Deux Kratos: Pantheon
Vigésimo
Octavo Acto: Nuevo
año, Nueva cara
Kenji se sintió vigilado por los ocho pares de ojos que lo observaban mientras se secaba el sudor de la frente y bebía agua de una botella. Suspiró y, aún con calma, les dijo:
–Ya
les dije que se me pasó. Tuve un pequeño sobresalto – cerró los ojos al
frotarse las sienes con los dedos.
–Kenji-senpai...
Es que gritó mucho cuando despertó y... – trató de decir Sakura con
timidez.
–Él
despierta gritando cada cuanto – comentó Ryo.
–¿Cómo
lo sabes si no te despiertas con nada? – le respondió Kenji – La otra vez
encendí la radio por error en alto volumen y aún así seguías murmurando
dormido. Supongo que era un lindo sueño en el que tú...
–¡Obtuve
la excelencia académica! – le interrumpió abruptamente. Sus gafas se habían
empañado y un brillante tono rojo tiñó su cara, mientras le tapaba la boca a
su mejor amigo.
Reika,
junto a la jaula de su serpiente, parpadeó extrañada, ya que no entendía el
porqué del alboroto de ellos dos. Maaya se levantó y les dijo con seriedad.
–A
este paso terminarías rematándolo, Tenryo – dijo la pelirroja con mucha
seriedad, haciéndole a Ryo darse cuenta de que estaba a punto de asfixiar al
rubio.
–Sí,
bueno – Ryo tosió con disimulo y volvió a sentarse al costado de Kenji,
mientras el otro se reía, frotándose el cuello.
–Ahora
que vamos a la calma – intervino Aoshi – ¿Qué podemos hacer con respecto a
esos cazadores de dioses?
–Cierto
– Mizuki estaba, como de costumbre, en imperturbable expresión neutra – Según
lo que nos acaban de contar, Poseidón y Hestia no pudieron mantenerse contra
ellos.
–En
otras condiciones hubieran podido ganarles – se apresuró a defender Kenji –
Esos sujetos tenían armas y...
–Nadie
va a ser justo en una persecución de vida o muerte – le interrumpió Mizuki,
aún gélido – Por más poderosos que sean Poseidón y Hestia, están
conscientes de que el enemigo preparará alguna ventaja. Por lo tanto, nosotros
sólo estamos bien porque aún no quieren capturarnos.
Sonaba
pesimista aquella visión que les estaba proyectando Mizuki, pero era la más
realista de la situación que estaban afrontando. Para romper aquella tensión,
Maaya decidió expresar su opinión.
–Lo
mejor que podemos hacer es continuar con el desarrollo de nuestros poderes.
Siento que me he descuidado en estos días sin el entrenamiento de Lina-san.
Deberíamos ir todos juntos este fin de semana.
Todos
los demás miraron a Maaya como si estuviera loca. La primera reacción de Kenji
fue desmayarse de nuevo sobre el sofá. Ésta vez todos sabían que no era por
una visión. Snape, desde su jaulita de plástico, miraba a todos los demás con
sus pequeños ojos amarillos y una gota detrás de la cabeza al ver a todos esos
muchachos raros.
Tetsuo
volteó a ver a Mizuki, el cual estaba con los ojos cerrados y con semblante
cansado. Parecía sudar mucho.
–¿Te
encuentras bien? – le preguntó con preocupación.
–No
es nada – contestó el peliblanco en voz muy baja, casi con dificultad al
hablar, luego se levantó del sillón y se dirigió a Reika, la cual aún estaba
tratando de reanimar a su hermano – Reika ¿Puedo servirme agua? Necesito
tomar las aspirinas.
–No
necesitas pedirme permiso – respondió la muchacha – La cocina es como si
también fuera tuya.
–Gracias
– respondió casi murmurando.
Tetsuo
le acompañó a la cocina, aún con cara de preocupación.
–Estoy
acostumbrado – se adelantó a decirle Mizuki en voz muy baja – No vayas a
preocuparte por mí después. Nunca es tan grave.
–Lo
que me preocupa es el “tan” en tu frase – le reprochó el otro.
Maaya
también volteó a verle desde su sitio, pero no fue a preguntarle nada a
Mizuki. Lo conocía lo suficiente como para darse una idea de lo que le ocurría.
Aún así, no podía evitar vigilarlo cada cuanto.
* * *
–¿Cómo
es eso que acabas de decir? – Goro aún seguía sin creer lo que había dicho
Hilde.
–¿Los
golpes también te dejaron sordo? – dijo la alemana con sarcasmo – Dije que
hay otro que sabe sobre la investigación de Genma Okubo.
Marla
notó en la cara de la otra diosa esa clásica expresión de superioridad por el
“Sé algo que ustedes no”.
–Quizás
sólo estás hablando porque sí – le replicó un molesto Hanajima.
–¿Qué
gano con mentirles?
–Eso
nos lo dirás tú.
–En
fin ¿Aún quieren que les diga o me lo reservo?
–Ya
hablaste.
–Pues
bien – Hilde aclaró la garganta y jugó con uno de sus rizos negros mientras
explicaba – Sucede que no todos los involucrados en el estudio de la Profecía
de la Apuesta estuvieron en la
expedición a Creta. Obviamente ya saben que ahí fallecieron todos los que
fueron. De los tres que quedan, dos de ellos han fallecido hace poco y sólo nos
resta encontrar al último: Hiroe Okubo.
–¿Hiroe
Okubo? ¿Ese no es el hermano mayor de Genma Okubo? Dicen que no se le ha visto
desde el funeral – comentó Marla – Desaparecido sería lo mismo que no
tener más fuentes para consultar. No podemos perder tiempo buscándole en
cualquier parte del mundo.
–Esperé
a que ustedes tuvieran la iniciativa para buscarlo, pero parece que tendré que
hacerlo sola – la reencarnación de Hera se levantó de su sitio y se dirigió
a la puerta – Supe también que Hiroe Okubo tiene una hija. Ese es también
otro indicio para encontrarlo.
Marla
la observó salir por la puerta principal y se dejó caer cansada sobre el sillón.
Además de la tensión que le producía mantenerse diplomática con Hilde, también
le estaba comenzando a pesar los estragos de la noche anterior.
–Debí
suponer que nos dijo esto para ver si nosotros buscábamos al sujeto en cuestión
por ella – murmuró Marla.
–Pero
tiene un buen punto... – dijo de repente Goro.
–¿No
te estarás refiriendo a...?
–Una
manera de ubicarlo sería a través de su hija.
–¡No
vendrás a decirme que ella también se va a meter con la prima de ellos dos!
– estaba aún más preocupada que antes – ¡Espero que no vayas a ser tan
basura como para dejar que Hera le haga algo a esa otra chica! ¡Es más! ¡Si
estás planeando lo que creo, entonces te quemo el cabello!
–¿Recuerdas
lo que dije sobre no defender a Kenji y su hermana? Lo mismo aplico para los demás.
Entonces nosotros también debemos tomar la iniciativa antes que Hera.
–Tú
te quejas de que no puedes comprenderme. Ahora yo digo lo mismo acerca de ti –
respondió aún inconforme – Ahora ve a tu cuarto que te llevo medicinas y
calmantes.
–No
las necesito – respondió haciéndose el fuerte, pero Marla le pegó una
palmada en la espalda para desmentirlo.
Goro
logró ahogar el quejido y un tic apareció en su ojo derecho por el dolor, pero
su expresión decía exactamente lo que pasaba. Ella se regocijó al tener la
razón nuevamente, por lo que lo llevo con aire de triunfo, mientras Hanajima se
preguntaba qué tanto le había dejado acercarse a él.
* * *
A
pesar de las complicaciones que hubieron en Navidad, aún quedaba pendiente la
celebración de Año Nuevo, pudiendo llegar tranquilamente al último día de
Diciembre. Los muchachos habían decidido que lo mejor sería pasar ese día
todos juntos en casa de Mizuki, ya que su departamento era aún más grande y
vacío que el de Kenji y Reika. Comerían Soba y verían el Kohakuutahassen[1]
Reika
y Kenji llegaron al departamento con las compras para la cena de Fin de Año.
Estaban esperándoles Ryo y Madison en la sala.
–Buenas
noticias. Aún tenemos presupuesto suficiente en el banco para lo que queda del
mes – anunció Reika alegremente.
–Pero
aún así no nos podemos exceder – le recordó Kenji – Fue suficiente con lo
que compramos hoy.
–Sí,
pero no podemos llegar a casa de Mizuki con las manos vacías. Hay que poner
para el Toshikoshisoba[2]
y eres el que mejor lo prepara, hermanito – respondió Reika alegremente.
–Y
dale con el “hermanito”. Sólo soy cinco minutos menor que tú – Kenji le
sonrió al contestarle, fingiendo el reproche al hablar.
Ryo
los veía alegremente como de costumbre. Se apenaba al escucharles hablar
despreocupadamente sobre la mensualidad que recibían y muchas veces les había
ofrecido ayudarles con el dinero, pero los gemelos Okubo siempre se negaban, ya
sea por orgullo o por no querer abusar de la buena fe de él. Para Ryo era una
alegría pasar el Año Nuevo con sus dos mejores amigos, sobre todo cuando
estaban atravesando por momentos de sumo peligro.
–Es
la primera vez que voy a celebrar el Año Nuevo a la japonesa – comentó
Madison mientras hacía un zapping de canales – ¿Recuerdan cuando la pasamos
allá en América? Tío Ben casi se quemó el bigote con el cohete y aún así
Lina no dejó el teléfono ni un solo instante. Seguro que estaba hablando con
Yamato. Vaya tiempos.
–Sí.
También recuerdo que corrimos hasta la piscina de la casa para ver los fuegos
artificiales. Ahí se podían apreciar mejor – agregó Reika con nostalgia.
–Y
yo recuerdo que Madison te ganó corriendo y tú le jalaste de la trenza por
picona – rió Kenji.
–Pues
eso es orgullo – respondió Reika con sobre actuada altanería.
–Si
todavía tuvieras tu trenza, te habría devuelto esa – le dijo su prima.
Ryo
también recordaba cómo se veía Reika con el cabello largo, con los colores
rubio y negro mezclándose en la larga trenza que se movía cuando ella corría.
Pensaba que Reika se veía bonita con cualquier estilo, pero siempre se había
preguntado porqué se lo había cortado si ella adoraba su pelo bicolor. Ella
normalmente respondía que quería variar.
–Comeremos
estofado para la cena – dijo Kenji al dirigirse a la cocina.
–Ya
hemos comido eso ayer – protestó Reika.
–Mejor.
Así aprovechamos lo que quedó de ayer y guardamos el dinero para los
ingredientes del Udon[3].
Nuevamente
Ryo se sintió mal, pero ya no decía nada por costumbre.
–¿Pasa
algo, Madison? – preguntó Reika a su prima.
–Me
preguntaba... Papá debe de estar en algo muy peligroso ahora. Quizás es por
eso que no me ha llamado en tres semanas.
–No
vemos al tío Hiroe desde hace años... – comentó Kenji – Papá normalmente
comentaba que tenía la habilidad de meterse en problemas. También lo dijeron tía
May y tía Haruka una vez.
–En
eso te le pareces bastante – rió Reika.
Ryo
volvió a limpiar sus lentes con el pañuelo y le preguntó a Madison.
–Hasta
ahora no había preguntado a qué se dedica tu papá. Seguro que él es arqueólogo
como el papá de Kenji y Reika.
–No,
nada que ver – el rostro de Madison se volvió más optimista – Él es
coleccionista. Viaja y consigue objetos raros, ya sea por pedidos o para su
propia colección. Pero sí tenía mucho que tratar con tío Genma. Incluso sé
que ellos dos iban juntos de viaje muy a menudo. Mi meta es seguir sus pasos,
pero mi colección será de las armas consideradas mitos – sus ojos empezaron
a brillar de alegría – Debe ser increíble ver el brillo del metal cuando el
aire es cortado por una de esas hojas afiladas... Filos tan finos que no causan
dolor al primer contacto...
Así
Madison continuó hablando con ensueño sobre la alegría que le daba tener
armas blancas en las manos, mientras Ryo la miraba entre asustado y con gracia.
Por las risas silenciosas de Reika y el hecho de que Kenji siguiera buscando en
el refrigerados sin inmutarse, significaba que Madison ya había compartido ese
punto de vista bastante. Sí que había un gran contraste entre la manera en la
que Madison hablaba de su padre que de su madre, la cual era prácticamente
inexistente para ella.
* * *
Los
días que precedieron al 31 de Diciembre fueron un breve período de descanso.
Imaginaban que en cualquier momento aparecería una nueva confrontación, pero
ésta no llegó durante todo este tiempo. Agradecían que todo estuviera
tranquilo, pero también estaban tensos por la repentina tranquilidad después
de los sucesos de Nochebuena.
Después
de trabajar en la tienda, Maaya fue a hacerle una visita a Mizuki por Año
Nuevo. Le llevaba, como siempre, una buena olla de lo que había preparado de
almuerzo en su propia casa. Durante el último mes había descuidado mucho sus
visitas a Mizuki, y de paso, también aprovecharía para hablar como hacían en
período de clases (aunque en casi todas las ocasiones, ella hablaba y él
respondía con oraciones de máximo tres palabras).
En
Año Nuevo, normalmente Mizuki se la pasaba durmiendo, por lo que Maaya tenía
la costumbre de llevarle comida y almorzar los dos juntos antes de que
oscureciera.
Al
llegar al departamento de su amigo, Maaya tocó el timbre y aguardó hasta que
la puerta se abrió. Pero no era Mizuki quien le atendía, sino Tetsuo. Al estar
en ropa casual, con la toalla sobre los hombros y el cabello desteñido en las
puntas recién lavado, Maaya pudo darse cuenta de que Tetsuo había llegado hacía
mucho rato.
–No
imaginé que estarías aquí – dijo Maaya como primera reacción.
–Ya
se me hizo costumbre. Como Mizuki no sale por vacaciones de diciembre, preferí
hacerle compañía saliendo del trabajo. Él ahora está durmiendo. Hace poco
tenía la temperatura muy alta, pero está mejorando.
–¿Cómo
que está enfermo de nuevo? Después de tantos años, aún no puedo creer que no
me llame cuando tiene algún síntoma – Maaya se molestó por aquella
costumbre del peliblanco de no decir si tenía algo malo, pero no se sorprendía.
Mizuki ya se veía mal desde hacía días.
–Entiendo
bien. Yo también le regañé por eso, pero creo que no me escuchó por el
efecto de sus pastillas.
–Menos
mal que estuviste aquí – Maaya miró apenada a otro lado ¿Por qué Tetsuo se
había vuelto tan amigo de Mizuki en tan poco tiempo? Ella comenzaba a sentir
que Tetsuo podía estar más a la disposición de su mejor amigo ¿Entonces ella
estaría desplazada al no poder cuidar más frecuentemente a Mizuki?
Tetsuo
se preguntó de por qué la cara que traía Maaya desde que se vieron, así que
se apresuró a iniciar otra conversación.
–¿Eso
es estofado? Qué bueno – comentó animadamente al ver la olla que llevaba
Maaya en las manos – No tenía para comprar y si por Mizuki fuera, bajaría
cinco kilos más. Le vendría bien eso.
–Es
guisado de soya con hongos. Lo hice para la cena y normalmente preparo el doble
para traérselo a Mizuki. Procuro preparar cualquier cosa que no tenga carne
roja. Nunca le ha gustado mucho.
–Ah,
ya veo – Tetsuo se apenó a penas oyó ese dato. Cuando él le cocinaba algo a
Mizuki, normalmente hacía cosas con carne de res, pero él siempre lo comía
sin decirle nada ¿Cuándo aprendería Mizuki a decirle las cosas de frente?
Maaya
entró al departamento de Mizuki. No había cambios en la sala desde su última
visita: grande, de techo y paredes blancas, un gran balcón con puerta de
cristal, piso encerado de madera y sin muebles, a excepción de una pequeña
mesa, un televisor y unos cuantos cojines. Si se le comparaba con cualquier
departamento del mismo edificio, el de Mizuki aparentaría ser el doble de
grande por el vacío en él.
–Normalmente
insisto en que al menos un poquito de color le sentaría bien, pero hace como
que no me escucha o no le interesa mucho. Para ver si se reía, le dije que podríamos
ensayar las canciones aquí. También hizo como que no escuchó – recordó
Tetsuo, pero dejó de hablar al percatarse de que Maaya tampoco le estaba
escuchando. Se secó vigorosamente el pelo con la toalla que llevaba sobre los
hombros, mientras la pelirroja dejaba la olla en la mesita.
–Vamos
a ver cómo está – dijo Maaya.
Al
entrar en la habitación de Mizuki, Maaya vio al muchacho muy enfermo, aunque ya
eran varias las veces en las que lo veía en ese estado. Estaba dormido de
costado, con las alas de plumas negras sueltas tras de él. Su rostro,
usualmente pálido, estaba ligeramente sonrojado por la fiebre y su respiración
era pesada.
Tetsuo
veía cómo Maaya miraba tan maternalmente a Mizuki al tocarle la frente para
comprobar su temperatura ¿Ellos dos siempre habían sido así?
–Estuvo
peor hace rato, pero sigue con 39 grados – comentó Tetsuo – Es la primera
vez que lo cuido así. La primera vez sólo le atendí cuando se desmayó.
Estuve a punto de llamar a la señorita Misty, pero no quise interrumpirla a
menos de que yo ya no pudiera hacer nada.
–Ya
estoy acostumbrada, pero debería decirte también que estar seis meses sin
enfermarse así es un gran logro para él. Antes de que lo conocieras, esto era
más frecuente – Maaya se remangó y fue por una toalla y agua fría. Le lanzó
su celular a Tetsuo, el cual logró atraparlo con las justas – ¿Podrías
llamar a mi papá y decirle que me quedo? No le molesta cuando se trata de
Mizuki.
Tetsuo
se sintió más aliviado estando Maaya con ellos, después de todo ella y Mizuki
se conocían desde niños y se entendían mucho mejor desde que ambos
descubrieron sus identidades como dioses. Se preguntó si él llegaría a tener
una cercanía así con la reencarnación de Hermes. También se cuestionó si él
mismo le era de ayuda en momentos así. Encima de tener un cuerpo muy delicado
de salud, Mizuki también debía tener como cargas el peligro inminente y lo
triste que había sido su infancia.
–¿Pasa
algo, cariño? – preguntó el papá de Maaya al contestar.
–No,
señor. El que habla es Tetsuo – dijo el muchacho.
–Oh,
ya veo. Así que mi pequeña Maaya por fin ligó con alguien. Me preguntaba cuándo
sería el momento en el que se rendiría con Aoshi y pondría en práctica su
encanto natural...
Antes
de que Tetsuo pudiera explicar algo, Maaya llegó como un rayo y le arrebató el
celular al muchacho para contestar en voz demasiado alta, casi gritando:
–¡Serás
idiota, papá! ¡Tetsuo no es mi ligue! ¡Me quedo a cuidar de Mizuki y punto!
– sus mejillas estaban casi tan rojas como su cabello. Se notaba que había
escuchado todo al tener el celular en altoparlante.
–Entonces
le diré primero a Mizuki que comprenda que los chicos de su edad tienen
impulsos irrefrenables – siguió bromeando su papá.
–¡Agradece
que los puñetazos no van por la línea telefónica! – dicho esto, Maaya le
cortó la conversación a su papá y guardó el móvil en su bolsillo, aún
molesta.
Tetsuo
se rió al ver todo eso. Como todos los amigos de Maaya, pensaba que el señor
Shikura era infantil, pero muy genial. Aunque la única que discrepaba, era
Maaya. Mayormente para ella su papá era uno más de los niños de la casa.
–Oye,
Maaya... – estuvo a punto de preguntar si era cierto eso de que ella estaba
enamorada de Aoshi, ya que en ningún momento había negado la broma, pero los
ojos asesinos que le dirigió la muchacha al voltear le hicieron reconsiderarlo.
–Dime...
– soltó ella casi susurrando con voz parca.
–Eeehhh....
¿Están listas las toallas frías para Mizuki? – se apresuró a preguntar
improvisadamente.
–Ya
voy...
Definitivamente
Maaya iba a tener a Aoshi con correa si ellos dos llegaban a salir alguna vez.
Para
romper el aura hostil que había desplegado Maaya al entrar a la fase de mal
humor, el timbre de la puerta sonó oportunamente y Tetsuo fue presto a ver quién
era.
–¡Ya
llegamos! – saludó Reika enérgicamente.
–Había
que llegar a tiempo para hacer los fideos – completó Kenji, con todos los
ingredientes en una olla.
–Esperamos
no interrumpir nada – saludó Ryo.
–Oye,
no es la cara que esperábamos – le comentó Madison, mirándolo con sus
curiosos ojos verdes – ¿Todo está bien?
Tetsuo
se rascó la nuca y torció una ceja.
–No
sé cómo decirles esto, pero Mizuki está enfermo. Lamento no haberles avisado
antes, pero había olvidado completamente que iban a venir por andar cuidándolo.
Tú deja de mirarme así, Madison. Ya me disculpé, pero también es culpa de
Mizuki por nunca avisarme antes de ponerse peor.
Como
era natural, los demás se preocuparon por el estado de Mizuki, pero Tetsuo se
apresuró a calmarlos, ya que era simplemente una de las recaídas del muchacho
peliblanco.
–Aún
así no nos vamos – dijo una resuelta Reika – No sólo porque hayamos hecho
un viaje largo hasta aquí, sino porque ustedes no van a pasarla solos,
especialmente a Mizuki le gustará que le hagamos compañía.
–Bueno,
eso y también me esforzaré mucho para que les guste lo que prepararé –
sonrió Kenji.
–Seguramente
se pondrá bien en unas horas – sonrió Tetsuo ante aquel gesto de sus amigos
– Maaya también le trajo comida a Mizuki, así que pueden intercambiar
opiniones culinarias.
Cuando Tetsuo les dejó entrar al departamento, los cuatro se sorprendieron al ver aquel espacioso ambiente casi sin muebles.
–¡Genial!
Es más grande de lo que había imaginado – exclamó Madison.
–Quizás
es por todo el espacio libre y el color blanco que lo parece – comentó Ryo,
subiendo sus lentes por el puente.
–Sí...
Y pensar que el departamento de Tetsuo está en el mismo bloque y parece más
chiquito – dijo Reika.
–Sí,
sí. Gran cosa – dijo Tetsuo mientras ayudaba a Kenji con la comida.
–Oye,
Tetsuo ¿Podemos entrar a ver a Mizuki? – preguntó Reika.
–Claro.
Maaya está ahí dentro. Aunque Mizuki sigue dormido, así que no harían mucho.
–No
haremos mucho ruido – dijo Reika – Anda. Vamos, Ryo.
–Ya
voy, Reika – respondió al seguirla.
Cuando
Ryo alcanzó a Reika, ésta no había entrado a la habitación de Mizuki. Estaba
mirado por la puerta entreabierta con expresión nula y sin hacer sonido alguno.
–Reika
¿Qué pa...? – antes de poder terminar la pregunta, Reika le puso la mano en
frente y le hizo una seña para que se callara y se acercara a escuchar.
Dentro
del cuarto, Maaya estaba sentada en una silla junto a Mizuki. El muchacho estaba
sentado al borde de la cama, con las alas negras medio retraídas y dándole la
espalda a su amiga, la cual estaba aplicándole un ungüento. Mizuki estaba
cambiándose la pijama para poder salir del cuarto.
–¿Seguro
que estás mejor? Te bajó la fiebre, pero deberías reposar un poco – le dijo
la pelirroja mientras le aplicaba la crema en la base de las alas.
–Descuida...
No quiero que el resto se preocupe por mí – respondió con voz débil pero
siempre impasible.
–Perdóname,
Mizuki. Te he estado descuidando mucho... Se supone que yo soy la que debe
cuidar de ti.
–No
es tu obligación.
–Pero
aún así me he comprometido a estar para ti por decisión propia. No puedes
reclamarme cuando aún me necesitas.
Mizuki
se quedó en silencio un rato. Cuando sus alas se ocultaron completamente en su
espalda, Maaya le puso vendas adhesivas en las marcas y dejó sus manos sobre su
espalda varios minutos. Al sentir Mizuki que esa era una señal de cariño de su
mejor amiga, echó un suspiro y se colocó la camisa.
–No
es justo para nadie... – dijo de repente él – ¿Por qué tengo que ser uno
más a los que debes cuidar, Maaya? Son más horas de tu tiempo las que gastas
en mí, además de tu familia.
–Me
sigues diciendo eso... Eso es porque voy a suplir a tu mamá. Desde el momento
en que tú me contaste que tu madre no estaba contigo, yo quise asumir ese rol
para ti.
–Maaya...
¿Quién sería una madre para ti?
Ella
volvió a poner las manos sobre los hombros de Mizuki, pero lo atrajo más hacia
ella para apoyar el mentón sobre su hombro izquierdo. Mizuki se sonrojó más
de lo que estaba.
–La
llevo conmigo todo el tiempo. Así que no deberías tenerme tan en alto entre
tus preocupaciones. Por otra parte... Tetsuo también hace lo mejor que puede
para cuidar de ti, así que no pienses que te tengo de carga.
–De
por sí ya lo he atado a mí...
–También
porque él quiso ayudarte. Nadie piensa mal de ti como lo haces tú mismo.
De
nuevo hubo silencio. Entonces Maaya soltó a Mizuki y miró hacia la ventana
para que Mizuki pudiera cambiarse los pantalones.
–¿Tienes
pensado al menos decirle a Tetsuo sobre este problema? Al menos para que no se
alarme como lo hizo hoy.
–A
nadie le concierne. Sólo la señorita Misty y tú lo saben. Prométeme que no
le vas a decir nada a Tetsuo, Maaya.
–Mizuki...
– ella aún no quería prometérselo. Aunque su vista estaba fija en las luces
de la calle, aún tenía a Mizuki en la mente.
–Por
favor. Prométemelo – ésta vez la voz de Mizuki se escuchaba temblorosa y muy
cargada de desasosiego. Maaya nunca lo había escuchado así.
–Está
bien. Te lo prometo.
–Ya
puedes voltear.
Mizuki
ya se había puesto los jeans y Maaya le pasó el cepillo para el cabello. Detrás
de la puerta, Ryo le destapó los ojos a Reika cuando Mizuki terminó de ponerse
los pantalones. Tanto ella como Ryo no sabían qué decir. Si bien ya sabían
que Maaya y Mizuki eran tan amigos, no imaginaron que su vínculo era tanto o más
fuerte que el de ellos dos, pero aún quedaba la interrogante ¿Qué era lo que
Mizuki quería guardar de Tetsuo? Tenían entendido que Tetsuo era casi tan
cercano como Maaya ¿Por qué Mizuki no quería contarle lo que sea que fuera?
En
ese momento, la puerta del cuarto se abrió súbitamente y Reika fue como un
rayo a espaldas de Ryo. Tanto Maaya como Mizuki los miraron, ella sorprendida y
él siempre neutral.
–Hola
¿Cuándo llegaron? – preguntó Mizuki con su expresión nula habitual.
–Hola,
Mizuki... Hola, Maaya – saludaron los dos a la vez con algo de nerviosismo.
–Es
de mala educación escuchar conversaciones ajenas – les reprochó Maaya.
–Tampoco
era algo que tuvieran que guardarse tanto – le respondió Reika – Ryo y yo
somos igual de cariñosos.
–R-Reika
– Ryo se sonrojó instantáneamente cuando Reika dijera aquello – No... No
quisimos escuchar a propósito. Pero... De todas maneras no llegamos a entender
lo último.
–Mejor
– dicho esto, Mizuki los pasó al dirigirse a la sala.
Maaya
se quedó viéndolo con ojos de angustia, mientras que Ryo y Reika la miraban a
ella.
–¿Qué
fue eso último? ¿Qué es lo que no quiere decirle a Tetsuo? – preguntó
Reika, pero Ryo la cargó y le tapó la boca con la mano.
–De
por sí ya es difícil haber hecho ese tipo de promesas ¿Verdad, Maaya? Sabemos
que no quieres traicionar la confianza de Mizuki. Por eso no nos digas nada –
le dijo con una sonrisa mientras sujetaba a Reika, la cual no dejaba de moverse
apresada por él.
–Muchas
gracias, Ryo – Maaya les pudo sonreír a los dos y también se fue.
Por
fin Ryo aflojó y Reika se zafó de él.
–¿Por
qué me detuviste? Si era algo importante... – la cara de enojo que traía
Reika se fue abajo cuando vio los ojos de Ryo, el cual le sonrió
comprensivamente.
–El
hecho de que seas diosa no significa que seas la que sepa todo sobre todos. Deja
que Mizuki lo solucione.
–Ya
lo sé...
–Si
lo sabes entonces trata de entender a Maaya, Reika.
Ella
hizo un puchero, pero no podía replicarle a Ryo cuando incluso ella misma sabía
que él ya había ganado el debate. Sí sabía a lo que él se refería, pero
siempre le era difícil admitir que perdió.
–De
acuerdo... ¿Entonces sólo dime si le contamos a Kenji o no?
–Supongo
que le podemos comentar lo que pasó para que él nos dé su opinión. Él
tampoco es de contar cosas ajenas. Además se lo dirías de todas formas aún si
te dijera que no le dijeras nada.
–Entonces
así ya tengo una carga menos.
* * *
Mientras
Kenji estaba preparando los fideos, la sopa, la ensalada, etc. (por no decir
TODO), lo único que Tetsuo y Madison pudieron encontrar qué hacer era lavar y
pelar patatas.
–Oye...
¿Todo está bien? – le preguntó Madison mientras cepillaba la tierra de otra
patata.
–Sí,
de maravilla. O al menos no me quejo – respondió Tetsuo.
–Traías
una cara cuando nos abriste la puerta... No sabía que él estaba tan mal.
–Tú
no te preocupes. Lo que pasa es que era la primera vez que Mizuki se ponía así
de enfermo conmigo presente. Bueno, tal vez ya le atendí cuando se desmayó,
pero esto era algo diferente. Me calmé un poco cuando Maaya vino y me dijo que
lo que le pasaba era algo común.
–Te
preocupas mucho por él – le sonrió Madison.
–Bueno...
Eso es porque él necesita amigos. Sólo andaba con Maaya y vive sólo y... –
sin darse cuenta, había comenzado a sonrojarse.
–Ya,
ya entendí – no evitó soltar unas pequeñas risas al verlo y escucharlo así.
–¿Y
por qué te ríes?
–Cosas
mías. No es de gran importancia. Sólo que te pones igual que Ryo cuando hablo
de mi prima.
–Esas
son cosas muy diferentes. Mizuki es mi amigo y a Ryo se le nota que quiere más
que amistad con Reika ¿Y qué hay de ti? ¿Tú ya estás bien del corazón?
–Algo
así... – respondió casi en un murmullo, dejando de tallar la patata que
sostenía.
Tetsuo
se dio cuenta de que no debió haber desviado la conversación hacia ese punto
cuando notó a Madison muy nostálgica. Tal vez ella no se había repuesto del
todo desde lo que había ocurrido en Halloween.
–Perdón...
No debí mencionarlo – se disculpó muy apenado.
–No
te disculpes. Soy yo la que no debería ponerse así por tonterías.
–No
creo que sea una tontería lo que estás sintiendo – le replicó Tetsuo – En
una situación como esta, tú has sabido sobrellevarlo bien. La culpa es del
bastardo ese por haberte engañado de esa manera.
–¡No
digas eso de Francis! – Madison parecía estar por llorar, pero no lo hizo –
No... Él no me engañó. Nunca me negó nada y sé muy buen cuando él miente.
Lo que no puedo perdonarle es el hecho de haber atacado a mis primos. Yo le había
dicho cuánto los quiero a ellos dos...
–Madison...
Disculpa la indiscreción, pero... ¿Hasta dónde han llegado?
–No
te preocupes. Sólo nos hemos besado una vez. Cuando Reika me lo preguntó, no
pude evitar reírme en su cara cuando ella pensó que ya me había acostado con
él – Madison ya había sonreído un poco al contarle esto a Tetsuo.
–Bueno,
era sólo para no tener una idea equivocada – se apresuró a agregar.
–Francis...
Me hacía sentir especial. Desde Reika, no había estado tan cómoda con nadie más.
Quizás sea por eso que no puedo recordarlo con odio. Simplemente no me gustó
lo que hizo, pero aún sigo confiando en él... Sí, sé que es tonto que piense
así...
–La
verdad... Es que te puedo comprender. Sí es tonto, pero es una tontería
importante para ti. Bueno, soy el menos indicado para hablar de sentimientos y
todas esas cosas. Aoshi es más creativo que yo.
–Lo
que cuenta en realidad es que puedas decir todo eso con las mejores intenciones
– le respondió ella con una sonrisa – De verdad gracias.
–No...
No hice nada.
Mizuki
entró a la cocina e instantáneamente la atención de Tetsuo se volcó hacia él.
Dejó lo que estaba haciendo y se le acercó con cara de preocupación.
–¿Estás
seguro de estar bien? Podrías descansar en tu cuarto lo que sea necesario.
Necesitas más reposo si recién te has recuperado...
–Ya
me encuentro bien. No podía estar en cama habiendo visitas.
–Cómo
se nota que es la primera vez que tienes una reunión aquí – Tetsuo le sonrió
y le acarició los cabellos blancos, aunque Mizuki seguía sin alterar su rostro
neutro – Si te desmayas en medio de la cena, no va a ser mi culpa entonces.
–Ya
lo sé...
Desde
el otro lado de la cocina, tanto Kenji como Madison habían dejado lo que hacían
para verlos. También se notaba que Reika, Ryo y Maaya observaban aquella
escenita desde la puerta. Las chicas, obviamente tenían la cara tan
enternecida, como si estuvieran observando una telenovela.
–Si
no los conociera, juraría que son recién casados – murmuró Kenji, con
Madison asintiendo a su costado.
–Pero
se ven tan tiernos así. No sabía que Tetsuo podía ser tan profundo – exclamó
Reika con emoción, con Maaya y Ryo sonriendo torpemente con las cejas torcidas.
Tetsuo
se dio cuenta del numerito que ocasionaba tantos comentarios, por lo que se alejó
de Mizuki completamente abochornado y tosió un poco para disimular.
–¿Hay
mucho qué hacer todavía? ¿Entonces por qué todos estamos parados como
tontos? Rápido, vamos a terminar – les apuró inmediatamente.
Mientras
todos iban a hacer algo en la cocina, no podían borrarse las sonrisas de las
caras. Aunque Tetsuo y Mizuki trataran de ignorarlo, sabían que los demás hacían
esfuerzos sobrenaturales por aguantarse la risa.
* * *
Emi
entró al cuarto de su hermano para apurarle. Iban ya a cenar en casa por Año
Nuevo y toda la familia Yamaki se encontraba en el comedor a excepción de su
hijo.
–¡Aoshi!
¡Ya vamos a cenar!
–Sí,
sí. Voy en un momento – respondió desganado, aún tocando su guitarra.
Emi
notó esa anomalía en su hermano mayor y, aunque ella y Aoshi se llevaran comúnmente
como perro y gato, era normal que se preocupara aunque sea un poco.
–Oye...
No es que me interese o algo así... pero... Pensé que ibas a salir.
–No
me sentí con ganas... Y no llamaron a la banda para tocar en algún lado –
respondió aún mirando el piso y tañendo las cuerdas.
–Tetsuo
te invitó a una reunión hoy. Pudiste haber ido con ellos.
–Oye,
si tanto me querías fuera de la casa, me hubieras dicho de frente.
–¡Ya
no vuelvo a tratar de ser amable contigo! – dicho esto, Emi se fue tan molesta
que le azotó la puerta de la habitación.
Aoshi
estaba consciente de que, aunque no tuvo la intención de sonar tan
desagradablemente cortante, fue demasiado tosco con su hermanita. Después de
todo lo que había pasado, su miedo por ver a Kenji a los ojos se había vuelto
aún más grande. Hacía tres años que había sobrellevado todos los
sentimientos destructivos que cargaba el alma de Ares dentro de sí mismo, pero
los sentía cada vez más fuertes cada vez que veía el lugar donde Kenji debía
de tener la cicatriz.
La
única manera para aliviar una parte de su conciencia era diciéndoles a los demás
lo que sabía de Lena, pero iba a necesitar reunir mucho coraje para poder
confesar después de todas las intimidades que tuviera con la rusa. Podía
imaginar las caras de desprecio que le lanzarían las chicas, en especial Maaya.
Emi
volvió a entrar. Aunque aún estaba molesta, se le había suavizado un poco la
expresión. Tenía el teléfono inalámbrico de la casa en la mano.
–Es
para ti.
–Gracias...
– cuando cogió el teléfono, le tapó el auricular con la mano y miró a su
hermana – Oye, disculpa por lo de hace rato. A veces soy un idiota.
Por
la expresión nueva que formó, parecía que eso la había tomado por sorpresa.
Emi se sonrojó y miró hacia el suelo.
–Sí.
A veces eres idiota... – como había sonreído un poco, Aoshi se dio cuenta de
que ya le habían perdonado.
Cuando
Emi hubo cerrado la puerta, Aoshi contestó la llamada.
–¿Sí,
Diga?
–Q-quería
desearte un feliz año... – con esto, la llamada se cortó.
La
voz, inconfundiblemente para Aoshi, había sido de Maaya. Ahora todo se hacía más
difícil ¿Podría soportar que Maaya pasara a odiarlo si hablaba?
[1] Kohakuutagassen: Es un programa de TV especial de la NHK por Año Nuevo en el que cantan los artistas más famosos del año, en un horario de 7.00 p.m. hasta cerca de las 11.30 p.m.
[2] Toshikoshisoba: es una costumbre de comer soba (fideo de alforfón) o sea tallarines de fin de año. Hay región que comen udon. Se dice que tiene que comer antes de pasar al año nuevo, o sea antes de las 0:00 horas, se cree que vas a tener mala suerte económicamente. Se come para poder vivir como los tallarines (fino y largo) longevidad.
[3] Udon: Sopa japonesa de fideos gruesos.