Deux
Kratos: Pantheon
Trigésimo Primer Acto:
Cuando Francis despertó, se encontró
con las caras de las dos rusas viéndolos a los tres detenidamente si volvían en sí. La expresión de Francis al ver a
Lena a los ojos no había cambiado mucho, ya que seguía siendo el mismo trato
indiferente que trataba de mantener hacia ella.
–¿Estás bien, Francis? – preguntó la
rubia.
–Si esto es estar bien… – cuando
recuperó completamente de la confusión, las visiones que tuvo durante su largo
rato de sueño ya habían vuelto a ser claras – ¿Esto era a lo que te referías
con lo de ser un dios? No noto mucha diferencia… Excepto porque ahora pienso
que no estabas loca cuando me decías todas esas fumadas.
–Con eso me basta – dijo una
reconfortada Lena al comprobar que Francis ya estaba bien y con sus recuerdos
de vidas pasadas – ¿Hubo algo que te gustó volver a recordar?
–Nada que extrañara antes… Hacen que
mi infancia fuera una maravilla si lo comparo con lo que recuerdo de las siete
maneras en las que había muerto.
–Ya veo… – por primera vez Lena se
sintió mal al hacerle una pregunta a Francis ¿Tan horribles habían sido todas
sus vidas?
Francis había nacido durante la peor
época de su país, cuando su familia había muerto por los ataques terroristas y
la intervención de los militares. Trabajar en las pistas de la capital para
poder comer y aprender a vivir de lo mínimo que pudiera conseguir no era nada
comparado con todo ese odio y rencor que volvieron de un pasado muy lejano.
Recordando todo eso que había sido antes, el naciente odio hacia Apolo y
Artemisa por haber propiciado todo eso para él y sumado a los hechos recientes
¿Se atrevería a ver a Madison de nuevo a la cara?
–A propósito… – Lena entrecerró un
poco los ojos acusadoramente – ¿Ustedes dos por qué están aquí?
Francis tragó saliva y vaciló una
respuesta práctica.
–Pues... El enano estaba preocupado
por ti y me arrastró a mí también ¿Has estado viniendo aquí todo este tiempo?
–Ya sabes. Se extraña la casa –
respondió ella – Ella es Psique, una vieja amiga, y el de allá es Miguel. A él
lo conocí hace poco.
–¿Él también es un fenómeno?
–Hay cosas que nunca cambiarán en
ti.
–Tienes que aceptar que aún seguimos
siendo anormales, por más que digas que somos los todopoderosos y demás.
Recordar que me llamé Dionisio y otros nombres más no me van a hacer ninguna
diferencia, así que no me sigas insistiendo con nada de eso.
El siguiente en despertarse fue
Bruno. Al mirar a todos los presentes, volteó rápidamente para mirar cualquier
otra cosa y se sonrojó apenado.
–Ya estás despierto – le dijo una
amable Lena – ¿Tú también recordaste algo, Bruno?
–N-no tiene importancia… – se le
notaba la vergüenza en la cara.
–Bueno, pero ¿Quién eres realmente
ahora que puedes recordar?
–Yo… yo… – Bruno se cubrió la cara
enrojecida con el cuello de su grueso suéter de lana y murmuró algo
incomprensible.
Lena y Francis lo miraron extrañados
y pidieron que repitiera más nítidamente lo que dijo. Bruno volvió a murmurar
un poco más fuerte, pero aún incomprensible. Francis se hartó y levantó al niño
por el cuello del suéter, sosteniéndolo a medio metro del suelo.
–¿Por qué te da tanta vergüenza,
tonto? Habla de una vez.
–¡Ya! ¡Soy Hebe! ¡¿Feliz con eso?! –
Bruno estaba tan rojo de la vergüenza que su cara resaltaba.
Lena y Francis se quedaron callados
en su sitio por unos momentos, hasta que el latino, luego de un gran esfuerzo
por contenerse, comenzó a reírse descontroladamente. Soltó a Bruno y siguió
revolcándose de la risa, sentado en el suelo y cogiéndose la barriga. El niño
resultó ser la Diosa encargada de la
ambrosía.
–Sabía que eras una nenita en el
fondo, pecas – soltó entre sus carcajadas.
–¡No tiene nada de gracioso! ¡Y
siempre he sido un chico a pesar de eso, idiota!
Bruno lo miró enojado y tuvo ganas
de enviarle un ciclón, pero recordó que Lena estaba ahí mismo y se contuvo,
también reteniendo las ganas de querer llorar y gritarle cosas aún más fuertes
en italiano. Por otro lado, la rusa estaba tranquila aparentemente, pero
también se aguantó la risa para no unirse a Francis en la burla.
–Mi cabeza… – murmuró Miguel al
volver en sí – Ni más vuelvo a participar en cosas como estas.
–¿Te encuentras bien, Miguel? –
preguntó Psique.
–¿Qué pregunta es esa? No te puedo
responder sí ni no… – Miguel tenía la misma actitud de Francis al despertar –
¿Fue real todo eso que vi?
–Cada detalle… Miguel, yo…
–Necesito caminar un poco…
Miguel salió contrariado de la
carpa. Psique quiso alcanzarlo, pero Lena la detuvo.
–Lena…
–Ya hiciste lo que debías y ahora
hablaré con él… Te dejo sola un rato. Te ves muy mal – señaló ella el color
pálido que había adquirido su piel. Lena la abrazó – Psique, muchas gracias. No
pienso volver a pedirte que hagas algo así.
Psique no le respondió. No porque
Lena estaba siendo muy calculadora frente a todo lo que estaba pasando, sino
porque aún no sabía cómo Lena se había dado cuenta.
Cuando Lena salió con los dos
chicos, Francis todavía se estaba burlando de Bruno al saberse que el niño era
una diosa en el alma, Psique se sentó cansada sobre el taburete, aflojó el corsé de su vestido y se lo quitó. Antes
de ponerse uno nuevo, miró su espalda desnuda en el espejo, la cual tenía un
tatuaje de dos partes: El símbolo del Omega en el centro y una víbora en curvas
a lo largo de su espina, la cual se había formado momentos atrás. Aún le
faltaban tres elementos para que se completara la imagen del libro.
–Ya van dos veces en las que estoy
trasgrediendo las reglas… Perdóname, madre – murmuró al cerrar los ojos y
colocarse el vestido.
* * *
–Bien… Soy un dios o algo por el estilo.
De eso no hay duda… Quién diría. Toda la vida creí que el amor es una burrada
cursilona para ganar dinero e irónicamente soy Eros… ¡¿Y por qué rayos ando
hablando solo?!
Llevaba media hora caminando y
hablando para sí mismo desde que salió para tratar de tranquilizarse, lo cual
era casi imposible en ese tipo de circunstancias. Incluso los animales lo veían
sin moverse desde sus jaulas.
–Por fin te encuentro – Miguel saltó
casi tres metros del suelo cuando la voz de Lena le sorprendió por detrás. La chica
había atravesado de nuevo la tela de otra carpa – Oye, tenemos que hablar…
–Aparécete como una persona normal
cuando todavía eres una – le dijo el español desde la rama del árbol a la que
estaba aferrado – ¿Qué quieres ahora?
–Saber si estás aún histérico. Es
normal. Todos se ponen así, unos más que otros.
–Oye, deja de mirarme – dijo Francis
al ver que Lena volteó a mirarle.
–Por supuesto que sigo histérico –
Miguel bajó de su rama con un buen giro en el aire y aterrizó en el suelo como
el buen acróbata que era – Creer que hay dioses de verdad es un nivel, pero
resultar ser uno es ya el colmo de lo que uno puede aceptar de tan buena gana.
Pues bien, soy un dios y me salen flechas raras de la nada ¿Y qué tengo que
hacer ahora?
–De hecho, también tus habilidades
físicas han incrementado, máximo, en un 30%. Y puede ser aún más si desarrollas
tu poder. Prueba de eso es que llegaste a esa rama alta de un salto – se
apresuró a señalar Lena alegremente, dejando a Miguel perplejo cuando recién se
dio cuenta de aquello – Y sobre lo que tienes que hacer… Hay que cumplir el rol
que se asignó a todos nosotros: Matar a Apolo y Artemisa y encontrar el frasco
de la inmortalidad para romperlo y reestablecer el mundo bajo nuestro orden,
como debió estar antes de que el Olimpo quedara prácticamente vacío.
El acróbata aún la miraba escéptico
¿Cómo podía decir cosas como “matar a alguien” con esa actitud tan relajada?
Seguro que le estaba tomando el pelo.
–No estás ayudando si hablas como si
eso fuera lo más común del mundo – murmuró Francis – Mejor déjame a mí hablar
con él.
Miguel y Francis se miraron por
mucho rato en silencio, intercambiándose miradas serias y desconfiadas. Francis
hizo brotar una roca de la tierra, se sentó en ella y le invitó a hacerle
compañía. El español se asombró al ver la habilidad especial del otro joven. De
entre los tres nuevos, le pareció el más cuerdo por lo poco que le escuchó y
consideró que quizás habría una buena charla.
–Miguel ¿No? Francis, mucho gusto.
Entre dos que hablamos en lengua hispana, supongo que nos entenderemos – sacó
cigarros de su chaqueta y, tras coger uno, le ofreció la cajetilla – ¿Fumas?
–Vale – Miguel dejó que Francis le
encendiera el cigarro y ambos se pusieron a fumar por el frío.
–Los dos concordamos en que por ésta – refiriéndose a Lena – nuestras
vidas no volverán a ser iguales – le dijo el latino con mucha formalidad.
–Ni que lo digas. Porque ella se fue
de este circo es que me contrataron aquí. Estafo con lecturas de mano y las
chicas ingenuas de cualquier país caen redondas cuando me ven. Y cuando llega
esa rubia y antes de que me recordaran que soy Dios del Amor o cualquiera de
esas babosadas, pensaba que me podía seguir burlando de los enamorados idiotas.
Ya no es lo mismo y logró que se me quitara el gusto. Así ya no tengo cómo
divertirme…
–Y yo me quedé sin mi trabajo.
Cuando vine a este país como ilegal, lo que yo quería era ser barman, pero me
dijeron que yo era, o soy, Dionisio y terminé haciendo de chulillo[1]
y ratero[2]
para esa bruja de Hilde Wetzell. Y además de eso tengo que matar a los primos
de la chica más chévere que haya conocido en este país, los cuales son los
dichosos Apolo y Artemisa. Estamos parejos – Francis le dio una pitada más al
cigarro y resopló el humo con resignación.
–Entonces no entiendo por qué
aceptaste todo eso que detestas en lugar de hacerte el gilipollas y seguir con
tu vida normal.
–Es algo de lo que uno no puede
volver una vez que le entras al barco de los fenómenos. Primero que todo, me
obligaron. Después la cagué cuando me descubrieron ella y sus amigos. Y, aún
más, me dio roche[3]… Ataqué a
los primos de ella y ya no soy capaz de verle a la cara ¿Para qué? Seguro que
me dirá que me vaya a la mierda por meterme con sus parientes o quizás me mire
como un fenómeno peligroso.
–No sólo tienes el problema de ser y
sentirte diferente – Miguel también fumó y volvió a retomar lo que iba a decir
– Pero si la jodes con la gente, pues te jodes por muchísimo tiempo con ellos y
no vas a hacer que nadie siquiera se olvide que metiste todas tus cuatro letras
¿Tú qué piensas sobre toda esta cojudez del ser divino?
–Al ano. Hoy día me resigné a que la
vida mortal es una mierda… o al menos la mía ha sido una joda completa. Si no
tengo a la chica que quiero o aunque sea algo que me alegre un poco el día,
entonces hay que mandarlo todo al poto y ver si regresar al cielo va a hacer la
diferencia.
–De verdad que eres un salado
pesimista de los cojones.
–Completamente, gallego.
–Soy de Sevilla, cholo.
Mientras los dos seguían fumando y
hablando de tonterías existenciales con jergas y lisuras de sus países, Bruno
los miraba confundido, especialmente asombrado al ver a Francis tener una
conversación tan animada con el cirquero.
–No entiendo nada de lo que dicen
¿Cómo Francis puede conversar tanto? En casa es un antisocial huraño – comentó
el pequeño con Lena.
–Pues es mejor que no entiendas nada
– dijo ella al reconocer todo ese léxico vulgar, pero al mismo tiempo comprobó
que Francis de verdad congeniaba con Miguel, y que incluso él encontraba la
charla muy entretenida, a pesar de que los dos tuvieran esa actitud de
pesimista – Después de todo debía tener algo por ahí.
Uno de los que trabajaban en el
circo llegó corriendo donde Miguel y le alertó en seguida.
–Miguel, qué bueno que te encuentro.
Tienes que ir rápido a la carpa principal – le dijo el muchacho.
–¿Pasó algo grave?
–Ni te imaginas. Apúrate. Ya avisé a
Psique y ya se encuentra allá.
Miguel apagó el cigarro en el piso y
emprendió carrera, seguido por los otros tres. Cuando llegaron a la carpa principal,
dos de los que hacían de payasos se estaban llevando a uno de los trapecistas
con el brazo derecho entablillado. Todos los demás miembros del circo también
estaban ahí y Psique se encontraba al costado del director del circo, un hombre
ruso gordo y de espesa barba negra.
–¿Qué pasó? – preguntó Miguel al
acercarse.
–Kyle estuvo revisando el estado de
la cuerda para el ensayo. De repente el cable se cortó por alguna razón y ya te
imaginarás.
–Al menos caí sobre la red, pero
tuve que caer casi al borde y me jodí el brazo. Aún no entiendo cómo puede
cortarse un cable de acero…
Miguel miró a los costados y divisó
dos huecos. Se sintió una basura al darse cuenta de que las primeras flechas
que disparó accidentalmente fueron las causantes del accidente.
–Kyle, yo…
–Disculpa, Miguel. Arruiné todo y no
voy a poder estar bien para el acto de apertura de la próxima semana.
–No te disculpes… Cosas que suceden…
–Kyle estará bien en un mes y otro
más de rehabilitación, pero ¿Dónde vamos a encontrar un reemplazo en tan poco
tiempo? – preguntó el desesperado director. Entonces miró al trío de dioses y
se fijó especialmente en la chica rubia hasta que finalmente la reconoció –
¿Lena? No puedo creerlo. Realmente eres tú.
–Señor Volkov, mucho tiempo – Lena
se le acercó riendo y él la cargó por la cintura para darle un gran abrazo
paternal.
Todos los demás del circo la
reconocieron y se sintieron alegres, lanzando animados vítores al ver a su ex
colega de vuelta. Francis y Bruno aún no podían creer que Lena realmente había
pertenecido a un circo y tenía tanta acogida entre todas estas personas.
–No esperaba que te encontráramos en
Japón después de… ¿Dos años? Sí, dos años ya. El tiempo pasa rápido y te has
hecho toda una señorita. Y justo hay dicha de verte de nuevo en un día de tan
mala suerte… Vamos a tener que cancelar el acto ahora que Kyle está
inhabilitado.
–Creo que no será necesario – cuando
el hombre la dejó en el suelo, ella extendió los brazos e hizo la pose de
cuando terminaba sus actos con la sonrisa coqueta que le adornaba – ¿Olvidó
quién era su trapecista estelar?
Francis y Bruno no podían abrir más
la boca de la sorpresa, mientras que Psique miró a Lena con sospecha. No podía
descartar que Lena en verdad disfrutaba ser el centro de atención en el show y
podría estar ofreciendo su ayuda para su antigua familia. Realmente era
inesperado y aún no sabía qué buscaba Lena para estar de nuevo en el circo si
ya había encontrado a Miguel ¿Había algo más?
–Pero Lena, no tienes que hacerlo.
Necesitas mucho tiempo para aprender la nueva rutina y volver a acostumbrarte
al cable. Lo único que nos queda es una semana, contando hoy también.
–Uno no olvida cómo caminar. Será
todo un placer ayudar cuando necesitan tanta ayuda.
–Eres un ángel, Lena. De acuerdo.
Incluso te daré tu parte de las ganancias – el hombre tosió ásperamente antes
de vociferar a todos – ¡¿Qué esperan todos?! ¡Queda menos de una semana, así
que los quiero ver a todos ocupados con algo útil! ¡Después celebrarán el
reencuentro! – se dirigió hacia Lena nuevamente – Usted apúrese también,
señorita. Cámbiese a ropas de trabajo y espero verla aquí en menos de lo que
diga “Arriba”. Psique, dale lo del baúl. Miguel, arregla el cable y lo quiero
en condiciones óptimas.
–¡Sí, jefe! – respondieron los tres
enérgicamente y fueron inmediatamente a sus labores.
Antes de que Francis y Bruno
salieran de la carpa, el director del circo se fijó en ellos dos y los detuvo.
–¿Ustedes quiénes son? Espero que
tengan una buena excusa para haber entrado sin permiso.
–Pues… verá… – Bruno siguió en
mutismo intermitente frente a ese enorme hombre frente a él.
–Somos compañeros de Lena –
respondió Francis rápidamente – Sólo vamos a esperarla por ahí.
–En ese caso, si son amigos de Lena,
no hay problema en que se queden – dijo sonriente, pero luego volvió a su
perfil mandón – Pero no voy a tolerar a ningún ocioso por aquí.
* * *
–Ésta no era mi idea de venir al
circo – se quejó Bruno al cepillarle la piel a un elefante.
Los dos se habían puesto a trabajar
por órdenes de ese imponente director de circo. Bruno estaba usando un overol
gastado y una camiseta a rayas que pertenecía a uno de los tantos muchachos del
circo, mientras que Francis sólo se había quitado el saco y se remangó.
–Si hubiera sabido que en Japón
haría alguna vez algo como esto, me hubiera quedado en mi país a trabajar en el
Parque de las Leyendas[4]
– Francis estaba paleando el estiércol del elefante – Cinco minutos más y
cambiamos de trabajos, nena.
–Entonces sigue paleando popó, tonto
– respondió el niño, remojando nuevamente el cepillo.
–Chibolo[5]
cachoso[6]…
– murmuró él al apalear de nuevo el montón.
Después de trabajar masticando
murmullos, Bruno finalmente rompió el silencio.
–¿Crees que estar en este circo sea
parte del plan de Lena?
–Acuerdo contigo ésta vez. Y se me
hace que la amargada de la señora Hilde sabe perfectamente qué tiene Lena en
mente.
–Quizás quiere ayudar y está
aprovechando oportunidades para preparar alguna estrategia o algo por el
estilo. O tal vez está aquí por nostalgia… Digo, estas personas fueron como su
familia y se les nota muy amables.
–Pero eso no implica que estemos
trabajando por nada aquí – dio la última cavada de estiércol y tiró la pala por
ahí.
Bruno terminó de tallarle el costado
al elefante y provocó un pequeño tornado para poder subirse al lomo del animal
y continuar la limpieza allá arriba.
–No sé… A mí ya me empieza a
divertir y Jamir es muy agradable – respondió el niño, refiriéndose al
elefante, el cual lo olfateó con su trompa cariñosamente.
–Creo que ese sujeto me recuerda a
mi primer jefe, ese gordo del patrón Gonzáles. Si hasta da igual de miedo y
todo – comentó Francis al recordar al director del circo – Entonces debo
duplicarle el crédito a la rubia si tiene a todos bajo control aquí.
–¿En serio te daba miedo ese señor
grandote? Se parecía a mi tío que también era así de gordo.
–No me sorprende que en este tipo de
cosas seas tan confiado. O quizás la culpa la tengo yo por formarme paranoico.
–Ah, cierto. Oye, Francis ¿De qué
hablaste con Miguel?
–Cosas de hombres. Las niñas no
tienen que saber de eso.
–Serás idiota – exclamó el niño ante
la nueva burla del mayor, tirándole la esponja mojada del elefante a la cabeza.
* * *
En la carpa de Psique, Lena esperaba
sentada en el taburete mientras la adivina sacaba un viejo baúl grande.
–He guardado esto desde hace mucho –
le comentó Psique al abrir el baúl y sacar varias prendas de acróbatas – Dudo
mucho que te quede tu antiguo traje, así que te daré las mallas de Mieke. Se ve que has crecido por todos lados.
–Aunque me da un poco de nostalgia.
–No niego que tu rutina era la
mejor, pero aún no me explico qué te motiva a ofrecerte.
–Se meterá en problemas el que se
atreva a subestimar tu instinto, Psique – respondió sonriente al tomar sus
prendas. Siguió hablando mientras se cambiaba detrás del biombo – Quizás parece
que pienso tender una emboscada aquí, pero no es la única razón. Quiero
compensar mi partida. Fui una desconsiderada al irme de aquí sin avisar a nadie
más que a ti y me imagino que algunos se pusieron tristes. En parte, ya terminé
mi misión personal al identificar a tu amigo, y ahora la segunda fase debe
desarrollarse a lo largo de la semana.
–¿Y qué es lo que estarás esperando
para ese entonces?
–Eso lo confirmaré de acuerdo a los
sucesos. Por ahora, me dedicaré a lo que mejor he hecho desde hace tiempo.
Lena salió en las mallas que usaba
una de sus superiores cuando ingresó al circo. Toda ella delgada y
perfectamente encajando en ese atuendo blanco con rayas doradas y brillo que
opacaría las estrellas. Psique volteó la vista hacia la entrada de su tienda,
fijándose en unos recién llegados Francis y Bruno, completamente perplejos con
lo que veían.
–Espabilen. Será la primera vez que
me vean sobre el trapecio, pero guardaré lo mejor para la primera función, que
esto será una simple práctica para reinsertarme al ambiente – Lena les sonrió
adorable, acariciando la cabeza del niño y dirigiendo una mirada coqueta al
latino, los dos aún estáticos.
Cuando Lena ya se había alejado
hacia la carpa central, Bruno se sacudió la cabeza y Francis recordó que debía
respirar. Psique colmó su atención en ellos dos.
–Ustedes dos que están viviendo con
Lena, me sorprende que reaccionen así. No imaginé que se llevaran tal impresión
al verla en leotardo.
–No, no. Lena está igual de bonita
que de costumbre – se apresuró a aclarar Bruno – Es sólo que…
–Se le siente tan… feliz… – murmuró
Francis.
* * *
El segundo día de entrenamientos
intensivos ya había empezado. Gracias al primer día, éste resultó ligeramente
más fácil de sobrellevar, pero no menos exigente. El tema de ese día era el
desarrollo de los poderes especiales, para lo cual muchos tenían dificultades.
En esa ocasión, Lina contaba con el
asesoramiento de Roy, personalizando la rutina para cada uno, de acuerdo a las
habilidades más destacadas.
–A ver, aver… – Reika cerró los ojos
para concentrarse y palpó la tierra con sus manos desnudas – Y… ¡Estás allá!
Lanzó una ráfaga de energía hacia su
izquierda, la cual fue bloqueada por la pared transparente de Maaya. Ella se
volvió visible de nuevo y le devolvió el ataque, el cual fue bloqueado por los
antebrazos de la diosa cazadora.
–Pero aún no me vas a derrotar,
Okubo – declaró Maaya.
–Mada
Mada![7]
– respondió la otra muchacha.
Entonces la pelea continuó a puño
limpio y ágiles evasivas de Reika. Cuando uno de los golpes envió a la
pelirroja hacia atrás, ella volvió a desaparecer y la otra muchacha se
concentró nuevamente para localizarla.
–Gran idea, Roy-kun – le comentó
Lina – Emparejarlas en entrenamiento fue muy acertado.
–Shikura entrena su desaparición de
presencia también espiritualmente, mientras Okubo Reika puede intensificar su
habilidad de rastreo. Las dos pueden subir de nivel si usan bien el potencial,
y el ser rivales hace que la cooperación en la práctica sea más fluida – dijo
Roy tomando notas.
–¿Y qué hay de Takahashi-kun y
Madison? – preguntó Lina al observar a los dos muchachos.
Mizuki sobrevolaba a seis metros del
suelo, mientras Madison saltaba hacia él de entre los árboles y trataba de
golpearlo con su espada corta sin desenvainarla. A pesar de tener piel
impenetrable, la reencarnación de Hermes aún tenía problemas para evadirla, por
lo que había ocasiones en las que recibía los golpes de la espada de lleno.
Cuando Mizuki logró bloquear el golpe de la funda con su mano izquierda y, al
agarrar el brazo derecho de ella, le aplicó una llave en el aire para arrojarla
hacia otro árbol. Madison aterrizó sobre una rama y se impulsó nuevamente para
lanzar el contraataque.
–Madison no tiene habilidades de
dios, pero su destreza en ofensiva ayuda a incrementar la experiencia en
combate real de Takahashi – explicó Flanagan con tranquilidad.
–Tiene sentido. Las habilidades de
Takahashi-kun se acercan más a la intensificación física, por lo que no
necesita rutina especial en lo que a poder se refiere. Sin embargo… – volteó
seria hacia Kenji y Aoshi, los cuales estaban meditando sentados cerca al lago
– Ellos dos aún son un problema.
Roy revisó su libreta de datos y
subió sus lentes por el puente. Echó su larga cola hacia atrás de su espalda e
hizo más anotaciones.
–Las habilidades principales de
Okubo Kenji son más que nada psíquicas. Desgraciadamente no he podido
investigar mucho al respecto sobre cómo hacer más preciso su don de
premonición. En cuanto a Yamaki… – la sección de la libreta dedicada a Ares
estaba completamente en blanco – Sus poderes no han sido revelados en absoluto.
Para eso, deben manifestarse espontáneamente y desconozco sobre algún método de
inducción.
–Yo preferiría no provocar nada. Aún
no sabemos qué tan peligroso podría resultar.
–Concuerdo con usted, señorita Lina.
Lo mejor que podemos hacer es apartar a Yamaki de la preparación especial hasta
que sepamos qué tipo de habilidades posee.
Aun estando lejos, el agudo oído de
Aoshi logró captar toda la conversación entre Lina y Roy. La verdad era que sí
había descubierto hacía tiempo su habilidad especial, pero era muy probable que
el resto comenzara a temerle si veían de qué se trataba. Incluso él mismo
estaba asustado de lo que había hecho en aquella ocasión y constantemente vivía
teniendo miedo de sí mismo y de aquellos instintos agresivos que fluían por su
sangre desde que recordaba ser Ares.
Aoshi abrió ligeramente los ojos y
miró a Kenji, sentado frente a él y meditando en silencio. Los dos estaban
sentados sobre el suelo y cruzados de piernas para concentrarse tranquilamente.
Para Yamaki era increíble que Kenji tuviera tal capacidad para concentrarse,
debido a que no reaccionaba ante los ruidos que provocaban los demás durante
sus actividades.
–El colmo de los males. No los culpo
por desconfiar de mí, aunque ya me lo esperaba de ese “señor perfecto”
Flanagan-sensei – murmuró para sí mismo – Oye, Kenji... Ah, cierto. Sigues en
meditación. Y justo cuando me tengo que descargar con alguien. Tetsuo está en
la cabaña y tú no te encuentras disponible.
–Pero sí te escucho – respondió él
repentinamente, haciendo que a Aoshi se le congelara la sangre por la sorpresa.
–Se supone que debías estar
meditando.
–Lo intento... La verdad es que es
imposible con todo este ruido, pero trato de mantenerme quieto para que Lina no
me reclame nada ¿Y qué hay de ti?
–Nada de nada...
–¿Seguro? A lo mejor necesitas un
mejor estímulo para despertar tu poder y podría ayudarte.
–No es necesario que lo hagas, Kenji
– Aoshi trató de evitar a Kenji a toda costa.
–En verdad puedo, Aoshi. Anda,
déjame ver – Kenji le cogió de la muñeca izquierda, pero Aoshi forcejeó tanto
que terminó golpeando a Kenji sin querer.
–¡Kenji, lo siento mucho! – Aoshi
fue a ayudar a su amigo, el cual estaba aún tirado en el suelo por el golpe
recibido – No me medí, pero tú no me dejabas...
Kenji no le respondió. Se le quedó
mirando largo rato con ojos de miedo.
–Aoshi... ¿Eso era lo que estabas
tratando de decirme?
–Kenji... – entonces Aoshi pudo
adivinar lo que pasaba: Kenji le debió leer algo cuando le cogió del brazo –
N-no es lo que piensas...
–Me quedó muy claro con lo que vi –
dicho esto, Kenji se alejó de él más molesto que nunca.
–No seas inmaduro, Kenji. Aunque sea
escúchame...
–¡Me hablas de ser maduro y de que
debo escucharte! ¡Te hubiera escuchado con calma hace meses, Aoshi!
No podía creerlo. Kenji ya lo sabía
y estaba mirándolo con esos ojos que tanto temía. Lo peor sería cuando el resto
se enterara de todo.
–¡Ken-chan! – Reika fue hacia él
cuando lo vio discutir con Aoshi – ¿Qué pasa con ustedes dos?
–No es nada, Reika. Aoshi me golpeó
muy fuerte – respondió tratando de sonreírle.
Aoshi lo miró perplejo ¿Kenji no
tenía pensado contarles nada de lo que había leído dentro de él? Comprendía que
Kenji se molestara al enterarse de todo aquello que les había estado ocultando,
pero no entendía por qué lo estaba guardando de los demás.
–No tenías que ser así de brusco,
Yamaki – le regañó Maaya, al ver que Reika había dejado la batalla de practica por
ir con su hermano.
–Sí. Me excedí mucho – Aoshi trató
de disculparse de nuevo, pero Kenji no lo miró a los ojos. Sólo se internó en
el bosque, aún de mal humor.
–¡Ken-chan! – Reika quiso seguirlo,
pero sólo podía mirarlo caminar.
–Tengo que hablar con él. Con
permiso – dicho esto, Aoshi se apresuró a seguir a Kenji.
Cuando los dos muchachos se
marcharon, Maaya y Reika seguían preocupadas. Aún estando en sus propias
rutinas, Mizuki y Madison también notaron aquel problema entre los muchachos y
también se detuvieron para preguntar qué ocurría.
–¿Qué se les metió a los dos en el
trasero? – preguntó Madison, llevando su espada enfundada a los hombros.
–Lo que sea que fuere, es algo entre
ambos – comentó Reika.
–Yamaki... – murmuró Maaya, aún con
la mirada hacia donde se había marchado Aoshi.
–Excusaré a ambos con Kuroha-san y
Flanagan-sensei – se limitó a informar Mizuki.
* * *
–¡Kenji, espera!
–¡Aléjate de mí!
–Kenji, realmente no quería que
ocurriera...
Kenji se volteó enfadado y le gritó:
–¡Se supone que somos amigos! ¡Los
amigos no se engañan entre sí, y menos si has estado traicionándonos de esta
manera! ¡Yo confiaba en ti y descubro esto! ¡¿Cómo pudiste, Aoshi?!
–Kenji... Tenía pensado contártelo
hoy.
–Hoy... ¡¿Y por qué no hace meses
cuando empezaste a intimar tanto con Ivanovich-san?! Eso explica varias
cosas...
–¿Por qué no se lo dijiste a los
demás?
–De por sí yo estoy así, así que
imagínate cómo se pondrán ellos, especialmente Shikura-san.
–¿Qué hay con Maaya?
–Eso no te importa.
Aoshi lo cogió de los hombros
fuertemente. Kenji lo miraba molesto, pero al mismo tiempo temía que fueran a
llegar a los golpes. A pesar de todo lo que creía, Aoshi se arrodilló frente a
él, aún estrujando las mangas de la camiseta de Kenji.
–De todos, me duele más que seas tú
quien me trate así, Kenji... – le dijo Aoshi – Si no dije nada, es porque temía
ver esos ojos... En ti y en los demás...
–Aoshi...
–También soy un idiota ¡Idiota,
idiota! – Kenji tenía la garganta cerrada al escuchar cómo la voz de Aoshi se
quebraba. Aoshi estaba llorando – Hago las cosas impulsivamente y todo termina
en esto... Creí al principio que eso nos serviría como una carta a nuestro
favor, pero cuando lo medité una y otra vez, me di cuenta de que lo que hice
fue estúpido y me temí lo peor...
–Es que eres así... – respondió él
un poco más calmado – Eso es algo a lo que me he acostumbrado de ti, pero todo
tiene límites.
–Golpéame si eso compensa en algo
todas las burradas que he hecho, Kenji.
–Sabes que eso no lo hago yo,
Aoshi... – Kenji se arrodilló también para quedar ambos frente a frente. Al
verlo, Aoshi se fijó en el rostro comprensivo que llevaba su amigo – Debiste
pasar meses muy difíciles... Eso para mí es suficiente.
–Kenji... – Aoshi no pudo más y
abrazó a Kenji – No te merezco como amigo. Perdóname.
–Todos cometemos errores, Aoshi.
Ahora sólo falta que le cuentes esto a los demás. Haré lo posible para que
todos te entiendan.
–No lo sé, Kenji... Tengo miedo de
verles a la cara.
–Va a estar todo bien. Yo ya te
perdoné ¿no?
Sin embargo, un golpe les cayó a
ambos de la nada. Al reincorporarse, Aoshi y Kenji estaban aterrados.
–Pero yo no perdono estas faltas,
así que las vas a pagar muy caro – dijo un serio Yamato.
[1] Chulillo: Jerga peruana. Empleado de
encomiendas.
[2] Ratero: Jerga peruana. Ladrón
[3] Roche: Jerga peruana. Vergüenza
[4] Parque de las Leyendas: Zoológico de
Lima.
[5] Chibolo: Jerga Peruana. “Niño”,
“Crío”, “Mocoso”, etc.
[6] Cachoso: Jerga Peruana. Que saca
pica.
[7] Mada Mada:
Aún falta.