Deux Kratos: Pantheon
Vigésimo
primer Acto: Persecución
Francis
estuvo quedándose en el apartamento que le había ofrecido Lena. Se trataba de
uno de piso completo, el último piso de un gran edificio en la mejor zona de
Tokio. Era de buen tamaño, con cuatro habitaciones, cocina impecable y una gran
sala amoblada sofisticadamente. Él nunca había visto tanto lujo mas que en la
televisión, por lo que aún no se acostumbraba a vivir ahí.
Al
levantarse y terminar de asearse, se puso la misma ropa gastada de siempre,
acomodó sus largos cabellos detrás y se dirigió a la cocina, encontrando a
Lena Ivanovich tranquilamente viendo las noticias en la televisión. Era del
noticiero internacional del canal de cable. Ella volteó a ver al muchacho
latino, desgarbado pero guapo al mismo tiempo.
–Хорошее
утро[1]
– le saludó Lena al verlo entrar.
–Buenas...
– saludó en español.
–Mejor
hablemos algo que podamos entender – respondió la rubia.
–Me
parece bien – respondió indiferentemente en el mismo idioma.
–¿Cómo
pasaste la noche?
–Es
una cama demasiado cómoda para lo que tengo de costumbre – respondió
inexpresivo.
–Entonces
sí dormiste bien – sonrió.
En
el noticiero comenzaron a reportarse sobre los daños ocasionados por un gran
tornado en una pequeña ciudad de Italia, cercana a Milán. Habían muchos
damnificados, pero ni Lena ni Francis le tomaron importancia a la nota. En el
lugar de los hechos habían algunas tomas, y un pequeño niño de 12 años de
cabellos rojos encendidos yéndose del lugar. Lena giró sus ojos castaño claro
hacia la pantalla, pareciendo seguir con la vista al pequeño niño. Francis se
preguntó porqué miraba ese noticiero.
–Si
hay algo que quieras preguntarme, sólo avísame – dijo Lena al levantarse del
sillón.
–Sí
tengo unas cuántas preguntas.
–Entonces
adelante.
–¿Para
quién estaremos trabajando? Supongo que es la misma persona que nos está
pagando la casa.
–No
es “para”, mas bien “con” quién trabajaremos. Ya va a venir. Hasta que
conozcas a la señora Hilde, no te tendrás que preocupar de nada.
–¿Quién
es Hilde?
–Cuando
la veas, tal vez recuerdes muchas más cosas. Y hablando de conocerle... Vamos a
tener que hacer algo con tu presentación – comentó fijándose en la
apariencia del latino.
–¿A
qué te refieres?
–Sólo
unos arreglos y ya. Si vas a tener un papel importante en todo lo que vamos a
vivir, entonces necesitas estar bien presentable – Lena, para graficárselo
mejor, se acercó a él y pasó los dedos por el cabello largo y desarreglado de
Francis.
–¿Qué
tiene que ver mi cabello con trabajar para ustedes? – dijo algo irritado.
–Se
necesita presencia para funcionar bien en un grupo. Confía en mí. La señora
Hilde es un poco exigente en lo que a presentación se refiere ¿No querrías
que se fije primero en lo que ve en lugar de lo que puedes hacer?
–Se
supone que mis habilidades son un requisito primario... – dijo haciendo un
gesto de inconformidad, pero tuvo que resignarse – De acuerdo. Supongo que te
puedo dejar a cargo de eso...
En
ese momento sonó el teléfono y Lena contestó. Después de un momento, la
reencarnación de Afrodita comenzó a hablar en griego con la persona al otro
lado de la línea. Francis no sabía que la muchacha tuviera tanta facilidad
para manejar cuatro idiomas (ruso, japonés, inglés y griego)
–Perfecto.
Hoy tenemos una tarea pequeña. Peligrosa y divertida a la vez, así que mejor
nos apresuramos en tu arreglo – le dijo a Francis al colgar.
*
* *
Maaya
ya no podía correr más cargando a Reika, ya que el humo estaba comenzando a
adormecer los músculos de sus piernas. Se escondieron entre unos matorrales del
bosque de la escuela, donde la pelirroja dejó a su inconsciente amiga.
–Si
no estuviera inservible en estos momentos... – murmuró Maaya.
Aunque
tuviera la fuerza y velocidad que tenían todos los que eran reencarnaciones, éstas
habilidades no le servían mientras su cuerpo estuviera inhabilitado. Eso quería
decir que quien fuera el que los perseguía sabía sus debilidades. En esos
momentos Maaya se arrepentía de no haber trabajado para sacar la habilidad
especial que debió de haber recuperado con la ruptura de la vasija.
–Reika,
este no es buen momento para que estés inconsciente – dijo ella a la otra
muchacha, la cual estaba dormida por el gas.
Tenía
que pensar en alguna manera para defenderse. No podía correr más ni pelear, ya
que su cuerpo se hallaba inutilizado, y no había manera alguna de llamar a
alguno de los muchachos para que las ayudaran.
Interrumpió
sus pensamientos cuando la lanza de la que jugaba el papel de cazadora en esa
escena atravesaba el tronco tras el cual estaban apoyadas. Maaya logró mover
uno de sus brazos, colocó a Reika en su espalda y trató de arrastrarse entre
la hierba para evitar ser descubierta.
Antíope
continuó viendo desde lo alto de un árbol cómo Maaya se esforzaba en
esconderse con Reika, pero sólo las miraba sonriente.
–Un
10 en esfuerzo. Veo el potencial de la pelirroja y no está nada mal, pero no
entiendo porqué Minos quiere que incentive a la otra chica. Creo que no debí
dormirla, pero ni yo misma controlo esas bombas de paralizante – dijo para sí
misma – Les daré una ventaja de 20 segundos y luego vuelvo a la cacería.
*
* *
Kenji
y Ryo corrieron de camino hasta la escuela. Un pequeño mareo de Kenji les había
confirmado que, efectivamente, algo estaba saliendo mal en la escuela.
–¿Qué
será ésta vez? – preguntó Ryo mientras corrían.
–No
lo sé... por eso mismo tenemos que ir. Podrían necesitarnos – le respondió
el chico de ojos verdes.
–Pero...
¿En qué ayudaré yo? Te recuerdo que no tengo súper fuerza ni soy un dios.
–Tú
vas a la casa de Takatsuki.
–¿Donde
Takatsuki? ¿Para qué?
–Sólo
ve, Ryo.
Tuvo
que hacer caso y ambos muchachos se separaron en una esquina. Una vez que Ryo ya
no estaba, Kenji se detuvo y cerró los ojos, tratando de encontrar alguna señal
de su hermana.
–Reika...
Tienes que aparecer... – dijo tratando de concentrarse en su melliza.
Recordó
entonces lo que había pasado en el torneo de arquería de hace unos meses,
cuando Démeter apareció en búsqueda de Maaya. Supuso que debían estar en el
bosque.
Iba
a dirigirse a la escuela, pero tuvo una premonición fugaz, por lo que pudo
evitar a tiempo que un deportivo negro lo atropellara al saltar a un lado de la
vereda (aunque cayó sentado). Al principio pensó que se trataba de un
accidente, pero el auto se dio vuelta hacia él y fue hacia él. Kenji trató de
mirar al conductor, pero sólo distinguía una capa negra con un medallón en
forma de escudo. El emblema tenía una cruz de rombos sobre una “H” curva.
El
auto se detuvo frente a él y el hombre que lo conducía se quitó las gafas
oscuras que traía. Kenji pudo notar esos ojos verdes, el izquierdo con una
cicatriz que atravesaba la ceja. No sabía por qué el individuo le parecía tan
familiar. Minos también vio por un momento a Kenji y se fijó en cada detalle
de él. Pareció sentir algún tipo de nostalgia por algo.
–¿Quién
eres? – preguntó el joven, aún a la defensiva del nuevo individuo.
–Sólo
quería advertirte que no te metieras en la captura de tu hermana, Apolo.
Al
escuchar cómo lo llamó el individuo, Kenji se enfureció y cogió al sujeto
por el cuello.
–¡¿Cómo
sabes quién soy?! ¡¿Qué hicieron con Reika?!
–Primero
voy a ver si logra superar la cacería, significaría que tiene el nivel
adecuado. Mientras tanto, tú y yo podemos tener una larga discusión o pelea si
bien lo prefieres.
–No
me provoques... – farfulló Kenji entre dientes, apretando más su mano
alrededor del cuello de Minos – Puedo acabar rápido con esto para ir ya mismo
donde mi hermana.
–No
te atreverías. No está en tu naturaleza matar... Kenji.
Kenji
abrió más los ojos al ser llamado por su nombre por alguien a quien no conoce
¿Por qué la pronunciación de su nombre de la boca de ese hombre le producía
una sensación de nostalgia? Sentía como si ya hubiera escuchado esa misma voz
pronunciar su nombre.
Por
la confusión que estaba sintiendo, aflojó su mano y Minos aprovechó para
saltar del auto y situarse detrás de él, para luego noquearlo de un golpe en
la nuca, dejándolo completamente inconsciente.
Cuando
iba a escapar con Kenji dormido en la parte de atrás del carro, se detuvo al
caer una bola de fuego sobre el capó del auto. Se fijó en una mujer y otro
hombre con un tridente frente a él. Supo que no tenía oportunidad al tratarse
de Hestia y Poseidón. Debido a que ellos dos eran de un nivel más alto, sabía
que no era conveniente sostener una pelea, en especial de dos contra uno, a
favor de ellos.
–¿Le
preguntamos qué hace con Kenji en un auto? – le preguntó Marla a su amigo,
teniendo listas en las manos dos bolas de fuego.
–Es
más que obvio para qué lo quiere el Cazador Divino – se limitó a responder
Hanajima, empuñando su tridente contra Minos.
Minos
sabía que no podía evitar que ellos le quitaran al joven dios, y cargar con él
sería un estorbo a su huida. No le quedó más remedio que dejar a Kenji en el
auto y huir lanzando las mismas bombas que le diera a Antíope antes de la misión.
Sabía que próximamente tendría otra oportunidad.
Hestia
se cubrió la boca y la nariz con el pañuelo de seda que llevaba alrededor del
cuello y Poseidón tuvo que romper un hidrante con su arma para soltar agua,
manipulándola en forma de lluvia para que disipara el humo paralizante. Los
tres estaban empapados, por lo que Marla ya no podía producir fuego hasta estar
completamente seca. Goro fue hacia Kenji para verificar si él aún estaba bien.
–Están
comenzando a atacar ¿Por qué nadie les advirtió a ellos? – comentó Marla.
–Sabía
que esos Sacerdotes Olímpicos no están haciendo nada por ellos. Es por eso que
no trabajaré con ellos – murmuró Hanajima.
Kenji,
aunque seguía indispuesto, había podido escuchar lo que había dicho Hanajima
¿Quiénes eran los Cazadores Divinos? ¿Acaso los Flanagan sabían de ellos y
no les habían dicho nada?
*
* *
Cuando
Ryo llegó a casa de Sakura, se preguntó qué era lo que pretendía Kenji en un
momento como ese. Tocó el timbre y espero a que Sakura atendiera la puerta,
pero se sorprendió al ser atendido por Madison.
–¡¿Madison?!
¡¿Qué haces aquí?! – preguntó un sorprendido Ryo al encontrarla de
casualidad.
–Aquí
me estoy quedando... ¿Te envió Reika? Pues si es así, dile que yo...
–¡Reika
está en problemas! – la interrumpió alterado.
Madison
se quedó completamente muda al escuchar aquello.
*
* *
Reika
y Maaya seguían huyendo, mas bien era Maaya la que cargaba con Reika todo el
camino. Habían logrado encontrar un escondite entre los bambúes que plantaban
en la escuela.
–Aquí
debemos de estar a salvo por el momento – dijo Maaya, esperando que Reika
pudiera escucharla – ¿Quién es esa tipa?
Reika
comenzó a recuperar el conocimiento, lo cual captó la atención de la
pelirroja.
–¡Ya
estás despertando! – dijo Maaya.
–¿Qué
hacemos aquí? – preguntó ella.
–Nos
vienen persiguiendo... No sé quién será ¿Tú estás bien?
–Aún
no puedo mover nada más que la cabeza...
–El
paralizante debe seguir activo. A mí ya se me entumecieron las piernas...
–Puedo
olerla... Está cerca – Reika podía sentir que la mercenaria estaba cerca.
–¿Qué
tan cerca?
–Aún
a seis metros de aquí, entre los matorrales. Tenemos tiempo mientras atraviesa
la ortiga venenosa.
–Buen
olfato y sentido del rastreo.
–Gracias.
Está en los genes.
Entonces
Reika pudo escuchar un sonido muy leve, como si estuvieran...
–¡Flechas!
¡Tiene una ballesta! – advirtió Reika al reconocer el sonido de los
proyectiles al aire.
Cuando
las flechas iban a darles, Maaya cerró con fuerza los ojos y colocó la mano
como si quisiera detener las flechas, y lo increíble sucedió. Las flechas
rebotaron contra una pared invisible frente a ella y cayeron al piso. Tanto
Reika como Maaya y la misma Antíope quedaron impresionadas después de haber
visto lo que pasó.
–Reika...
¿Qué... qué...? – Maaya trataba de formular la pregunta para ver si no era
una alucinación, pero la respuesta ya la sabía: Era su habilidad especial.
–Vaya,
vaya. Después de todo sí iban a haber ciertos obstáculos – dijo Antíope en
su lengua natal – Quién diría que después de todo sí hay seres superiores.
Yo que creí siempre que ese era un cuento para asustarme de niña.
–¿Qué
tanto está diciendo? – se preguntó Maaya al no entenderle nada a la mujer.
–Tonterías...
– dijo Reika, la cual sí entendía griego – Sólo ignórala. Maaya... ¿Crees
que puedas hacer eso del campo de fuerza de nuevo? – le preguntó la
reencarnación de Artemisa.
–Yo...
no sé... – era obvio que el poder desplegado fue por accidente. Ella aún no
sabía cómo soltarlo de nuevo.
Cuando
Antíope estaba a punto de llegar hacia ellas, Maaya empezó a sentir miedo por
no poder moverse, al igual que Reika. Para sorpresa de la mercenaria, llegó
donde estarían las muchachas, pero el lugar estaba vacío.
–Juraba
que estaban aquí... – dijo para sí misma.
Reika
volteó a ver a Maaya, la cual no estaba, pero aún sentía que ella la sujetaba
por la muñeca. Entonces también se dio cuenta de que no podía ver su propia
muñeca ¿Acaso Maaya podía hacerse invisible? Reika miró bien a la mujer que
las perseguía. Tenía a la cadera un medallón de una cruz de rombos sobre una
“H” curva, pero lo que más le llamó la atención era que sus facciones le
recordaban a Madison cuando pelea.
Antíope
se detuvo en seco cuando escuchó algo aproximarse a gran velocidad. Giró para
evitar a tiempo una bicicleta conducida por una joven de 16 años de larga
trenza negra azulada y a un muchacho que gritaba aterrado por la velocidad.
Cuando la bicicleta dio un gran salto y aterrizó perfectamente, Reika y Maaya
pudieron ver que se trataba de Madison, la cual iba armada con su espada corta y
con Ryo detrás de ella, completamente en shock por el viaje. Se veía en los
ojos de la amazona que estaba muy enfadada.
–Lo
sabía... Sabía que eras tú, Antíope. Lo supuse cuando vi esto – dijo
Madison en inglés, arrojándole la lanza que detuviera Reika el día anterior.
Antíope no se inmutó al reconocerla.
–Madison...
Tiempo sin verte, hermana – dijo la otra en inglés.
Reika,
Maaya y Ryo se quedaron boquiabiertos al escuchar a Antíope ¿Cómo era eso que
la mercenaria que iba tras las chicas era hermana de Madison?
–No
soy tu hermana porque esa mujer que es tu madre dejó de ser la mía el día que
nos dejó a mi papá y a mí – dijo una enojada Madison.
–Hey,
los resentimientos con ella, no conmigo. Aún seguimos siendo medias hermanas y
del mismo linaje.
–¿Linaje?
– preguntó Ryo, ya recuperado del shock.
–¿No
les contaste a tus amigos que estás entre las opciones a la corona? – dijo la
mujer – Aunque yo quedé descartada por ciertas normas que tuve que
quebrantar.
–Lo
que pase en el clan ya no es asunto mío. Y creo que eres tú quien menos
derecho tiene de jactarse de tener sangre amazona.
–Ahorra
tu orgullo, Madison. No sé para qué sacamos el tema de la familia, cuando
deberíamos estar en que yo cumplo con mi trabajo y tú tratas de detenerme de
lograrlo.
–Y
estoy de acuerdo – dicho esto, Madison se bajó de la bicicleta, dejando a un
aterrado Ryo aún aferrado al vehículo.
Madison
se lanzó a atacar a Antíope con todo lo que tenía, haciendo gala de todos sus
movimientos y el manejo de su espada corta. Antíope sólo se limitaba a
esquivar cada ataque de la menor y dándole golpes en la espalda de vez en
cuando. Definitivamente Antíope estaba superando a Madison por mucho.
Después
de haber evitado sus ataques durante un tiempo, Antíope decidió terminar rápido,
por lo que dio un codazo al brazo de Madison y la hizo soltar el arma, para
luego golpearla en el estómago y dejarla caer de rodillas al suelo.
Madison
jadeaba, pero no por la falta de aire, sino porque se había dado cuenta de que
no podía vencerla en su nivel actual. Casualmente Madison había caído donde
Reika estaba paralizada, aún invisible con Maaya.
–Mierda...
Eso me dolió... Y hacía mucho que no me pegaban así – dijo Madison.
–Y
creo que fui yo la única que te dio una paliza así – le susurró Reika.
–Genial...
¿Qué haces aquí? – dijo aún molesta, pero ocultando su asombro al escuchar
a su prima invisible.
–Metiéndome
en problemas como acostumbras también. Creo que es algo de familia... – trató
de bromear.
–¿No
se te olvida que estamos en plan de no hablarnos aún? Después de todo soy una
desgraciada que no entiende lo que sientes.
–Admito
que también exageré... Pero tuve un motivo para molestarme. Si pensaste que
estaba muy susceptible porque hay una porción de la gente que trata de matarme,
pues yo pienso que tal vez siendo la prima más querida que tengo, podrías
descargar en mí todo lo malo que sientes...
–Perdóname
por salir de la casa de esa manera.
–Y
tú perdóname por haberte gritado de esa manera.
–Reika...
Eres una gruñona y te quiero bastante ¿Lo sabías?
–Ídem.
Ahora levántate y golpea a esa perra. Lo haría yo, pero mis nervios no
reaccionan.
Madison
tenía que volver a coger su arma si quería volver a pelear. Antíope veía
divertida a su media hermana en el suelo. Volvía a ganarle otra vez.
–Madi...
¿Quieres otra oportunidad? Las que quieras, entonces – Antíope sonrió y tiró
la espada de la joven cerca de ella.
–Eres
una desgraciada... – a pesar de tener de nuevo su arma, Madison no la cogió
por orgullo – Preferiría que acabaras conmigo ya mismo.
–Como
quieras – cuando estuvo a punto de asestar un golpe más con una de las tantas
armas que tenía, otra persona más se le lanzó, impidiéndole atacar.
Los
demás se percataron al ver que era Roy Flanagan, usando la capa morada que
normalmente tenía cuando salía a pelear. El Sacerdote Olímpico miró la
insignia que traía Antíope en el cinturón y frunció el ceño. La mercenaria
aún estaba atrapada con él sobre ella.
–¿En
dónde la obtuviste? – le preguntó Flanagan.
–De
mi nuevo cliente. Ya me había comentado de sujetos como tú, sacerdote –
sonrió ella, para luego hacerlo a un lado de una patada en el estómago, pero
él la resistió, limitándose a ir a un lado mientras ella se reincorporaba rápidamente.
Ésta
vez Roy no respondió. Reanudó la pelea al sacar su espada y se lanzó a
atacarla. Ella logró defenderse muy bien y mantuvieron la pelea.
Ryo
no sabía qué hacer, pero cuando Flanagan volteaba de vez en cuando hacia donde
estaban Madison, Maaya y Reika, él comprendió cuál era la intención de su
maestro. Fue rápidamente donde ellas y, entre él y Madison, se llevaron
cargando a Reika y Maaya, las cuales se volvieron visibles cuando Maaya perdió
el conocimiento por el paralizante.
Sabían
que él se encargaría de la situación mientras ponían a las dos en un lugar
seguro. Salieron del bosque, y encontraron a Hanajima y a Marla en el auto negro
deportivo que fuera de Minos. Pudieron ver que Kenji seguía inconsciente.
–Suban
– se limitó a murmurar Goro.
Cuando
estuvieron listos y se fueron, Marla revisó a Maaya y a Reika.
–¿Hay
posibilidades de que pueda volver a moverme? – dijo Reika, aún paralizada del
cuello para abajo.
–Para
eso vamos donde la señorita Flanagan – le respondió Marla, conduciendo el
auto a toda velocidad.
–Y
es la última vez que pienso hacerles ese favor – murmuró el Dios del Mar.
Kenji
comenzó a despertar y miró confundido a su alrededor. Estaba en el asiento de
atrás con Maaya, Ryo, Madison y Reika, todos muy apretados ahí, mientras Goro
y Marla iban al frente bien acomodados.
–¿Qué
pasó aquí? – preguntó el rubio.
–Flanagan-sensei
se quedó a pelear con la hermana de Madison – respondió Maaya.
–¡Que
NO es mi hermana! – intervino Madison.
–¿Qué
está pasando? ¿Tiene que ver algo con el sujeto con el que me encontré?
–Flanagan
les ha omitido muchas cosas de las que deberían saber. Para empezar, debería
decirles porqué los buscan esos Cazadores Divinos – dijo Hanajima, aún
enojado por todo lo que había ocurrido.
Los
jóvenes se miraron confundidos.
–¿De
qué nos hablas, Goro? ¿Cómo que Flanagan-sensei nos ha ocultado algo? –
preguntó Kenji.
–Verán...
Realmente estamos en más peligro del que imaginan... Sobretodo ustedes, ya que
aún no tienen el nivel que deberían tener para defenderse. Eso lo acaban de
comprobar, chicas – dijo Hestia, viendo por el retrovisor a Reika y Maaya
paralizadas y a Madison golpeada.
–Y
por lo que a mí respeta, no es buen rol que desempeña Flanagan si se supone
debe cuidarlos a ustedes – comentó Hanajima, tan serio como lo había estado.
–Llegamos.
Cualquier pregunta, creo que se la deberían hacer a la señorita Flanagan o a
tu prima, Kenji – terminó Marla – Ahora bajen. Goro y yo nos vamos a otro
lugar. Cosas pendientes.
Hicieron
caso y bajaron sin atreverse a hacer más preguntas. Kenji y Ryo cargaron a
Reika y Madison ayudó a Maaya a apoyarse.
Hanajima
sacó unos lentes oscuros y se los colocó. También lo hizo Marla con sus gafas
y su mascada de seda. Kenji se percató de que la gente comenzaba a asomarse,
razón por la cual ambos disimularon al ser personajes conocidos.
Con
esto, la americana arrancó a toda velocidad, dando la impresión de que en algún
momento las llantas se quemarían, aunque Goro lucía completamente indiferente
y tranquilo.
*
* *
Una
vez en el departamento de Misty y Lina, las tres chicas que habían peleado
estaban siendo tratadas por la elfa. Misty había aplicado un poco de antídoto
que surtiría efecto en unas horas, mientras que Madison sólo tenía unos pocos
moretones en partes no visibles.
–No
se sientan mal. No era mucho lo que podían hacer frente a esa mercenaria –
trató de calmarles la sacerdotisa.
–Pero
tuvieron muchísima suerte de salir como están ahora. Pudo pasarles algo peor
– dijo Lina, en su actitud de regaño.
–¿Y
qué es lo que nos pudieron hacer? – preguntó Reika con mucha seriedad, aún
sentada inmóvil en el sofá.
Kenji,
Ryo, Madison y Maaya esperaron también por esa respuesta. Misty y Lina no sabían
qué hacer o qué decir, lo cual acrecentó las dudas en Kenji, el cual estaba
recordando las palabras de Goro ¿Por qué confiar en ellos? ¿Qué era lo que
ocultaban?
–Hay
cosas que aún no tienen que enfrentar. Esto sólo fue casual y sería mejor que
se concentraran en mejorar – Misty trató de calmarles, pero no funcionó.
–No
es cuestión de que si estamos muy jóvenes o no. Estamos hartos de no saber
detalles – explotó Kenji – Si quieren que confiemos en ustedes, creo que
deberían empezar por explicarnos el panorama y qué peligros corremos.
–Y
por si no lo notaron, hoy pudimos haber sido raptadas o peor aún. Si mi vida
peligra, quiero saber al menos por qué – también intervino Maaya.
Ryo
y Madison no tenían nada que decir, pero se notaba que ellos también estaban
de acuerdo con todo.
Lina
y Misty tuvieron que intercambiar miradas antes de deliberar algo. Perséfone
salió de repente para tomar control del cuerpo de Lina. Ella miró fríamente a
los demás, fijándose en cuan heridas estaban las chicas, y sonrió levemente
al ver así a Reika. Luego volteó donde la elfa.
–¿Quién
fue capaz de darle una lección a Artemisa? – preguntó Perséfone – Mis
respetos para el buen guerrero.
–Gracias
por el apoyo – dijo Reika con mucho sarcasmo.
–Ah,
aún no te habíamos informado sobre lo que sucede – Misty sonrió e hizo que
Perséfone se sentara – Verás... Estábamos a punto de explicar a los
muchachos sobre los que los persiguen.
En
ese momento entró Roy Flanagan al departamento, todo sucio y con rastros de que
había sido una batalla muy ardua.
–¿Cómo
te fue, hermano? – preguntó su sonriente hermana, como si estuviera
acostumbrada.
–Nada
bien. Huyó cuando bajé la guardia – respondió seriamente, haciendo la larga
cola que tenía sobre los hombros hacia atrás. Luego se limpió la sangre de la
frente – Dame un poco de ayuda con esto.
–En
seguida, hermano.
Misty
se acercó a Roy e impuso sus manos frías sobre las zonas maltratadas, sanándolas
instantáneamente.
–Roy.
Llegas a tiempo para explicar a los muchachos sobre los enemigos que han
enfrentado hoy – le anunció Misty.
–Es
verdad. A las muchachas las atacó la hermana de Madison, según tenemos
entendido fue contratada – contó Ryo – Y a Kenji casi lo rapta un sujeto de
capa negra.
–Ya
lo sé. La insignia me sacó de dudas – comentó Flanagan, mostrando el medallón
que había logrado arrancarle a Antíope de su cinturón – Es peor de lo que
pensé. Los Cazadores Divinos comenzaron a moverse.
Los
adolescentes estaban confundidos, ya que no sabían quiénes eran los Cazadores
Divinos. Kenji recordó que Goro ya los había mencionado. Sin embargo, Perséfone
comenzó a temblar al escuchar ese nombre y comenzó a respirar agitadamente,
como si estuviera recordando muy malos momentos.
–No...
Ellos no... No quiero volver allá... ¡No quiero! – comenzó a gritar Perséfone,
cubriendo su rostro con las manos.
–¿Qué
sucede con ella? – preguntó Madison.
–Los
Cazadores Divinos son un opuesto a la casta de los Sacerdotes Olímpicos –
comenzó a explicar Misty, tocándose de vez en cuando sus largas orejas – En
lugar de venerar y proteger a los reencarnados, ellos se dedican a capturarlos o
matarlos. Aún no sabemos con qué objetivo, pero no sería nada bueno.
–Hemos
estado investigándolos durante siglos, y lo poco que sabemos es que han
estudiado a algunos reencarnados anteriormente, a algunos los torturaron hasta
la muerte, y aún no se sabe qué fue de los desaparecidos – completó Roy.
Torturados
y desaparecidos. Eso podría explicar el temor que sentía Perséfone al
escuchar de ellos. Tal vez en otra de sus reencarnaciones había sido capturada.
–Misty
y yo pensábamos que en esta ocasión no los podrían hallar, pero de alguna
forma dieron con ustedes.
–Es
por eso que lo mejor sería que se cuidaran, muchachos. A propósito – Misty
se dirigió hacia Maaya – Felicidades por despertar tu poder especial. Ahora
podría serte de mucha utilidad.
–Fue
accidental... No sé cómo sacarlo de nuevo... – respondió la pelirroja.
–No
es algo que se pueda lograr sin buen entrenamiento – le dijo Misty – Hay que
practicar ¿Por qué no intentas algún entrenamiento con Lina?
Al
escuchar la sugerencia, Madison, Reika, Kenji y Ryo se petrificaron como si
hubieran respirado el gas de las bombas de Antíope. Ryo había sido testigo
durante la infancia de las duras rutinas que inventaba Lina, aunque no podían
negar que daba buenísimos resultados.
–Como
sea... No nos desviemos del tema – intervino Lina, recuperando el control, ya
que Perséfone pareció estar en shock al revivir traumas – A partir de ahora,
todos ustedes corren un grave peligro.
Cada
uno tenía algo que decir, pero sencillamente no salía. Kenji se fijó en Roy,
el cual parecía estar concentrado en otro asunto. Roy miraba el lugar de las cortadas que
ya no estaban en su piel, pensando en atrapar a esa mercenaria, pero aún más
importante para su propio orgullo: Volver a pelear con ella.
*
* *
Aoshi
estaba preocupado, ya que ninguno daba noticia alguna de estar bien o no,
excepto por Mizuki y Tetsuo, los cuales estaban en sus casas. Supuestamente iba
a verse con Ryo y Kenji, pero éstos estaban sin celular y no localizables.
Entonces alguien tocó la puerta. Abrió y vio sin emoción que se trataba de
Lena.
–Здравствулте[2],
Aoshi – dijo ella sonriente.
–Oh,
hola ¿Qué haces por acá? – preguntó sin ánimos, ya que su preocupación
iba a qué pudo pasar con sus amigos.
–Pasaba
por aquí y venía a preguntarte si me perdí de algo en la escuela...
–Creo
que soy la peor persona a la que le podrías preguntar algo sobre la clase –
bromeó Aoshi – Y creo que tus intenciones giran hacia otra cosa.
–Pues
sí... Te quería decir que pronto yo no seré la única competencia que tendrán
– dijo la rubia.
–¿A
qué te refieres?
–Tus
amigos ya te contarán lo que les pasó hoy. Pero te diré que es inminente, y
ya llegará el tiempo en el que llegue a su fin todo esto. No más
reencarnaciones y por fin terminará toda esta línea.
–¿Y
qué tendría que ver yo?
–Sabes
muy bien que tarde o temprano lo harás. Está pre-definido y es inevitable que
en algún momento terminarás por matar de nuevo a Apolo... Mejor dicho Kenji
Okubo, tu amigo...
Aoshi
se perturbó e incomodó.
–Lena...
Estoy comenzando a impacientarme. Espero que sólo hayas querido hacerme una
visita para sacar provecho.
–Realmente
no. Creí que el pequeño adelanto te sería útil. Хороший
bye[3],
Aoshi – sonrió y se fue.
Aoshi
ésta vez estaba molesto. Ya tenía suficiente recordando que en algún momento,
como el vengativo y saguinario Ares, mató a Apolo por diversión, con una
excusa falsa. No quería matar a Kenji, pero ¿En realidad sería inevitable
aquel destino? Se sentó enojado en el sillón y se cubrió la cabeza con un cojín.
Desde
su cuarto, Emi había escuchado todo lo que Lena había conversado con Aoshi.
Obviamente estaba confundida y asustada. No entendía exactamente todo, pero aún
pensó en la idea principal: Aoshi mataría a Kenji.