Deux
Kratos: Pantheon
Trigésimo Acto:
Aoshi se tendió exhausto a las
orillas del lago y pasó la mano derecha por su frente sudorosa. Aún siendo
invierno, el cielo estaba despejado y estaba muy iluminado en esa zona. Ya casi
toda la nieve se había fundido con el ligero sol y la brisa se hacía sentir aún
más por haber calentado con aquella maratón forzada.
Vio a su costado a Kenji y Reika,
uno contra la espalda del otro; Maaya y Mizuki sentados en el mismo tronco
caído y Madison enjuagándose la cara con agua del lago. Todos aún estaban en
pijamas, ya que Lina no les había dado tiempo para nada cuando arrastró y tiró
a cada uno hacia la camioneta.
–Tu prima es terrible. Toda una
espartana – dijo el castaño, con la mirada fija a las nubes. Una le parecía un
cactus.
–Esto no es nada comparado con lo
que viene… Nee, Ken-chan? – respondió
Reika, aún apoyándose sobre su gemelo.
–Saa...
Bastante sería decirte que éste ha sido el comienzo más relajado que hemos
tenido – completó Kenji, el cual también estaba viendo la misma nube cactus que
Aoshi – Esa nube parece un conejo.
–Es una locura... Ni siquiera nos
hemos cambiado la ropa. Me hubiera conformado con desayunar un poco antes de
empezar a correr – se quejó Madison.
–Por mí no hay ningún problema –
Maaya se levantó de su sitio y estiró sus músculos, preparándose para una nueva
ronda – Yo ya recuperé mi energía, pero ¿Tú puedes seguir, Mizuki?
–Estoy bien... – respondió él,
aunque inexpresivo como siempre, respiraba más rápido por el esfuerzo.
–Eres increíble, Shikura-san – dijo
Kenji – Ninguno de nosotros tiene tanta resistencia física.
La atención de Reika se despertó
ante tal comentario y ella también se puso de pie para calentar. No podía
quedarse detrás de su eterna rival declarada.
–De ninguna manera voy a perder, y
menos contra Shikura Maaya – exclamó la diosa cazadora con todo su orgullo
encendido.
–Ahí vas de nuevo con esa manía por
competir, Reika – murmuró un resignado Kenji.
–Esto no es ninguna competencia –
Maaya la miró con la misma sonrisa competitiva e hizo sonar algunas
articulaciones de sus dedos – Pero no niego que lo hace más interesante, Okubo.
–Pues si Reika puede seguirle el
paso a Shikura, entonces también puedo yo – exclamó Madison, admirando cada vez
más a su idolatrada prima.
Aoshi vio que Kenji estaba sentado
solo, ya que Reika había comenzado a retar a Maaya. Tenía tiempo de sobra, ya
que los retos verbales de Okubo solían durar mucho, especialmente si Kenji o
Ryo no tenían ánimos para detenerla. Se acercó hacia el rubio y se sentó junto
a él.
–Me imagino que debe ser molesto
verte en una situación así tan repentinamente – le sonrió Kenji.
–Lo mismo debería decirte – le
respondió Aoshi, y entonces recordó lo que tenía que hacer en ese momento.
Kenji era el más comprensivo de todos y explicarle a él sería más fácil que
lidiar la furia colectiva de los demás temperamentales del grupo de amigos –
Kenji... hay algo q...
–Por otra parte, creo que es lo
mejor – dijo él de repente – Goro resultó herido y no pude ayudarle. Por eso
necesito ser más fuerte... No quisiera que nadie más saliese herido y yo sin
poder hacer nada. No sé de qué sería capaz si algo les pasara a Reika o a todos
ustedes – cuando Kenji pronunció esto último, Aoshi lo visualizó con ojos
brillantes y un aura púrpura de venganza y tembló, aunque realmente eso era
parte de su propia paranoia, por lo que agitó su cabeza nuevamente y vio de
nuevo al sensible y adorable chico de siempre.
Kenji se dio cuenta de que él mismo
se había tornado muy dramático de la nada, volvió a su modo amable y volteó
nuevamente su atención hacia Aoshi.
–Disculpa. Suelo ensimismarme de vez
en cuando – Kenji llevó su mano izquierda a la nuca y trató de reír
simpáticamente, para luego abrir sus grandes ojos verdes y preguntarle de la
manera más adorable, en contraste a lo que Aoshi más temía en esos momentos –
¿Me querías decir algo antes de que te interrumpiera?
–Ah, bueno... – durante todas esas
vacilaciones, Aoshi trató de encontrar palabras que hicieran sonar bien la
confesión
¿Por dónde empezar? ¿“Lena resultó
ser Afrodita y trabaja con Hera”? ¿“Me estuve acostando con Lena Ivanovich y
resultó ser Afrodita y le dije cosas que no debía”? Por donde se le mirara,
aquel tema era de todo menos gracioso. Pero trató de convencerse a sí mismo de
que Kenji sería comprensivo y era uno de los más acostumbrados a la manera tan
desmedida de Aoshi de decir las verdades, por más crudas que sonaran.
Aoshi no tuvo tiempo para comenzar
una oración. En dos segundos, Kenji lo cogió del cuello de su camiseta y lo
jaló hacia él antes de que impactara algo donde él había estado sentado. Cuando
pudo parpadear, se había caído encima de Kenji y había un gran cráter a tres
centímetros de ellos.
–Están muy relajados – Lina apareció
de entre los arbustos y se frotó la mano derecha – Y no es momento para que
demuestren su compañerismo, Kenji y Yamaki-kun.
Desde sus lugares, las chicas y
Mizuki se percataron de la vergonzosa posición en la que habían quedado los dos
muchachos. Si Reika y Madison estaban riéndose por lo bajo y pensando en las
mejores burlas gays, a Maaya se le habían subido todos los colores a la cara y
trataba de no gritarle ningún tipo de regaño a Aoshi, sabiendo que Kenji era el
otro involucrado. En cuanto a Mizuki, eso no era suficiente ni para hacerle
parpadear. Aoshi estaba tirado sobre Kenji, el cual seguía con la mano
agarrando la camiseta de su amigo. Al recuperarse de aquel nuevo shock, ambos
se separaron y, muy rojos, le gritaron a Lina:
–¡Pudiste habernos matado!
–Sólo estoy aplicando un poco de
realismo – respondió despreocupada – Desde ahora todos estarán alerta en caso
de cualquier ofensa sorpresiva – anunció ella, haciendo hacia atrás su largo
cabello ceniza – Ya que entraron en calentamiento, ahora quiero que regresen
por sus cosas y se preparen adecuadamente. En tres horas comenzará la parte
difícil. Ese será tiempo suficiente para que se aseen y coman algo.
Nadie replicó ésta vez. Emprendieron
hacia la cabaña sin detenerse y de nuevo Aoshi perdió su oportunidad para
confesar. Si Lina y Madison, siendo primas de Kenji, eran así de poderosas, no
imaginaba la posible reacción de los gemelos. La familia Okubo realmente era de
temer.
* * *
Una vez dentro de la cabaña, el
ambiente no los relajó en absoluto. Se veía que había estado años sin
mantenimiento. Los pasillos de madera estaban llenos de polvo, el papel de las
puertas corredizas estaba consumido por la humedad del ambiente y las luces
eléctricas parpadeaban de vez en cuando.
–No podíamos esperar mucho de la
tacaña de Lina. Pensé que al menos tendríamos un lugar decente – murmuró Reika
al llevar la ropa que Lina le diera.
–Si lo miras bien y con la
iluminación correcta, puede ser muy acogedor – Kenji sintió que debía ser el
optimista del grupo.
Ryo salió de la cocina de la cabaña.
Tenía puesto un delantal blanco manchado y el cabello lleno de polvo.
–Si quieren buenas noticias, lo poco
rescatable es que podremos preparar comida decente – les comunicó él –
Tetsuo-kun y yo limpiamos el baño hace unos momentos y dentro de poco ya
habremos terminado con la cocina. Pero...
–Ese “pero” me lo estuve esperando –
resopló Aoshi.
–Las despensas están vacías. Nos
tomará cerca de cinco horas ir caminando hasta la estación, comprar víveres y
volver... – suspiró el muchacho de lentes – Y dado a que ninguno tiene todavía
una licencia de conducir...
–¡¿No hay comida?! – exclamaron
todos con desesperación.
–Sí, lo sé... Es trágico y ninguno
ha desayunado todavía – suspiró Ryo – El baño de la cabaña está bien… excepto
porque el calentador es muy viejo y no he podido arreglarlo. Las buenas
noticias es que hay unas fuentes termales cerca y tomar un baño ahí será
agradable. Tetsuo-kun y yo construiremos la pared para dividirlo.
No había réplica alguna. Bañarse en
una fuente termal al aire libre era mejor a estar en agua fría en medio del
invierno.
–Quizás eso sí sea bueno… pero aún
sigue preocupándome el tema de qué vamos a comer – dijo Maaya.
–Naa... No se preocupen por eso.
Tetsuo-kun y yo ya estaremos yendo a la próxima estación para comprar víveres.
Si nos damos prisa, y si logramos apelar a la piedad de Yamato-kun, llegaremos
antes con los víveres.
–Piénsenlo de ésta manera – señaló
Reika – Sería peor si Lina se ofreciera a cocinar. Nos sometemos a estos
entrenamientos del infierno y todavía nos envenenarían.
Casi todos comenzaron a reírse, pero
Kenji fue el único con miedo y Mizuki casi nunca se reía, por lo que esa no era
la excepción. Acompañando a aquella intuición, se sintió un pequeño temblor en
la cabaña y los muchachos corrieron despavoridos hacia el baño, temiendo que
ese fuera uno de los arranques de furia de Lina.
Tetsuo salió a la sala, donde sólo
quedaba Ryo. Su pañoleta roja estaba muy sucia y detrás de él había una gran
nube de polvo.
–Disculpa. Se me cayó una de las
vigas... – se excusó Akiyama. Luego se fijó en los alrededores – Creí escuchar
a los demás. Ya deberían haber regresado de su maratón al lago.
Ryo torció una ceja y rió levemente.
De verdad comprendía y compadecía a sus amigos.
* * *
Psique excusó a Miguel de la
práctica de trapecio con el pretexto de la nueva rutina de adivinación, pero el
asunto era realmente otro. Tenía que averiguar qué estaba pasando y qué
relación tenía con esos presentimientos
que comenzaron meses atrás, incrementados con la reaparición de Lena.
Ella lo agarró de la ropa y se
encerraron rápidamente en la carpa de la adivina. Miguel, a pesar de los dos
años que tenía trabajando con Psique en el circo, aún no estaba acostumbrado a
las extrañas fragancias de flores e incienso, por lo que de vez en cuando se
cubría la nariz y la boca con el cuello de su camisa.
–Esas flechas... Aún no puedo
entender qué fue lo que pasó – murmuraba ella para sí misma mientras seguía
viendo las muñecas de Miguel.
–Si tú no lo entiendes, menos lo
podría saber yo – le respondió el muchacho, algo cansado de estar tendiéndole
los brazos.
–Si tan sólo estuviera Lena para
explicarnos esto…
–¿Lena? ¿Te refieres a la rubia que
vino aquí la otra noche? ¿Qué tiene que ver con mi problema?
–Sí, ella misma. No sé por qué… Ella
me dio la misma sensación que me estás produciendo ahora.
–Oh, Psique… – Miguel comenzó a
sonreír burlonamente y sobreactuó vergüenza – Sé que te produzco sensaciones
raras, pero… No asimilo aún que sientas lo mismo por otra mujer…
La reacción de la rusa no se hizo
esperar y le pellizcó las manos con las cejas bien arqueadas. Miguel cerró un
ojo y se aguantó un chillido.
–Agradecería tu buen comportamiento,
debido a que hablas con alguien mayor a ti y el tema de ahora es muy serio,
Miguel – le dijo ella, tratando de parecer amable, aunque el movimiento
continuo de su ceja derecha decía lo contrario.
–Ya entendí, ya entendí… – respondió
el español mientras se frotaba las manos rojas.
–Pues bien, como decía, Lena debe
saber algo de esto.
–Espero no caer mal – dijo la
mencionada al aparecer repentinamente a través de la tela de la carpa.
Miguel tuvo tal sobresalto que
retrocedió hasta el otro lado de la carpa, como si hubiera visto a un fantasma.
Por el susto, las flechas salieron accidentalmente de sus muñecas y perforaron
el techo de tela, lo cual hizo a Lena mirar fijamente a los dos hoyos, pero con
cara aún medio dormida, lo cual indicaba que no estaba ni remotamente
sorprendida con aquellas anomalías. Aunque Psique también se había asustado,
ella controló mejor sus emociones y guardó apariencias perfectamente.
–Sabía… que eso iba a pasar. Pero
mejor entra convencionalmente para no asustar a mis invitados – respondió
aparentando saberlo todo. Realmente se había llevado un tremendo susto ¿Desde
cuándo Lena tenía tales habilidades?
–Llegué hace poco y, como tenías
compañía, preferí no interrumpirlos, así que me quedé afuera y no evité
escuchar todo lo que decían – respondió Lena inocentemente.
–Bien. Entonces me evitaré las
explicaciones del asunto… Aunque con lo que viste recientemente, las
aclaraciones también sobran – respondió ella igual de alegre.
El muchacho las veía reírse igual y
no se explicaba cuánto tiempo juntas tenían ésas dos. Pero aún quedaba el hecho
de que la desconocida había atravesado la carpa.
–No puedes ser real. Seguro que eres
un fantasma, y los fantasmas no son corpóreos – cuando Miguel iba a agarrarle
uno de los pechos a Lena, Psique le dio tal golpe con un taburete que le clavó
la cabeza al suelo.
–Pues es bien sólida, para que te
des cuenta – respondió Psique, haciéndose más notoria la vena de su cabeza.
–Bien… entonces ya resolví mis
dudas… y no es producto de esas hierbas alucinógenas que quemas… – respondió el
otro, aún con la cara clavada al suelo, ganándose con el último comentario que
Psique le pisoteara más la cabeza con el tacón izquierdo.
–Debo admitirlo… Me reemplazaron con
alguien muy interesante – dijo una sonriente Lena, como si nada fuera de lo
normal estuviera ocurriendo.
Después de un rato, Lena había
explicado todo el asunto del mito de Apolo y Artemisa y el papel que tenía cada
uno en él, su propia identidad como Afrodita, la Diosa de la Belleza; sus
nuevos tratos con Hera, y el despertar de los poderes de Miguel como la
reencarnación de algún dios griego.
Era de suponerse que ninguno de los
dos aceptó de buena gana historias tan fantásticas como las que ella estaba
contando.
–Sí, seguro. Y después vendrá un
gran diluvio que aniquilará a todos y seremos los únicos sobrevivientes por ser
los seres supremos de la tierra y el cielo – dijo Miguel, evidentemente siendo
lo más sarcástico que podía.
–Es muy comprensible que no me
creas. Tengo un compañero que se lo tomó de la misma manera. Es igual de terco
que tú, por lo que te voy conociendo – respondió Lena sin alterarse en lo más
mínimo.
* * *
En otro lado del campamento
circense, Francis estornudó de repente y Bruno, hacía unos momentos distraído
con una nube que parecía un cactus o un conejo, volteó a verle.
–Te dije que te abrigaras más. Está
haciendo frío – le dijo el niño, ataviado en varias prendas gruesas de lana
multicolores. Tenía la mitad de la cara tapada en un grueso suéter marrón,
verde y rojo, y traía en la cabeza un gorro de lana pompón de color verde con
anaranjado.
–No necesito más abrigo – respondió
obstinado, estando sólo con un saco marrón y una camiseta negra de cuello alto.
–¿Éste no es el circo al que Lena
nos invitó?
–Quizás vino a ver a su contacto ¿De
qué nos preocupamos?
–Se va sin decirnos nada y no
sabemos con qué tipo de gente está tratando ¿No estás preocupado por Lena ni
siquiera un poco, Francis?
–Ni un poco.
–¿Entonces por qué viniste conmigo?
–Pues… pues… – ahí Francis no tuvo
cómo rebatirle nada.
–¡Oigan! ¡Ésta zona es restringida!
– les gritó uno de los encargados de los animales, congelando a los dos
muchachos en sus lugares.
* * *
Lena sintió un piquete en el cuello,
pero supuso que quizás era sólo la bufanda de lana que estaba usando. Se
preguntó si Francis y Bruno estarían bien sin supervisión adulta, o “madura”
sea cual fuera el caso. Lo ignoró y prosiguió con su charla de orientación para
el recién descubierto dios.
–A ver… Puedo darte una prueba de lo
que estamos hablando. Así fue como recuperé mis memorias – Lena volteó hacia
Psique – Ahí es donde entras tú.
–¿Qué sucede conmigo?
–Necesito que le apliques esa
técnica de regresión – indicó señalando a Miguel.
–P-pero Lena… La primera y última
vez que lo hice fue…
–Sí. Justamente en mí. Lamento tener
que confesar que mentí cuando te conté los detalles de mi propia regresión –
admitió ella – Sé que te es muy difícil lograrlo, pero… Hazlo aunque sea por mí
y por el gran destino que le aguarda a este chico cuando recuerde sus orígenes.
Yo aún no poseo la habilidad de compartir mis recuerdos… Sólo unos pocos pueden
hacerlo por el contacto con otro dios.
–¿De qué está hablando, Psique? – le
preguntó Miguel, aún más confundido – ¿Desde cuándo puedes hacer ese tipo de
cosas?
–Hay mucho que mantengo oculto… En
muy raras ocasiones he abierto ese libro, pero en aquel entonces yo era una
niña y no supe en lo que me metía hasta que mi madre me dijo las consecuencias.
Pero… No me importa si es un favor que te hago, Lena.
–Esperen un momento – interrumpió él
– Psique, no puedes creer cuentos locos de ella. No hay dioses ni nada por el
estilo. Y si fuera cierto ¿Qué tan peligroso es ese método que quieres usar? No
dudarías tanto si es que no te afectara de alguna manera.
Por las miradas de Miguel y Lena, la
última al parecer tampoco sabía cuáles eran esas consecuencias, Psique decidió
que no podía preocuparlos más o no habría manera de probar la verdad. Que
quizás Miguel podía ser algún ser supremo como Lena y tenía un gran futuro, más
allá de la vida en el circo.
–Te aseguro que no es nada que dañe
a los demás. Además… – Psique miró a Lena con cariño y cerró los ojos – Creo
completamente en Lena.
Miguel se rindió. No podía rebatir
nada cuando Psique realmente estaba empeñada a usar las artes oscuras de sus
ancestros. Nunca le habían gustado los hechizos que usaba ella, aunque él fuera
su asistente en sus números de lectura de la fortuna, ya que aquellos eran
trucos convencionales para el público, nada que ver con la verdadera magia
oscura.
Psique abrió el gran libro forrado
en cuero de borrego que estaba en el altar central de su tienda y se situó en
una de las páginas centrales. Después de leer detenidamente el párrafo, alcanzó
un frasco con polvo de huesos y formó un círculo y pentagrama invertido con él.
Después abrió un cofre que contenía un diente amarillento y un frasco que tenía
un globo ocular y los colocó en el centro.
Miguel la miró conmocionado. No
estaba preparado para uno de los rituales de brujas que hacía ella. Psique
estaba recitando un rezo del libro en un idioma que no podía reconocer. Al ver
momentáneamente hacia Lena, pudo notar que ella parecía entender cada palabra.
–Está recitando conjuros en griego
antiguo, en nombre de sus antepasados, las parcas – le explicó Lena, intuyendo
que él quería saber los detalles – Es una clara prueba el que ella tenga el
diente y el ojo que perteneció a las tres videntes.
–No es verdad… Psique no es una
bruja…
–No es momento para negarte lo
evidente. Prepárate. Aquí viene.
Una oleada roja se expandió desde el
centro del círculo y golpeó a todos los presentes de lleno, incluso a Francis y
Bruno, los cuales llegaron a la entrada de la tienda cuando huían de uno de los
cuidadores del circo.
* * *
Una vez que los chicos se dieran
duchas rápidas y se cambiaran a ropas más adecuadas, el entrenamiento ya había
empezado. A lo largo del día, los muchachos corrieron por el bosque, nadaron en
el lago frío con pesos, hicieron abdominales colgados de las ramas y escalaron
una elevada cuesta rocosa. Tuvieron por fin un descanso de quince minutos
frente al lago.
Ya estaban en pleno atardecer frente
al lago. Kenji y Reika veían el cielo anaranjado y las nubes espesas que a
penas dejaban ver el sol más al horizonte. Los demás habían aprovechado para
dormir lo que pudieran por el esfuerzo.
–Aún no entiendo algo… – murmuró
Kenji.
–¿El por qué aún ninguno de nosotros
prefirió hundirse a la mitad del lago antes de pasar a los pesos, Ken-chan? –
preguntó Reika irónicamente.
–No, no es eso. Es que creí que,
tratándose de Lina, iba a ponernos algo más… aterrador.
–¿Te refieres a esa extraña aura de
“vas a morir” cuando se pone en plan de entrenador? Como si no hubiese sido
suficiente lo de hoy y estás pidiendo más dolor, Ken-chan.
–No me digas que estás tan campante
que ni notaste eso. Lo del secuestro de la mañana fue benévolo, la maratón fue
calentamiento, y los ejercicios de ahora fueron exigencia de esfuerzo mínimo en
su escala. Aún tengo escalofríos…
–A mitad del invierno es normal que
los tengas… ¡Pero serás de paranoico! ¡Ahora yo también tengo miedo, Ken-chan!
–Entonces estoy mejorando –
respondió con una gran sonrisa de burla.
El golpe que le propinara su melliza
sonó como un zumbido, seguido del impacto en la cabeza de su hermano.
–¡No me asustes así, Ken-chan! Lo
peor que podría ocurrir es que Lina cocine la cena – lloriqueó ella.
–Si no fuera por los campamentos que
hicimos con Ryo durante la primaria, ninguno hubiera podido almorzar hoy –
contestó riendo y llevándose la mano a la cabeza.
–Sí… Hacía mucho que no hacíamos
pescado al fuego ¿Recuerdas la primera vez que pescamos, Ken-chan?
–Ah, claro. Papá nos llevó a los tres
al monte Fuji. Cuando descubrimos que olvidamos el equipo de pesca, nos hizo
cañas con las ramas y nos quedamos cuatro horas frente al lago hablando sobre
la nada hasta que picó la de Ryo.
–Extraño a papá… – dijo una
nostálgica Reika.
–Sí… También yo. Me gustaría que
esos sueños se me hicieran realidad.
–¿Qué sueños, Ken-chan?
–Son tan reales que cuando despierto
por la mañana, pareciera como si hubieran ocurrido el día anterior. Y algunos
me dejan con un optimismo que me hace creer que pasará de todas maneras.
–Aún no me dices qué es, Ken-chan.
–Bueno… Papá está vivo y viene a
vernos – Kenji la miró. Su hermana lo miraba con los ojos fijos en él y él
mismo sonrió con ojos cerrados – Te dije que eran sueños locos.
–¡Ken-chan! ¡No es tonto! ¡Yo tengo
los mismos sueños! En serio que no tiene nada de tonto porque los dos
quisiéramos que papá regresara. Y también mamá.
–Son sueños. Tú y yo sabemos que
ellos están en mejor sitio…
–Ya lo sé, Ken-chan. El optimismo
siempre es bueno, ¿Darou?
–Saa...
– respondió él con el mismo regocijo.
Lina llegó donde los muchachos y,
para sorpresa de los que la vieron, ella no hizo una emboscada o ataque asesino
alguno.
–Omedetto! Se han esforzado mucho el día de hoy. Ahora
un último ejercicio antes de regresar a la cabaña y descansar.
–Nada podía ser perfecto – murmuró
Aoshi al reincorporarse después de la siesta.
Lina sacó una botella con líquido
verde y se la enseñó al grupo.
–Para que recuperen sus fuerzas, he
preparado un jugo nutritivo con verduras y muchas vitaminas. Sabré que lo
necesitará más quien llegue de último.
Cuando Lina abrió los ojos para
decir “¿Alguna pregunta?”, ninguno estaba donde, microsegundos antes, habían
reposado. Maaya, Mizuki y Aoshi no pudieron siquiera parpadear. Cuando se
dieron cuenta, los tres jóvenes de la familia Okubo los estaban llevando a
rastras mientras corrían a toda velocidad.
–¡Esto era lo que estuve temiendo
desde el principio! – dijo Kenji, corriendo como alma que lleva el diablo.
–Ken-chan
no Baka! Si no hubieras dicho nada, no estaríamos en esta situación – le
gritó su hermana.
–No voy a beber eso, no voy a beber
eso… – repetía Madison constantemente.
–¿Por qué huimos de un jugo de
verduras? – preguntó Maaya, siguiendo el paso a toda marcha de Reika cuando
ella por fin dejó de jalarla por el brazo.
–Tú y tu integridad me lo
agradecerán en el futuro, Shikura – respondió la mayor.
–Tampoco es necesario que me
carguen… – murmuró Mizuki, avergonzado del hecho de que Madison lo estaba
llevando en la espalda. Muestra de ese sentimiento, las alas negras de Mizuki
habían salido de su espalda.
–Si no llegamos de últimos, será
bueno para ambos – le respondió la amazona alegremente.
–¡Esto es aún más vergonzoso, Kenji!
Cambiemos lugares al menos – se quejó Aoshi. Si Mizuki estaba avergonzado de
ser llevado por una chica, para Aoshi fue peor ser cargado como si fuera una.
Kenji lo llevaba en brazos, lo cual no era nada digno para la autoestima
Yamaki.
–Si me detengo para que cambiemos,
quedaremos de últimos. Y si te suelto para que corras por tu cuenta, quedarás
de último o te vas a herir por la velocidad a la que estoy corriendo.
–¡¿Cómo es eso de que voy a quedar
de último?! – Aoshi iba a continuar con los reclamos, pero entonces se percató
de algo sobre lo que debió hacer observación minutos antes – ¡¿De aquí a cuando
puedes cargarme tan fácilmente?!
Aoshi dio tal alarido de sorpresa
que Kenji, sin dejar de correr, cerró el ojo izquierdo y su oreja izquierda se
movía levemente después de tal impacto sonoro. Miró hacia arriba con cara de distraído
y respondió como si fuera lo más normal del mundo:
–Creo que el entrenamiento para
sacar mi fuerza latente está dando resultados. Después de todo, Lina sabe lo
que hace.
–Es eso y ser un dios también da
ventajas… Más te vale bajarme allá sin que Tetsuo y Tenryo nos vean.
–Hai,
hai...
Cuando Kenji y Aoshi estaban a punto
de llegar primeros, el castaño reaccionó y miró hacia su derecha.
–¿Qué sucede, Aoshi? – preguntó él.
–Alguien está en problemas por allá.
Puedo escucharle a siete metros de aquí.
–No escucho nada…
–Confía en mi oído.
Los dos se apresuraron y se
dirigieron en dirección al sonido que había captado Aoshi. Había unas bolsas de
mercado tiradas cerca y siguieron la pista. Kenji quedó sorprendido cuando vio
a Takatsuki Sakura subida a un árbol y a un gran pitbull callejero ladrándole y
acechando la base del árbol.
–¡Alguien que me ayude! – lloriqueó
la chica, bien aferrada al árbol.
Kenji soltó a Aoshi y se preocupó
por su kohai. El perro era muy extraño, no sólo por haber uno en esa zona, sino
por emitir una presencia muy escalofriante. El joven Ares alzó las manos y
produjo tal explosión de energía al aplaudir que el perro se asustó y se fue.
–Arigato-gozaimasu,
senpai-tachi! – gritó ella desde lo alto de la rama.
Kenji rápidamente fue hacia el árbol
y le dijo a Sakura:
–¡Takatsuki-kun! ¡Ya puedes bajar! –
le dijo él.
–¡No puedo, Kenji-senpai! – dijo
ella abrazada a la rama – Le temo a las alturas.
–¿Entonces cómo subiste? – preguntó
Aoshi.
–No sé. Estaba yendo a la cabaña en
la que se están quedando y apareció el perro. Sólo corrí y subí sin pensarlo… –
Sakura seguía con los ojos cerrados para no ver el fondo.
–Sí. A mí también me pasó lo mismo
de pequeño – Kenji alzó los brazos y le dijo – Takatsuki-kun. Confía en mí y
suéltate de la rama.
–Kenji-senpai… – Sakura parecía
estar a punto de llorar, aunque todavía no sabía si era por el susto a la
altura o porque estaba pasando la vergüenza de su vida frente a sus senpai.
–Te atraparé, Takatsuki-kun. Vamos.
Ella se dejó llevar por la reconfortante
voz del muchacho de ojos verdes y se dejó caer. Kenji sí la atrapó, pero los
dos se fueron al piso y Sakura enrojeció completamente cuando ella estuvo sobre
su golpeado senpai.
–Sumimasen,
Kenji-senpai! – exclamó muy apenada al quitarse de encima.
–Descuida, Takatsuki-kun – dijo un
divertido Aoshi – Kenji resiste bien.
–Sí, sí. No fue nada – respondió
Kenji, manteniendo su amable sonrisa.
Recogieron las cosas que Sakura
dejara tiradas tras la persecución del perro y se dirigieron a la cabaña
calmadamente.
–¿Cómo viniste hasta aquí,
Takatsuki-kun? – preguntó Kenji.
–Lina-san llamó a mi papá y me
pidieron que trajera comida. Si les soy de ayuda aquí, es suficiente para mí –
respondió sonriente.
–Y está bien. No creo que Tetsuo y
Tenryo sean excelentes amas de casa – bromeó Aoshi.
–No te hubieras tomado la molestia
de venir, Takatsuki-kun – le dijo Kenji, pero se apresuró a aclarar al temer
que ella lo pudiera tomar a mal – Lo digo porque podrías estar disfrutando más
tus vacaciones.
–No es ninguna molestia para mí,
senpai…
Aoshi trataba de aguantarse las
ganas de reír y gastarles las bromas de parejita. Después de todo, los dos eran
tan inocentes…
Cuando alcanzaron la cabaña, todos
los demás miraron a los recién llegados con lástima.
–¿Qué? ¿Y esas caras? – preguntó
Aoshi.
La sangre se les congeló a ambos
cuando recordaron que habían perdido la carrera al llegar de últimos, sea cual
fuere el motivo del retraso. Giraron lentamente hacia la izquierda, justo donde
Lina tenía en las manos dos botellas de su jugo especial de verduras. Aoshi
podía jurar que la mayor de los Okubo tenía la misma aura mortífera que vio en
Kenji en la mañana. Realmente esa familia daba miedo. Ambos chicos tragaron
saliva completamente azules por el miedo.
–Para los que llegaron de últimos.
Tienen que recobrar fuerzas…
Los pájaros alzaron vuelo al sentir
el grito resonante de Kenji y Aoshi, antes de caer inconscientes al suelo por
el terrible sabor.
* * *
Psique fue corriendo a atender a los
dos chicos recién llegados, los cuales seguían inconscientes en el piso por
recibir también el impacto del ritual.
–¿Ahora qué voy a hacer con ellos
dos? – se preguntó preocupada, fijándose en el latino y el niño pelirrojo.
–No te preocupes por ellos – le dijo
Lena, la cual se había despertado antes. Ella ya había recibido sus memorias,
por lo que no estaba bajo los efectos de ese hechizo – Vienen conmigo y creo
que eso también les servirá a ambos.
–¿También son como tú y Miguel?
–Da.
–Sólo espero que no se lleven un
gran shock al despertar.
–Lo más probable es que sí… Pero no
será ningún problema que lo acepten. Es más… - Lena miró a Bruno, aún
inconsciente al costado de Francis – Hasta ahora no he podido averiguar quién
reencarnó en el pequeño.
* * *
Ya de noche, Ryo y Tetsuo pudieron
acompañar a los demás en el baño. Misty se había ofrecido a preparar la cena al
ver a los dos muchachos tan dedicados con las labores de mantenimiento en la
cabaña.
El camino a la fuente termal era
corto y lleno de arbustos, por lo que se podía decir que tendrían privacidad
durante el baño. Como Ryo y Tetsuo prometieron, habían construido una enorme
pared de tablas para dividir la poza. Un lado para las chicas y un lado para
los muchachos.
–¡Waaaa! ¡Qué bien! – exclamó un
relajado Aoshi al entrar al agua. Apoyó su espalda sobre las rocas de la fuente
y se mojó la cara con el agua caliente.
–Tampoco es para tanto, Aoshi – le
dijo Tetsuo, sentado al costado del callado Mizuki, el cual tenía una toalla
sobre su cabello blanco.
–Aún no me han dicho cuánto tiempo
estuvimos desmayados por esa porquería de menjurje – inquirió el castaño.
–Mejor no lo sepan – murmuró Ryo con
resignación, tenía la toalla mojada sobre sus hombros y sus lentes estaban con
el resto de su ropa en su balde.
–Hacía mucho que no entrábamos todos
juntos a un baño termal – comentó Kenji, recién ingresando a la poza con la
toalla cubriéndole la cicatriz del abdomen. Estaba tan sonriente como de
costumbre y con las mejillas sonrosadas por el vapor – Se siente mejor después
de todo el entrenamiento que hemos tenido.
–Ni que lo digas, Ken-chan – esa voz
era la de Reika, al otro lado de la pared de tablas – Al menos ya sabemos que
sacaste ese horrible jugo de Lina de tu sistema.
–Gomen,
senpai-tachi – se disculpó una apenada Sakura desde el lado de las chicas –
Llegaron de últimos porque me salvaron de ese perro.
–Por eso no se pide perdón,
Takatsuki-kun – le contestó Kenji cálidamente – Si te pudimos ayudar a tiempo,
entonces no importa mucho. Después de todo alguno de nosotros tuvo que tomarse
ese jugo en algún momento.
–A propósito – le preguntó Madison a Sakura – Dijiste que te estaba acechando un
pitbull cuando viniste a pie, Sakura.
–Mm… – asintió ella – No sé cómo
pudo haber llegado por esta zona. Al principio pensé que se había extraviado,
porque se veía manso a lo lejos. Cuando me acerqué, noté que no tenía placa,
pero casi al instante ya estaba corriendo de él. Se había puesto muy bravo de
la nada…
–También me pareció muy extraño.
Pero fácil que es uno de esos perros que abandona la gente en lugares
deshabitados – comentó Aoshi – No es de extrañar que te gruñera a penas te
acercaras, Takatsuki-kun.
–Pues tu asunto con Cerbero no se
parece en absoluto al incidente – mencionó Reika para presionar ese nervio.
–Ja ja – dijo sarcásticamente – El
problema es del sarnoso. Yo no tengo la culpa de lo que pudo haber pasado entre
el Ares que fui hace milenios y el sarnoso de tres cabezas. Ahora que lo
pienso… El perro de hoy se parecía mucho al pulgoso.
–Son razas muy diferentes, Yamaki.
Era un pitbull lo que vieron y la apariencia de Cerbero es un gran danés – le
aclaró Mizuki calmadamente – Y dudo que Cerbero se haya separado de Yamato-san
en todo el día.
–Sólo lo mencioné. Ese perro menzo
no haría nada sin Yamato cerca.
–Yamato-nii ya habría tomado una
medida al respecto si fuera Cerbero. Así que deja de dar teorías así, Aoshi –
le dijo Kenji con un poco de seriedad, sin dejar de ser amable con él.
–Ya sé, ya sé.
–Bueno, cambiemos el tema – Ryo
trató de alivianar de nuevo el ambiente – Acabo de recordar que todos deben ir
donde Misty-san y Flanagan-sensei para revisiones médicas. Así van a ajustar el
esquema de entrenamiento para cada uno.
–Entiendo lo de Misty-san, pero ¿Qué
tiene que ver Flanagan-sensei? – preguntó Madison, aún desenredando las puntas
de su largo cabello.
–Él dijo que verá lo de los poderes
de cada uno. Eso lo va a hacer con la supervisión de Yamato-kun – explicó
Tetsuo.
–No sé ustedes, pero esto era lo que
realmente esperaba de Lina-san – intervino la voz de Maaya enérgicamente – Un
entrenamiento así de duro debe de dar muy buenos resultados. Espero que mañana
nos exijan más del doble.
–¡Ni de broma! – gritaron todos los
demás desde sus respectivos lados, a excepción de Mizuki, el único acostumbrado
a la manera de pensar de su mejor amiga.
Cuando hubo un momento de silencio,
éste fue interrumpido por un chillido de Sakura.
–¿Qué pasó, Takatsuki-kun? –
preguntó Kenji al otro lado de la pared.
–Sentí algo que me rozaba la
espalda. Creo que fue una anguila – dijo ella.
–No pueden haber anguilas en agua
tan caliente – dijo Maaya.
–¡Uy! Perdón, Sakura. My bad – se disculpó Madison conteniendo
la risa, recogiéndose la larga trenza.
–Tiene el pelo muy largo, senpai –
dijo la menor del grupo admirada.
–Largo desde los cinco años y lo sigo
manteniendo con lo mejor – declaró orgullosa la amazona.
–Me consta. Usas una botella entera
de shampoo en tres días – le respondió Reika.
–Y lo vale. Shikura también tiene un
bonito color. No deberías llevarlo recogido todo el tiempo.
–Normalmente molesta mucho. Se me va
todo hacia la cara y no me ayuda mucho porque llamo bastante la atención –
respondió la pelirroja.
–Nunca estás conforme contigo,
Shikura. Primero te quejas por tener busto grande y ahora también tu cabello es
una molestia – respondió una divertida Reika.
Mientras las chicas continuaban con
sus conversaciones triviales, Aoshi miró el muro y se formó en su rostro una
sonrisa astuta. Se acercó a Tetsuo y le preguntó en voz baja:
–¿Cuán delgada es la tabla que
usaste?
–Siete milímetros ¿Por qué
preguntas? – dijo sin entender las intenciones de Aoshi.
Los ojos plateados de Aoshi dijeron
a los demás muchachos lo que él estaba planeando.
–Estás loco. Si ellas te descubren,
también van a culparnos a nosotros de pervertidos – trató de refrenarle Ryo.
–No voy a creerle a ninguno si me
dicen que no lo están considerando ni por un instante – respondió el castaño –
Piénsenlo dos segundos. Las chicas están al otro lado… desnudas. Estamos
desperdiciando una gran oportunidad.
Ryo se sonrojó cuando recordó que
Reika estaba bañándose al otro lado, mientras que el sentido común de Tetsuo
también estaba siendo dominado por el instinto. Kenji suspiró resignado al
saber que Aoshi ganaba terreno como siempre. Sin embargo Mizuki, sin expresar
nada, se levantó, se puso su toalla alrededor de la cadera y recogió el balde
con su ropa.
–A mí no me dan ganas. Disfruten su
baño – dijo secamente el chico blanco.
–Marica – murmuró Aoshi cuando el
muchacho se fue – Ahora sí comienza lo bueno…
Aoshi sabía cómo hacer el hueco sin
que ellas lo notaran. Simplemente tenía que manipular el aura en el dedo índice
y formarla como una aguja. Cuando estuvo por concentrarse, divisó algo que se
movía entre los arbustos. Fijó bien la mirada y se percató del brillo maligno
de unos ojos de bestia entre los matorrales dándole tal impresión que tropezó
de espaldas contra la pared de madera y ésta se fue abajo, dejando ambos lados
al descubierto.
Los muchachos se quedaron congelados
cuando tuvieron en frente a las chicas, a penas cubriéndose pequeñas zonas con
las toallas, ellas también estáticas de la sorpresa. Hasta que finalmente uno
que otro reaccionó gritando.
Sakura cogió su toalla y se fue
corriendo completamente roja y apenada, mientras que las otras tres chicas
ardieron en aura asesina contra los cuatro desafortunados. A los cuatro
adolescentes se les heló la sangre.
–¡Grupo de idiotas! – estalló Reika.
Mizuki siguió caminando hacia la
cabaña, ignorando los ruidos y gritos.
–Baka…
– murmuró él refiriéndose a su grupo de amigos.
Desde la cabaña, los cuatro mayores
a cargo miraron en dirección a las pozas termales, de donde provenía todo ese
escándalo y explosiones de energía.
–No puedo creerlo… – murmuró Lina
con una mano en la sien – Parecen críos. Hasta hay que vigilarlos cuando se
bañan.
–Bueno, hay que dejar a los jóvenes
ser ellos mismos – respondió la sonriente Misty.
–Deberé dar esa charla de
orientación sexual cuando regresen – mencionó Roy al hacer su nota mental, y
luego se fijó en Yamato, el cual estaba viendo a los alrededores – ¿Qué sucede,
Kobayashi?
–No encuentro a Cerbero por ningún
lado. Olvidé ponerle los collares para que no se pierda.
–Dudo que confundas a un perro de
tres cabezas – le respondió Lina.
–Sí, pero nunca está de más. Aunque
es raro que se vaya sin que yo lo note.
–Ya vendrá cuando le dé hambre –
dijo la elfa, recordando que debía ir a la cocina – Ya está listo. Los chicos
deben estar llegando con hambre.
* * *
–Aún no entiendo cómo pudiste
haberte tropezado contra la pared, baka
– le dijo Tetsuo a su mejor amigo al llevarse un poco de arroz a la boca.
Estaba con una venda en la mejilla izquierda y su pañoleta roja disimulaba bien
los chichones.
–No fue culpa mía. Te digo que vi a
ese perro idiota entre los arbustos y tenía unos ojos de muerte – Aoshi se
defendió mientras comía más guiso. Él estaba con una venda sobre su frente y
con varias vendas debajo de la ropa.
–Piensa en una excusa más creíble,
Yamaki. Acepta que eres un pervertido – contestó una molesta Maaya, sirviéndose
más verduras con los palillos.
–Culpando a Cerbero de nuevo.
Debería darte vergüenza, Aoshi. Y tú me decepcionas, Ryo-chan. No les dijiste
nada a los otros – le dijo Reika, igual de molesta.
–No digas eso, Reika-chan. No quise
participar en ningún momento. Perdóname – lloriqueó Ryo, suplicando perdón de
su mejor amiga.
–No entiendo por qué recibí lo mismo
que los demás. Ni que yo fuera qué cosa – se quejó Kenji, igual de golpeado que
sus compañeros.
–No los detuviste y eso es
suficiente, primo – respondió Madison – Y nadie va a creer si alguno de ustedes
niega haber estado en tentación.
–Yo en absoluto – se limitó a
murmurar Mizuki, pero las chicas no le dirigieron ninguna actitud negativa.
–No es justo ¿Por qué a él no le
dicen nada? – reclamó Aoshi.
–Porque Mizuki no es como ninguno de
ustedes, pervertido – volvió a responderle Maaya.
–Sólo porque tuvo la suerte de salir
antes…
Sakura fue la única que se quedó
callada durante los regaños, dedicándose sólo a comer. Estaba demasiado apenada
como para mirar a alguno, en especial a Kenji. Su senpai la había visto y lo
peor era que ella seguía siendo igual de plana y menuda ¿Por qué no
desarrollaba nada? Ya tenía quince años, maldición. Definitivamente ese no era
su día.
Al terminar la cena, Lina dio
indicaciones para el entrenamiento del día siguiente, el cual iba a estar a
cargo de Roy Flanagan. Yamato no se encontraba en la charla, ya que había
salido para buscar a Cerbero.
–¿Ves? Yamato está buscando al
sarnoso. Eso refuerza mi teoría – susurró Aoshi a Kenji.
–Deja de culpar de todo a Cerbero.
Acepta que te resbalaste. A cualquiera le ocurre, Aoshi – le respondió el otro
susurrando también.
–Sé lo que vi. No hay otro tipo de
animal monstruoso en este bosque a excepción de ese perro tonto.
Aoshi no pudo continuar disuadiendo,
ya que le cayó un borrador de pizarra en la cabeza por parte de Lina. Roy se
asustó de la fuerza de ella, pero guardó la compostura y no le quedó más que
seguir admirando su poder.
–Espérate a que termine de dar
indicaciones y después te pones a hablar. Si no estás de acuerdo, aún me queda
el pizarrón.
–H-hai…
* * *
La habitación para los nueve jóvenes
resultó ser mixta, en la cual cada uno dormiría en futones separados. Mientras
se alistaban para dormir, Tetsuo revisó su almohada, encontrando en ella una
raja y la tiró hacia atrás, cayéndole en plena cara a Aoshi.
–Teme…
– maldijo un divertido Aoshi, devolviéndole el cojinazo de la misma manera.
Cuando ellos dos no dejaron de
lanzarse las almohadas, Reika se levantó en seguida de su futón y gritó:
–¡Pelea de almohadas! – y con esto
la guerra de almohadas se extendió por todo el cuarto.
Mizuki abrió un ojo molesto y mudó
su futón justo al costado del de Maaya.
–¿Puedo dormir contigo? Hacen mucho
ruido.
–Te entiendo. Ven por acá, Mizuki –
asintió ella amablemente hasta que le cayó un cojín en la cara por parte de
Reika.
No se esperó mucho para que ella
también terminara participando, al igual que Madison, pero ésta vez Mizuki se
había dormido completamente. En otro lado del cuarto, Kenji y Ryo se pusieron a
jugar duelos de cartas, en lo cual el muchacho de lentes tenía la ventaja como
de costumbre. Sakura estaba escribiendo en lo que parecía ser un diario, y no
dejaba de mirar constantemente hacia donde estaba Kenji.
–Y con esto… Gané de nuevo – declaró
Ryo al colocar su última carta de magia.
–Ya van tres juegos seguidos. Hasta
ahora no he podido ganar ninguno – comentó Kenji, aceptando acostumbrado la
derrota de buena manera.
–Espero que puedan resistir mañana –
le dijo a su mejor amigo.
–Será necesario. Como explicó Lina,
ésta vez tendrá que ver con mis poderes y será justo en el lago – entonces
Kenji pensó en algo – Ahora que recuerdo… Aoshi quería decirme algo.
–¿Qué cosa?
–No lo sé. Nunca llegó a decírmelo.
Cuando Kenji estuvo a punto de
llamar a Aoshi y preguntarle qué quería comunicarle en la mañana, otro regaño
de Lina resonó desde el pasillo.
–Oigan. Ya apaguen la luz y
duérmanse.
Obedecieron en seguida y en tres
minutos todos ya estaban durmiendo tranquilamente. Lina pasó por el cuarto con
una linterna y los miró a todos descansando apaciblemente. Claramente se notaba
el día pesado que tuvieron.
–Están dando todo lo mejor de sí –
le susurró Misty alegremente.
–Y espero que lo sigan haciendo así
– por primera vez en el día, Lina sonrió satisfecha y los miró con ternura,
sintiéndose orgullosa de todos ellos por el primer esfuerzo.
El siguiente día estaba por comenzar
y definitivamente sería aún más duro que el anterior.