Deux Kratos: Pantheon

  

  

Vigésimo Cuarto Acto: Regalo

 

 

La próxima semana no sólo era Navidad, ya que el 23 de diciembre justamente caía el cumpleaños de Ryo. Sus amigos querían darle buenos regalos, pero era prácticamente imposible regalarle algo, ya que él lo tenía todo, incluso lo más caro y novedoso del momento. Ryo siempre insistía en que no era necesario, pero como buenos amigos, no le hacían el menor caso a su modestia.

 

–¿Todos los años es así de complicado? – preguntó Madison, la cual estaba enfrentando por primera vez el reto de pensar sobre qué regalarle a alguien que lo tenía prácticamente todo.

 

Los mellizos y su prima amazona estaban en la habitación de Reika con la música de la radio y revisando catálogos de todos los temas que podían gustarle a Ryo.

 

–Bienvenida a nuestro mundo – le dijo Reika desde su cama.

 

Las dos voltearon a ver a Kenji, el cual, desde el sillón inflable de la esquina, estaba murmurando mientras ojeaba el catálogo. Era una de las pocas ocasiones en las que Madison veía a su primo en ropa holgada ligera y lentes de lectura, los cuales sólo usaba en casa.

 

–Deck de Tierra... No, se lo compró el otro sábado a la dependienta... Juego de dados de la versión especial... No, también los tiene... – seguía murmurando el único hombre del cuarto.

–Ustedes dos son un par de freaks – dijo Reika al verlo concentrado en una revista de juegos de Rol.

–Si nos gusta eso, yo a ti no te digo nada por coleccionar tus mangas de gays – le respondió su hermano.

–Se llama “Yaoi”. Pero lo que digo es que por qué te esfuerzas en buscar entre una lista de cosas que de hecho que ya compró, y para colmo estando tú con él en el almacén.

 

Kenji se dio cuenta de que Reika tenía razón. Frustrado todavía, tiró el catálogo hacia el centro de la alfombra, justo al costado de su prima.

 

–¿Cómo pueden gustarles las batallas con cartas? Las reales son mucho mejores – comentó Madison, tomando el catálogo que su primo casi le arrojaba.

–Y seguro que querrás meternos a todos en entrenamiento intensivo de combate como regalo para Ryo – comentó Reika con ironía.

–Para tanto no voy. Ya tenemos suficiente con el entrenamiento de Lina – le respondió la amazona.

–Hey. Acá hay algo. Seguro que no lo tiene – exclamó Kenji muy emocionado al ver en el catálogo de Videojuegos para Play Station 2.

 

En ese momento, el teléfono de la habitación sonó y Madison contestó.

 

–Sí, ahora te lo paso – Madison puso el auricular frente a Kenji – Es para ti.

–¿Aló?

–Hola, Kenji. Habla Ryo. Adivina qué. Aoshi me avisó de que iba a irse a Kyoto con su familia porque a sus padres se les ocurrió viajar a último momento, así que me mandó mi regalo por adelantado. Es un juego original de Final Fantasy X en versión Deamcast ¿Quieres venir a probarlo?

 

Apenas escuchó eso, Kenji se vio más frustrado que antes y arrojó el otro catálogo contra la pared. Pudo contenerse de responder airado cuando vio a las dos chicas en el cuarto hacerle señas, recordándole que aún estaba hablando con Ryo.

 

–Sí, genial. Voy ahora – dijo sonriendo nuevamente.

 

Cuando colgó el teléfono, Reika y Madison comenzaron a reír como locas.

 

–Aoshi te ganó la partida, hermanito – le recalcó Reika entre risas.

–En fin ¿Qué iba a hacer? ¿Decirle a Aoshi un “Ya lo reservé yo”? – contestó Kenji, volviendo a la modalidad sarcástica.

–No te recordaba tan contestón – comentó Madison.

–Se está juntando demasiado con Aoshi y Tetsuo. Ellos le pegan las malas costumbres a cualquiera – bromeó Reika.

 

En la radio había una propaganda sobre el circo que estaba próximo a llegar a Tokio. Promocionaban a varios acróbatas de diferentes partes de Europa y, especialmente a dos psíquicos gitanos.

 

“El Circo-Carnaval de Moscú estará en Tokio por fiestas y está orgulloso de presentar a los Sensacionales Miguel y Psique, los telépatas más famosos del mundo. No sólo eso, ya que Miguel es también el lanzacuchillos y equilibrista estrella... Él, junto con la bella Psique, también son conocidos como ‘Los Milagrosos Astros del Amor’ por los infalibles resultados en los casos del corazón...”

 

–Podríamos convencer a Psique y a Miguel para un show privado – bromeó Reika.

–¿Para qué? ¿Para que hagan unos cuantos amarres amorosos? Es todo estafa de gitanos. Esas cosas nunca funcionan – le dijo Kenji.

 

* * *

 

El departamento en el que se alojaba Roy era un ático lleno de libros, algunos de literatura inglesa y la mayoría eran referentes a las especialidades de la Orden y a temas místicos. El resto del espacio estaba lleno de cajas con cuadernos de apuntes y estanterías que formaban improvisadas paredes y simulaban un departamento.

 

Roy y Misty habían tenido reuniones con Lina y Yamato para hablar sobre la aparición de los Cazadores Divinos, pero no podían avanzar sin lo que podría estar callando Perséfone.

 

–¿Aún no le has preguntado nada? – preguntó Misty a Yamato.

–¿Cuándo querías que lo hiciera? Últimamente no ha salido cuando estoy con Lina.

–Deberíamos resignarnos. No podemos guardar esperanzas en Perséfone para obtener más información sobre los Cazadores Divinos – dijo Lina – Ni yo puedo sacarla a voluntad. Ella sale cuando quiere.

–¿No creen que tal vez se haya dado cuenta de que queremos preguntarle de nuevo sobre ese asunto? – dijo Yamato.

–Podríamos intentar algo... – dijo de repente Roy, aún aislado en el sillón. Los demás voltearon hacia él.

–¿Cuál es tu gran idea? – preguntó Kobayashi.

–Sería mejor si lo hacemos en Noche Buena. El ambiente será el adecuado para sacar el tema a flote.

–Sólo espero que eso no afecte a los muchachos... – mencionó Misty, refiriéndose a Kenji, Reika y Madison.

–Entonces procuraremos que no se enteren – concluyó Roy.

–Y yo veré que Perséfone salga mañana – dijo Lina.

–Estamos alargando mucho esto... Llevamos días esperando respuestas – se quejó Roy.

–Lo mejor sería no perturbarla... tampoco quiero que se harte de que le preguntemos – le dijo Yamato.

 

Cuando Lina y Misty se fueron a la cocina, Yamato se fijó en la seriedad de Roy. Ese era signo de que no le preocupaba sólo una cosa.

 

–¿Y ahora qué es lo que te pasa? – le preguntó Yamato – Si es esto, ya veremos cómo arreglamos lo de los Cazadores Divinos.

–No es eso lo que me preocupa.

–¿Alguien más además de los Cazadores Divinos?

–Sí. Hera y Poseidón.

 

* * *

 

Había estado horas en el techo del edificio, vigilando el departamento que le habían indicado. Antíope pensó que sería un buen trabajo asociarse con Cazadores Divinos y “hacer cacería”, pero también tenía su parte aburrida. Sobre su corta ropa de guerrera, tenía puesta la capa negra de los Cazadores Divinos y unos cuantos copos de nieve sobre los hombros. No comprendía qué hacía viendo el departamento de unos jovencitos extranjeros. Podía divisar a una rubia y a un latino por la ventana, ambos viendo televisión. Ocasionalmente caminaba un niño pelirrojo por ahí, el cual siempre tenía una expresión tímida.

 

–El espionaje no es lo mío – dijo para sí misma – A mí sólo me llaman para la parte de la acción.

–Digamos que no habrá acción hasta dentro de unos meses – al voltear, vio de que Minos había llegado con dos latas tibias de café y le pasó una de ellas – Tú, yo y Luc somos los únicos de la organización en Japón, así que el trabajo de investigación lo tenemos que hacer nosotros también.

–Al menos estoy mejor que en Grecia – comentó al recordar que durante un año se había dedicado a robar carteras como una ladronzuela común – Pero esta ciudad es muy fría para mi gusto.

–Terminarás acostumbrándote – sonrió nuevamente y se puso al costado de su compañera de armas.

–¿Recuerdas que te pregunté algo hace una semana? – le dijo Antíope, aún viendo por los binoculares al edificio de enfrente.

–¿Cuál de todas las preguntas? – aunque los ojos de Minos estuvieran cubiertos por los lentes oscuros que siempre usaba, Antíope vio cómo la ceja partida por la cicatriz de su ojo izquierdo se arqueaba.

–Sobre todo lo demás... Eres de aquí, conoces la casa en la que estamos alojándonos y pareces saber algo más sobre los mellizos que son primos de mi media-hermana... ¿Hay algo que te relaciona con toda esta situación?

–Eres más suspicaz de lo que pensé.

–Basta con los halagos ¿Me dirás de una vez algo?

–Digamos que sí estoy familiarizado con todo lo de aquí... Lo demás te lo diré con el tiempo. A Luc le llevó dos años sacarme todas las respuestas.

–Entonces supondré que aún no entro en tu “Círculo de Confianza”

–Tú lo has dicho. Hay que hacer honores, Antíope – dijo sonriente.

 

Volvieron a la vigilancia. Los tres jóvenes que vigilaban seguían en el departamento sin hacer nada fuera de lo común.

 

–¿Aún piensas que es importante permanecer congelados en una azotea? – preguntó Antíope.

–Sí.

 

Por mientras, dentro del departamento, Lena y Francis estaban aún en el sofá. Francis estaba pasando los canales con el control remoto, completamente aburrido. Lena, a su vez alternaba la vista entre la televisión, Francis y Bruno, éste último caminaba de un lado a otro en la sala y viendo sus manos constantemente, practicando para sacar las ráfagas.

 

–Pensé que saldríamos... – dijo de repente Francis.

–O que practicaría contigo mis técnicas – dijo también Bruno.

–Deberían fijarse en el clima. Hace mucho frío para salir... Tranquilos en casa estamos bien – dijo la sonriente Lena, dirigiendo una fugaz mirada a la azotea del edificio de enfrente.

 

Bruno se aburrió de estar caminando en círculos y se echó sobre uno de los sillones, viendo como Francis hacía el zapping de canales.

 

–Déjalo en un canal – dijo el niño.

–Cuando me aburra de hacerlo – respondió el otro – Oye, Lena ¿Tú sabes a dónde se fue la señora Hilde?

–Ni idea...

 

Finalmente Francis detuvo el zapping en un canal en el que transmitían un reportaje sobre el Circo-Carnaval de Rusia. Habían varias imágenes de trapecistas, bailarinas y demás estrellas del acto.

 

–Sería divertido ir a esos lugares... – comentó Bruno en voz casi hecha un susurro.

–Cuando vivía en Lima había un circo de provincia... Era toda una chacra ya que eran puros payasos y unos cuantos animales de corral, pero igual era divertido – comentó Francis – Si quería ver algún circo de verdad con osos, elefantes o acróbatas, tenía que ser al menos de clase media-alta ¿Tú que opinas, Lena? ¿Te gustaría que fuéramos a dar un vistazo?

–Tuve suficiente de circos... – murmuró ella con la vista en la ventana.

–Supongo. Eres de allá, debiste haberte colado alguna vez para ver algún show.

–No exactamente...

 

Francis y Bruno estaban extrañados de que Lena se refiriera al circo con tanta frialdad, ya que esa no era reacción propia de la Lena que veían todos los días.

 

–A propósito... – dijo Antíope, volviendo a hablarle a Minos después de tomar un sorbo de la lata – ¿Cuál es la “mega misión” que le asignaste a Luc?

–Él está dando reportes de su llegada – dijo Minos – Regresará mañana con compañía.

 

Al volver a ver a los objetivos, Antíope pareció notar que Lena miraba brevemente hacia donde ellos estaban, pero al volver a parpadear, la rusa volvía a ser indiferente a la ventana. Por un instante creyó que la chica los había notado, pero no sería posible, considerando que el edificio en el que estaban era aún más alto que el departamento. Volvió a parpadear y trató de hallarle algo de especial a la rusa, pero nada parecía saltar de lo común en ella.

 

* * *

 

–Llevo pensando en el asunto del regalo desde hace tiempo y parece que no va a concluir en algo – Kenji se veía más frustrado que nunca.

 

Al día siguiente, los tres habían decidido dar un paseo por la avenida para aclarar la mente y ver en las tiendas que se encontraban cerca. Estaba muy frío, pero las calles seguían igual de concurridas, especialmente por estar cerca una de las fiestas más comerciales en Japón. Muy pocos de los que compraban .

 

–Ya vamos a pensar en algo, Kenji – le dijo Reika, tratando de animarle.

–Sí. Ya ven que encontrarán algo... – extrañamente Madison estaba más animada que los otros dos, cosa que notaron.

–¿Y tú por qué estás tan tranquila? – le inquirió Kenji.

–No me digas que tú ya encontraste el regalo – Reika se plantó frente a su prima para encararle.

–Sí. Se me apareció como en un sueño.

–¡¿Y no nos lo dijiste?! – le vociferó su primo.

–Calma, calma. Ya había pensado en eso y los incluí en el plan. Lo averigüé por teléfono bien temprano, así que me dio pena despertarlos. Miren. Justo estamos aquí...

 

El lugar al que Madison los había llevado era una tienda de antigüedades no muy conocida. En la entrada del local habían muchos muebles y jarrones viejos y un gastado anuncio sobre piezas extranjeras.

 

–Madison... ¿Cómo encontraste este lugar? – le preguntó Reika.

–Había un reporte de los domingos sobre este lugar. Según el del programa, esta tienda tiene más cosas que el Museo Nacional.

–Escuchaba a papá quejarse de estas tiendas de antigüedades antes... – comentó Kenji – La mayoría de los objetos provienen de los profanadores de tumbas.

–Sí. Mi papá también lo decía, pero ésta sí es confiable. Además descubrí que el dueño es un conocido de nuestros padres – dijo la amazona mientras entraba al local.

 

Si bien era una tienda de antigüedades, estaba muy mal organizada, ya que habían muchos objetos fuera de lugar: Jarrones chinos sobre muebles egipcios, bustos griegos en el mismo anaquel de artesanías incas, un baúl de roble inglés que tenía encima un tapete persa y un viejo saco de los años treinta.

 

–Creo que no ha tenido mucho tiempo para organizar – comentó Reika.

–Hay que entender que recién se mudó a Tokio – le excusó Madison – Les aseguro que terminará dándonos una sorpresa.

–Entre todo el desorden, creo que no... – murmuró Kenji.

 

Cuando doblaron en un pasillo, chocaron contra otras dos personas y cayeron sentados al piso.

 

–¡Lo siento! No vi con tantas cosas – se disculpó Kenji.

–¿Qué hacen aquí? – preguntaron Tetsuo y Mizuki al mismo tiempo, quienes seguían sentados en el suelo.

–Vaya sorpresa encontrarlos aquí – comentó Madison.

–Al parecer las mentes geniales piensan igual – dijo Tetsuo sonriéndole a Madison.

 

No había que ser adivino para darse cuenta de que los dos también estaban buscando regalos ahí. Se levantaron del piso y se sacudieron el polvo.

 

–¿También de compras? – preguntó Reika.

–Pues creímos que Ryo ya tiene mucho de lo presente y futuro, así que algo del pasado le agradaría igual – dijo el de la pañoleta roja. Mizuki sólo asintió calladamente a lo que dijera su amigo.

–Se supone que nosotros compraríamos aquí – dijo Kenji.

–Bueno, sería muy gracioso que todos termináramos dándole a Ryo el mismo regalo – Madison parecía ser, junto con Tetsuo, uno de los pocos que hallaban la gracia a la casualidad.

–Una bonita coincidencia que tenga cinco de estos – bromeó Reika, mientras examinaba una jarra con pinturas de épicas – Aunque no compraría imitaciones. Se le nota por el barniz.

–Sí que eres buena en esto, jovencita – a los cinco les dio un sobresalto tal al escuchar la voz aguda que los tomó de sorpresa.

 

El hombre que estaba parado detrás de ellos era delgado, algo viejo con alborotado cabello canoso con negro (sin bigote ni barba) y usaba sobre su larga nariz unas gafas muy gruesas que amplificaban sus ojos azules casi diez veces. Llevaba un viejo saco de franela a cuadros y una camisa amarillenta de los cincuenta.

 

–No cualquiera reconoce estas imitaciones... – comentó el anciano viendo la jarra que tenía Reika – Personalmente no los compraría, pero a la gente le gustan mucho y ninguno ha notado la diferencia entre las originales y éstas. En fin... ¿Se les ofrece algo?

–Buenos días, señor Bertrani – sonrió Madison – Le llamé en la mañana.

–¡Ah, claro! Entonces tú eres Madison. Sí que sacaste mucho de tu padre. Apuesto a que Hiroe debe seguir en las andadas.

–Al menos sé que está bien por allá – respondió ella – Ellos dos son mis primos y los otros son amigos.

 

El viejo miró a los gemelos y pronto se le iluminó el rostro. Rió animadamente y le dio una palmada en la espalda a Kenji.

 

–Así que ustedes dos son los hijos de Genma. Sí que sacaron mucho de él – comentaba el señor Bertrani.

–Bueno... Nos lo dicen a menudo en el museo – sonrió Reika.

–Recuerdo cuando aún me encargaba de mi tienda en Atenas. Aunque Hiroe y Genma nunca me compraban nada y sólo iban a mirar... De todas formas... ¿Venían por algo en especial? – preguntó el anciano.

–Ah, sí. Queremos buscar un regalo para un amigo – le explicó Kenji.

–Regalo... regalo... Creo saber qué es lo que podrían querer – el señor Bertrani fue hacia su mostrador y comenzó a buscar hasta que finalmente sacó una vieja y polvorienta caja de terciopelo roja – Esto será perfecto. Cambia de color con el ambiente y es de buena suerte. Tengo entendido de que las vestales lo usaban. Ojalá todos ustedes le terminen dando un buen gusto a su amigo.

–Eh, disculpe... Nosotros vamos a comprar cosas distintas. Se supone que sólo lo compraremos los tres – dijo Kenji.

–Qué buena broma, Kenji. Se supone que llegamos antes, así que Mizuki y yo se lo vamos a regalar a Ryo – dijo Tetsuo.

–Realmente me da lo mismo – murmuró Mizuki, pero nadie le hizo caso.

–Yo les diría a los dos que lo compraremos entre los cinco – intervino Madison antes de que Kenji y Tetsuo se fulminaran con la vista.

–Y yo opino que es necesario – dicho esto, Reika sacó la etiqueta del precio que estaba en la caja y la mostró a los dos, haciendo que se quedaran con la quijada casi llegando al suelo.

–O podrían llevar por un módico precio un modelo a escala del templo de Osiris – dijo el señor Bertrani al señalarles la caja con un modelo armable – No es una antigüedad, pero es un gran pasatiempo. Un sobrino me lo dio hace mucho tiempo, así que podría interesarles.

–Ehh... No, gracias. Nos llevamos éste.

 

Finalmente, luego de reunir todo el efectivo que llevaban, los cinco salieron con la caja en manos de Tetsuo y Kenji.

 

–Qué buena venta la de hoy – dijo el señor Bertrani para sí mismo mientras los despedía – De verdad que son buenos muchachos y muy creativos para llevarse una Esfera de las Vestales. En verdad que deben de querer darle un buen regalo a su amigo.

 

Casi al mismo tiempo que los muchachos salieron del campo visual, un joven que parecía ser un office-boy llegó a la tienda.

 

–Buenos días. El señor Hanajima me envió por el pedido que hizo por teléfono ésta mañana.

–Oh, claro. Aquí lo tiene, joven. Mis saludos al señor Hanajima.

 

Cuando el chico se fue con la caja de terciopelo verde, el señor Bertrani se dispuso a barrer la fachada.

 

–Qué buenas ventas que hice hoy. Los muchachos se llevaron la caja verde que tenía la Esfera de las Vestales y ahora debe llegarle a Hanajima la caja roja con el Cofre de Pandora... ¿O era al revés?

 

* * *

 

–¿Con el señor Hanajima? Habla el señor Bertrani de la tienda de Antigüedades. Quería decirle que me había confundido al mandarle la caja – dijo el señor Bertrani por la línea telefónica.

–Sí, ya lo noté – contestó Goro inexpresivamente mientras Marla jugaba con la esfera entre las manos, la cual cambiaba de roja a azul por las manos de la Diosa de los Fuegos Vestales.

–Nunca pensé que vería una de estas nuevamente – comentó ella animadamente, subiendo y bajando la temperatura de sus manos constantemente.

–¿Me está diciendo que dejó en manos de un desconocido el Cofre de Pandora, aquel que contiene a los demonios que no fueron liberados junto con las pestes? – dijo nuevamente Hanajima, sonando más gélido que nunca, pero el despistado viejito no se alteró y siguió igual de sonriente a través del teléfono.

–De todas formas sólo sirve de colección porque nadie puede abrirlo.

–Qué importa ¿A quién le dio el Cofre de Pandora? – preguntó el Dios de los Mares.

 

* * *

 

–Creo que deberíamos chequearlo antes de regalarlo... Ya sabes. Siempre quise ver que una piedra cambie de color – comentó Tetsuo mientras caminaban.

–Supongo que tienes razón. Así nos aseguraremos de que esté en buen estado – asintió Kenji.

 

* * *

 

Goro llegó en segundos a la tienda de Antigüedades, seguido de Marla, la cual seguía jugando con la Esfera de las Vestales.

 

–No puedo creer que se haya confundido de caja y se la haya dado a un grupo de jovencitos inexpertos – siguió diciendo Goro desesperadamente.

–De todas formas notarán después que no es lo que querían y lo devolverán a penas descubran que no es lo que compraron – entonces el señor Bertrani miró cómo Marla estaba haciendo cambiar de color la esfera al pasarla entre sus manos – Es increíble cómo ha logrado manejarla, pero aún no sé cómo hace para que cambie hasta rojo. Nunca ha adaptado ese tono a excepción de la vez en la que uno de mis sobrinos la dejó cerca de la estufa.

–Deja de jugar con eso, Marla – le dijo Goro entre dientes.

–Aguafiestas – murmuró ella cuando la guardó nuevamente en su bolso.

–Entonces dígame... – el señor Bertrani tomó un sorbo de su café y se sentó sobre uno de los taburetes egipcios después de que los otros dos también lo hicieran – ¿Cuál es su interés al adquirir el Cofre de Pandora? Tengo entendido de que nunca se ha abierto y nunca se abrirá. Han hecho miles de pruebas para hacerlo y hasta ahora no lo han logrado.

–La leyenda completa sobre el Cofre dice que Pandora logró abrirla porque ella era creación divina. Eso significa que no es accesible para el mortal, a menos que éste reciba intervención divina. Por eso me interesa – explicó Goro.

–Diría por lo que ha dicho que toma la Mitología Griega muy a pecho. Entiendo que sea su hobby, pero no creí que le tomara tanta importancia a los mitos.

–Sólo le tomo la importancia que merece. Ahora ¿Me podría decir cómo son los muchachos?

–Claro. Una es una muchacha de trenza muy larga y negra y siempre lleva una espada negra. Personalmente me habría gustado comprársela porque pareciera hecha por las amazonas. El otro estaba usando una pañoleta roja en la cabeza y tenía las puntas del pelo aclaradas. Había uno con el pelo blanco y corto y... ¡Cómo olvidar a los hijos de Genma! Los dos mellizos tenían el pelo rubio y negro en la nuca y los mismos ojos verdes de Hiroe y Genma Okubo. Sí que salieron a sus padres. Hasta habría jurado que el muchachito era Genma rejuvenecido... A propósito – El señor Bertrani volvió a tomar la caja del modelo a escala del templo de Osiris – Podría considerarlo como un buen hobby. Quita el estrés y podría quedar muy bien en su oficina.

 

Tanto Goro como Marla se quedaron helados al reconocer aquellas descripciones. Si Kenji, Reika o Mizuki llegaban a abrir la caja, ocurriría algo devastador. Se pararon simultáneamente y se dirigieron a toda prisa a la salida.

 

–Quizás estaban apurados. Ya regresarán por si les interesó la jarra – dicho esto, el señor Bertrani terminó su café y se dispuso a barrer la entrada nuevamente.

 

* * *

 

Justamente los cinco se habían detenido en el patio de la escuela, en esos días cerrado por fiestas. Había una fina capa de nieve sobre la hierba húmeda y los arcos del campo de soccer tenían un escarchado brillante. Se habían sentado sobre las gradas y estaban llenando una tarjeta.

 

–¿Por qué tu nombre debe ir primero? – le reclamó Tetsuo.

–Porque Ryo es mi mejor amigo – respondió Kenji.

–Entonces no me explico porqué mi nombre está al último.

–Tenía que ponerlo en algún lado.

–Que yo sepa, fue idea mía comprarlo – intervino Madison.

–Sí, pero yo soy la mejor amiga de Ryo – dijo Reika.

 

Mizuki los observaba discutir sobre quién debía ser mencionado primero en la tarjeta. Suspiró aburrido y volvió a apoyar el paquete rojo sobre sus rodillas. Mientras sus amigos seguían concentrados en decidir quién sería nombrado primero, él decidió ir abriendo la caja. Al quitarle la tapa descubrió, en lugar de una esfera, un cofre de mármol negro y grabados en Pan de Oro.

 

Mizuki se extrañó al ver el cofre, ya que le parecía muy familiar, como si ya hubiera sabido sobre él. También le parecía muy raro de que la esfera estuviera en un cofre tan fino, porque si ese hubiera sido el caso, ni les habría alcanzado para pagarlo.

 

–Hey, chicos. Creo que nos equivocamos de paquete – dijo Mizuki, pero ninguno notó que él había hablado.

 

Mizuki volvió a suspirar resignado y decidió abrirlo por su cuenta. En ese momento Kenji tuvo un dolor de cabeza y un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Giró rápidamente hacia Mizuki y rápidamente fijo sus ojos en el cofre.

 

–¡No lo abras! – gritaron Kenji y Goro al mismo tiempo, el último recién llegando a la escuela.

 

Al abrirlo no encontró la esfera, pero sí se percató de que el fondo de la caja, tan negro como su exterior, parecía no terminar. Soltó la caja repentinamente y de ésta salieron dos sombras negras. La primera tenía la silueta de un gran demonio felino con tres colas puntiagudas y la segunda era de un gran pájaro parecido a un buitre.

 

–Ya era hora de que a algún Dios se le ocurriera abrir nuevamente la caja – dijo la sombra felina.

–Hubiéramos salido antes de no ser porque la tonta de Pandora cerró la caja antes de que emergiéramos – le corrigió el ave.

 

Los cinco estaban impactados al no habérselo esperado. Nadie hubiera imaginado que comprarían a un par de demonios en un cofre viejo.

 

–Lo que faltaba... – murmuró Reika.

–Creo que estamos destinados a no darle un buen regalo a Ryo – murmuró Kenji.

–Míralo de esta manera, primo. Al menos Ryo no lo abrió – rió Madison.

–Y pensar de que eso iba a ir a nombre de Mizuki y el mío.

–Si hubiera sabido que habíamos comprado el Cofre de Pandora, ni siquiera lo hubiera abierto – murmuró Mizuki, aún impasible.

–Estas cosas deberían venir con una advertencia: No abrir ni de día, ni de noche ni en algún momento, ya que aún contiene dos demonios mortíferos – comentó Reika con ironía.

–¿Tomarán en serio el hecho de que acaban de liberar a dos demonios? – les dijo Goro, todavía serio.

–Ah, disculpa. Olvidamos que aún estábamos en peligro – Kenji se volvió a los demonios – Ni modo. Tendremos que devolverlos a la caja antes de que salgan.

 

Dicho esto, Kenji, Reika y Mizuki se lanzaron a atacar. Madison sacó su espada y también fue a participar de la pelea, mientras Tetsuo y Goro observaban con preocupación.

 

No había resultado sencillo, incluso estaban lejos de eso, ya que ambos demonios estaban aporreándolos duramente. Kenji yacía en el suelo, sin poder recuperarse del golpe, Reika sangraba del brazo y Madison había perdido el conocimiento, cuidada por un lastimado Mizuki. Algunas de sus plumas se veían maltratadas por un zarpazo que casi le daba el buitre.

 

–¿Éstos son los dioses a los que temíamos? Huelen a mortales... – murmuró el felino, y luego le preguntó a su compañero – ¿Puedo comérmelos?

–Está bien. Celebraremos nuestra liberación con un pequeño festín – le respondió el ave – De todas maneras terminarán entre ellos en poco tiempo.

 

Cuando iban a comerse a un golpeado Kenji, el felino se percató de que Goro había aprovechado para acercarse al cofre, aún abierto, y los miraba seriamente. Tetsuo miró confundido, ya que no entendía por qué Hanajima se había molestado en recoger el cofre, pero su pregunta quedó aclarada cuando vio a Marla en la entrada con la Esfera de las Vestales en la mano derecha, en un tono rojo intenso, comenzando a envolverse en llamas.

 

Hestia tomó fuertemente la esfera y la lanzó directamente a Goro, el cual la atrapó con el cofre, en el cual había un resplandor blanco en el fondo. Poseidón giró la caja hacia los demonios y ésta comenzó a absorberlos como un agujero negro. Después de mucha resistencia, Goro por fin cerró la caja y la selló con sangre de su mano. Marla se acercó y también colocó su propio sello de sangre.

 

–¿Se encuentran bien? – preguntó Marla.

–Eso creo... – murmuró Kenji, tratando de cargar a Madison.

–¿Cómo supieron que podrían regresar así a los demonios? – preguntó Tetsuo.

–La leyenda dice que la esperanza quedó dentro del cofre para cuidar los males que se encerraban ahí. Simplemente le pasé un “despertador” – les explicó Marla – Como si no supiera cómo usar una Esfera Vestal cuando me las han estado consagrando por más de mil años. Eso no sólo cambia de color a la temperatura ¿Saben? Aunque están mejor de lo que hubiera esperado. Si ustedes no estuvieran entrenando con la señorita Kuroha, los habrían matado a los tres segundos.

–Debo reconocer que están saliendo los resultados – dijo Reika.

–¿Cómo supieron que estábamos aquí? – preguntó Mizuki, retrayendo sus alas.

–Como si no nos conocieran lo suficiente – respondió un burlón Tetsuo.

 

Kenji miró a Goro, el cual seguía con la mirada perdida en el cofre. Si se habían confundido de paquetes, entonces eso despertaba la curiosidad en Kenji sobre el por qué Goro había querido adquirir el cofre. También se preguntó qué había querido decir el demonio con “De todas maneras terminarán entre ellos en poco tiempo” Entonces recordó nuevamente el momento en el que encerraron a los demonios en la caja.

 

–¿Ahora qué le vamos a regalar a Ryo? El regalo quedó encerrado junto con las bestias – reaccionó Kenji.

–Creo tener una idea... – murmuró Goro.

 

* * *

 

–¡Feliz cumpleaños! – le dijeron los cinco a su amigo.

–No esperaba verlos tan... – Ryo vaciló al verlos muy golpeados y rió nerviosamente, ya que presentía que no debía preguntar – ... animados. Gracias, muchachos.

–De nada, Ryo – respondieron en coro.

 

A un lado había un dragón tallado en madera de parte de Sakura, una canasta de dulces de parte de Maaya y el juego de video que le había regalado Aoshi antes de irse. Ryo miró el paquete de parte de Kenji, Reika, Madison, Tetsuo y Mizuki y comenzó a rasgar el papel.

 

–¡Vaya! ¡Un modelo a escala original del Templo de Osiris! – dijo Ryo con emoción – Siempre había querido que mis padres me compraran uno, pero siempre me daban cosas de alta tecnología. Gracias, muchachos.

–De nada, Ryo – respondieron en coro, tratando de mantener las sonrisas ¿Por qué no lo habían pensado antes?

  

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