Deux Kratos: Pantheon
Decimonoveno Acto:
Al llegar al local,
Maaya seguía aferrada a su gabardina, mientras los muchachos pagaban las
entradas.
–Deja de tener vergüenza
¿No ves que hay chicas que se visten más perras de lo que tú dices que estás? –
le dijo Reika al ver atrás de ellas a varias chicas con microfaldas y pañuelos
que usaban por tops.
–No me acostumbro a
esto. La última vez que usé tan poca ropa fue en la clase de natación y no
habían hombres cerca – replicó Maaya.
–Como sea... –
interrumpió Kenji – ¿Aún no ha llegado Tetsuo?
–Va a venir con
Mizuki-kun – respondió Ryo – O tal vez ya están adentro.
–Pues es raro que no
hayan llegado todavía – comentó Reika.
Aoshi salió apresurado
del local, no viendo a sus amigos en el camino. Sacó un cigarrillo de un
bolsillo y trató de buscar un encendedor entre sus ropas.
–¿Aoshi-kun? – pronunció
Ryo.
–Oh, hola – respondió
aún inquieto, buscando el encendedor.
–¿Estás bien, Aoshi? –
preguntó Kenji.
–Y lo más importante
¿Desde cuándo fumas? – inquirió Reika al verle el cigarro en la boca.
–Fumo desde hace
tiempo... Y sí estoy bien... – suspiró el castaño – Les tengo que decir algo a
todos... ¿Sólo están ustedes cuatro?
–¿Cuatro? Somos cinco –
dijo Madison mirando a todos, pero se percató de la ausencia de Maaya – O lo
éramos... ¿Adónde se esfumó Shikura?
–Quizás ya pasó –
contestó Ryo.
Cuando iban a pasar,
Aoshi se resignó a buscar un encendedor que no tenía, así que guardó el
cigarrillo en su caja y se dispuso a pasar. Kenji le preguntó en la puerta:
–¿Aún no han llegado
Tetsuo y Takahashi?
–Aún nada – dijo más
intranquilo que antes, tanto que volvió a palparse la ropa para buscar su
cigarro – Dime que tienes un maldito encendedor.
–¿Me ves con cara de fumar?
– le hizo notar Kenji.
–Tu cara dice muchas
cosas excepto eso – bromeó el otro.
* * *
Tetsuo ya estaba listo
para marcharse. Luego de poner su teclado en la funda y dejarle la comida lista
a su dormido abuelo, salió de su apartamento para subir al de Mizuki y ver si
su amigo estaba listo. Como siempre, estaba usando esa pañoleta roja en la
cabeza que usaba todo el tiempo, hasta para la escuela; una camiseta negra con
kanjis blancos en la espalda, jeans desgastados y lentes oscuros redondos.
–Oye, Mizuki ¿Ya estás
listo? – le preguntó después de tocar la puerta.
Hubo un momento de
silencio.
–Mizuki, abre.
–N-no puedo... No puedo
ir...
–¿Cómo que no?
–No puedo ir y cantar,
Tetsuo... Nunca lo he hecho antes... – el chico de cabellos blancos entreabrió
la puerta.
–Hoy en la tarde me
dijiste que sí podías... Sólo tienes que estar al frente y cantar con el
micrófono en una tarima. Aoshi lo hace todo el tiempo.
–No soy tan divertido
como Aoshi o como tú. Nunca he ido a algún evento así...
–Vas a ver que una vez
que llegues terminarás soltándote ¿Ahora vamos?
Mizuki suspiró
suavemente y abrió la puerta para salir. Él iba casual, con la sudadera verde
de capucha y mangas cortas y los pantalones negros. El cabello blanco lo tenía
igual que siempre.
Aún tenían tiempo, por
lo que decidieron ir a pie. Durante el trayecto, Mizuki estaba igual de ido,
cosa que comenzaba a llamar la atención de Akiyama. Un sujeto se topó con ellos
y se fijó en el teclado que llevaba Tetsuo. Sacó un arma y los obligó a entrar
en el callejón.
–Vamos a hacerlo de la
manera buena ¿De acuerdo? – les dijo el asaltante.
Tomó el teclado de
Tetsuo y se dispuso a salir, pero Mizuki sacó sus alas y voló rápidamente para
bloquearle la salida. En la confusión, el ladrón cogió el arma y disparó, pero
la bala no afectó en lo mínimo a Mizuki, quien la había detenido a mano limpia.
–Es... un demonio... –
el sujeto corrió asustado, pero Tetsuo le impidió llegar hasta Mizuki y lo
golpeó a tal magnitud que pudo dejarlo inconsciente.
Los dos salieron
corriendo del callejón, esperanzados en que un policía recogería al asaltante,
pero Mizuki empezó a asustarse a medida que corrían. Jaló a Tetsuo por un brazo
y se ocultaron en el callejón que estaba detrás de la discoteca.
–¿Qué te ocurre? – le
preguntó su amigo.
–Las alas... No las
puedo volver a ocultar.
–¿Qué? ¿Cómo se te
atoraron?
–¡¿Cómo voy a saberlo?!
– respondió más nervioso – No puedo salir así ¿Qué tal si me llega a reconocer
alguien como el ladrón alado de hace meses?
–Uno: No fue tu culpa
porque te controlaban. Dos: La gente se olvida rápido. Los rumores de tu caso,
sólo duraron una semana y de ahí salió la paranoia extraterrestre. Tres:
Podemos meterte por la puerta de atrás de la discoteca y encontrar una solución
con los demás.
–No creo que sea una
buena idea... No puedo entrar sin una entrada y adentro harán la
verificación...
–Entonces espera aquí
mientras te compro la entrada.
Mientras Tetsuo iba
corriendo, Mizuki se sentó sobre una caja de botellas y suspiró atareado.
Primero le decían de la nada que él cantaría en un escenario frente a miles de
personas desconocidas y luego le pasaba ese incidente con las alas. Pudo
haberse negado a participar, pero era Tetsuo quien le pedía sustituir a Aoshi
como voz principal. Si se equivocaba, sus dos amigos perderían la oportunidad
de demostrar lo buenos que eran como músicos.
Inicialmente sintió a
alguien detrás suyo. Estuvo a punto de voltear, pero supuso que se trataba de
algún gato. Entonces escuchó que la puerta se abría, por lo que se escondió
instintivamente en las sombras. Quien salió era Francis, el cual estaba dejando
las botellas vacías en un contenedor. Mizuki trató de mantenerse oculto, pero
en su confusión terminó dejando caer un bote de basura, haciendo un ruido muy
llamativo.
–¿Quién anda por ahí?
Esta parte está restringida – dijo el muchacho de la discoteca.
–Lo siento... – al
instante de haber respondido, Mizuki quiso morderse la lengua, pero ya lo
habían oído.
–Oye, sal ahora mismo si
no quieres tener problemas con el gerente.
Takahashi se resignó y
tuvo que salir de su escondite. Francis lo miró de reojo y extrañamente ambos
se sintieron muy familiares. Entonces salió una de las meseras para buscar a
Francis, pero su atención también se centró en el muchacho de las alas. Tetsuo
se quedó congelado en la entrada del callejón con los boletos en la mano. Un
viento frío pasó en la escena.
–Vaya... una visión bien
gótica de los ángeles caídos – comentó la muchacha.
–¿Qué? – respondieron
tanto Mizuki y Tetsuo como el mismo Francis al mismo tiempo.
–Claro. Sí que te
afanaste para que tus alas se vieran reales. Aunque la ropa es bien simple y el
cabello está bien blanqueado – respondió la chica.
¿Pensaban que estaba disfrazado?
Eso de por sí era un gran alivio para Mizuki.
–D-de hecho... Su
cabello es natural – intervino Tetsuo eufóricamente – Nuestro vocalista
necesita verse genial ¿No es así, Mizuki?
–Ah... Sí, claro... –
respondió.
–Debieron entrar por la
puerta principal en ese caso – inquirió Francis.
–Q-queríamos...
queríamos... Que fuera sorpresa – inventó rápido Akiyama.
–Entonces entren rápido
que ahora toca coordinar – completó el latino.
Los demás entraron por
esa puerta, dejando a Francis al último. Cuando vio que los otros tres entraban
y se perdían de vista, miró al rincón oscuro donde estaba Mizuki anteriormente.
–Sal de una buena vez
¿Quieres? ¿Hace cuánto que llegaste?
–Sólo me quedé aquí un
ratito – respondió una sonriente Lena, emergiendo de la oscuridad del rincón.
Agitó su melena rubia y sonrió – Entonces llegó el chico de las plumas negras y
decidí no asustarlo más de lo que ya estaba. Sigue siendo tan lindo y espero
que igual de animado y pillo también...
–¿Lo conoces? – preguntó
al reparar en la última oración de la rusa.
–De este tiempo y
espacio, Niet. De toda una vida más de diversión... pues Da.
–Entonces es otro
fenómeno como tú...
–Como TÚ y yo,
Francis... Que no se te olvide que tú también perteneces a nuestra clase, lo cual
es todo un honor entre mortales.
–Yo no pedí ser un
fenómeno – dijo más molesto.
–Realmente deberías
considerarte “especial” y “divinidad”. Con lo que tenemos podemos alterar este
mundo como queramos. Pero aún faltan unos cuántos detalles.
Lena pasó un dedo por el
mentón del muchacho antes de dirigirse a la puerta principal.
–Que te vaya bien en tu
debut. Estaré dándote ánimos.
–Gracias – contestó
desganado.
–Ah, y a propósito... –
Lena volteó a verle – Ya te daré una señal...
Francis tardó un poco
para entender el mensaje. No se había querido involucrar, pero sabía de lo que
Lena era capaz con todo el poder que tenía, incluso ella podría tener más poder
que él mismo. Estaba confundido, no sabía qué era lo que tenía toda esa gente
rara; no sólo ella, sino también esos dos sujetos extraños que trataron de
capturarlo cuando robó ese diamante raro y al parecer el chico de las alas
negras también lo era. Se rascó la nuca y volvió a entrar al local.
* * *
Una vez adentro del Devil’s
Nest, el grupo ya estaba reunido, mientras Tetsuo explicaba a sus amigos la
coartada del “disfraz” de Mizuki.
–Pues considerando que
no hay creencia en reencarnaciones de dioses, es pasable la excusa... – comentó
Reika.
–Y es otra camiseta que
arruino – suspiró Mizuki al estar consciente de que cuando se contrajeran sus
alas tendría que coser de nuevo su ropa.
–Al menos espero que
estés bien para cantar, porque yo aún no lo estoy – comentó Aoshi, quien
tambaleaba con los dedos ante la carencia de nicotina (Maaya y Reika se
encargaron de confiscarle los cigarrillos hasta que se cumplieran sus doce
horas de cuidar su garganta)
–¿Cantar? – en ese
momento Mizuki se puso más pálido al recordar que esa era la razón por la que
iba con Tetsuo – Y-yo...
–Vas a hacerlo bien,
Mizuki – trató de animarle Maaya.
–Eso espero... No sé si
llegue a olvidar las letras de Aoshi...
–Si Akiyama-kun dice que
las has cantado todas durante sus ensayos, así que deja de pensar así – le dijo
su mejor amiga.
–Trataré, Maaya – entonces
reparó en su vestuario – El local tiene temperatura promedio ¿Por qué no te
quitas el abrigo? Pareciera que tienes calor.
–Te parece – replicó
sonrojada.
–¡Mira! ¡Ahí está Hyde!
– le dijo Aoshi señalando a cualquier lado.
–¿Qué? – a penas la pelirroja
se descuidó, Aoshi tiró de una manga y la gabardina cayó al suelo, revelando el
vestuario de Maaya.
La muchacha tenía puesto
una blusa de mangas largas y hombros descubiertos color malva, una falda corta
hasta la mitad de los muslos color negra y pantimedias de rejilla con botas
altas hasta las rodillas. Realmente tenía un busto grande para su edad. Aoshi
se quedó impresionado al verla tan diferente a lo que generalmente usaba, al
igual que el resto de los hombres del círculo de amigos. Madison y Reika
hicieron un gesto de «¿Tanto escándalo por eso?». Madison miraba sus
pantimedias y su falda con orgullo, mientras que Reika decía que a ella le
quedaba mejor su blusa que a Maaya, pero igual estaba muy bien.
–Maaya-chan...
Sabía que me apreciabas tanto como para incentivarme así – bromeó Aoshi al
poner su tono dulzón – Por ti me pongo a cantar como canario ahora mismo, y eso
que aún no he recuperado mi habilidad para la música con mis cuerdas vocales.
–En primer lugar me
sorprende que sepas lo que son las cuerdas vocales – le dijo la pelirroja, aún
con rubor en las mejillas – Y si doy apoyo, no es sólo para ti, así que no te
botes.
Aoshi regresó a la silla
que estaba al costado de Ryo y le codeó con un guiño.
–Me quiere y vino por
mí. Lo sabía – dijo triunfante, con lo cual Ryo rodó los ojos hacia arriba y
volvió a limpiar sus lentes.
–Oye, Aoshi... – Kenji
le volvió a llamar la atención – Cuando llegamos, tú saliste muy alterado...
¿Sucedió algo? ¿Qué era eso importante que querías decirnos a todos nosotros
juntos?
Aoshi estuvo a punto de
hablar sobre Francis, pero entonces vio a Lena a lo lejos, la cual sonreía como
siempre. Lo que le sorprendió más fue que se acercó directamente a Francis y le
susurró varias cosas al oído. El muchacho latino estaba muy serio al escuchar
lo que le decía la rusa y terminó por asentir. La reencarnación de Ares comenzó
a conectar ideas: Lena le advirtió sobre un dios de elemento Tierra, al igual
que él; Francis manipuló el suelo de cemento de la tarima y Yamato y Flanagan
contaron que el ladrón de la joyería de Hanajima manipuló el suelo y las
paredes; y, para terminar, en ese momento Lena y Francis tenían un intercambio
de ideas que parecían muy privadas.
–Pues... Estaba pensando
que ustedes tres no iban a llegar nunca – terminó diciendo.
–Qué poca fe me tienes,
idiota – intervino Tetsuo.
–Si eso era, me parece
que exageraste en la reacción – comentó Kenji.
–Sí, lo sé. Soy un
paranoico del orto – afirmó el castaño y luego cambió el tema – Ya quiero afinar
mi guitarra, así que olvídense.
Sin saber por qué, los
demás sentían que Aoshi estaba muy esquivo. Tenían el presentimiento de que él
sabía algo que no podía decirles a ellos; sin embargo sabían cuál sería la
reacción del castaño, el cual negaría todo al instante.
* * *
En su casa, Sakura
terminó de dar dulces a unos niños en disfraces y volvió a cerrar la puerta.
Adentro estaba ella tallando la tercera calabaza con caras graciosas, mientras
su papá jugaba con una katana de las tantas.
–¿Podrías dejar de jugar
con eso y traerme otra calabaza, papá? – le dijo al verlo afilar la espada por
enésima vez.
–Te dejo hacer otra si
pruebas una de mis “joyitas” – Katsuya le alcanzó una de sus espadas, la cual
brilló con intensidad.
–Creo que paso... – hizo
una mueca de extrañeza y volvió a tallar la boca de su calabaza.
Su padre trató de verle
la cara y entonces entendió a qué se debían tantas calabazas.
–¿Tenías planes para
hoy? – le preguntó.
–¿Planes? No, ninguno.
Sólo una noche de Halloween contigo, papá – respondió algo desganada.
–Pensé que saldrías con
Kenji-kun y los demás.
–Kenji-senpai tenía que
ir a tocar a Devil’s Nest con Akiyama-senpai y Yamaki-senpai.
–¿Y por qué no fuiste a
verlos?
–Porque... – Sakura
volvió a sonrojarse y terminó clavándole el cuchillo a la calabaza. Tuvo que
terminar haciéndole una sonrisa mucho más amplia – Porque... Kenji-senpai no me
invitó...
–¿Y?
–¿Cómo que “Y”? Papá, no
estás pensándolo bien...
–Tal vez tengas razón
porque te incito a salir con él...
–¡No digas esas cosas! –
respondió completamente roja.
–A ver... Un lugar
público donde todos pagan su entrada, hay música, entra cualquier persona, hay
barra de licores... Tienes razón. Considerando todo esto, no te hubiera dejado
ir si me lo hubieras pedido – bromeó con frescura.
–No es eso... – la chica
volvió a abrir la calabaza por la tapa y colocó una vela en el centro – Me
sentiría mal si Kenji-senpai me invitara por querer darme planes sabiendo que
no hago nada y que no tengo amigos para salir...
–Ahora sí lo complicas
más...
–Se supone que tendrías
que aconsejarme o tratar al menos de que se me olvide todo este asunto, el cual
acabas de hacerme recordar.
–Otra vez más palabras.
Sacaste eso de tu madre...
–¡Papá! – le respondió
más avergonzada.
–El lunes vas a verlos
en la escuela. Vas a ver que todo estará bien...
–Y yo a veces me
pregunto cómo puedes ser tan optimista – dijo ésta vez más calmada.
–Hay que serlo cuando se
es un hombre divorciado de mediana edad y se vive con una jovencita de 14 años
– sonrió y volvió a su katana – Ésta hoja tiene tanto filo que podría cortar
las calabazas en puré con un solo movimiento.
–Pruébala con la leña de
afuera que las calabazas aún tengo que ponerlas afuera.
Sakura salió al jardín
delantero y colocó las calabazas en el camino de la reja hasta la puerta.
Encendió las velas y miró cómo sus esculturas brillaban. Entonces sintió un
escalofrío por la espalda y la calabaza con la sonrisa más amplia se apagó de
repente. Recordó que la boca la había agrandado durante la charla con su papá
sobre porqué no fue con Kenji esa noche.
–Senpai... – murmuró
preocupada de repente.
* * *
Antes de abrir el bajo,
Kenji sintió escalofríos por la espalda y volteó la cabeza hacia la barra. Algo
le había llamado la atención del barman. Francis se percató de la mirada de
Kenji, pero no volteó a verlo y siguió preparando tragos. No supo por qué, pero
la reencarnación de Apolo comenzó a tener la vista nublada y aparecían frente a
sus ojos columnas del suelo que nadie podía ver mas que él. Al recobrar la
conciencia, Kenji se dio cuenta que era una visión más. No tenía mucho sentido
realmente.
Interrumpió sus
pensamientos cuando vio que Francis dejaba un vaso para salir de la barra. Lo
siguió con la mirada hasta que éste llegó donde Madison y la besó en la
mejilla, dejando impresionados a todos los amigos de la amazona.
–¿No nos vas a presentar
a tu amigo? – preguntó Reika con una sonrisa de interés.
–Ah, claro. Chicos, él
es Francis. Francis, ellos son mis amigos y mis primos... Kenji, Reika, Ryo,
Shikura, Aoshi, Tetsuo y Mizuki – dijo ella, señalando respectivamente.
Cada uno le saludó de
manera amistosa, a excepción de Aoshi, quien sólo le dio un firme apretón de
manos y una cara de desconfianza.
–No te ofendas. Es sólo
que se pone así de competitivo – dijo Reika.
–Como TÚ comprenderás,
Reika-chan – rió Tenryo.
–Calla, Ryo-chan –
contestó también riendo.
–Nah... Igual terminaría
ganándole – completó Francis.
Los únicos que miraban a
Francis con inseguridad eran Kenji y Aoshi. El primero seguía afectado por las
alucinaciones que estuvo sufriendo desde hacía una semana, relacionado con las
columnas de piedra que terminaban destruyendo el techo del local, pero aún no
sabía por qué tenía el presentimiento de que Francis estaba conectado a todo;
mientras que Yamaki aún dudaba si revelar la identidad de Francis frente a
todos.
–Sin más demora hay que
ir preparándose – Francis los condujo a un lado del escenario para que
instalaran sus instrumentos.
Habían muchos que iban a
tocar esa noche: un trío de chicas de cabellos coloreados y ropas provocativas,
otra banda con muchachos como ellos, unos disfrazados al estilo Dark, etc.
Fueron tocando los grupos, los cuales también eran muy buenos. El penúltimo
grupo fue en el que Francis cantaría.
–Lo conocen como el
barman del Devil’s Nest, pero hoy nos muestra que para el canto también
tira. Reciban a Francis y a los muchachos de Akai – anunció Tachi.
Escucharon cantar a
Francis, el cual, para ser extranjero, sabía dominar la canción en japonés
prácticamente a la perfección, lo cual hizo que Mizuki se sintiera más
nervioso.
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Dareka
ga waratteru |
Someone is laughing |
|
Saikou
no omae wa doko ni iru? |
Where are you? I ask |
|
Wakaranai
nanimo mienai |
I don't know, I can't see a thing |
|
Kikoenaize jitto shita mamaja |
I can't hear a thing if you just
stand there |
Llegó el turno para Strikers.
Mientras Aoshi, Kenji y Tetsuo revisaban el bajo, la guitarra y el teclado,
respectivamente, Mizuki se había quedado más blanco que una hoja de papel
cuando se paró frente al micrófono y vio a toda la gente, sobretodo al darse
cuenta de que comenzaban a murmurar sobre sus alas, sintiéndose todo un
fenómeno. Entonces sintió una mano sobre su hombro y volteó a ver a Tetsuo,
quien trataba de sonreírle.
–Trata de divertirte...
– le susurró el otro.
–Sí... – respondió un
poco más calmado.
Respiró pausadamente y
todas las canciones que tocara Tetsuo debajo de su apartamento llegaron a su
mente. Para comenzar a incentivar a Mizuki, los muchachos comenzaron a tocar
para que el peliblanco cantara. Finalmente llegó su turno. Mizuki Takahashi
subió la vista con decisión al sentir la música y cogió el micrófono decidido.
La luz se reflejaba en sus ojos pálidos y sus cabellos blancos.
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Mizuki: Strikers: Todos: |
Mizuki: Strikers: Todos: Strikers: |
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Strikers: Mizuki: Todos: |
Strikers: Mizuki: Todos: |
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Todos: Strikers: Todos: |
Todos: Strikers: Todos: |
Cuando Mizuki terminó la
canción, recibió las palmas del público. Volteó a ver a los otros tres, quienes
estaban impresionados de que todo les fuera tan bien.
–Y ese fue el grupo
Strikers – anunció el muchacho que dirigía el concurso – Quienes acaban de
hacer que este grupo nos levantara de los lugares son Okubo Kenji en el bajo,
Akiyama Tetsuo en el teclado, Yamaki Aoshi en la guitarra y las letras... Y
como invitado y dueño de esa buena voz está Takahashi Mizuki.
Al ver que había hecho
bien el número y recibir la aprobación de sus amigos y toda esa gente hizo que
se sintiera muy bien. Nunca sintió que podría divertirse tanto alguna vez de su
vida.
Ahora se preparaban para
la segunda canción, pero Kenji comenzó a tener dolores de cabeza, tan fuertes
que tuvo que apoyarse contra la pared, cosa que llamó la atención de su
hermana, la cual se dirigió inmediatamente al lateral del escenario.
–Kenji... ¿Te pasa algo?
– preguntó preocupada su hermana.
–N-no puede ser...
En el momento en el que
Mizuki comenzaría otra canción, Kenji se lanzó hacia él y lo empujó antes de
que una columna de piedra emergiera debajo de él, cayendo sobre Aoshi y Tetsuo.
Los dos se quedaron adoloridos en el suelo por la tacleada que le hiciera el
chico de ojos verdes. Entonces Kenji comenzó a tener otro dolor de cabeza y se
levantó de encima de Hermes para girar hacia otro de sus amigos.
–¡Tetsuo! ¡A tu
izquierda! – gritó Okubo. Él reaccionó rápido y evitó que otro bloque lo
golpeara – ¡Aoshi! ¡Arriba!
Aoshi lanzó energía
hacia el techo y pulverizó un bloque antes de que lo aplastara. Los asistentes
a la discoteca salían asustados, tanto que por fortuna no notaron las defensas
del grupo de dioses adolescentes. Reika se dedicaba a golpear el cemento que la
atacara o que fuera tras Ryo. Maaya saltaba antes de recibir un ataque del
suelo, pero tenía dificultad por la falda. Madison debía saltar y preocuparse
por ver si Francis estaba saliendo.
Desde arriba, sentados
en una viga del techo, Lena miraba entretenida, mientras que Francis seguía
colocando la mano derecha sobre el techo y la pared.
–Vas a terminar
haciéndome perder el trabajo aquí – renegó Francis.
–Piensa que tu ganancia
será mayor a lo que ganarás aquí toda la vida de mortal que te toca – respondió
la calmada Diosa del Deseo.
–¿Qué se supone que
hago? ¿Acaso quieres matar a esos chicos? – cuestionó viendo a los amigos de
Madison esquivar sus bloques.
–Sólo a los dos
rubios... – la sonrisa de Lena ésta vez era más maliciosa.
–¿También son fenómenos?
–Ya te dije que no
usaras esa palabra – la rusa hizo un puchero y balanceó las piernas – Pues sí.
Cinco de ellos son iguales a nosotros... pero ellos sí, los gemelos son los que
merecen desaparecer... En especial la chica – pronunció fijando la mirada en
Reika – Aún me la debías, Artemisa.
–Tus problemas
personales con ellos no me interesan...
–Si recordaras los
motivos que tuviste también cuando asesinaste a Apolo... En esa época llamado
“Daniel”.
–¿Quieres dejar de
hablarme de cosas que no recuerdo que hice? No soy ese Dios del que tanto
hablas, aunque tenga sus poderes. Sólo te estoy ayudando por extorsión tuya...
– dijo Francis ya cansado de lo que Lena decía.
–No me hagas hacerte
recordar todo por las malas – la rusa estrechó los ojos y pasó su mano a través
del metal, ante lo cual Francis quedó sorprendido por la habilidad especial de
la diosa – Sería fácil hacerte recordar... Debo tocar una zona del cerebro para
que los recuerdos vuelvan a funcionar – hizo el ademán de tocar la frente de él
con el índice – Y descuida, que ya lo he hecho antes. No he matado a nadie con
ese método.
–Me reservo la
curiosidad – dijo volviendo a concentrarse en su ataque a los muchachos.
Madison estaba más
preocupada por saber de Francis que por evitar los ataques. En el proceso
terminó golpeada por dos columnas, lastimándose unas costillas. Francis quiso
detenerse por Madison, pero Lena se lo impedía porque sería muy obvio si
protegía sólo a la amazona.
–Parece que enamorado
estás nublado de mente, Francis... – le dijo Lena.
–¿Quieres callarte? –
dijo apartando su atención de Madison.
–Sólo era un
comentario... – dijo con inocencia fingida.
–Resérvatelos para
cuando termine.
–Entonces vendré después
a ver cómo te ha ido – dicho esto, Lena se puso de pie y atravesó el techo,
desapareciendo de la vista de Francis.
Mientras esquivaba,
Aoshi notó que habían dos personas arriba de ellos y que una de ellas
desaparecía. Decidió parar con todo lanzando una gran cantidad de energía hacia
la viga sobre la que el atacante estaba sentado.
Francis sintió el golpe
en la viga y no pudo evitar caer, pero logró hacer algunas acrobacias para
luego aterrizar sobre el techo de la barra y caer de pie luego de unas vueltas
en el aire. Los demás se quedaron estupefactos al reconocer a Francis, dándose
cuenta de que él era el Dios que debían buscar. Madison fue la más afectada,
pero ambos se evitaron las miradas por la pena.
–¿Quién se supone que
eres tú? – le preguntó la reencarnación de Atenea.
–Simplemente soy yo,
Francis.
–Es en serio ¿Qué Dios
eres? – preguntó una molesta Artemisa.
–Eso no lo sé...
pregúntale a la que se hacía llamar Afrodita – respondió.
Los demás se quedaron
sorprendidos ante ese dato, pero Aoshi sólo disimuló el nerviosismo,
aparentando también asombro.
–Elemento tierra...
Capaz de controlar suelo sin material orgánico o metálico...Habilidades
desarrolladas por ti hace 500 años en Italia, Dionisio – aclaró Mizuki,
completamente serio.
–Hablas como si ya
hubieras adivinado que ese Dionisio soy yo – dijo tratando de sonreír.
–Lo supe cuando nos
vimos hoy en el callejón. Primero Misty-san nos dijo que el ladrón era un
latino de tu edad. Después me bastó con verte directamente a los ojos y sentir
la energía que emanas. Entonces vino a mi mente el encuentro que tuvimos en
Roma en ese entonces...
–En esa última parte de
la energía no entiendo, pero bueno... Hipócrita no soy, así que no tendría caso
negarlo. Me robé la joya por encargo especial, y este pequeño número fue
también ideado por las mismas personas.
Francis sabía que no
tenía oportunidad contra todos ellos, pero aún le preocupaba Madison, la cual
parecía decepcionada. Francis suspiró tristemente, pero volvió a simular
seguridad en su sonrisa desvergonzada.
–Primero: No soy el tal
Dionisio porque tengo nombre propio ¿De acuerdo? Y Segundo: Se cuidan porque
pronto nos veremos – dicho esto, se sentó en el suelo, apoyó la mano en el
suelo y una gran columna emergió para llevarlo al techo, donde formó un hueco
que se cerró a penas él salió al techo.
Sabían que no lo
alcanzarían aun si iban rápido. Deberían salir para que los dueños se
encargaran del desastre provocado en la discoteca.
–Aún podemos salir a
pedir dulces – bromeó Aoshi.
–Cállate – le dijeron
todos los demás.
–Mira, por fin
contrajiste tus alas – le hizo notar Tetsuo al peliblanco.
–Hey, es cierto. No me
di cuenta de cuándo lo pude hacer – dijo al ver que no tenía nada en la espalda
mas que los huecos en su ropa.
–Quizás estabas muy
nervioso antes del acto – Maaya cogió la gabardina que estuvo usando y se la
dio a su amigo para cubrirle la espalda – Pero ya ves que lo hiciste muy bien.
–Sí... pero de nada
valió que cantáramos si al final nadie contrató al grupo – dijo Mizuki, aún
desanimado por el inesperado desenlace que tuvo el día.
–¿Y eso qué? Ya
tendremos oportunidades en otra ocasión – le animó Tetsuo – Gracias por
apoyarnos con las canciones, Mizuki.
–De nada... – respondió
algo sonrojado por tantos halagos.
El reloj de Aoshi hizo
una pequeña alarma, lo cual indicaba que sus doce horas de guardar la garganta
de canto habían terminado.
–¡Genial! Ahora sí podré
comenzar a lucir la prodigiosa voz que tengo – dicho esto, Aoshi comenzó a
cantar algunas canciones suyas.
Sus amigos sólo rodaron
los ojos hacia arriba y se fueron mientras Aoshi los seguía cantando divertido.
* * *
Lena y Francis estaban
en el “nido” del muchacho, el cual estaba empacando unas cuantas cosas.
–Bueno, no lograste
continuarla por más rato, pero al menos ya los pusiste en calentamiento como te
pedí – le dijo Lena.
–¿Estás segura que podré
quedarme en tu casa mientras consigo algo más? Ya que por tu culpa estoy de
fugitivo otra vez.
–No te preocupes. Puedes
quedarte ahí lo que quieras... Total, la casa le pertenece a Hera y no a mí.
–¿Y quién es la tal
Hera?
–Sólo una asociada más.
Pronto ella te dará indicaciones de lo que harás de ahora en adelante.
–¿No tengo otra opción?
–Niet.
Estaba consciente que
después de esa revelación frente a los muchachos, Madison no lo miraría de
nuevo. Tenía miedo de ver desaprobación en sus ojos o que ella comenzara a
odiarlo por ser diferente. No le quedaba más opción que experimentar trabajando
para esa mujer a la que la rusa se refería.
* * *
Sonó el timbre de la
casa y Sakura se levantó del sofá con desgano.
–Si es otro niño, le
daré jabón en polvo en lugar de dulces, a ver si así lava sus modales de pedir
cosas de puerta en puerta – masculló.
El desgano se le fue cuando,
en lugar de escuchar el enésimo “Truco o Trato”, escuchó un “Hola,
Takatsuki-kun”, pronunciado por el mismo Kenji.
–¡Senpai! – dijo al
recibir la sorpresa.
–Los muchachos se fueron
a la casa de Ryo para terminar la fiesta, así que me desvié para ver si
estabas. Aunque pensé que no te encontraría...
–No tenía planes...
–De haberlo sabido te
hubiera invitado a vernos tocar... Aunque no te hubiera gustado estar ahí hace
unos minutos.
–¿Sucedió algo, senpai?
–Creo que eso te lo
tendría que contar en otro lado... – el rubio recordó lo que pasó con Francis
en la discoteca y se sacudió la cabeza – En fin. Venía para ver si querías ir
con nosotros a ver unas películas en casa de Ryo.
–Pues... – Sakura miró
atrás para pensarlo, cuando notó que su papá le daba una gran sonrisa y
levantaba el pulgar para decirle que sí podía ir. Se alegró y le sonrió a Kenji
– Sí, senpai. Voy por un abrigo.
Cuando Sakura subió las
escaleras, Takatsuki Katsuya se acercó a Kenji y ambos volvieron a estar
serios.
–¿Pasó lo que me
imagino? – preguntó el Dios Herrero.
–Sí. Fue sorpresivo,
pero por fortuna no pasó nada grave.
–Sabes qué tienes que
hacer mañana mismo.
–Sí... Llamaré a Goro.
[1]
La canción al principio era Blurry Eyes de L’arc en Ciel. Pero terminó
cansándome, así que puse las letras de otra canción del seiyuu Suwabe Junichi. “Believe in You” de Atobe Keigo, del single del mismo nombre.
[2] Al principio la canción era “Sleepless Beauty” de DK & K.ito (de la serie de TV de Gravitation), pero decidí cambiarla también. La canción original es “Tsubasa no Kizuna”, cantada por Aiba Hiroki y KENN (Fuji Syusuke y Fuji Yuuta de los Tenimyu, respectivamente), del aingle Best Actors Series 003: Aiba Hiroki as Fuji Syusuke. Las partes de Mizuki son cantadas por Aiba, mientras que las otras líneas de los muchachos originalmente son de KENN.
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