Deux
Kratos: Pantheon
Trigésimo Segundo Acto:
Kenji y Aoshi no se explicaban cómo
había llegado Yamato ahí, pero lo que más les aterraba era aquella actitud que
tenía. Yamato no era así usualmente.
–Yamato-nii... – murmuró Kenji, sin
poder moverse de su sitio.
–Apártate, Kenji – le advirtió él.
–Yamato, espera ¿Qué tienes pensado?
– le preguntó Aoshi con temor.
–Acéptalo, Aoshi. Desde cualquier
punto de vista, traicionaste a los demás. Y antiguamente se mataba a los
traidores...
No creyeron que Yamato estaba en
serio hasta que un golpe casi le acertó a Aoshi, de no ser porque Kenji lo
agarró y empezaron a correr.
–¡¿Qué le pasa a Yamato?! – exclamó
Aoshi.
–No tengo idea... Yamato-nii no es
así...
–¿Qué les pasa a los dos? – preguntó
Yamato cuando llegaron a la cabaña. Lo tenían justo frente a ellos.
Kenji y Aoshi pararon en seco por el
susto y se prepararon para defenderse de cualquier ataque.
–¡No me hagas nada, Yamato! ¡No
quise hacerlo y estoy muy arrepentido! – gritó Aoshi, cubriéndose la cabeza con
los brazos.
–¡Yamato-nii, no hay que llegar a
esos extremos! ¡Aoshi tenía sus razones!
–¿Han entrenado mucho o qué? Yo
acabo de llegar – les dijo Yamato, preguntándose si los muchachos estaban
lúcidos.
–¿C-cómo? ¿Tú no estabas molesto con
nosotros y querías golpearme? – preguntó Aoshi.
–¿Golpearte? Oh, cielos. Creo que
Lina te golpeó mucho, pero es tu culpa por ponerte respondón, Aoshi – le
respondió Yamato con toda calma.
–Espera un momento – interrumpió
Kenji, más confundido que antes – ¿No estabas tú en el bosque?
–Sí, pero hasta el otro lado. Fui a
buscar a Cerbero – luego le preguntó a Aoshi – ¿Por qué iba a estar yo molesto
contigo?
–Ah, pues...
–Dile de una vez que nos saltamos el
entrenamiento – dijo Kenji.
Aoshi se dio cuenta de que eso lo
había dicho para que Yamato todavía no supiera sobre el asunto.
–¿Eso? La verdad es que no los
culpo. Yo también me saltaría entrenamientos con Lina... Si supieran lo agotado
que me dejaba cuando aún salíamos...
–¡No necesitamos saber más! –
interrumpieron ambos al mismo tiempo, viendo a qué iba aquella anécdota.
–Hey, incluso matemáticas es
agotador con ella como tutora. Ahora mejor van a la cabaña a hacer algo y
tengan una excusa de por qué se tiraron la pera. Yo aún tengo que buscar a
cierto can – dicho esto, Yamato se internó en el bosque nuevamente.
Cuando Yamato se fue, Kenji y Aoshi
se apresuraron a la habitación que tenían y cerraron la puerta. Tras asegurarse
de que nadie los escucharía, ambos se sentaron cansados en el suelo, apoyados
contra la pared.
–Eso fue aterrador ¿Qué fue con
Yamato? – comentó Aoshi.
–Yamato-nii dijo que no estaba en
ese lado del bosque... Es muy probable que no se haya tratado de él – Kenji
trató de analizar la situación con lógica.
–Oye, creo que puede ser lo mismo de
aquella vez – concluyó de repente Aoshi – El perro que atacó a Takatsuki-kun y
el que vi cuando estábamos en la poza. Tiene que ser lo mismo.
–¿Crees que se trate de un fantasma
o algo más?
–¿Un monstruo tal vez? Hay que
averiguar.
Entusiasmados con el nuevo misterio
por resolver, Kenji y Aoshi se levantaron completamente revitalizados y se
disponían a salir de la cabaña para buscar aquella aparición. Pero cuando
abrieron la puerta, ambos cayeron sentados en el piso espantados cuando Lina
estaba parada justo frente a ellos con aura asesina y las manos sobre las
caderas. Definitivamente no se trataba de una aparición, ya que nada podría
superar aquel ambiente intimidante que sólo podía producir ella.
–¿Cómo es eso de que se escaparon
del entrenamiento? – preguntó ella, aún más intimidante.
–L-Lina... – Kenji estaba aún más
azul que cuando tenía serpientes cerca.
–L-Lina-san, no hay que ponernos
así... No hacíamos nada más que estar sentados y tratar de meditar... – trató
de excusarse Aoshi.
–¡Eso no es ninguna excusa!
Desde la cocina, Sakura, Tetsuo y
Ryo sólo podían escuchar el ruidoso caos proveniente de los dormitorios.
–Espero... que Kenji-senpai y
Aoshi-senpai no queden tan mal... – murmuró Sakura.
–Lo dudo realmente – comentó Tetsuo.
–Y... Faltan cinco días... – dijo
Ryo tratando de seguir sonriente, pero con la ceja izquierda torcida.
* * *
Aún de cuclillas y con las manos en
los muslos, Kenji y Aoshi seguían en la entrada de la cabaña, con varios
chichones en las cabezas. Aún faltaban tres horas para poder dejar esa posición
de castigo. Kenji había estado mirando a un mapache que rondaba por los
basureros de la cabaña cual ladrón. Cualquiera podría decir que se traía algo
entre manos, pero simplemente estaba rebuscando entre las sobras.
–Vamos esta noche por el fenómeno
del bosque – le susurró Aoshi.
–Definitivamente...
–Oye, Kenji...
–Dime.
–¿Por qué no le dijiste a Yamato que
nos fuimos del entrenamiento por... tú sabes? Pudiste dejar que yo confesara...
–No era buen momento... Te dije que
todos se pondrían histéricos. La verdad es que Yamato-nii es más comprensivo,
pero si lo sabe él, Lina también lo sabría y el resultado hubiera sido peor.
–Bueno... gracias – Aoshi movió un
poco las piernas para que no se le acalambraran – Oye, Kenji ¿No importa si mejor
les digo a los demás cuando terminemos el asunto del campamento? No creo que
sea el mejor momento.
–No lo vamos a ocultar para siempre,
Aoshi... Que todo este rato te sirva para ensayar la mejor manera de explicarlo
todo.
–Aunque suena fácil, realmente sé
que no es nada de eso...
Se disponían a continuar con las
horas restantes de su posición de castigo hasta que un grito en el bosque les
llamó la atención. No les importó si se las verían con Lina al incumplir la
penitencia, pero esa quizás era una de esas raras oportunidades de encontrar a
esa aparición.
Corrieron en dirección al ruido que
oyeron, con la mirada pendiente de cada rincón posible. Cuando llegaron,
encontraron a Reika mirando hacia la copa de uno de los árboles.
–¿Estás bien, Reika? – preguntó un
preocupado Kenji.
–¿Dónde está ese monstruo? –
preguntó Aoshi, listo para golpear cualquier cosa rara.
–Allá arriba – dijo ella.
Lo que pudieron ver fue una urraca
negra, la cual alzó vuelo a penas los vio. Aoshi y Kenji se apresuraron,
determinados a atrapar al pájaro, convencidos de que se trataba de aquella
aparición extraña. Reika les gritó algo, pero no la escucharon al ir ellos tan
rápido.
Aoshi pensó rápido en una estrategia
y le hizo una seña con la mirada a Kenji. Él entendió y, cogiendo a Aoshi del
brazo izquierdo, usó todas sus fuerzas para lanzarlo hacia el ave. El plan dio
resultado. Aoshi logró atrapar con los brazos a la urraca en pleno vuelo y cayó
sobre una zona llena de hierba espesa.
–Aquí estás. Ahora cambia y muestra
qué eres realmente – Aoshi abrió las alas de la urraca, la cual graznaba y
forcejeaba para poder liberarse. Notó entonces que una de sus patas estaba
agarrando la placa de metal con el nombre de Reika.
–Qué bueno que la atrapaste – dijo
Reika, recién llegando con Kenji – Ese pájaro idiota se robó mi placa mientras
estaba secándome el sudor.
–¿Qué? ¿Sólo era tu placa? – Aoshi,
perplejo, aflojó las manos, oportunidad que aprovechó el ave para zafarse y
marcharse, no sin antes darle tres picotazos a Aoshi en la cabeza – Pájaro
idiota...
–¿Cómo que SÓLO mi placa? Cualquier
cosa que me dé Ken-chan es más que SÓLO una cosa – le regañó Reika,
evidentemente susceptible ante el reclamo de Aoshi.
–Como sea. Igual te la recuperamos –
Aoshi le alcanzó la placa y después comenzó a rascarse.
–Aoshi... Creo que no caíste en SÓLO
hierba... – dijo Kenji al fijarse en las hierbas más verdes del montón.
–Fíjate que no me di cuenta... –
respondió con sarcasmo, rascándose en todos los sitios que pudiera alcanzar.
–Si no era para recuperar mi placa,
¿Entonces para qué persiguieron a la urraca? – preguntó Reika al intuir que
algo se traían entre manos – No creo que le grites a cualquier animal que
“muestre qué es realmente”, Aoshi.
–El pájaro me debe dinero – contestó
de mala gana para que Reika le dejara en paz, pero eso sólo hizo que ella
sospechara más.
Reika se dirigió inmediatamente
hacia Kenji y, con las caras frente a frente, separadas por escasos
centímetros, lo miró aguda.
–Ken-chan, tú me vas a decir qué se
traen ustedes dos desde que se tiraron el entrenamiento.
–¿Q-qué te hace pensar eso, Reika? –
respondió nervioso.
–Normalmente los fastidiaría a
ustedes dos de hacer una grandiosa pareja, pero ésta vez será mejor que me lo
digas todo, Ken-chan.
A Kenji no le quedó más remedio que
confesar. Le había contado todo lo relacionado con las extrañas apariciones,
pero obviando completamente el tema de Aoshi y Lena.
–Lo sabía, lo sabía – exclamó Reika,
repentinamente emocionada de la nada.
–¿Qué te pasa ahora? – preguntó
Aoshi.
–Había escuchado de fantasmas en
estos bosques y por fin voy a poder ver uno con mis propios ojos – exclamó
completamente emocionada.
Si había algo que despertara el
entusiasmo a la máxima potencia de Reika, además de los mangas yaoi y la
oportunidad de sobresalir en lo que fuera, eso era todo lo que abarcara el
esoterismo y lo oculto. Kenji ya no sabía si estuvo bien contarle el asunto de
las apariciones o seguir callándoselo. De cualquier manera ella se hubiera dado
cuenta.
–Los fantasmas no existen, Reika – le
dijo Aoshi.
–¿Qué es si no es un fantasma, eh?
–Pues... No sé. Tal vez una paranoia
o... ¡Ahí está! Puede ser otro dios que nos quiere matar del susto – trató de
justificar, a la vez que se rascaba furiosamente.
–Sea como sea, lo vamos a averiguar
hoy – declaró Reika decididamente.
* * *
Ya en medio de la noche, una vez en
los dormitorios, Aoshi estaba tratando de dormir bocabajo, ya que las únicas
vendas con loción que necesitaban más tiempo a exposición eran las de su
espalda.
–Mi vida apesta... – dijo para sí
mismo.
–Aoshi... – le llamó Kenji en un
susurro.
–¿Qué?
–No puedo dormir.
–Eso se llama “Deseo nocturno”,
Kenji. Eso es parte de la tortuosa adolescencia virgen.
Kenji se sonrojó ante tal
insinuación de su amigo, por lo que agarró un libro y se lo tiró a la cabeza
completamente irritado. Definitivamente no estaba para que le restregaran su
inocencia.
–¡Eso no! – le regañó Kenji, aún
cuidando de no despertar al resto – Sabes a lo que me refiero.
–Sí, sí. Ya sé – cuidando de no
hacer ruido al escabullirse, trataron de dirigirse a la ventana de la
habitación, pero los crujidos de la madera resonaban aún más entre tanto
silencio.
–Reika-chan... – el murmullo los
dejó paralizados, pero se calmaron al darse cuenta de que se trataba de Ryo
hablando en sueños.
–Ryo tiene sueño pesado... Por eso
despreocúpate – le dijo Kenji.
–No te envidio el tener que dormir
en la misma habitación que Tenryo cuatro veces a la semana.
Ryo no era el único difícil de
despertar. Madison y Tetsuo, por una increíble coincidencia, dormían con
audífonos puestos, escuchando cada quien su propia música, y Mizuki estaba tan
agotado por sus medicinas que era imposible que despertara hasta la mañana
siguiente. El único inconveniente sería Maaya.
–Lo olvidé – Kenji volteó hacia donde
su hermana – Despertemos a Reika para que vaya con nosotros.
–¿Y para qué?
–Porque se va a molestar mucho con
nosotros si no la llevamos.
–Bah, lo que faltaba...
El futón de Reika estaba justo al
frente de el de Maaya, la cual seguía dormida. Kenji se acercó hacia su melliza
y la movió un poco.
–Reika, despierta.
–Nn... – Reika, aún sin despertarse,
le apartó la mano a Kenji y se echó de lado.
–Oye, tú me dijiste que querías
atrapar al fantasma o lo que sea que fuere.
–Ken-chan... – Reika se quitó unos
tapones de los oídos y se restregó el ojo izquierdo – ¿Qué hora es?
–¿Eso importa? ¿Por qué duermes con
tapones?
–Escucho un montón de ronquidos y
demás aunque estén a baja frecuencia.
–Al menos te hacen bien – Kenji hizo
todo lo posible para no voltear a ver a Ryo, dormido como un tronco – Dijiste
que querías ver esa aparición del bosque.
–¿Por qué no lo dijiste antes? –
ella también se levantó y se dispuso a ir. Kenji se asustó tremendamente cuando
vio que Reika caminaba con normalidad hacia la puerta del cuarto, en lugar de
hacer una escabullida silenciosa hacia la ventana como tenían planeado.
–¿Qué crees que haces, Reika? – le
inquirió él, tratando de susurrar lo más bajo que podía.
–¿No crees que se van a despertar si
notan que se están yendo silenciosamente? Como si nadie se levantara a media
noche para ir al baño, Ken-chan – respondió con naturalidad.
Aoshi los iba a seguir, pero algo
agarró su pierna y perdió el equilibrio. Por fortuna, Kenji reaccionó y logró
atraparlo para que no hiciera ruido al caer. Se percataron de que Maaya, aún
dormida, le estaba abrazando del tobillo.
–Shi-Shikura-san... – Kenji trató de
aflojarle los brazos de la pierna de Aoshi, pero no podía.
–No vayas... peligro... – murmuró
ella en sueños.
–Increíble que te estés preocupando
por mí aún estando dormida – murmuró Aoshi, casi para sí mismo. Le tomó las
manos cálidas y, al hacer que soltara, volvió a arroparla – Ojalá fueras así
también estando despierta, Maaya.
Cuando los dos se fueron, Sakura
alzó la mirada desde su futón para asegurarse de que todo estaba bien. Había
escuchado todo y le preocupaba más el que sus senpais fueran solos a atrapar al
perro salvaje que la persiguió.
–Kenji-senpai, que no le pase nada
malo – sin ella misma poder refrenarse, agarró un abrigo y también salió
sigilosamente tras sus senpais.
Por otra parte, Maaya se echó de
lado con los ojos abiertos, mirando hacia la ventana del cuarto.
–Eres un idiota, Yamaki Aoshi –
murmuró para sí misma.
* * *
–¿Tenemos idea alguna de por dónde
vamos a empezar? – preguntó Aoshi.
Los tres habían estado internándose
en el bosque hacía casi una hora, aparentemente caminando sin un rumbo
predeterminado. Cada uno tenía linternas, las cuales apuntaban constantemente
hacia todos lados en caso hubiera alguna amenaza escondida.
–No tengo ni la más mínima idea de
adónde ir... – dijo Kenji.
–¿Me hicieron venir y ni siquiera
tienen noción de qué hacer? Serán idiotas – dijo Reika.
–Tú eras quien quería venir, así que
te trajimos a que veas a tu fantasma o lo que sea – le respondió Kenji.
–Se supone que vine para que me lo
mostraran, no para buscarlo sin probabilidades de éxito.
–Tomemos un descanso. No pienso bien
a mitad de la noche – les interrumpió Aoshi.
Kenji y Reika se sentaron en la
misma roca, espalda contra espalda. Aoshi se reclinó contra un árbol y miró
hacia el cielo, ligeramente estrellado y una luna menguante tapada por algunas
nubes negras.
–Quizás estamos haciendo esto por
gusto – comentó Yamaki – Llevamos una hora caminando y lo único que hemos
encontrado fue una que otra lagartija.
–No me lo recuerdes – Kenji aún
estaba con la piel de gallina desde que había tocado a una pequeña lagartija
sin darse cuenta. No soportaba ningún tipo de reptil.
–Sigo pensando que ustedes se están
imaginando cosas – declaró Reika.
–¡Tú fuiste quien quiso venir! – le
dijeron los dos muchachos a la vez.
–No sigamos haciendo el tonto y
vamos a buscar al fantasma – Reika se levantó de su sitio y siguió adelante.
–Mujeres... – murmuró Aoshi.
Cuando iban a alcanzar a Reika, ya la
habían perdido de vista. Entonces percibieron movimientos en dos direcciones
diferentes, por lo que no tuvieron más remedio que separarse para investigar.
Aoshi trató de usar todos sus
sentidos para ubicar al objetivo, pero éste se movía rápido entre los arbustos,
hasta que finalmente lo perdió de vista. Recordó todo lo que había pasado desde
que llegaron a entrenar: el pitbull, Cerbero, y una aparición de Yamato
actuando fuera de lo normal. Entonces se dio cuenta de todo y que aquella
criatura había decidido cambiar el blanco. Se apresuró en tratar de encontrar a
Kenji o a Reika.
* * *
–¡Reika! ¡Reika! – Kenji seguía
llamándola, aún sin ubicarla entre la oscuridad del bosque.
Estaba muy preocupado, en especial
por el escalofrío paranormal que le producía aquel ambiente espeso. También se
preguntaba si Aoshi había logrado atrapar aquella aparición que buscaban.
Escuchó movimiento entre los
arbustos y fue en aquella dirección, rogando que fuera Reika o Aoshi. Cuando
dirigió la luz de su linterna hacia el frente, se paralizó del miedo
instantáneamente cuando esos ojos vidriosos y sin parpadeo lo miraban
fijamente. Las piernas no le respondían y el grito que quería lanzar se le
había quedado en la garganta. Trató de voltear hacia otro lado lentamente, pero
encontró más de aquellos asquerosos reptiles que tanta repulsión le provocaban.
–R-reika... Aoshi… Mamá… – murmuró aún petrificado, al
comprobar que, por desgracia, estaba rodeado de reptiles.
* * *
Reika escuchó detrás de ella aquel
sonido de movimiento entre las hojas y se puso alerta frente a cualquier
posible aparición.
–Que seas un fantasma, que seas un
fantasma... – murmuró para sí misma, esperando que fuera verdad lo que
esperaba.
Quien apareció entre los arbustos
fue Kenji. Reika corrió hacia él.
–¡Ken-chan! Por fin viniste ¿Qué
tanto hacías allá atrás?
–Eso qué te importa. Siempre me
estás molestando – respondió él.
Reika no comprendía nada ¿Por qué
Kenji le estaba hablando así?
–Oye, si estás molesto por dejarte
atrás, es culpa de Aoshi y tú por demorarse.
–Me tienes harto. Siempre tengo que
estar cuidándote, desde toda la eternidad. Debería dejar que te maten y quizás
así yo pueda vivir tranquilo por primera vez en todas mis reencarnaciones.
–Ken-chan... – no podía creerlo.
Kenji jamás le había hablado así.
–¡Reika! – Aoshi llegó,
encontrándose con Reika muy afectada, pero algo no le cuadraba.
–Ken-chan está actuando muy
miserable conmigo.
–Es como debí ser desde el principio
con una engreída e inmadura como tú, hermana.
–Acabas de cometer tu más grande
error, amigo – dicho esto, Reika cambió repentinamente su actitud a una más
seria y le lanzó una piedra, la cual paró con la mano derecha. Al
interceptarla, bajó la guardia y Reika le conectó una patada al estómago –
Ken-chan nunca me diría eso. Y se te olvidó un detalle muy importante. Ken-chan
es zurdo.
El supuesto Kenji trató de escapar
lo más rápido posible, pero el verdadero Kenji le interceptó a medio camino.
Había logrado salir con gran esfuerzo del nido de lagartijas.
–Ahora no tienes hacia dónde huir –
le dijo Kenji al impostor.
–¿Apostamos? – dicho esto, se
transformó en lagarto y saltó directamente hacia la cara de Kenji, pero logró
atraparlo y envolverlo con su chaqueta.
–Si no lo miro es más fácil.
Reika y Aoshi llegaron donde Kenji y
vieron a la criatura retorciéndose dentro de la chaqueta.
–Por fin lo atrapamos. Ahora tenemos
que ver de qué se trata – dijo Reika.
–Me podría hacer a la idea... – dijo
de repente Aoshi – Piénsenlo. Takatsuki estaba siendo perseguida por un perro feroz.
Estuve paranoico en la poza termal cuando estuvimos hablando del sarnoso de
Cerbero. Kenji y yo estábamos con la preocupación de que alguien pudiera
acercarse por ahí mientras discutíamos y justo sale Yamato. De repente a Reika
se le aparece Kenji y le comienza a decir muchas cosas desagradables. Y en lo
último que se transforma frente a Kenji es justo en un lagarto ¿No son las
cosas a las que les temíamos en el momento?
–Tiene que ser alguna encarnación o
una bestia mística – al decir esto, Reika sacó 200 yenes de su bolsillo y se
los dio a Aoshi – De acuerdo, no es un fantasma ¿Entonces qué es?
–Eso es lo que vamos a averiguar –
dijo Kenji, ajustando más la chaqueta para que no escape.
–¡Kenji-senpai! – la voz de Sakura
se escuchó cerca de donde estaban.
Kenji se distrajo cuando reconoció
su voz, momento que aprovechó la criatura para soltarse de la prenda y
dirigirse hacia Sakura con la forma del pitbul que la persiguió el día
anterior.
–¡Takatsuki! – gritó Kenji al no
alcanzar a la criatura.
Cuando Sakura se dio cuenta, la
bestia estaba a punto de saltar sobre ella.
–¡Kyaaaaaa! – gritó llevándose las
manos a la cabeza.
No pasó nada. Cuando Sakura abrió un
ojo, se sorprendió al ver a Cerbero aprisionando al pitbul contra el suelo.
–¡Gracias, Cerbero! – Sakura estaba
más feliz que nunca al ver al can de los infiernos a su rescate.
–Qué bueno que llegamos a tiempo,
Takatsuki-kun – dijo Yamato al llegar. Se dirigió a Cerbero y le acarició el
lomo – Buen trabajo, muchacho.
–¡Yamato-nii! – exclamaron Kenji y
Reika.
–Oye, ¿Qué haces aquí? No se supone
que el sarnoso y tú deberían estar rondando a esta hora – le dijo un confundido
Aoshi.
–Si les pregunto lo mismo a los
tres, estaríamos a mano – respondió el mayor de los presentes – Aunque ya sé
que se las querían dar de héroes y vinieron a capturarlo. Cerbero ya lo había
percibido desde que llegamos y ha estado buscándolo desde entonces. Me tarde
mucho para entender por qué el grandote se estaba ausentando tanto.
Las dos cabezas laterales de Cerbero
ladraron, anulando la magia que poseía la criatura. Al desvanecerse la imagen
del pitbul, los cuatro muchachos lograron reconocer la forma del animal.
–¿Un mapache? – exclamaron los
muchachos al mismo tiempo.
–¡Ya lo recuerdo! – exclamó Kenji al
recordarlo – Es el mismo mapache que estaba hurgando hoy entre la basura.
–No hurgaba en tu basura. Me caí –
para sorpresa general, aquella voz provenía del mismo mapache.
Todos se quedaron con los ojos en
punto, mirando fijamente al mapache.
–¿E-el mapache habla? – Aoshi estaba
aún atónito, pero podía formular la pregunta en nombre de todos.
–Vaya, esto no me lo esperaba –
comentó Yamato, más calmado que los otros muchachos.
–Tampoco esperarás cuando te
contagie de rabia – replicó el mapache.
–Si puedes hablar, entonces nos
dirás todo lo que eres en realidad, Tanuki-chan[1]
– le dijo Reika, adoptando el papel amenazador.
* * *
Después de explicarle todo lo que
ocurrió a Lina y a los Flanagan, habían atado al mapache a una silla, listo
para el interrogatorio. Estaba todo atado con cuerdas y una mordaza en el
hocico.
–¿Para qué le puso eso, sensei? – le
preguntó Kenji a Roy.
–No dejaba de quejarse cuando lo
até.
Misty terminó de revisar todas las
anotaciones que hiciera durante el análisis del animal.
–Bueno, ya le hice todas las
revisiones médicas posibles – dijo la sonriente Misty.
–¿Y? ¿Qué es entonces? – preguntaron
todos los demás.
–Un saludable y adorable mapache –
respondió sin alterar su sonrisa.
Hubo un silencio momentáneo, hasta
que Lina por fin habló.
–Entonces tiene que ser una posesión
sobre el animal – concluyó la mayor de los Okubo.
–Sí, y a que no adivinan de quién –
agregó Yamato.
–¿De quién? – preguntaron Kenji,
Reika, Aoshi y Sakura.
–Eso todavía hay que preguntárselo
al mapache.
–¿Entonces qué esperas para quitarle
la mordaza? – preguntó un impaciente Aoshi.
Cuando le quitaron el trapo de la
boca, el mapache trató de roer sus cuerdas, pero no podía inclinarse hacia sus
ataduras.
–No te esfuerces mucho, Tanuki-chan.
Las cuerdas están remojadas en ese horrible jugo que hizo Lina, así que antes
morirías en el intento – le dijo Reika.
Lina trató de obviar el comentario,
ya que estaba más pendiente de interrogar al mapache. Los muchachos se
acomodaron para disfrutar del interrogatorio.
–Muy bien ¿Quién o qué eres? –
preguntó Roy Flanagan.
–Cómete mis heces, sacerdote – le
respondió el animal.
–Ah, sabes quién soy. Eso ya nos
resta algunas opciones posibles. Vuelvo a preguntar ¿Quién eres?
–Soy un inofensivo y adorable
mapache.
Lina no soportó más y se dirigió con
aura asesina hacia el animal. Agarró del cuello al pobre mapache y le clavó esa
mirada helada, tan penetrante que incluso el mapache ya temblaba de miedo.
–No estoy para juegos, así que
confiesa – le gritó la reencarnación de Perséfone.
–N-no puedo si obstruyes mi
tráquea... – pronunció el mapache a duras penas.
–Señorita Lina, déjemelo a mí. No se
moleste con él – la detuvo Roy. Volvió a dirigirse hacia el mapache – La
señorita Lina es capaz de muchas cosas. No quisiera que te pasara algo si no
nos ayudaras. Nosotros te entenderíamos. Ahora ¿Qué hacías en el bosque?
Reika se acercó a Kenji mientras
veían la escena y le susurró:
–El policía bueno y el policía malo
se les da muy bien – comentó ella en voz baja.
–Siento lástima por el mapache –
comentó Kenji.
El mapache miró primero a Roy, y
después a Lina, la cual seguía irradiando aquella aura amenazadora.
–De acuerdo, de acuerdo. Sólo estaba
asustando a estos chicos para alimentarme – confesó el animal – Puedo
transformarme en los temores del momento de la persona que tenga como objetivo.
Básicamente me alimento de temor, así que nunca tuve intenciones de dañar a
nadie... Aunque tampoco hubiera podido. Sólo adquiero la forma.
–Un momento... – Aoshi entonces
concluyó todo – Te alimentas de miedo, hablas, has poseído el cuerpo de un
mapache y sabes que Flanagan-sensei es un Sacerdote Olímpico ¿Acaso tú eres...?
–Bueno, sí. Soy Phobos – admitió el
mapache.
Ahora todo tenía lógica.
–Oye, un momento. Tú también debías
reencarnar en algún humano ¿Qué haces como mapache? – preguntó Yamato.
–Yo tampoco sé porqué no reencarno
como humano. Aunque un mapache fue lo mejor que pude encontrar en este bosque.
Las otras opciones eran una lagartija o una zarigüeya.
–No hay zarigüeyas en Japón,
Tanuki-san – le corrigió Sakura.
–Ah... – Phobos miró hacia arriba
pensativo y volvió a decir – Entonces no les recomiendo imaginar de qué tamaño
son las ratas de aquí.
–Ya mucha cosa – le cortó Lina –
¿Entonces no tenías ninguna intención de matar a Apolo y Artemisa?
–¿Apolo y Artemisa? – Phobos miró
sorprendido hacia Kenji y Reika – Vaya, ya me parecía raro que dos chiquillos
tuvieran habilidades así de anormales. No, no. Después de ver todos esos
entrenamientos brutales y cómo sobrevivían, no tengo oportunidad alguna contra
ustedes. Eso significa que ese atolondrado del cabello castaño es...
¿A-Ares-sama?
–¿A quién llamaste “Atolondrado del
cabello castaño”? – preguntó el aludido.
–Bueno, otro menos a la lista de
futuros homicidas – dijo Reika.
–Ahora que todo se aclaró, creo que
puedo retirarme...
–Nada de eso – la autoritaria voz de
Lina congeló al animalito – ¿Crees que te vamos a dejar ir ahora que sabemos
que eres una reencarnación de Dios Griego, Tanuki?
–No seas tan mala con Phobos,
Lina-san – Misty cogió al mapache y le sonrió – Ya dijo que sólo quería
alimentarse. Así que no habrá problema si lo tenemos vigilado.
Phobos no se opuso, especialmente al
considerar el hecho de que iba a estar al cuidado de una elfa tan guapa y dulce
como lo era la señorita Flanagan.
–No se preocupe. Seré bueno y me
portaré correctamente. También soy muy limpio y... bueno, lo de la rabia es
sólo mi fachada – dijo el mapache, tratando de que la sacerdotisa se
enterneciera con él.
–¿Qué dices, Lina-san?
–Sólo con la condición de que no use
sus poderes.
Mientras Phobos estaba emocionado
con la idea de vivir bajo vigilancia de Misty, Kenji, Reika y Aoshi parecían
decepcionados con la conclusión de todo aquel misterio.
–¿Eso es todo? Ese roedor nos hizo
pasar mal rato y todavía le va a ir bien. Mapache desgraciado... – se quejó
Aoshi.
–Bueno. Hemos encontrado a otro
reencarnado más y logré escapar de un montón de horripilantes lagartijas. Eso
ya es suficiente mérito para la noche – agregó Kenji.
–Y la conclusión es que esto apesta
– dijo Reika.
–Al menos todo terminó bien –
concluyó Sakura.
Antes de irse a la habitación, Lina
los refrenó.
–Ahora hay que hablar de su
detención por salir a mitad de la noche.
Los cuatro tragaron saliva y
suspiraron resignados.