Deux Kratos: Pantheon
Decimoséptimo
Acto:
Otra
de las costumbres americanas que se habían extendido hasta Japón también era el
Halloween, o Día de Brujas. Aunque no era parte de la cultura tradicional, la
idea de los dulces, fiestas y disfraces siempre era atractiva para los
muchachos, en especial Kenji y Reika, quienes habían pasado los últimos
Halloween con sus tíos en América. Los muchachos se encontraban comentando
planes para el 31 de octubre en la escuela.
–¿Cómo
que vas a pedir dulces en Halloween? – le dijo un burlón Ryo a Kenji.
–Ishida-san me pidió que cuidara a sus hijos cuando fueran a pedir dulces...
No pude decirle que no, incluso me dijo que me quería pagar la hora...
–Y
como eres tan buena gente, seguro que le dijiste que lo harías gratis,
Ken-chan... – completó Reika.
–Tampoco
tan tonto soy, Reika – rió el otro.
–Pues
no eres el único con trabajo ese día, Kenji – intervino Aoshi.
–No
me digas que por fin consiguieron un contrato – preguntó Reika con interés
hacia Tetsuo y Aoshi.
–Técnicamente
sí... Pero es casi como un concurso de bandas. Eso es para hacer los shows más
interesantes, pero igual nos van a pagar como si nos hubieran contratado en el
club – explicó Akiyama.
Aoshi
y Tetsuo tenían un pequeño grupo conformado por ellos dos, en el cual Aoshi
componía las canciones, las cantaba y tocaba la guitarra, mientras Tetsuo hacía
los arreglos en el teclado. Sólo llamaban a otros chicos cuando necesitaban
mayor apoyo en alguna presentación grande. Siempre declaraban que, una vez
terminada la preparatoria, se volverían artistas famosos. Por lo pronto,
estaban comenzando como todos los grupos: tocando en clubes y discotecas.
–Pero
tienes que ir a vernos, Kenji. Si no hay conocidos y amigos entre el público,
ya no hay emoción – le trató de animar Aoshi.
–Voy
a tratar. Tal vez los niños terminen a eso de las 7.30 u 8.00.
–Entonces
todo estará bien. Nosotros tocaremos a las 9.00, así que tiempo hay – Tetsuo se
acomodó el pañuelo en su cabeza y recordó – También invitaré a Mizuki, y de
pasada te lleva a Shikura – le codeó al castaño.
–¿Qué tanto me
resaltas a la Roja, Tetsuo?
–Oh,
nada... Es que lo decía porque Shikura últimamente ha andado algo malhumorada
cuando andas cerca... Y más de lo normal – Tetsuo alzó las cejas y sonrió
burlonamente.
–Y
lo curioso es que Shikura se ha comportado así de malhumorada frente a ti desde que
paras como apoyo de la rubia – intervino Reika, refiriéndose a Lena.
Aoshi
volteó a ver hacia la rusa, la cual ya conversaba normalmente con otras chicas
del salón. Alzó una de sus cejas y se limitó a responder:
–¿Y
qué? Seguramente Shikura está celosa – dijo con naturalidad.
–Últimamente
estás mucho tiempo con Ivanovich-san, Aoshi – señaló Kenji – Incluso podría
decir que con Ivanovich-san ya tienes algo.
–¿Qué?
Para nada. A veces tienen ideas tan locas – trató de hacerse el loco.
–¿Y
por qué no? – dijo Reika – Ya tienes historial del que nosotros estamos
conscientes, así que no cae nada mal una actualización a lo que sabemos, ¿No lo
crees?
–Voy a decirlo una vez
más. Con Ivanovich no hay nada – tuvo ganas de
morderse la lengua. Era la primera mentira que les decía a sus mejores amigos.
Sonó el timbre del
inicio de clases y todos volvieron a sus lugares. Kenji y Reika miraron
preocupados el puesto vacío de Madison. Su prima había estado saliendo cada dos
noches a quién sabe dónde y a veces llegaba tarde a clases, pero ellos nunca le
preguntaban, ya que no querían incomodar a su prima. Parecía que ésta sería
otra tardanza más.
Roy llegó puntual y
silencioso como la mayoría de las veces y comenzó a anotar lo que parecía ser
un trabajo de investigación. Muchas veces los muchachos se admiraban al
preguntarse cómo es que el inglés-oriental se las arreglaba para preparar la
clase y seguir en las investigaciones con Misty. Supuestamente había otro dios
en la escuela, pero aún no se podía descubrir quién era; lo cual significaba
que el otro dios sabía que lo andaban buscando. Toda la dificultad habría
podido estresar a cualquiera, pero no al sucesor de los Sacerdotes del Olimpo.
Cuando Flanagan-sensei
dejó de escribir, los demás exclamaron un “¡Qué!” de completa incredulidad,
pero no de queja.
–Cada uno tratará de
describir su entorno en alguna festividad comercial. Con esos detalles,
analizaremos sociedad actual y redactarán en la clase de la próxima semana todo
a manera de historia – explicó al ver que algunos tenían cara de no entender.
La incredulidad no era
por el trabajo en sí, el cual era una excusa para salir a alguna fiesta de
Halloween, si no era el hecho de que Roy Flanagan estuviera dejando una tarea
tan divertida.
Aoshi escribió en un
pedazo de papel y lo mandó disimuladamente hacia el pupitre de Kenji. Cuando
abrió el papel, el rubio torció una de sus cejas al fijarse en las palabras:
“Se me hace que Roy se
olvidó de preparar su clase”
Kenji, cayendo en lo
mismo, cogió otra hoja de cuaderno y escribió:
“Ya quisieras que tu
hipótesis sea 100% correcta”
Aoshi recibió la notita,
pero al instante llegaron tres bolitas de papel más, de Reika, Ryo y Tetsuo.
Las tres notitas, en caligrafía diferente, decían exactamente lo mismo:
“¿Qué tanto comentan sin
mí?”
Al siguiente
momento de que Aoshi les mandó a cada uno un “Huevadas, se las digo después”,
le llegó una notita en papel rosado. Abrió y leyó:
“Te esperaré en
el recreo donde tú sabes”
Volteó a ver a
Lena, la cual le hizo un guiño. Aoshi, en ésta ocasión, se sintió inseguro,
pero aparentó bien e hizo un leve movimiento afirmativo con la cabeza.
En ese momento,
cayó otra bolita de papel en su pupitre y la leyó:
“¿Por qué no
atiendes la clase?”
Salió de sus
pensamientos sobre Lena al darse cuenta de que Roy lo miraba con seriedad y los
demás volteando a verle, cada uno con ganas de aguantarse la risa.
–Ahora que te mandé la
invitación por escrito, presta atención a menos que la clase también la quieras
en una nota – le dijo el joven profesor, a lo cual le siguieron las risas de
sus compañeros.
Pudo haber contestado de
muchas maneras, pero Aoshi estaba consciente de que Roy era más astuto que él,
hecho que había comprobado después de dos meses de clases con ese profesor de
literatura inglés. Yamaki se había propuesto a hacer algo que “derrotara” a Roy
Flanagan; desde la broma más sencilla de primaria hasta respuestas graciosas
cada vez que lo sacaran a la pizarra. Sin embargo, Roy se las arreglaba siempre
para evitar la trampa o para contestar con una respuesta tan directa que lo
dejaba sin poder articular alguna protesta.
«Un día de éstos... Un
día de éstos...» pensó Aoshi.
* * *
Cuando llegó el receso
en el colegio Nagumo; Mizuki, como siempre, almorzaba con Maaya en las tribunas
del campo de fútbol soccer. Como casi todos los almuerzos, los dos amigos se
quedaban callados mientras comían, hasta que la pelirroja comenzara a
comentarle algo o le preguntara sobre los demás. En ésta ocasión, fue Mizuki
quien comenzó a hablar.
–Recibí un mensaje de
texto en la clase... – le comentó el peliblanco.
–Adivino...
Akiyama-kun.
–Sí... Como siempre –
sonrió imperceptiblemente.
–¿Qué cuenta?
–Quiere invitarnos a
verlo tocar en la discoteca Devil’s Nest[1] en Halloween. Los demás también irán.
–Creo que ese día mis
hermanos salen y papá siempre me dice “¿Te vas a quedar aquí en casa
mientras tus amigos van a alguna fiesta? Ve y consigue un buen novio”.
¿Cómo le haría entender que esas bromas aún no van a tener efecto?
–De todos modos cumplí
con avisarte... Si no quieres ir a ver cantar a Yamaki el 31...
–No dije que no iba...
–Lo suponía – murmuró
para sí mismo cuando comprobó la respuesta apenas pronunciaba el nombre de
Yamaki
Aoshi.
Los dos abrieron sus
almuerzos y se dispusieron a comer, cuando escucharon un golpecito en la
tribuna.
–¿Qué fue? – preguntó
Maaya.
–No tengo idea...
Entonces volvió a sonar
ese golpecito leve. Se percataron de que alguien les lanzaba guijarros para
llamarles la atención. Miraron alrededor y Maaya pudo sentir a alguien
conocido. Lo comprobaron cuando vieron a Madison del otro lado de la reja, pero
con ropa informal en lugar del uniforme que debería estar usando a esa hora.
–Ya era hora de que me
notaran – dijo la prima de los gemelos.
–¿No deberías estar en
tu escuela? – le preguntó Maaya.
–Tuve un percance...
Larga historia – les dijo Madison.
–Bueno, al menos pasaste
por acá a saludar – contestó la pelirroja, la cual aún no tomaba a bien el
hecho de que Madison se hubiera tirado clases.
–Y también a pedirles un
favor... – la chica juntó las manos para pedirles algo – Si alguno de los dos
tiene saldo en el celular... ¿Podrían mandar algún mensaje a mis primos para
que les digan que no me esperen en la escuela? Iré de una vez a la casa.
–Tú tienes celular ¿Por
qué no les mandas tú el mensaje? – preguntó el serio Mizuki.
–Porque si llamo yo, me
van a estar buscando en cada rincón de la ciudad. Y también para fastidiar un
poco – rió – No se preocupen, que si quieren les compro una nueva tarjeta a
cada uno.
–De acuerdo, pero no me
vas a tener que comprar nada – respondió el peliblanco, el cual sacó su celular
y comenzó a escribir un mensaje de texto.
Cuando Maaya pensaba
preguntarle dónde había estado Madison, la amazona ya había desaparecido. Los
dos muchachos se preguntaban porqué ella había pasado por ahí.
–Dejemos que los Okubo
le regañen... – completó Mizuki.
* * *
Por mientras, en Hokubei, también era hora del
almuerzo. Aoshi se había ido a la azotea de la escuela, donde iba a encontrarse
con la rusa. Ella estaba sentada sobre el borde de la cerca, mirándole desde
arriba, y le recibió con una gran sonrisa, pero Aoshi no parecía muy contento.
–¿Pasa algo, Aoshi-kun?
– preguntó ella, haciendo un énfasis meloso a propósito.
–Sí, Lena... No me está
gustando “esto” que tenemos – respondió el castaño – Nunca antes les he
ocultado nada a mis amigos, excepto cuando descubrí lo que soy hace tres
años... Pero ni siquiera podría decirles que tú...
–¿Cómo vas a decirles
que tu y yo somos dioses griegos que mantienen una fogosa relación de
más de 4000 años de antigüedad? – dijo pícaramente.
–Además de eso – rodó la
vista hacia arriba – Me refería a que no me gusta el mantener en secreto lo que
se que estamos haciendo los dos.
–¿Acaso quieres decirles
orgulloso que estamos de enamorados?
–Ni siquiera lo llamo
así. Coger no es lo mismo que estar – no sabía porqué en ese
momento se acordó de Maaya – Como sea... ¿A qué quieres llegar con todo esto?
–Solamente quería
hacerte una pregunta – dio un brinco y cayó de pie al suelo, para luego
acercarse más a Aoshi y rodear su cuello con los brazos – Participemos de nuevo
en el trueque de datos curiosos... Yo te digo algo y tú me dices otra cosa que
yo quiera saber... Después de eso... Te puedo dejar un extra.
–Bueno, está bien –
respondió ya acostumbrado a esos juegos.
–Según me dijiste, el
profesor Flanagan trata de descubrir que soy yo el objetivo... ¿Sabes si está
trabajando solo?
–Está claro que no,
Lena. Tiene de apoyo a su hermana y a la prima de Kenji y Reika en las
investigaciones. Aún no sé de qué trata el proyecto, ni siquiera Hanajima lo
sabe.
–Vaya cosas... Me va a
ser una molestia si es que el profesor llega a descubrirme... Pero tampoco
sería tan malo. Simplemente me incomodaría mucho responder el interrogatorio de
los Sacerdotes Olímpicos... – luego volteó a ver a Aoshi y sonrió – ¿Hay algo
que quieras que te diga?
–Sí... ¿Cuál es el
interés que tienes en toda ésta jugada?
–Además de cumplir una
venganza por inercia, pago un favor a unos cuántos colegas. Lo que sí puedo
darte como dato es que acaba de llegar otro más de nosotros al país... No te
puedo asegurar de quién se trata, pero el elemento es el mismo que el tuyo.
–Ya veo... Gracias por
el dato, Lena.
–Ahora... Creo que toca
el “extra”.
–Faltan cinco
minutos para que acabe la hora del almuerzo y he comido a la volada, así que
apúrate.
Tal vez los besos
siempre cubrían las expectativas de Aoshi, pero no se sentía bien haciéndolo.
Tal vez era sólo la inercia y la costumbre de haber sido su amante desde hace
4000 años. En ninguna de sus vidas anteriores en las que se había reencontrado
con ella se le pasaba por la cabeza protestar, pero en ésta ocasión ya no
sentía lo mismo.
Por el momento sabía que
debía seguir con Lena, y ésta vez le había proporcionado información de valor
¿Un dios del mismo elemento que él? Habían muchos en esa categoría.
Cuando volvió al jardín
donde normalmente comía con los muchachos, se sorprendió al ver a sus amigos
muy enfadados. Pensó que tal vez ellos ya lo sabían, pero se asustó más cuando
Reika golpeó el suelo y formó un pequeño cráter de 20 centímetros de radio.
–Adivino que no llegué
en buen momento... – murmuró, y luego se dirigió a Tetsuo – Verás... Yo
estaba...
–Ahora no, Aoshi – le
interrumpió el muchacho del pañuelo – Es otra vaina.
–¡Eres una
irresponsable, Madison! – renegó Reika, aún descargándose contra el hueco,
mientras que Ryo y Kenji la veían.
* * *
Ya era de noche. Durante
la cena, en la cual Ryo también se quedaba a comer con ellos, los dos gemelos
miraban serios a Madison. El único que no era de esa familia miró algo inseguro
hacia los dos lados: al frente de él estaban sentados sus dos mejores amigos
con cara de querer soltar regaños; y a su lado, la amazona comiendo el guiso y
el arroz como si no hubiera visto las miradas de sus primos. Finalmente fue
Kenji el que decidió romper el hielo:
–Madison... ¿Adónde
estás saliendo últimamente?
–Pues a un club bien
bacán... – respondió su prima.
–Faltaste hoy a clases y
en las últimas dos semanas has estado llegando tarde – interrumpió Reika.
–No es para tanto.
Cuando menos regreso sana y salva.
–Ese no es el punto.
Tendríamos que subestimarte demasiado si nos preocupáramos de que llegues en
una sola pieza – le dijo su prima – Estás alejándote mucho de nosotros. Casi no
te vemos y no nos dices en dónde paras.
–Eso nos lleva a
preguntarnos ¿A quién estás viendo? – terminó Kenji.
Madison se quedó
callada. Tomó el té de una sola vez y dejó los palillos sobre la mesa.
–Gracias por la comida.
Ahora no puedo seguir porque tengo que ponerme al día en las clases... ¿Alguno de
ustedes me presta los cuadernos?
–Coge los míos. Están
más detallados – fue lo único que Ryo atinó a decir.
Cuando Madison se fue a
la habitación de Reika y cerró, los tres se acercaron para hablar en voz baja.
–Definitivamente nos
está ocultando algo – concluyó Reika.
–Nosotros tenemos la
culpa por no prohibirle nada. Después de todo, ésta es nuestra casa – dijo
Kenji.
–¿Entonces por qué la
dejaron ir? – preguntó Ryo.
–Para nosotros siempre
ha sido así... No nos gustaba preguntar porque nosotros tampoco respondíamos a
nuestros tíos cuando vivíamos con ellos – recordó Kenji – Sobre todo Madison.
Ella ha pasado por malos momentos y no es de contar sus cosas...
–Tal vez es algo de lo
que no deba saber – Ryo se quitó los lentes y los limpió con un paño – Siempre
quise preguntarles algo... ¿Por qué Madison vive con ustedes?
–Es mejor a dejarla con
su madre... – fue lo único que dijo Reika.
Ryo no entendió, pero
tampoco quiso seguir preguntando.
* * *
Tal vez estuvo mal el
irse sin avisar a Kenji y Reika mientras ellos ya estaban dormidos, pero si no
salía por la ventana de su habitación, era muy probable que no lo viera hasta
quién sabe cuando. Como todas las noches en las que estuvo saliendo, Madison
iba arreglada con un vestido corto, ésta vez negro con salpicaduras de rojo; la
trenza con algunos rayos rojos; la chaqueta negra; muchos brazaletes y pulseras
rojas y negras y cadenas negras alrededor de la cadera y el cuello. El
maquillaje, como siempre, era sencillo: delineador negro, brillo de labios y
brillantina roja en algunas partes del cuerpo.
Cuando entró al
local, los de seguridad la saludaron, por lo que se podía notar que la muchacha
ya era visitante asidua. Después de pasar entre la gente que bailaba, llegó a
la barra y buscó al muchacho que estaba preparando los tragos. El chico era
latino, de 17 años, contextura fuerte, cabello marrón oscuro desarreglado en
una cola y ojos color rojo tinto. Vestía una camiseta negra con algunas manchas
rojas como estampado, pantalones negros y muñequeras rojas que resaltaban en el
ambiente oscuro de la discoteca.
–¡Francis! ¡Acá! – le
llamó ella.
–¡Ya voy, Mad! – le
respondió el muchacho.
Cuando terminó con un
trago y lo sirvió, fue donde Madison y le dio un beso en la mejilla para
saludarla.
–Te extrañé desde la
última vez que viniste.
–Pasaron sólo diez horas
desde que nos vimos – sonrió.
–Pues qué lentas pasan
las horas a veces...
Después de que Francis
terminara su turno en la barra, salió para bailar con Madison unas cuantas
piezas. A pesar de que sólo se conocían unas semanas, los dos parecían muy
cercanos. La manera en la que intercambiaban miradas o la manera en la que
ambos bailaban las piezas más movidas. Se notaba la química y la armonía entre
los dos.
Una vez que el turno de
Francis se acabó, los dos fueron a la habitación del muchacho, ubicada en un
almacén en la azotea del edificio. Se echaron en la cama y se quedaron un rato
mirando el techo en silencio. A Madison le gustaba ese cuarto sencillo, al cual
Francis llamaba “su nido”, ya que a veces anidaban palomas en el techo. Las
aves y él parecían vivir en armonía, ya que no se molestaban entre ellos.
Contaba con lo básico: una cama, un espejo en la pared, una maleta donde aún
guardaba la ropa que tenía y una silla donde apoyaba otro montón de ropa que
debía llevar a la lavandería.
–¿Qué tal la escuela? –
preguntó Francis.
–Al final no fui...
–Yo pensé que te habías
ido más temprano.
–Me fui a eso del
mediodía. Ya no iba a llegar y mis primos me iban a regañar en la escuela con
el profesor, así que esperé allá a que ellos regresaran y me regañaran sin
supervisión.
–Me hubieras despertado
cuando te levantaste...
–Habrías puesto la
mirada que tienes ahora y me tratarías de persuadir para que me quede.
–Tal vez... Creo que
sería una buena inversión de tiempo si me quedara mirándote.
–Y ese es el flirteo más
bonito que alguien me haya dicho – sonrió.
–¿Flirteo? ¿De dónde
sacas eso? – sonrió juguetonamente.
–Supongo que lo
adiviné...
Entonces sonó el celular
de Madison para avisar sobre un nuevo mensaje de texto.
“Última advertencia.
Regresa a la casa o ya no vuelves. Reika y Kenji.”
–Ésta vez parece en
serio – dijo Francis.
–Ni modo...
–¿Y si vienes el 31?
Habrá un evento y voy a cantar...
–Nunca antes te habían
dado oportunidad para un show.
–Realmente es como una
guerra de bandas. Estaré con otro grupo contra algunos que se inscribieron para
la competencia.
–Entonces más te vale
dedicarme una canción ese día – juntó su nariz con la de él y le rozó los
labios con la punta de la lengua.
–De acuerdo... Pero si
quieres venir, no creo que sobrevivas para entonces si no vuelves ya a tu casa.
–Bueno, ya me voy.
Adiós.
Cuando la muchacha se
fue, Francis se quedó solo en el depósito que tenía como cuarto. Desde que
había llegado a ese país, todo le fue muy natural por el ambiente en el que
trabajaba actualmente. Madison le parecía tan fluida que se sentía como en su
tierra. Su atención entonces se volcó en unas luces de colores desde el otro
lado del edificio.
* * *
–Serás grandote y todo,
pero igual se me hace molesto el tener que sacarte a pasear a las 3.00 de la
madrugada – le dijo Yamato a Cerbero, el cual buscaba un rincón en el parque.
Mientras Cerbero seguía
olfateando cada árbol, Yamato dio un gran bostezo y restregó uno de sus ojos.
En ese momento Cerbero levantó una de sus orejas y comenzó a gruñir.
–¿Qué pasa, amigo?
¿Ocurre algo?
Cerbero corrió
apresuradamente, arrastrando a su dueño por la correa. Llegaron hasta la
joyería que estaba cercana al parque y vieron a un ladrón salir de la tienda.
La alarma comenzó a sonar y llegaron policías, pero éste logró eludirlos.
El ladrón perdió a sus
perseguidores al entrar en un angosto callejón entre los edificios cercanos,
pero frenó al ver que Yamato le cerraba el paso con Cerbero.
–No sé quién seas, y la
verdad es que ya quiero irme a dormir... Pero ningún ladrón se va a quedar
libre, así que ve ahora y entr... – interrumpió su línea cuando el sujeto puso
la mano sobre la pared y un muro emergió frente a la reencarnación de Hades.
Se dispuso a escapar por
el otro lado, pero Roy saltó frente a él y apuntó con una espada.
–Esas habilidades... –
sacó su reloj y lo vio brillar – No hay duda...
–Un Sacerdote de
Olimpo... – murmuró el otro – Ya me habían advertido sobre tipos como tú.
Yamato logró romper la
muralla y vio a ambos.
–Yo lo iba a atrapar,
así que me lo dejas, Flanagan – dijo el joven.
–Ahora no, Kobayashi.
Aprovechando la
distracción, el sujeto volvió a tocar la pared y formó grilletes de piedra para
atarlos al muro.
–¡Es tu culpa! – le
gritó Yamato – ¡Se está escapando!
–¡¿Cómo que es mi
culpa?! ¡Tú me distrajiste!
–¡Yo lo encontré primero
y lo iba a atrapar!
Cerbero ya no podía
alcanzar al ladrón y se limitó a ver a los dos hombres discutir. Soltó un
bufido y ladeó la cabeza como si fuera algo normal.
–Oye, Cerbero – le llamó
Yamato una vez que se aburrió de culpar a Roy – Mira alguna manera de sacarnos
de aquí.
–¿Tiene manera de saber
cómo soltarnos?
Cerbero ladró y fue
hasta el bolsillo de su dueño para sacar su celular.
–¿No estarás pensando
que sabe hacer llamadas? – preguntó un incrédulo Flanagan.
–Es que la semana pasada
vimos una película de Rin-Tin-Tin y decidí que sería buena idea enseñarle el
truco – volteó hacia su perro – Buen chico. Ahora llama a Lina.
–¿También memorizó
números de teléfono? – preguntó con una ceja alzada.
–No. Sólo va a poner la
opción Llamada Automática.
* * *
Madison estaba sentada
en la sala, mientras Kenji y Reika, aún en pijamas, regañaban a su prima por
haberse escapado.
–Estuve preocupada
cuando vi la ventana de mi habitación abierta. Casi pensé que te presionábamos
tanto que decidiste tomar “esa otra salida” – dijo Reika – ¿Qué rayos está
pasando contigo?
–Sólo salí un momento...
Tenía unos asuntos pendientes, Reika.
–Mira, Madison. No somos
quien para prohibirte algo... Tu papá nos dejó a cargo de ti. Mientras estés en
nuestra casa, deberías decirnos por lo menos a dónde estás yendo – Kenji
trataba de respirar más pausadamente.
–Pero qué rayos. Yo sí
empiezo a prohibirte las salidas – estalló Reika – Aún eres una niña de 15
años. Estamos yendo a la escuela y no parece importarte para nada. Desde ahora
te vas a quedar con nosotros y después de la escuela nos quedamos aquí.
–Estás exagerando, Reika
– reclamó ésta vez más incómoda – No puedes ponerme esas condiciones. Tú no
eres mi...
Antes de pronunciar esa
palabra, la misma Madison se detuvo y colocó una mirada triste.
–No soy tu madre... Y
tampoco me gustaría ser como ella – dijo Reika en un murmullo, aparentemente
igual de incómoda que Madison al mencionar aquello – Me preocupo bastante por
ti, prima. Tal vez sí estoy exagerando, pero me gustaría que no nos preocuparas
de esa manera.
–Entiendo... Yo no me he
portado tan bien que digamos... – terminó aceptando Madison – Lo que sí puedo
prometer ésta vez es que salgo con ustedes a la escuela... Y tal vez no salga
hasta el 31. Creo que él lo entenderá.
Kenji chasqueó los dedos
y dijo:
–Sabía que había un “él”
– declaro un poco más animado.
–Y lo mejor de todo es
que estamos hablando de un “él”, hombre, chico, varón... – completó Reika,
también animándose.
–El hecho de que tenga
mi herencia como guerrera, no significa que acepte también las tendencias
sexuales de mis ancestros – agregó Madison – Y no es mi novio... Aún.
–En fin... Ya nos lo
contarás todo mañana porque estoy que muero del sueño – dijo Reika y luego
sonrió – Y si no te nace decírnoslo todo, te lo saco a cucharadas.
–No es buena opción
revelar las estrategias, Reika... Pero de todas maneras gracias.
Kenji también volvió a
su habitación, donde Ryo estaba completamente dormido en el futón del piso. Se
volvió a cubrir con las frazadas de su cama y trató de dormir, pero al cerrar
los ojos empezó a tener una pesadilla. Ryo se despertó levemente y vio a Kenj
quejarse dormido, pero tuvo miedo de despertar a su amigo.
* * *
Cuando Francis volvió a
su cuarto y vio a Lena esperándole sentada en su cama, sacó una bolsa de su
chaqueta.
–¿Lo conseguiste? – le
preguntó la rusa.
–Tenlo... – le dijo al
darle un gran diamante – ¿Para qué querías que robara un tonto diamante para
ti?
–Créeme que me gustaría
quedármelo... Pero no es para mí. De todas maneras gracias por el favor...
¿Francis?
–Sí. Así me llamo. Si no
te molesta... Quiero dormir. He estado trabajando en el local y evitando que me
atrapen por tu “trabajito”.
Lena lo miró vacilante
unos momentos y entonces pareció notar algo en él.
–Ya me acabo de dar
cuenta – dijo sonriente.
–¿Y qué es eso de lo que
te diste cuenta?
–Tienes a una chica en
la mente... Y no es como cualquier otra con la que hayas pasado un buen rato.
–¿Yo? ¿Enamorado? Debes
estar bromeando.
–No me equivoco en mi
campo. Afrodita nunca se equivoca si del corazón humano se trata, querido
Francis.
Francis aparentó
normalidad y echó un vistazo a la chaqueta que Madison dejó olvidada.
–Si así fuera, no sería
de tu incumbencia.
–Sabes de lo que soy
capaz... Bien podría darle un empujón a la chica para que te haga caso... – y
se acercó más al oído de Francis antes de marcharse – O podría ser un destino
peor si ella olvidara que existes o tal vez si ella ya no vuelve a aparecer en
tu vida... Cualquier cosa siempre y cuando me hagas enojar. Buenas noches... O
casi buenos días.
No había forma de que Madison y Afrodita se conocieran ¿O sí la había?
[1] El nombre del local es
de un club que se menciona en Full Metal Alchemist... Es que no se me ocurría
otro nombre ñ__ñU
| Episodio Anterior |