Deux Kratos: Pantheon

  

Decimoctavo Acto: Detalles

 

 

El 31 de Octubre, Halloween, estaba a cinco días, exactamente. Ese mismo sábado, Tetsuo y Aoshi ensayaron una vez más las notas a tocar. Los únicos en el departamento de Aoshi eran él, Tetsuo, Mizuki, Kenji y Ryo. Los tres últimos quisieron pasar el día con los chicos ensayando mientras las chicas andaban en sus propios asuntos.

 

–Otra vez... Siento que falta algo... – Aoshi trató de pensar – ¿Puedes agregar un bajo, Tetsuo?

–Hay cuatro instrumentos programados y no hay espacio para uno más... Si quieres que agregue el bajo, tendrás que quitarle una de las funciones adicionales que coloqué – le dijo mientras volvía a revisar los controles de su teclado.

–¿En dónde vamos a encontrar un bajista a último momento?

–Les ayudaría... Pero les dije que tengo trabajo a las 4.00 – dijo Kenji.

–Recién hoy me arrepiento de haberte dejado salir de la banda – bufó el castaño.

–Como les dije... Cualquier cosa que necesiten allá, yo llego a las 8.00.

–Entonces ahora coge el bajo de mi habitación y ponte a practicar con nosotros por si las moscas – le mandó Aoshi.

 

Kenji obedeció y fue a la habitación de Aoshi por el bajo. Ryo y Mizuki siguieron observándoles tocar, mientras ellos dos miraban las partituras, aunque realmente no sabían leer pentagramas.

 

–Música nunca fue mi fuerte – comentó Ryo – Con las justas pasé con la flauta pero de ahí ni más...

–Supongo que una cosa es escuchar y otra es la interpretación – dijo el serio Mizuki – No me gusta mucho participar en eso, pero voy porque Tetsuo y Maaya me quieren ahí.

–Bueno... – asintió Ryo

 

No sabía qué comentar con Mizuki. Normalmente él sólo hablaba con los que estaban en la escuela con él y no había interactuado mucho con el peliblanco, por lo que estaba inseguro de qué tema podrían mantener los dos en una conversación.

 

Tetsuo comenzó a tocar una canción con el teclado y Mizuki comenzó a cantar la letra en muy buena entonación, cosa que dejó sorprendido a Ryo.

 

–Creí que no te gustaba – le dijo el chico de lentes.

–Y no me gusta... Se me ha hecho costumbre escucharlo ensayar desde mi departamento y terminé memorizando la letra...

–No me refiero a eso... Eres muy bueno cantando.

–Tampoco para tanto... – dijo con un leve sonrojo.

–Si es cierto – intervino Tetsuo, el cual no había evitado escucharlos – Incluso podría ponerte en lugar de Aoshi, Mizuki.

–Jaja... Ni te atrevas a quitarme el rango de líder – bromeó el castaño – Pero creo que también debo unirme al resto en la opinión de que tienes buena voz, Blanco.

 

La puerta se abrió y entró Emi, la hermanita de Aoshi. Tetsuo tragó saliva y trató de parecer ocupado en su teclado nuevamente.

 

–Hola, Ryo-kun. Hola, Mizuki-kun... Hola, baka – le dijo a su hermano, el cual le respondió con un “Pequeña peste”. Entonces ella sonrió más cuando vio a Tetsuo trabajando – Hola, Tetsuo-kun ¿Está todo listo para el concierto?

–Y me gustaría que fuera concierto, Emi-chan – sonrió – Pero al menos me conformo con una interpretación pública, aunque no con la paga que merece nuestro talento – bromeó.

–Ojalá que les vaya bien en la noche... – se sonrojó levemente al no saber qué más decirle.

 

Tetsuo entonces volvió a recordar de lo que hablaban antes de eso.

 

–Oye, Mizuki ¿Seguro que no quieres cantar? Acabas de decir que te aprendiste todas las canciones del grupo.

–Ah... Sí... No sé, Tetsuo... No me gustan las apariciones públicas...

–Será divertido... Y es muy probable que Kenji también vaya a tocar con nosotros.

 

Mientras Tetsuo seguía diciendo lo bien que cantaba Mizuki, Emi no evitó sentirse fuera de lugar, así que cogió su mochila y se dirigió a su habitación. En el pasillo tropezó con Kenji, el cual salía del cuarto de su amigo con el bajo. El muchacho notó que algo le pasaba a la niña, ya que ésta ni se fijó que se había topado con él.

 

–Oye, Aoshi ¿Le pasa algo a Emi-chan? – preguntó Kenji.

–Nada del otro mundo... – Aoshi miró a Tetsuo.

–No sé... Ya se le pasará, supongo – dijo Tetsuo.

–No le tomen importancia... Aún es una chiquilla y tiene la ilusión de que Tetsuo es chibolero[1] – completó Aoshi, y luego volteó hacia Tetsuo – ¿Y no es cierto, verdad?

–¿Por quién me tomas, idiota? – respondió – Estamos hablando de tu hermana, que es como si fuera la mía también.

–No estaba de más la advertencia y el cuidado.

 

Aoshi fue a la cocina para sacar unas latas de gaseosa del refrigerador y lanzó una a cada uno.

 

–Como sea... – completó el castaño – Entran con la mitad de descuento los que lleven un disfraz.

–¿Disfraces? ¿Y recién nos lo dices? – protestó Kenji – ¿Cómo se supone que consigamos disfraces cuando faltan unas horas?

–¿Olvidé mencionarlo? Nah... No es tan necesario. Si entran así, tendrán que participar en el concurso de disfraces y pasarán a ser Otakus[2].

–¿Y? ¿Qué hay de malo con ser Otaku? – bromeó Ryo.

–Claro... No hay nada de malo si ves a uno cada vez que te asomas a un espejo, Tenryo – se burló Tetsuo.

–Muy chistoso... – respondió.

–Bueno, bueno... Hay que seguir practicando. No más charla de comadres, señores interrumpió Aoshi.

 

Volvieron a tocar sus instrumentos, ésta vez con Kenji acompañándoles con el bajo. Mizuki y Ryo siguieron las canciones con interés y de vez en cuando movían un dedo al compás de la música.

 

Emi miró desde la puerta de su cuarto, centrándose de vez en cuando en Tetsuo.

 

* * *

   

Todomaru koto wo shirazu ni Hashiri-tsuzuketekitan'da
Ashiato dake fukaku kizamu you ni

Corrí para llegar aquí, sin conocer ataduras
Como esas historias de grandes legados

Yuruginai kono shunkan Jibun no mono ni suru tame
Kara wo yabure Sono ryoute de

Para hacer este solo, firme momento mi propio 
Yo rompí el molde con estas manos

Dare mo ga hitori no yoru wo koete Sou Itsuka tadoritsukeru
Mune ni himeta kibou e to tsuzuku michi

Para llegar aquí, todos tenemos que superar sus propios miedos 
En el camino dónde pueden comprenderse los sueños ocultos

Mezame-hajimeta jibun wo Mirai e hokoreru made wa
Akiramenai Koko kara

Yo me comprenderé hasta que yo pueda alabar el futuro 
Yo ya no me rendiré

I can do it for brave Kono hiroi sekai de
Hitotsu ja nai kotae wa kitto aru
I can do it for my life Donna ni tookute mo
Mae wo miteru Kodoku na ATHLETE
Yo puedo hacerlo, para valiente, en este mundo ancho ancho 
Yo estoy seguro hay más de una respuesta 
Yo puedo hacerlo, para mi vida, no importa qué lejos 
Yo pareceré delante, como el atleta solitario[3]

 

Francis continuó cantando mientras seguía lavando vasos de la barra. Él también debía presentarse en la noche del 31, y no era una oportunidad que se le presentara muy seguido.

 

–Espero que hoy no la hayan castigado – dijo para sí mismo mientras secaba otra copa.

–Quién sabe... tal vez no – interrumpió Tachi, un muchacho del local, sorprendiendo al extranjero.

–No te aparezcas así.

–Eres tú el que parece ido de esta dimensión...

–Sabes que tengo muchas cosas en la cabeza. Y ahora acabo una más – dijo terminando de secar otro vaso – Ahora falta el resto de la canción y el resto de los vasos.

–Es irónico que sólo sepas lo justo de japonés y te pongas a cantar eso.

–Se me quedó de memoria de una serie que están pasando. Para las fiestas, se juerguea mejor en mi país que aquí.

–En fin. Van a venir más muchachos que sabrán más de la música de aquí que tú, así que busca más para tu repertorio – le dijo el muchacho.

–Eso será lo de menos. Por fin tendré una oportunidad de sobresalir en éste país, Tachi. En el mío no sobresalía por más que trataba, pero aquí me irá bien.

–Y más vale que tu nueva damisela vea lo bien que avanzas – le dijo el otro.

–Madison no es mi novia... Los dos nos entendemos porque pasamos prácticamente las mismas situaciones, nos gustan muchas cosas más... y es la única persona que conozco que no necesita que le hable en japonés porque también habla español... – Francis no evitó sonreír.

–“Maldición del Inmigrante”... Una de cada cien personas habla castellano aquí – el muchacho sonrió un poco – Aunque se ven muy cariñosos para ser “Sólo Amigos”.

–Deja tus suspicacias que vas a terminar pegándomelas a mí también – rió mientras le daba con la toalla de los vasos – Y será tu culpa si me pongo estresado y no canto bien.

–Como quieras... Pero también será tu culpa si no hay vasos suficientes para la primera ronda, así que ponte a lavar.

–Y tú termina de lustrar el piso – respondió Francis.

 

El muchacho cambió el canal de un televisor del local y sintonizó las noticias.

 

«Después de esa interesante nota, ahora les traemos los informes sobre el misterioso robo de la joyería Oceanic Pearl, una de tantas propiedades del multimillonario Hanajima Goro » – continuó el conductor – «Sólo se han encontrado a dos sospechosos que se encontraban próximos a la escena del crimen. Misteriosamente, ambos se encontraban atados al muro con concreto con el mismo material mencionado»

 

Cuando pasaron las imágenes, se veía cómo Yamato y Roy estaban siendo llevados por la policía. Obreros con taladros se marchaban con los pedazos del concreto.

 

–Vaya cosas... Así es la vida – Francis sonrió encogiéndose de hombros al reconocerlos a ambos en la televisión y continuó secando un vaso más.

 

–¡Ya les dijimos que no tenemos nada que ver! – les siguió insistiendo Yamato a los policías.

–Díganle eso al comisario – respondió el policía mientras los metía al auto.

 

Como fondo de toda la escena, Cerbero se llevó el celular en el hocico y se fue tranquilamente, mientras Yamato lo veía y pensaba un «Perro cobarde».

 

Lina y Misty, las cuales observaban las noticias desde el departamento que ocupaban, se quedaron boquiabiertas al ver a ambos en la televisión.

 

–Seguro hay una explicación... Creo...– Misty seguía sonriendo, pero con un gran esfuerzo por mantener la expresión.

–Yamato... Eres un idiota – murmuró Lina.

 

El celular de Lina sonó y ella contestó.

 

–Diga...

–Lina ¿Viste las noticias? – le dijo Reika.

–Sí... Por desgracia.

–Sería mejor que vayas a sacar a Yamato-nii del problema... Y de paso también liberas a mi profesor de Literatura – le dijo su prima.

–Tenía pensado hacerlo...

–Claro que lo tienes que hacer. Sin Yamato-nii ya no tendré cuñado – rió Reika, con lo cual Lina tuvo unas ganas de aplastar el teléfono con su mano, pero se contuvo al recordar que no le alcanzaba para comprar un nuevo aparato.

 

Se escucharon toquidos de puerta y Misty fue para atender. Cerbero seguía parado frente a la puerta con el celular de Yamato en el hocico, el cual entregó a la elfa. La ilusión que ocultaba las dos cabezas laterales se desvaneció y el can se sacudió para luego ir hasta la sala y acomodarse en la alfombra. El perro bostezó con sus tres cabezas y se echó a dormir. Lina miró seria al perro y supuso que Yamato estaba bien si Cerbero estaba tan tranquilo.

 

–Pues no sería una gran pérdida – añadió Lina.

 

Misty le hizo una mirada a Lina, con lo cual entendió que ella quería hablar con su prima.

 

–Buenos días, Reika – saludó la elfa.

–Buenos días, Misty-san. Espero que pueda sacar también a mi profe... aunque no creo que se olvide así de fácil de la tarea.

–Descuida. No se olvida de nada – siguió sonriente – Quisiera pedirte un favor...

 

* * *

 

–Tienen visitas.

 

Se abrió la reja y pasaron las dos chicas para ver a los dos detenidos, los cuales tenían una expresión de tedio. Hasta el momento, Lina y Misty pudieron deducir que Yamato y Roy habían pasado todo ese tiempo que llevaban en la Estación de Policía sin dirigirse la palabra.

 

–Espero que tengan una excusa muy buena – dijo Lina con mucha seriedad.

 

Yamato conocía esa mirada de su ex. Incluso la pronunciación de la letra “A”, o guardar silencio por 10 segundos, sería un motivo de regaño. Se resignó a recibir regaño sí o sí.

 

–Es el colmo. Aún sin estar contigo me sigues poniendo en estos predicamentos y para colmo arrastras a terceros – le gritó Lina.

–Lina-san... Sólo perseguimos al ladrón del diamante Yamban – interrumpió Roy.

 

Al escuchar el nombre del objeto robado, las dos mujeres abrieron muy grandes los ojos por la sorpresa, pero Yamato no entendía el motivo del asombro.

 

–¿Has dicho que robaron el diamante Yamban? – dijo Misty.

–No es posible... – siguió Lina.

–¿Qué sucede con ese diamante en especial? – preguntó la reencarnación de Hades.

–Ese diamante es un talismán africano usado en el culto a los dioses... – explicó el mayor de los Flanagan – Recoge la energía vital del usuario, en ese caso un sacerdote y un sacrificio, pero requiere para ello un ritual apropiado.

–El templo que adoraba a esas deidades fue destruido por los colonos y la joya fue vendida. No es dañina siempre y cuando no se apliquen todos los procedimientos, pero la joya en sí vale mucho... Tanto mística como económicamente – completó Misty.

–Lo increíble del robo es que hayan pasado la seguridad de la joyería – dijo Lina – Se sabe que toda propiedad de Goro Hanajima es impenetrable. Cada edificio suyo cuenta con sistemas de seguridad de alta tecnología. Ningún ladrón profesional podría eludir los sensores...

–Tú lo has dicho... – concluyó Yamato – No era un ladrón profesional... Pero sí era alguien muy fuera de lo común.

 

Interrumpieron la charla cuando un policía apareció.

 

–Pueden irse. Disculpen por el malentendido.

–Ya era hora – refunfuñó Yamato.

–Y quien hizo el trámite de liberación desea hablar con ustedes.

–¿Quién será?

 

Los cuatro salieron de la celda y llegaron hasta la puerta. Vieron un auto negro de lunas polarizadas. Al bajar el vidrio, Marla Winslow se dejó ver con gafas oscuras. La mujer sonrió y guiñó uno de sus ojos verdes.

 

–Espero que la hayan podido pasar cómodamente en la comisaría – dijo Marla.

–Y no creo que hayas pagado nuestros permisos de salida de buena gana – contestó Roy.

–Lo hice con toda mi buena voluntad. Qué es un favor entre un dios y otro semejante... Además de los tratos con los Sacerdotes de Olimpo – Hestia abrió la puerta trasera para que abordaran – Y creo que no les va a ser molestia alguna si nos cuentan a Goro y a mí los detalles del “pequeño incidente”.

–¡Sabía que Hanajima te estaba enviando! – exclamó Lina.

–Prefiero que él crea que fue iniciativa suya... Entre nos, ya lo había pensado antes de que la frase saliera de su boca – guiñó un ojo y encendió el motor – ¿No quieren que los lleve?

 

* * *

 

–¿Qué clase de favor te pidió Misty-san, Okubo? – preguntó Maaya al recibirla en el minimarket.

–Algo de rastreo... Pero aún no me envía el objeto que necesito – le contó ella mientras cogía algunos productos en la canasta.

–Creo que tiene que ver con el robo por el que se llevaron a Kobayashi-san y a Flanagan-sensei a la comisaría.

–Supongo que sí... Mientras venía, me llamó Lina para decirme que lograron soltarlos por falta de pruebas. Pero no creo que puedan darme alguna pista para hacer la localización...

–Pues si Misty-san te lo pidió y pensó en lo mismo que tú, me doy la idea de que ella habrá conseguido algo.

 

Reika cogió otro paquete más de sopa instantánea y continuó contando.

 

–No les he dicho nada a los muchachos todavía. Todos están en casa de Aoshi con el asunto de la Guerra de Bandas el 31, así que aún no vieron la tele. Si no, ya me habrían llamado.

–Cuando a Yamaki y a Akiyama se les mete la música en la cabeza, no hay nada que los saque si no es dando el espectáculo – suspiró Maaya.

–De todas formas veremos a los muchachos... Y es muy seguro que Aoshi cantará como los dioses... Literalmente hablando, claro está. Aunque Ares no era muy conocido por su sentido musical, lo cual significa que esa faceta es de Aoshi-Aoshi.

–No me importa que cante bonito o no – Maaya negó con la cara del mismo tono que su cabello.

–En fin. Todo sea para que ganen ese contrato. Y para eso, nos podemos poner lindas y apoyarles. Sabes cómo son los chicos en cuanto al “apoyo moral” que reciben.

–Ya se me están quitando las ganas de ir... – murmuró con una mueca.

–¡Señor Shikura! ¿Puede Maaya ir conmigo a ver tocar a los muchachos? – gritó Reika

–¡Sí puedes, Maaya! ¡Y quédate a dormir con una de tus amigas para que no te pase nada de madrugada! – respondió el papá de Maaya desde la bodega.

 

Maaya se quedó boquiabierta.

 

–Está bien. Para que no sigas fastidiando.

–Osu! – exclamó la triunfante rubia – Y si gustas Madison y yo te prestamos ropa. Casi siempre te veo con el estilo deportivo.

–¿Qué tiene de malo mi ropa?

–Vamos a ir a una discoteca, Maaya. No iremos al gimnasio.

–Está bien... Entonces voy a tu casa después de clases.

 

Maaya registró cada producto que cogió Reika y revisó el resultado de la caja.

 

6500 yenes[4].

–¡¿Qué?! ¡No pensé que fuera a salirme tanto! – lloriqueó Reika.

–Deja la mitad de tus compras, por ejemplo... ¿Un ejemplar de “Señoritas”?

–La leo por el artículo de “Qué vergüenza”. Este mes una recopilación de situaciones embarazosas en piscinas públicas.

–Quítalo y lleva sólo lo que van a comer en tu casa.

–Momentos en los que olvido sacar más dinero del banco...

–Para ser tú, me extraña que compres tantas revistas femeninas. "Cosmopolitan" es lo más frío y superficial que compran aquí – Maaya señaló la otra revista.

–Pues... – Reika se acercó a Maaya para decir en volúmen más bajo – Los tips de "relaciones calientes" son interesantes.

–¡Pervertida! ¡¿Qué haces leyendo esas cosas?! – exclamó la pelirroja con notoria vergüenza.

–¿Acaso no te da curiosidad? – respondió Reika con una sonrisa pícara – Al menos uno ya tendrá una idea global cuando llegue la hora. Se supone que a todos a esta edad se nos da por investigar un poco...

–N-no todos somos como tú... – refutó muy avergonzada. Ella misma reconocía que le daba curiosidad a veces, pero tenía que ser ejemplo te todos.

 

* * *

 

–Entiendo... Entonces están diciendo que el sujeto tocó la pared e hizo que aparecieran muros y otras cosas del mismo – repitió Goro, luego de escuchar la narración de Yamato y Roy.

–Ni yo lo creí... Pero al final el muchacho se las sabía todas para hacer salir sus habilidades con tal destreza – siguió contando Yamato.

–¿Vieron cómo era el sujeto? – preguntó Hanajima.

–Estaba muy oscuro – dijo Roy – Sabemos que era un adolescente porque soltó una que otra frase en modismos. La voz era definitivamente una señal de eso.

–Voy a hacerlo más gráfico... – Yamato se concentró en el recuerdo de la noche anterior y logró que la oficina se viera como el callejón, reproduciendo exactamente la escena de la noche anterior.

 

Goro seguía sentado tras el escritorio, Marla estaba parada al costado de él y Lina y Misty veían la ilusión desde el sofá. Los seis analizaron cada detalle de la escena congelada, en la cual el muchacho huía, Cerbero terminaba de romper el muro y Yamato y Roy estaban atrapados contra la pared frente a frente.

 

–Debo admitir que los dos se ven chistosos así – rió Marla.

–Noten que sólo se levanta el concreto, pero los otros materiales no cambian de forma – dijo Misty al señalar fierros y tubos dentro del concreto, mientras que el resto del muro estaba perfectamente liso.

–Elemento Tierra...

–No se ve cómo es el ladrón – dijo Lina al ver que la figura del ladrón seguía en negro.

 

Yamato entonces recordó que hubieron chispas antes de que el sujeto saliera del callejón. Dejó que la escena corriera hasta que estalló una luz por la salida del muro (éste había dañado un sistema de cables bajo el suelo), entonces congeló nuevamente.

 

Sólo pudieron percatarse de algunos rasgos físicos del rostro del muchacho y el tono oscuro de la piel. Yamato rompió la ilusión del cuarto y volvió a sentarse cansado. Aún no lograba mantener sus poderes del todo.

 

–Es un latino... – notó Marla.

–Entre brasileños, mexicanos, peruanos, chilenos, argentinos y demás inmigrantes... ¿Qué posibilidades tenemos de hallarlo? – preguntó Lina.

–Supongo que tendremos que trabajar mucho en éstos días – dijo Misty, sacando su dije azul.

 

* * *

 

Ya era 31 por la mañana. Aún tenían clases durante el día, pero luego irían a la discoteca Devil’s Nest para la presentación de Tetsuo y Aoshi en escena. A las 10.30 tenían Química en el Laboratorio N°5.

 

–Recuerden calentar el agua destilada hasta el punto de ebullición antes de echar la solución – les dijo la profesora.

 

Tetsuo estaba sentado con Madison, Ryo con Reika y Kenji con Aoshi. Cada uno estaba trabajando en el experimento asignado.

 

–¿Aún no tienen nada sobre ese incidente de la joyería? – preguntó Aoshi susurrando.

–Aún nada. Pásame el óxido de hierro – le dijo Kenji, más concentrado en el experimento.

–Un dios ladrón que se basa en el material mineral... Un Elemento Tierra igual que yo... – murmuró Aoshi, recordando lo que Lena le dijera.

–¿Qué dijiste? – preguntó Kenji cuando terminó de agregar una cucharada del óxido.

–¿Qué pasa con lo que dije?

–Reika y yo aún no le habíamos comentado a nadie los detalles que nos dijo Misty-san, ni siquiera Ryo lo sabía aún – hizo notar Okubo – ¿Cómo lo supiste antes de que lo contáramos?

–¿Ah?... Estoo... – Aoshi trató de pensar rápido en algo – Las noticias, pues... Vuelan rápido... y por ahí escuché a Flanagan comentándolo con Yamato por teléfono.

–Por un momento pensé que tenías informantes – bromeó Kenji.

 

El castaño rió bajito fingidamente para ocultar el alivio de nervios.

 

–Bueno... Ya se encargarán de eso. Ahora dime si en verdad van a necesitarme para la presentación de hoy.

–Claro que sí, Kenji. Sin bajo no hay armonía, así que te presentas apenas termines de hacerla de niñera.

–Trataré de hacer lo posible... – Kenji echó una gota del catalizador y el agua cambió a rojo.

–Sí, sí. Y creo que para ir a tocar, debemos terminar rápido el experimento – Aoshi cogió una botella y la echó al agua roja.

–¡No! ¡Aún falta el Potasio!

 

Todos los demás voltearon a ver lo que se había armado en la mesa de Aoshi y Kenji. Todo estaba negro y había polvo rojo por todos lados de la mesa. Kenji se sacudió el hollín del pelo y Aoshi seguía tosiendo.

 

–Revisen sus manuales para la próxima y sigan los procedimientos en orden ¿Entendió, Yamaki? – dijo la profesora.

–H-hai... – dijo con dificultad, pero no podía hablar claramente.

 

Al ver eso, la profesora le revisó cada centímetro a Aoshi. Reika, Ryo y Madison no pudieron reprimir unas cuantas carcajadas al ver así de sucios a ambos, pero Tetsuo no se veía para nada divertido, mas bien preocupado.

 

–Cosas así se pueden evitar si pusieras más atención a tu trabajo, Yamaki – dijo la profesora al terminar de ver si no tenía nada más grave, luego se dirigió hacia Kenji – Okubo. Acompáñalo a la enfermería. Y de paso aséate un poco.

–¿Puedo ir con ellos, sensei? – preguntó un intranquilo Tetsuo.

–Bien, pero regresa rápido.

 

Mientras caminaban hacia la enfermería, Aoshi seguía tosiendo.

 

–Ojalá no se te haya ido la voz... – dijo Tetsuo.

–Creo... que... fue la... impre... sión... – dijo a duras penas.

–¡No jodas! ¡Tienes que estar bien en unas horas! ¡¿Cómo vas a cantar con la garganta así?!

–Gracias... por la... preocupación... – dijo con todo el sarcasmo posible.

–Vamos a ver si la enfermera puede ayudarnos – les trató de calmar Kenji.

 

Al llegar a la enfermería, los tres se sorprendieron al ver ahí a Misty. La sacerdotisa olímpica estaba como siempre: en la bata blanca de doctor, los lentes y las orejas acortadas.

 

–Misty-san ¿Qué hace aquí? – preguntó Kenji.

–Como hoy no vino Roy, aproveché que tuve una oferta aquí y de paso seguía en la búsqueda – para explicarse mejor, Misty sacó la piedra de su collar, la cual seguía sin emitir el brillo que indicaba presencias de dioses nuevos – En fin ¿En qué puedo ayudarles?

–El cabezota de Aoshi está con la garganta fregada – dijo un molesto Tetsuo.

–A ver... Ven aquí, Aoshi-kun – mientras le revisaba la garganta, Misty escuchó de Kenji sobre el pequeño accidente en Química.

–¿Puede hacer algo, Misty-san? Yamaki tiene que cantar esta noche – insistió Akiyama.

–Increíble que tal impresión te haya quitado así la voz. Pues es natural que el susto y el humo te hayan ocasionado esto – comentó la señorita Flanagan – Bien. Haré algo, pero que quede entre nosotros cuatro.

 

Se frotó las manos y las pasó por la garganta de Aoshi. El muchacho sintió cómo la temperatura de las manos de la elfa cambiaba de tibias a frías. Cuando terminó, Misty lo soltó.

 

–A ver, hagamos una prueba. Di algo, Aoshi.

–¿Algo como qué? – preguntó el castaño sin dificultad.

–¡Genial! – exclamó Tetsuo – ¿Cómo lo hizo, Misty-san?

–Técnicas de curación de familia... Pero no le digan a nadie que pasó esto. Sin embargo debo advertirte que sólo te di la facilidad para que pudieras hablar sin dificultad. Tu voz estará normal y sin dificultades en unas doce horas, por lo que no sería bueno que varíes los tonos o la fuerces mucho.

–Por si debo traducirlo, no puedes cantar – intervino Kenji.

–¿Qué? ¿No puedo cantar? – Aoshi ésta vez estaba más asustado.

–Sólo por unas doce horas.

–¡Tenemos que presentarnos a las 8.00!

–No puedo hacer nada más al respecto... Es eso o dos semanas sin comer helados y depender de la mímica – Misty sonrió y le dio una paleta de caramelo a Aoshi – Es para endulzarte un poco el resto del día.

–No quiero una paleta – Aoshi estuvo a punto de devolvérsela con un puchero, pero vio el color y la probó – Vaya... De cereza.

–No es momento para preocuparte por un dulce. Al menos aún puedes tocar la guitarra, Aoshi. Pero necesitamos a alguien que sepa tus canciones completas – dijo Kenji.

 

Entonces Tetsuo pensó en algo. No sería mala opción, incluso le pareció muy buena opción, sólo esperaba que él aceptara. Cogió su celular y marcó el número.

 

* * *

 

–No me voy a poner eso – dijo Maaya.

–Si te queda muy bien el tono malva – Madison siguió tratando de convencerla.

–Y con esta faldita quedarás bien – agregó Reika.

–Más que falda parece cinturón – se opuso la pelirroja.

–No seas exagerada que es sólo hasta la mitad del muslo – dijo la rubia.

–¿Qué insinúas sobre mi ropa? – preguntó Madison con una ceja alzada.

–No dije nada sobre tu ropa. Pero vamos a ir a escuchar música en una discoteca, no iremos a la playa.

 

Desde la sala se escuchaba el griterío de las tres chicas que estaban encerradas en el cuarto de Reika. Kenji había recibido una llamada de la señora Ishida, la cual le había dicho que ya no tenía que cuidar a los niños. Él y Ryo se encontraban en la sala y ajustando el bajo de Kenji para la noche en la discoteca.

 

–Qué tanto escándalo harán ahí – comentó Kenji al escuchar otro grito de Maaya.

–Mujeres... – suspiró Ryo.

–Aún sigo preocupado por lo que nos comentaron sobre el ladrón de la joyería.

–Tengo entendido que Oceanic Pearl era otra propiedad de Hanajima.

–Goro no me comentó nada al respecto. Recién me enteré del asunto porque Lina llamó.

–Generalmente Hanajima te diría sobre estas cosas.

–Realmente no te puedo asegurar nada sobre él, Ryo. Hay veces en las que me presta atención y otras en las que sigue conservando la imagen de serio.

–Seguramente no le es fácil... pero es raro que contigo hable tanto si no se conocen.

–Quizás trata de que revivamos la relación de tutor-protegido que teníamos hace milenios.

–¿No estábamos hablando sobre el problema del otro dios? Tendremos suerte si no trata de matarte.

–Para variar... – Kenji hizo una mueca al recordar que medio Olimpo Divino quería matarlos a él y a su hermana.

–Hemos estado tranquilos unos cuantos meses. La última que trató de matarte fue Démeter... Hablando de ella ¿Sabes si la señora Ceres se encuentra bien?

–No tengo idea... En el hospital no nos dieron datos, ni siquiera Perséfone sabe algo sobre ella – Kenji dio otro acorde para probar el ajuste.

–Está perfecto ese bajo. Y eso que Aoshi dijo que estaba viejo.

–Viejo pero con experiencia – sonrió Kenji al darle unos acordes más.

 

Se levantó del sillón y guardó el bajo en su estuche. Antes de levantar el instrumento, su vista se nubló y comenzó a ver columnas que salían del suelo. Volvió a la realidad cuando Ryo lo volvió a llamar.

 

–Pareces ido – le dijo su amigo.

–No es nada, Ryo... – trató de sonreír para aparentar normalidad.

 

Como Ryo no tenía ropa adecuada para el ambiente, le pidió algunas camisas prestadas a su amigo; en éste caso era la de color azul con hiedras verdes, mientras Kenji usaba una camisa de mangas cortas color anaranjada y cierre.

 

–Apúrense o las dejamos – les gritó Ryo.

 

Madison salió con su vestido corto lila, seguida por Reika, la cual estaba usando unos jeans a la cadera y el top strapless negro.

 

–¿Tanto demoraban? – preguntó Kenji.

–Culpa a la exagerada de Maaya – Reika echó una mirada a la puerta de su cuarto.

–Sal de ahí, Maaya. Estás tan bien que consideraría el fijarme en ti en lugar de Francis – le dijo Madison en broma, pero no pareció hacerle gracia a los demás – De acuerdo, tal vez no a tal punto.

–No me dijiste que “Él” se llamaba Francis – sonrió Reika a su prima.

–¿No lo mencioné? Bueno, ahora lo sabes.

–Me dirás todo de ese chico, prima.

–A ver... Un muchacho alto, moreno, de encanto latino sorprendente... lo tienes que ver tú misma.

–Esto... ¿Pueden dejar el tema hasta que Maaya salga? – interrumpió un apenado Ryo, sintiéndose raro al escuchar a Reika hablando sobre los encantos de otro hombre.

 

Maaya salió luego de unos minutos con una larga gabardina negra que pertenecía a Reika.

 

–Ya. Vámonos – dijo de mala gana mientras caminaba apresurada a la puerta.

 

Kenji y Ryo estaban confundidos, pero Reika y Madison suspiraron resignadas.

 

* * *

 

Aoshi fue el primero en llegar al local. Aún no habían dejado pasar al público en general, por lo que todo el ambiente estaba vacío a excepción de unos cuantos empleados. Se subió al estrado y probó el micrófono. Iba a cantar, pero recordó de que Misty le prohibió hacerlo hasta las 10 p.m.

 

Suspiró resignado y estuvo por bajarse cuando tropezó con Francis, quien iba a subir dos bocinas.

 

–Disculpa, amigo – dijo el otro.

–No hay problema – respondió Aoshi.

–Supongo que vienes a cantar.

–Realmente sólo toco la guitarra. No estoy en condiciones de cantar por un pequeño percance.

–Qué mala suerte. De todas formas espero que a tu grupo le vaya bien para que lleguen a segundo lugar.

–¿Segundo lugar?

–Claro. Porque yo quedaré en primero.

–Fanfarronea hasta ver en acción a Strikers.

 

Aoshi fue a la barra por agua, mientras Francis ajustaba el tablero a los parlantes. Notó una pequeña raja en el piso del estrado de concreto. Asegurándose de que nadie le viera, tocó el suelo con la palma de la mano y el suelo volvió a juntarse hasta que no hubo rastro de la grieta. Sin darse cuenta, Aoshi lo había visto todo desde la lejana barra, quedándose boquiabierto al deducir los hechos con lo poco que había visto: Francis era el dios que buscaban.



[1] Chibolero: Hombre que sale con una muchacha relativamente menor.

[2] Otaku: Fanático de anime, aunque en Japón pasó a tener el significado de “Enfermo u obsesivo por el anime”

[3] Antes era "Ready Steady Go" de L'arc en Ciel, pero me llegó a cansar el tema de tanto que lo escuché xD. Mas bien acá pongo la mitad de "No Wonder" del álbum de Atobe Keigo "Hametsu e no Rondo" (de Prince of Tennis). El seiyuu es Suwabe Junichi, y cabe mencionar que la voz de Francis la imagino con la de él xD.

[4] Si el dólar americano está algo de 103.74 yenes japoneses en este año (2004), por lo que Reika estaría pagando 62 dólares con 66 centavos de dólar. Ya! Mucha clase de matemática y bolsa xD

      

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