Deux Kratos: Pantheon
Vigésimo
segundo Acto:
Algún
rincón de Italia. 15 de noviembre del 2002 (año actual)
Entre
los sobrevivientes a la repentina aparición de tornados, se hallaron a algunas
familias, granjeros y niños cuyos padres no fueron ubicados. Entre los
refugiados estaba sentado un pequeño niño de 12 años, de cabellos rojos
encendidos, pecas, ojos pardos y de ropa de colores llamativos. Por la manera en
la que estaba ensimismado, se podía deducir que estuvo llorando. Al notarlo,
uno de los encargados de las fuerzas de defensa civil se acercó a él.
–No
te preocupes, pequeño. Tus papás no deben estar lejos – dijo el hombre.
–No...
No vivo con ellos desde hace mucho...
–Oh,
ya veo ¿Tienes algún familiar entonces?
–Viví
con mis tíos... Yo tuve la culpa... Todo pasó por mi culpa...
El
hombre miró extrañado al niño y supuso que debía estar muy triste.
–Cualquier
cosa que hayas hecho, es seguro que no la hiciste intencionalmente.
–No
es eso... Sí fue intencional... O al menos eso creo... Mi tío me acusó de
robar cinco manzanas de la cesta de la cosecha. Yo le dije que no era cierto y
estuvo a punto de enviarme al granero de nuevo... Entonces me enojé y pasó
todo esto... Yo lo provoqué...
–No
es así. No pudiste causar un tornado.
–Sí
lo hice...
–Después
de esto te mandaremos a un albergue hasta que te encontremos una familia nueva.
–¡No
quiero ir a un orfanato!
–Tendrás
que ir.
–¡No
quiero! – gritó llorando.
En
ese momento fuertes vientos azotaron el lugar, arrancando el techo del edificio.
Después
de que el video se cortara, Lena y Francis parpadearon confundidos. Voltearon de
nuevo al ver al niño que estaba sentado tímidamente en el mismo sofá que
ellos. Francis se alejó un poco de él, pegándose un poco más a la rusa. El
aspecto de Francis de por sí se había refinado mucho, por obra y gracia del
buen gusto de Lena. Su ropa era al menos decente y su cabello oscuro estaba un
poco más corto, aunque aún caía desordenadamente.
–Y...
¿Cómo dices que te llamas? – le preguntó Lena en italiano, lo cual hizo
preguntarse a Francis cuántos idiomas más podría aprender ella.
–Me
llamo Bruno... – respondió en voz baja.
–¿Qué
fue lo que pasó después de que hiciste ese nuevo tornado?
–Es
que en eso me dormí de nuevo... y cuando desperté vi a una señora que dijo
que se llamaba Hilde. Me dijo que aquí estaría bien y que sería útil...
–¿Sabes
inglés? Al menos para que Francis también entienda lo que hablamos – dijo
ella, señalando a Francis con la mirada.
–Un
poquito... – respondió aún tímido.
–Bien.
Yo soy Lena. Primero te muestro dónde vas a dormir y luego te explicaré
algunas reglas – dicho esto, Lena le sonrió tan dulcemente que Bruno comenzó
a tomarle más confianza – Después
de eso creo que te puedo enseñar algo de japonés. Te servirá si viviremos en
este país.
Mientras
Lena llevaba a Bruno a la habitación donde también dormía Francis, el latino
los miró seriamente desde la sala. Si bien él mismo se consideraba un fenómeno,
vivir con dos tan letales como él le parecía aún más alarmante, en especial
después de haber visto el video que Hera les había mandado de lo que había
sido el refugio donde estuviera el niño.
*
* *
Sonó
el timbre del almuerzo. Sakura fue animadamente al árbol donde solían sentarse
Kenji y el resto del grupo.
–¡Senpai!
Traje unos... – la chica interrumpió lo que iba a decir cuando vio a todos
muy serios – ... bocadillos...
Ella
se fijó en los rostros de cada uno: Kenji, Reika, Ryo, Aoshi, Madison y Tetsuo
muy serios y taciturnos, como si cada uno tuviera un serio problema.
–Pues...
Creo que llegué en mal momento... – dijo al verlos igual.
–Sorry
por lo de tu bici, Sakura. La olvidé en el bosque – dijo Madison, aún
taciturna.
–Descuida.
El conserje de la escuela me la mandó a mi casa el domingo – la chica trató
de sonreírles, pero todos estaban igual de serios – En fin... ¿Quién tiene
hambre? Papá se levantó con las ganas locas de cocinar... aunque realmente sólo
me dio ramen... Pero ya es mucha sopa para mí... – trató de sonreír, pero
verlos así le quitaron los ánimos que trataba de dar.
–Sakura-chan...
Te agradecemos la atención... Es sólo que ahora estamos preocupados por otras
cosas... Creo que ya te contaron de ellas – le dijo Aoshi.
–Sí...
Mi papá me lo explicó todo... – Sakura se sintió apenada al sentirse fuera
de lugar.
–Sakura...
Gracias por preocuparte por nosotros – Kenji le sonrió, sin embargo esa
sonrisa era muy forzada.
Comprendía
muy bien que ellos estaban pasando por momentos difíciles. Hacía poco los habían
perseguido dos desconocidos con intenciones no claras hacia ellos. Según los
Flanagan, no era nada bueno lo que les esperaba si llegaban a ser capturados.
Como si no hubiera más presión, estaba a punto de terminarse el año escolar y
les esperaban más dificultades.
–Yo...
Iré a mi salón. Falta poco para el término del descanso... – aún apenada,
la menor del grupo se marchó, mientras los demás verificaban la hora con sus
propios relojes.
–Reika...
– le dijo Kenji.
–Dime...
– respondió su hermana.
–No,
nada... Olvídalo – dijo al reconsiderar lo que iba a decir.
Desde
donde estaban sentados, seguían viendo las ramas del árbol, ya casi sin hojas.
Aoshi, Tetsuo y Kenji se fueron al bebedero por agua, mientras Madison iba
adelantándose al aula, dejando a Ryo y Reika sentados al pie del árbol.
–Reika...
–Dime...
–¿Crees
que estamos bien?
–Realmente
es una pregunta difícil... A veces tengo la paranoica sensación de que va a
venir un Cazador Divino y no tendré oportunidad ni suerte ésta vez... Además
de que hoy tengo una competencia de arco y no puedo fallar... Además de que en
dos semanas son los exámenes de fin de año... Además de que a Kenji y a mí
se nos está haciendo cada vez más difícil pagar las cuentas... Además de
que...
–¿No
te parecen muchos “Además”?
–Son
“Además” que van a estar todavía...
–Sé
de eso. Y de alguna manera todos esos “Además” los han superado con mi
ayuda o de tus tíos. Creo que deberías tener en cuenta un “Además
positivo”: Me puedes usar de muleta.
Ella
vio que su mejor amigo tenía razón, aunque también comprendía que no los
tendría para siempre.
*
* *
Lina
y Yamato estaban en la biblioteca de la universidad, preparando los últimos
detalles de una tesis, de la cual dependía el título que estaban a punto de
sacar.
–Pásame
ese título de “Importancia de la Comunicación” – le dijo Lina, aún
concentrada en los apuntes.
–Sí.
Acá está – luego de pasarle el libro, Yamato sonrió – Hacía mucho que no
hacíamos la tarea juntos.
–No
intentes hacerme caer, que esos fueron otros tiempos. Sólo estamos haciendo el
informe juntos para complementar datos.
–Hey,
sólo comenté que me gustaba hacer la tarea contigo, pero gracias por sugerir
la idea – respondió con ironía.
Lina
se dio cuenta de que había caído de nuevo, dejando que Yamato la provocara
otra vez, por lo que tosió un poco y continuó con los apuntes.
–¿Cómo
van en las investigación de los Cazadores Divinos? – preguntó Kobayashi.
–Nada
bien. No dejaron pistas, mas que el medallón que le arrancó Roy a la
mercenaria y la descripción física del que trató de llevarse a Kenji... Lo
malo es que Perséfone no quiere decirnos nada sobre ellos.
–Me
imagino que no fue nada bueno lo que le hicieron cuando la capturaron en esa
vida...
–Espero
que tú puedas hacerla hablar...
–Trataré...
Pero si eso pasa, no te prometo que pueda contener tu cuerpo – sonrió con
burla.
–Muy
gracioso. Si me entero que te acostaste con mi cuerpo estando ella en control,
te juro que no vuelves a sonreír más en mi presencia.
–No
te preocupes... Sabes que seré un rufián sinvergüenza, pero ante todo soy un
caballero que sabe respetar... Y eso te consta.
–Seguro
que sí... – contestó sonrojada – Como sea ¿Cuándo piensas preguntarle?
–¿Hace
cuánto que le preguntaron? – preguntó.
–Hoy
en la mañana y me hizo llorar hasta que tomé de nuevo el control.
–Entonces
será en dos días.
–¿Por
qué tanto?
–¿No
crees que se preguntará qué está pasando si le pregunto al instante? Hay que
darle tiempo para que se olvide del trauma y luego le sugeriré el tema
sutilmente. Pero sugiero que los tres no le pregunten más al respecto.
–Supongo
que sabes lo que haces.
–Me
funcionó contigo – volvió a sonreír.
–Tomaré
eso como un “Sí le sacaré testimonio”.
Antes
de volver a los apuntes, Yamato se aseguró de que nadie estuviera cerca. Al
asegurarlo, creo con las manos la ilusión de una mariposa y la mandó posarse
sobre el cuaderno de apuntes de Lina. Ella la vio y se percató de los colores
amarillos, rojos y negros de las alas. Yamato sabía que a ella le habían
gustado las mariposas monarcas, cosa que comentaban cuando se conocieron en
primaria.
–Te
gusta distraerte... – dijo ella, ocultando el sentimiento de halago que tenía.
–Sólo
un poco – le sonrió nuevamente.
*
* *
Afortunadamente
la preocupación no les afectó en el rendimiento durante la competencia de
arco. Tanto Kenji como Reika, acompañados por Ryo, decidieron ir donde Lina y
preguntarle más detalles. Llegaron al apartamento de su prima mayor, pero no
había nadie.
–Tal
vez está en la universidad... – comentó Ryo.
–Quién
sabe... Igual significa que hicimos el viaje por gusto – dijo Reika.
–¿Escucharon
eso? – dijo de repente Kenji.
No
se necesitaba ser un dios para captar los sonidos de la azotea del edificio. Los
tres subieron corriendo y encontraron una escena muy asombrosa. Maaya estaba
derribada en el suelo y, por la posición de Lina, se veía que acababa de
aplicarle una llave. Los gemelos nunca habían visto a Lina dar golpes así a
alguien que no fuera Yamato.
–Estás
aún muy lenta – le dijo Lina.
–Lo
intentaré de nuevo – Maaya se reincorporó, aún adolorida por el azotón
contra el suelo.
–Concéntrate
y siente lo que puedes hacer...
–Sí
– respondió decidida.
Lina
se lanzó a darle un golpe de nuevo, pero Maaya desapareció de su lugar.
–Bien.
Reaccionaste bien, pero... – Lina giró rápidamente y dio un codazo atrás
suyo, mandando a la pelirroja a dos metros lejos.
–¡¿Qué
estás haciendo, Lina?! – dijo Reika, corriendo a atender a Maaya.
–El
entrenamiento al que debiste estar hace mucho tiempo – contestó Lina muy
seria – Maaya aceptó voluntariamente mis rutinas.
–Y
voy a lograrlo – intervino Maaya.
Maaya
rechazó la ayuda de Reika y se volvió invisible. Lina siguió tranquila, pero
luego volteó y asestó otro golpe, pero Maaya se hizo visible, bloqueándolo
con un nuevo campo de fuerza.
–Bien,
ahora mantenlo media hora – dicho esto, Lina le lanzó un golpe a la barrera,
tan fuerte que Maaya no pudo contenerlo y fue hacia atrás nuevamente – Te
dije que lo mantuvieras.
Kenji,
Reika y Ryo miraron asombrados a Lina. Nunca la habían visto tan seria y sus
entrenamientos en la vida habían sido tan pesados. Entonces Kenji se dio cuenta
de lo que pasaba.
–¿En
serio te encuentras bien, Perséfone? – le preguntó Kenji.
La
diosa volteó hacia Kenji algo confundida al haber sido descubierta. Maaya se
incorporó nuevamente y tomó un descanso.
–Creo
que empiezo a dar clara la diferencia... – comentó ella – No se preocupen
que no estoy matando a Maaya. Sólo aplico algo de lo que tu prima me dijo que
hiciera.
–Supongo
que de vez en cuando tienes que salir – le dijo Kenji.
–La
mortal quiere su cuerpo de vuelta – dijo Perséfone – Tiene que decirles
algunas cosas.
Cuando
Lina volvió a poseer su cuerpo, miró a Maaya muy golpeada.
–Sigue
practicando con tu campo de fuerza.
–Sí...
– ella asintió y trató de concentrarse de nuevo en la formación del campo.
Lina
llamó a Kenji y Reika para hablar con ellos. Se le veía aún más seria que
Perséfone.
–¿Están
conscientes de que Maaya está tomándole más importancia a su preparación que
ustedes? Y consideremos que ustedes tienen más perseguidores.
–Lo
sabemos, pero no hay tiempo. Tenemos muchas cosas en las cuales pensar –
respondió Reika.
–¿Exámenes
finales? ¿El hecho de que la vida de los dos corre peligro? Me pregunto cuál
es más importante para ti – Lina estaba usando su tono irónico.
–Estamos
diciendo de que aún hay tiempo para hacer los entrenamientos contigo... –
contestó Reika – Además Maaya es otro caso. Correría hasta el monte Fuji si
le dijeran que es un entrenamiento especial.
–Yo
no tomo esta ocasión correcta para bromas.
–Nunca
tomas ninguna situación como broma..
Kenji,
quien hasta el momento había estado callado, por fin se animó a hablar.
–De
todas maneras pienso adaptarme a la preparación que tienes programada. Aunque
realmente no sé cómo eso pueda ayudar a mis visiones...
–Espero
que al menos eso les ayude para que puedan defenderse, lo cual es más
importante. Recuerden cómo los dejaron los dos cazadores divinos de la vez
pasada – les recordó la muchacha de cabellos oscuros.
–Sí.
Entiendo eso. Al menos danos tiempo hasta que terminen los exámenes – le pidió
Reika.
–Sí,
está bien. Después de todo yo también tengo una tesis qué terminar...
–Ah,
una cosa más...
–¿Qué,
Reika?
Antes
de seguir, Reika se le acercó a su prima y le susurró:
–Recuérdale
a Perséfone que está entrenando a Maaya. Ella no es saco de arena para que se
descargue – le dijo mientras veía a Maaya poniéndose encima el hielo que Ryo
le había llevado.
–Eso
mismo pensé... Pero hasta ahora no se quejó.
Desde
su sitio, Maaya le gritó a Lina.
–¡Ya
estoy lista! ¡De nuevo!
Reika
comenzó a creer que Maaya era masoquista.
*
* *
Al
llegar a su casa, Kyo y Yuuhi estaban viendo la televisión y Suguru estaba
dibujando en el centro de la sala. Los tres eran hermanos menores de Maaya,
siendo Kyo el mayor con 12 años, Yuuhi el del medio (8 años) y Suguru era el
menor de ellos, con 6 años. Los tres niños vieron llegar a su hermana mayor
algo golpeada y caminando con las justas.
–¿Llegó
papá? – preguntó Maaya apenas entró.
–Sí,
pero ya bajó a la tienda... – Kyo alzó una ceja al ver el estado de su
hermana – Apuesto a que no entraste por ahí para que papá no te viera así.
–Tuve
un accidente y me caí. No se preocupen por eso – trató de convencerles
Maaya.
–El
agua está lista... Aún no nos hemos bañado para guardarte agua caliente –
le avisó Yuuhi, tan preocupado como Kyo.
–No
tenían que hacerlo...
–Yo
normal. No me tengo que bañar – dijo Suguru, aún dibujando.
–Calla,
tonto – le dijo Kyo – Hay días en los que regresas oliendo a perro mojado.
–Mira
cómo me habla, nee-chan – dijo Suguru a su hermana mayor.
–Kyo,
no le hables así a Suguru – le regañó Maaya.
–Que
Suguru no diga tonterías como esas.
–No
digo tonterías.
Mientras
Kyo y Suguru discutían como siempre, Maaya se apoyó en la pared, aún
adolorida. Yuuhi se acercó a ella con semblante serio.
–Hermana...
¿En qué pelea te metiste? – le preguntó Yuuhi.
–¿Pelea?
No fue ninguna pelea.
–Sí
lo fue. Esos moretones son de una pelea. Se los vi a un muchacho de Hokubei que
estaba peleando con un chico malo.
–¿Hokubei?
¿Cómo era ese muchacho?
–Tenía
un pañuelo rojo en la cabeza y el pelo de dos colores.
–Tetsuo...
– Maaya murmuró y frunció el ceño al adivinar que su amigo se había vuelto
a pelear – ¿Y él está bien?
–Sí.
Eso fue porque Aoshi se lo llevó.
Maaya
tomó más atención cuando Yuuhi mencionó a Aoshi. Normalmente ponía más
atención cuando el tema lo incluía a él.
–Al
menos ya me puedo dejar de preocupar por Tetsuo.
–Sí...
A propósito. Acabo de recordar que Aoshi me dejó un recado para ti cuando me
trajo a casa.
–¿Me
dejó un recado? ¿Qué dijo?
–A
ver... dijo que...
Desde
la tienda pudo escucharse a Maaya gritando “Eres un idiota, Aoshi”. Kyo y
Suguru habían dejado de pelearse para voltear estupefactos hacia su molesta
hermana, la cual al fin había ido a darse un baño. Yuuhi se encogió de
hombros y volvió a sentarse en el sofá, por lo que sus hermanos también se
sentaron en el sofá con él.
–¿Para
qué le dijiste eso? – le preguntó Kyo.
–Para
que Maaya se vaya a bañar de una vez. Cada vez que discute con Aoshi, se va a
bañar luego de que dice “Aoshi es un tonto” – le explicó Yuuhi.
–Creo
que a Maaya le gusta Aoshi – dijo Suguru.
–¿Recién
te das cuenta, tonto? – Kyo miró a su hermanito menor con una ceja alzada.
–Tonto
tú – respondió el menor de los hermanos sacando la lengua.
–Pero
no me respondió cuando le pregunté en dónde se hizo esos golpes – dijo
Yuuhi para sí mismo – Le preguntaré mañana.
Mientras
Kyo y Suguru se pusieron a discutir de nuevo, Yuuhi cogió el control remoto y
puso el canal de las noticias, donde pasaban de nuevo el desastre climatológico
de Milán.
«Los
motivos del repentino tornado que azotó Milán aún es inexplicable para los
meteorólogos que no vieron venir este desastre. Según los informes, el viento
se originó sin motivo aparente, sin previas señales características de la
llegada de tornados, como la presencia de nubes, variación en la presión del
aire o un aumento en la temperatura...»
– continuó la reportera – «Los bomberos y paramédicos llegaron al
centro de refugio, donde se hallaban los damnificados del pueblo cercano. Hasta
ahora se han hallado a 5 muertos, 69 heridos y a un niño desaparecido»
–Mira...
El niño que está ahí en la foto tiene bien chévere el pelo – comentó
Suguru al ver la foto del niño desaparecido – Me gustaría tenerlo así.
–Tu
cabello ya es rojo, enano – le dijo Kyo.
–Me
refería a peinarlo así de parado – respondió inflando las mejillas.
–Y
pensar que tiene tu edad, Kyo... Es muy malo que pasen cosas como esas. Por
suerte no pueden haber tornados en Tokio – comentó Yuuhi.
*
* *
A
la medianoche de ese mismo día, Francis estaba en la azotea de un museo, viendo
todo por el techo de vidrio. Distinguió a dos guardias de seguridad cerca de
unos pergaminos en una vitrina. Supuso que aquel era el objetivo de la misión.
Giró
a su costado, donde estaba el tímido niño italiano.
–¿Recuerdas
lo que tienes que hacer?
–Sí...
Pero aún no estoy seguro... ¿No es malo robar? – dijo el pequeño Bruno.
–Lo
es ¿A quién le importa? Sólo será malo para nosotros si te atrapan. Cuando
te dé la señal, harás lo que tienes que hacer.
–Y...
¿Y si no puedo hacerlo? Aún no sé cómo hacer eso que quieren que haga.
–Recuerda
lo que te dijo Lena sobre controlar tus emociones. Sólo piensa mucho en lo que
quieres hacer.
–Está
bien... – respondió aún inseguro.
Francis
abrió el vidrio de un puñetazo, con lo cual cayeron varios pedazos al suelo,
llamando la atención de los guardias. Ambos fueron donde se rompió el techo
transparente, pero no previeron que el desconocido ladrón saltaría y caería
sin problemas. Cuando pudieron reaccionar, iban a arrestar al intruso, pero
Francis reaccionó rápidamente e hizo el suelo de mármol formara cajas para
los policías. Una vez que encerró a los posibles estorbos, rompió con el puño
la vitrina de los pergaminos y chasqueó los dedos al empezar a escuchar la
alarma.
Bruno
vio desde arriba a Francis y trató de concentrarse. Un tornado se fue formando
debajo de Francis y lo alzaba del suelo lentamente. Demasiado lento para el poco
tiempo que les quedaba antes de que llegara la policía.
–Se
supone que debería ser más rápido – dijo Francis para sí mismo, al ver que
el niño no podía trabajar bien, pronto las sirenas de la policía comenzaron a
escucharse – Al carajo. Lo haré yo.
Francis
salió del remolino y colocó sus manos sobre el suelo, formando una columna que
lo empujó hacia arriba, como si fuera un elevador. Cuando llegó a la azotea,
volvió a bajar la columna a su estado normal.
–No
estás ayudándome mucho ¿Sabes? – le dijo Francis al pequeño de 12 años.
–No
pedí que me trajeras – contestó molesto de tanta exigencia.
–Y
yo no pedí que me pusieran de niñera tuya.
–¿Quieren
parar con eso? – dijo una voz femenina.
Francis
y Bruno cayeron sentados por el susto al suelo al ver la cabeza de Lena saliendo
de una pared. Entonces la chica rubia terminó de atravesar el muro y se paró
frente a ellos.
–¿No
que ibas a quedarte en la casa? – dijo Francis al verla.
–Sabía
que tendrían pequeños percances – Lena señaló hacia arriba para que
escucharan el ruido de alarmas y policías llegando – ¿Nos vamos ya?
Antes
de que Francis y Bruno se levantaran, Lena cambió su expresión a una más fría
y extendió el brazo hacia el frente, en medio de los dos muchachos. Al
siguiente segundo, una cámara detrás de los dos explotó.
–¿Cómo
lo hiciste? – preguntó Bruno.
–Sólo
se trata de concentrar la energía en un punto. Te lo enseñaré llegando a casa
– Lena volvió a sonreírle al pequeño, el cual se sonrojó un poco al verla.
Lena
cogió a Bruno del brazo y a Francis del cuello de su playera y ambos
atravesaron la pared del edificio del costado. Antes de atravesar completamente
el edificio, Francis pudo ver llegando a un individuo de capa negra y con una
insignia dorada de una cruz de rombos sobre una “H” curva ¿Estaría ese
ladrón interesado en lo mismo que ellos se llevaron?
*
* *
A
la mañana siguiente, las noticias en Japón se centraron en el robo al Museo de
Historia Griega. Se veía en cada noticiero y en todas las primeras planas de
los diarios, no por el robo en sí, sino la anomalía presentada. Incluso se
especulaba que podría haber sido obra del mismo ladrón que se llevó el
diamante Yamban meses atrás.
Marla,
quien estaba en ese momento acompañando a Goro en su desayuno, vio cómo su
compañero arrugaba el periódico y lo tiraba hasta el otro lado de la terraza.
–¡Es
el colmo! ¡Es muy claro que deberíamos estar trabajando en esto! – dijo un
irritado Hanajima.
–Aunque
creo que él está consciente de que en algún momento lo van a encontrar por
estas escenas. Digamos que el muchacho no se abstiene de mostrar lo que puede
hacer, pero pareciera que aún no se ha enterado sobre los Cazadores Divinos.
–¿Quién
le advertiría? – preguntó retóricamente.
Hestia
terminó con el té y vio a Goro volver a desdoblar el periódico que había
estado arrugando furiosamente. En ese momento un empleado entró al jardín y
llegó hasta la mesa de ambos.
–Señor
Hanajima, tiene una llamada – le dijo el ama de llaves – Es el
vicepresidente de la firma.
Goro
recibió el teléfono y contestó aún de mala gana. Como siempre, se trataban
de socios que querían confirmar. Dejó el periódico en la mesa y siguió
hablando por el teléfono, mientras Marla continuaba con un café
tranquilamente.
La
primera plana del diario tenía un artículo con muchas fotografías del museo
de historia.
«MISTERIOSOS
SUCESOS EN EL ROBO DEL MUSEO DE HISTORIA GRIEGA»
«Lo
particular de este robo fue la manera en la que se realizó. No sólo entraron
por el tragaluz de vidrio, también se vio que el suelo había sufrido
alteraciones, como la formación de columnas emergentes del concreto. Los
vigilantes de ese turno habían sido encontrados dentro de cubículos de piedra
de 3 metros de altura. Curiosamente, el único objeto desaparecido fue un
pergamino...»
Marla
llegó a ver las últimas palabras del artículo y terminó soltando su taza,
completamente muda. Cuando Hanajima terminó de hablar por el teléfono, vio a
su compañera en ese estado.
–¿Ahora
entiendes porqué ando tan tenso? – dijo Poseidón al percatarse del periódico
otra vez.
–¡¿Los
pergaminos del mito?! ¡¿Para qué querrían saber sobre la apuesta de los
muchachos hace 4000 años?! – Marla estaba irritada como nunca antes lo había
estado.
–Genma
Okubo fue quien halló esos pergaminos originalmente. Según se especulaba, él
era el único que logró decodificar algunas palabras que no parecían tener
sentido dentro del manuscrito, pero sufrió ese accidente antes de volver a Japón...
Demasiada coincidencia.
–Incluyendo
el hecho de que hurtaran el diamante y, a las dos semanas, el mismo ladrón
volviera a robar, ésta vez algo relacionado a la apuesta entre los muchachos.
Ambos
volvieron a leer juntos el periódico mientras mandaban a preparar café, ésta
vez el doble de cargado. Después de aquella sobremesa cargada de un pesado
silencio de preocupación, Goro se alistó para ir a trabajar y Marla lo llevó
en su auto, ya que de repente le habían dado ganas de conducir.
Estuvieron
yendo por la carretera, a unos 70 km/h, aproximadamente. Marla al volante y Goro
revisando la agenda del día en su palm.
–Dentro
de poco llegamos – le dijo Hestia – Si quieres paso por ti cuando termines.
–Sí...
¿Y qué harás hasta entonces? Comienzo a creer que ya no trabajas.
–Tomo
vacaciones... Sin avisar al resto, claro.
Hanajima
la miró aún tranquila, como siempre estaba, pero tenía un presentimiento.
–No
te vayas a meter en demasiados líos – le dijo él.
–Descuida.
Sabré salir bien parada.
–No
iré a rescatarte si fallas.
–No
lo necesitaré. Debo saldar cuentas... Y de pasada darle la bienvenida a alguien
¿Le mando saludos de parte tuya?
–Dile
que me importa un rábano – dijo de mala gana.
–Bien.
Le digo que te alegra su llegada – sonrió y aceleró.
Marla
sacó una cajetilla de cigarros y encendió uno. Después de fumar un poco al
volante, le ofreció uno a Hanajima, peor éste lo rechazó.
–¿No
que lo considerabas un vicio repugnante? – preguntó Poseidón con una ceja
alzada.
–Y
lo sigo manteniendo – dijo después de darle otra aspirada – Creo que la
situación lo amerita.
–Entonces
suerte...
Cuando
llegaron al edificio de la Corporación Hanajima, Goro salió del auto y aún
miró a Marla severamente. Al ver cómo el auto se perdía al doblar una
esquina, Hanajima soltó un suspiro y entró con su maletín, rogando que todo
saliera sin complicaciones.
–Tengo
el presentimiento de que tendré que comprar otro Ferrari – murmuró Goro para
sí mismo.
*
* *
Bruno
estaba usando un uniforme azul de escuela, aún bostezando por la jornada del día
anterior. Francis aún estaba durmiendo en la habitación y habían muchas
maletas en la sala. Lena salió fresca, como siempre, con el uniforme de Hokubei
puesto, lo que significaba que sería su primera aparición en la escuela después
de una semana de inasistencias.
–¿Nervioso
en tu primer día, Bruno? – le preguntó la rusa.
–Un
poco... ¿Qué debo hacer? Aún no hablo bien el japonés y temo que se burlen
de mí y...
–Y
primero hay que desayunar bien. Primero recuerda que no importa si ellos no se
acercan a ti. Recuerda que eres especial, aún más poderoso que alguno de esos
niños sin talento. Al menos tienes que salir bien educado para no terminar como
Francis.
–¡Te
escuché! – gritó el aludido desde su cuarto.
–Bueno,
ahí está la cosa... – Lena cogió el papel de transferencia falso de Bruno y
lo leyó – Vaya, te tocó en Nagumo. Pensé que tal vez te pondrían también
en Hokubei para estar más cerca de ti si lo necesitaras.
–No
siempre son fáciles las transferencias – dijo una voz femenina desde el
pasillo.
Ambos
voltearon hacia ella. Era una mujer alta, de cabello negro rizado corto y ojos
color azul brillantes. Se le podían calcular aproximadamente unos 30 años. Por
las ropas de viaje que llevaba puestas se podía saber que hacía poco que había
llegado.
–Ah,
señora Hilde. Veo que ya terminó de ver la habitación que le guardé –
sonrió Lena – Me esforcé en conseguir un apartamento acogedor, espacioso y
en buen lugar.
–Y
veo que no escatimaste en gastos... Considerando que yo pago todo esto – dijo
Hilde con la ceja alzada – De todos modos ya recogieron mi equipaje. Ven
directo de la escuela, y ésta vez no te retrases.
–¿Yo?
¿Retrasarme? ¿A qué se refiere? – preguntó fingiendo inocencia.
–No
te hagas que sé todas tus mañas, Lena – le contestó ella.
En
ese momento el timbre del apartamento sonó. Bruno seguía sentado en la barra
de la cocina, por lo que Lena fue a abrir la puerta. Al atender, vio a una mujer
americana, de largo cabello verdoso recogido. Marla podía controlar muy bien
sus emociones, por lo que permanecía tranquila y sonriente.
–Hola...
¿Llegó Hilde? – preguntó Marla.
–¿Marla
Winslow? – dijo Lena, con fingido interés – Había escuchado tanto de
usted.
–Déjame
adivinar... Tienes mi línea de verano en tu armario y has visto mi desfile de
otoño – dijo ella.
–Realmente
la señora Hilde la mencionó una vez... Supongo que vino a buscarla.
–Exactamente.
Después
de intercambiar miradas, Lena la invitó a pasar. Hilde la vio muy seria.
–Hestia...
– dijo Hilde – Supuse que serías algo así en esta vida.
–Pues
comparando con el aspecto que tenías hace 75 años, ésta vez supiste escoger
bien, Hera ¿Ésta vez cuántos años tenía el rico con el que te casaste por
la fortuna? – Marla sonrió ésta vez más maliciosa.
–Muy
graciosa – contestó al captar aquel chiste – No tengo intenciones de
comenzar la charla que íbamos a tener una vez que terminara de desempacar, así
que espero tenga un buen motivo tu visita.
–¿Escuchaste
sobre unos robos que hubieron? Uno en el museo de historia y otro en la joyería
que pertenecía a Goro.
Bruno
se estremeció desde su sitio, mientras Lena miraba discretamente hacia las dos
mujeres. Incluso podía percibir que Francis ponía atención desde su habitación.
–Sí.
Sé un poco de eso. Si supiera más detalles, igual no les diría nada – contestó Hilde con una
calma igual de inquebrantable como la de Marla.
–Bien...
Sólo quería verificar – ella bajó un poco las gafas violeta que llevaba
puestas y volvió a acomodar su chal de seda – Además de eso habían dos
cosas que quería decirte.
–A
ver...
–Los
Cazadores Divinos están aquí en Japón.
–Ya
veo... Era de esperarse ¿Qué es lo segundo que quieres decirme?
Hestia
sonrió nuevamente y sacó las llaves del auto para jugar un poco con ellas.
–Vamos
por un café... Yo invito.
Hera
miró a la otra diosa reencarnada. Por más que trató, no pudo ver algún
posible plan en ella. Lena y Bruno miraron la escena, esperando alguna reacción.
Incluso Francis se asomó por la puerta de la habitación y miró lo que pasaba
en la sala con curiosidad.