momentos y le sonrió.
–Ve a hablar con Kenji-kun. Yo te espero aquí.
–Gracias... No tardaré... – asintió sonrojada y fue a la puerta de la
casa.
La reencarnación de Hades volteó y pudo notar un auto estacionado a
pocos metros de él. Aparentemente habían dos personas esperando en el auto,
quienes resultaron ser Marla y Katsuya esperando por Goro.
–No sabía que ibas a venir... – le dijo Hestia.
–Takatsuki-kun me lo pidió – justificó Yamato.
–Gracias por ayudarla – le dijo Hefesto.
–No hay de qué... Ya pasé por lo mismo...
–Sólo asegúrate de regresarla temprano a la casa.
–Descuide, Takatsuki-san.
Se quedaron un momento en silencio. Yamato seguía mirándolos, sentado en
su motocicleta, mientras que los otros dos dioses seguían en el auto.
–Confiesen. Uno de ustedes mandó al dragón – dijo finalmente el joven
Dios de los Muertos.
–¿Acaso nos creen con un sentido del humor tan retorcido? – dijo la
diosa, tratando de sonar sarcástica.
–Deberías preguntarle a él antes de que se escape – el dios herrero
señaló hacia la sombra que se ocultaba tras el muro casi derrumbado, pero logró
desaparecer antes de que Yamato pudiera acercase.
* * *
Kenji se extrañó cuando sus ropas volvieron a estar impregnadas con la
sangre del monstruo.
–Ya entiendo... Todo era una ilusión... – murmuró al comprender el
porqué nadie había visto algún indicio de la pelea con la criatura.
–Senpai... – dijo Sakura, aún a unos metros del muchacho.
–¿Qué haces aquí, Takatsuki-kun? – preguntó algo sorprendido de que ella
pudiera llegar ahí.
–Vine porque yo... yo... – respiró profundo y tomó valor para decírselo
– Me preocupé mucho cuando lo vi muy triste.
–Estoy bien... Cuando hablé con Goro y ayudé a Madison a matar al
dragón, me puse a pensar... Tal vez alguien siempre me protege de que algo me
ocurra mientras peleo. No estoy tan solo como pienso que debería estar...
–Eso es cierto... porque Reika-senpai y los demás siempre están
pendientes de usted, senpai – Sakura se acercó y le pasó un pañuelo para que se
limpiara algunas manchas rojas – Me gustaría serle de mayor apoyo, senpai...
–Ya lo eres, Takatsuki-kun... – Kenji le sonrió – Te abrazaría, pero si
ni me baño ahora, ni yo mismo me soportaría.
–Entiendo, Senpai... – Respondió con una gran sonrisa.
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