Deux Kratos: Pantheon

 

 

Trigésimo Cuarto Acto:

 

 

Después de alistar rápidamente todas las cosas, ya todos estaban listos para regresar a la ciudad. Estaba muy oscuro, teniendo como únicas fuentes de iluminación las luces de la camioneta, unas lámparas de gas de la cabaña y del convertible en el que llegaron Hanajima Goro y Marla Winslow.

 

–¡Nos vamos en media hora! – anunció Lina muy seriamente – ¡A trabajar que no vamos a dejar nada aquí para regalar!

 

Tetsuo se acercó a Yamato, el cual estaba poniéndole nuevos collares a Cerbero antes de partir, y le preguntó.

 

–¿Por qué está de tan mal humor?

–Deja que se le pase. Siempre se pone así cuando no le dejan explayarse lo suficiente.

 

Hubiera sido fatal para los demás si dejaban que Lina siguiera jugando.

 

–¡Deja de holgazanear, Yamato! ¡Hay cajas por meter a la camioneta! – gritó Lina nuevamente.

 

Los dos suspiraron nuevamente y volvieron al trabajo. Cerbero fue hacia la camioneta y se acurrucó cómodamente entre los futones.

 

Reika se acercó donde Lina mientras miraba cada rincón del bosque por última vez.

 

–Tengo que admitir que voy a extrañar todo esto. Aunque no tenga las comodidades que hay en la ciudad, realmente la hemos pasado muy bien aquí si descontamos ese entrenamiento del infierno – comentó Reika.

–Y cuando regresemos a la ciudad te he preparado un programa al doble – le contestó Lina con indiferencia.

 

Reika bajó la cabeza con resignación. Entonces se percató de algo.

 

–Oye, Lina, siempre quise saber algo…

–Te escucho.

–¿Cómo conseguiste alquilar esta cabaña con tan poco tiempo?

–Fue un alquiler de 4000 yenes toda la semana.

–Debí suponerlo – dijo Reika al saber lo tacaña que era su prima, pero luego surgió otra interrogante – ¡¿4000 yenes toda una semana por una casa con aguas termales?! ¿Cómo puede ser que esté tan barata?

–El dueño estaba desesperado y prácticamente me la quería regalar. Los de bienes raíces dijeron algo sobre una familia que murió trágicamente o algo por el estilo…

 

Entonces Reika se quedó completamente en blanco ¿Habían estado en una casa con espíritus y recién se lo dicen?

 

* * *

 

Maaya y Mizuki se encontraban dentro de la cabaña alistando los futones y empacando todo lo que había en los cuartos.

 

–Esto es lo que esperaba de Lina-san. Aún me falta mucho para poder alcanzar su nivel – comentaba una maravillada Maaya.

–Siempre logras lo que quieres – le respondió Mizuki, aún concentrado en enrollar su edredón.

–Y yo a ti no te había visto así de enérgico antes, Mizuki. Eso está muy bien – le comentó ella.

–El crédito es de Misty-san.

–Y también mucho de tu propia parte. Fácil y podrías sobrepasar el nivel de Kobayashi-san.

–Oye, Maaya… Hay que cuidarnos.

–¿Por qué lo dices?

–He sentido últimamente algo muy extraño sobre Yamaki… Se ha intensificado en estos últimos dos días.

 

Maaya aún no lo asimilaba.

 

–Mizuki… ¿Qué hay de malo con Yamaki? – preguntó muy preocupada.

–Aún no lo sé. Sólo ten cuidado, Maaya.

 

Sakura entró a la habitación, seguida por Reika. Las dos parecían buscar algo.

 

–¿Alguien ha visto a Ryo-chan y a Ken-chan? – preguntó Reika.

 

Maaya y Mizuki se encogieron de hombros.

 

–Ahora que lo mencionas… – comentó Maaya – Okubo-kun y Yamaki han estado hablando mucho últimamente. Justamente Tenryo-kun fue a buscarlos, pero no sé dónde podrían estar.

–Takatsuki-kun fue a buscarlos… Pensé que podrían haber regresado, así que por eso les preguntaba – resopló Reika.

–Ya vendrán… – fue lo único que murmuró Mizuki.

 

Apareció Marla también por ahí.

 

–¿Alguien sabe adónde se fue Goro?

 

* * *

 

–Listo. Ya todo esta arreglado – dijo una animada Antíope al colocar el último cuchillo dentro de su ropa.

 

Antíope estaba ataviada con la gruesa capa de los Cazadores Divinos. Debajo de ella traía su poca ropa de trabajo y varios cuchillos y armas blancas ajustadas a su cuerpo con correas.

 

–Creí que habías terminado hace horas – murmuró Haytham, el cual cargaba un rifle en su espalda y una bazooka colgando del otro hombro.

–Tch… Sólo me tomé mi tiempo. No soy como tú, que cargas armas de fuego hasta para dormir.

–No peleen, no peleen – los detuvo Luc, hablando en inglés, con su marcado acento francés – Minos está «espegando» «afuega» en la camioneta.

–Repíteme de nuevo en qué consiste esta salida tan improvisada. Es más ¿Por qué dejamos a la “reina” sin vigilancia? – preguntó la amazona, refiriéndose a Ceres con la última pregunta.

«Hagemos» «finagmente» una «cacegía»… – Luc volvió a encender otro cigarro y fumó un poco – «Sobgue» mademoiselle «Ceges»… Ella hace mucho que «pegdió» la voluntad para «igse». Se ve que ella no tiene «lugag» adónde «ig» – Antíope creyó notar un sentimiento muy raro en Luc al pronunciar esto, pero él instantáneamente volvió a su faceta alegre – Además, si te «pgeocupa» «dejag» a mademoiselle «Ceges» sola, «podgías» «quedagte» a «vigilagla».

–Ni hablar. Me he estado quejando toda la semana por no salir, así que no voy a desperdiciar esta oportunidad en hacer de enfermera.

 

Al salir de la casa, Minos estaba junto a una camioneta que habían recibido por barco días antes. Sonrió, con ojos cerrados tras sus lentes oscuros, a sus compañeros.

 

–Ahora comienza la acción – dijo al recibirlos.

 

* * *

 

Kenji y Aoshi seguían en el campo de basketball cerca al lago. Con ellos también estaban Hanajima Goro y Ryo, el cual había llegado al buscarlos. Habían estado hablando hasta que Aoshi decidió que podía contar el asunto de Lena a Ryo también. Su reacción no se hizo esperar.

 

–¡No puedo creer que lo hayas ocultado tantos meses, Aoshi-kun! – exclamó Ryo.

–A mí ya me lo había contado hace tiempo cuando fue a mi oficina – comentó Hanajima, recordando aquella ocasión. Había sido el mismo día en el que ocurrió el incidente con Snape, la serpiente de Reika.

–¿Se lo contaste a Goro y no a mí antes? – exclamó Kenji.

–No se lo conté directamente. Sólo le pregunté unas cosas de vidas pasadas y entonces lo concluyó todo él solo – se apresuró a aclarar Aoshi.

–¡¿Y tú por qué no me lo contaste?! – le reclamó Kenji a Goro.

–No soy chismoso.

–¿Y cuándo piensas contárselo a los demás? Y empiezo también a preguntar… ¿Por qué yo primero? – dijo Ryo, aún alterado por lo que le acababan de soltar.

–La histeria colectiva es peor. Además eres quien tendría mejor temperamento para recibir una bomba así, Tenryo.

–Ryo, aún no vayas a decirle nada a Reika. Quiero que el mismo Aoshi cuente esto a los demás.

–Me estás pidiendo algo muy difícil, Kenji. Si sé algo y no quiero decirlo, Reika-chan lo va a notar en seguida – Ryo miró a Aoshi y a Kenji y suspiró resignado – Créanme que es más difícil para mí…

–Míralo de esta manera, Tenryo. Es como si no revelaras el final de una película – le trató de animar Aoshi, pero Ryo seguía sin hacerle caso.

–Yo he pensado en algo para sacarle provecho a la situación. Para eso, Yamaki tendrá que seguir cerca de Lena Ivanovich – sugirió Goro.

 

Los tres muchachos lo miraron confundidos. Unas cuantas polillas se acercaban a la lámpara de gas, volando alrededor de la luz a medida que Goro les iba explicando.

 

–Podría funcionar… Es más. A nadie se le habría ocurrido – comentó Ryo al analizar todos los posibles ángulos.

–¿De verdad voy a tener que hacer eso? ¿No hay otra manera? – preguntó Aoshi.

–No te preocupes, Aoshi. Todo estará bien para entonces – le calmó Kenji.

–Entonces ya que está decidido podemos irnos – Goro se levantó de su sitio y cogió la lámpara de gas – Regresemos. Mientras antes lleguen a la ciudad, mejor será. Mañana tienen clases.

–Creo que prefiero otra semana de entrenamiento espartano – murmuró Yamaki.

 

Cuando volvieron donde los demás, Goro y Marla se subieron al auto.

 

–Puedo llevar a alguien más aquí. Van a estar con frío ahí – ofreció ella, al ver que los muchachos iban a ir en la parte trasera de la camioneta.

–Creo que estarán bien – en el fondo, Goro realmente temía que, con Marla como conductora, tendría otra carrera de autos.

–No se preocupe, Marla-san. No queremos desviarlos de su camino – respondió Kenji – Nos veremos luego, Goro.

 

Goro no le respondió con palabras. Sólo asintió desde su sitio en el auto.

 

–Bueno, ya nos vamos – anunció Roy Flanagan.

–¡Reika-chan, ya nos vamos! – le seguía insistiendo Ryo, mientras, con ayuda de Madison y Sakura, trataban de despegarla de una de las columnas de la cabaña. Reika seguía abrazándose fuertemente.

–¡No quiero! ¡No hasta que vea algún fantasma penando! – lloriqueó ella.

–¡Por favor, Reika-senpai! – le pidió Sakura, aún tratando de jalarla

–¡Ya hubieras visto algo en una semana de estar aquí! ¡No seas terca! – le gritó Madison.

–¡No me importa! ¡Quiero ver un fantasma!

–¡Oii! – Lina apareció con la paciencia completamente agotada – El alquiler se acaba en quince minutos y no pienso pagar extra por este lugar.

 

A los diez minutos, ya todos estaban en camino. Los muchachos iban en la parte abierta junto con todas las cosas, mientras los cuatro mayores iban dentro de la camioneta, con Cerbero y Phobos con ellos. Reika seguía abrazada a un pedazo de la columna, aún haciendo pucheros.

 

–Ojalá no les importe eso… – murmuró Kenji, aún con vergüenza ajena por la actitud infantil de su hermana.

–La culpa la tiene Lina por no decirme nada antes.

–Si Lina-san te hubiera dicho eso el primer día, fácil que te ponías así de obsesiva – le respondió Aoshi.

–Reika-chan – Ryo le pasó la mano por la cabeza muy paternalmente – Conoces más casas abandonadas. Vamos a ir cuando volvamos a la ciudad.

 

Después de un rato, Reika soltó su pedazo de columna y murmuró como respuesta:

 

–¿Y será para quedarnos a acampar y esperar a que salgan fantasmas?

–Y hasta te permitiré mantenerme despierto del susto con tus historias de horror – le dijo Ryo complaciente.

 

Mientras los miraban, todos se preguntaban por qué esos dos aún no eran novios o algo por el estilo.

 

–Oye, Ryo-chan… ¿De qué hablaban Ken-chan, Aoshi y tú allá en el lago?

 

Ryo se puso nervioso de repente. Quiso en ese momento encogerse y perderse en su abrigo en lugar de responderle. Por otra parte, Aoshi sabía que no estaba bien meter a Ryo en esos predicamentos, especialmente cuando Kenji lo miraba con esos ojos de “Dilo de una vez”

 

–Ryo-chan… – Reika lo miró estrechando sus ojos verdes y lo agarró para hacerle una llave paralizante – No me gusta que me oculten las cosas, Ryo-chan.

–Itetetetetetete… – Ryo no iba a aguantar más la presión de Reika al jalar su brazo hacia atrás.

 

Todos, a excepción de Madison y Kenji, estaban impresionados al ver que Reika podía usar los mismos métodos de interrogación de Lina. Desde el interior de la camioneta, Lina, Misty, Roy y Yamato miraban por el espejo retrovisor, pero seguían indiferentes al estar acostumbrados a ese grupo.

 

–¡Reika-senpai! No sea tan brusca con Tenryo-senpai – dijo Takatsuki.

–Mejor habla de una vez Tenryo. No lo hagas peor – le dijo Tetsuo, también curioso por saber lo que pasaba.

–Matte, Reika – Aoshi no lo soportó más. Ya era hora, no importa si estuvieran en un vehículo en movimiento al aire – Ryo no tiene la culpa. La verdad es que…

 

En ese momento Kenji comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza. Lo venía venir y a gran velocidad.

 

–¡Yamato-nii, acelera! – gritó de repente – ¡Todos abajo!

 

Al siguiente instante, algo había explotado a poca distancia de la camioneta, forzando a Yamato hacer maniobras virtualmente imposibles para controlar el vehículo.

 

–¡¡Kyaa!! – gritó Sakura al cubrirse la cabeza con las manos.

–¡¿Qué fue eso?! – exclamó Maaya.

–¡Viene de allá! – gritó Mizuki al ver a unos metros de ellos.

 

Se aproximaba a gran velocidad una camioneta negra muy grande, en la que iban los Cazadores Divinos de aquella ocasión. El francés iba conduciendo, el sujeto de las gafas oscuras iba en el asiento del acompañante y Antíope y el nuevo iban en la parte abierta de la camioneta con armas a distancia. El que llevaba turbante tenía una bazooka, con la que les había dado el primer disparo, mientras que Antíope esperaba la distancia adecuada para efectuar su ataque.

 

–¡¿Cómo supieron dónde encontrarnos?! – Ryo estaba más aferrado a cualquier parte para no caer.

–Demonios… ¡Antíope, eres una desgraciada! – gritó Madison, llena de coraje.

–¡No pierdan la calma! ¡Recuerden todo lo que han aprendido esta semana! – les gritó Roy Flanagan, abriendo la puerta de la camioneta en pleno movimiento para tratar de pasarse atrás – Shit… ¡Conduce bien, Kobayashi!

–¡A ver si lo haces mejor en una persecución! – le respondió él tratando de mantener la calma.

 

Reika seguía preocupada por proteger a Kenji, el cual seguía muy aturdido por la premonición, pero sus dolores de cabeza no paraban.

 

–¡Aguanta, Ken-chan! – decía Reika al abrazarlo.

–R-reika…

–¡Aquí viene otro! – gritó Maaya, reaccionando a tiempo para formar un escudo. Logró evitar que les cayera un cuchillo de Antíope.

 

La camioneta de los Cazadores Divinos ya estaba más cerca.

 

–Hay que atacar. No queda de otra – Aoshi se levantó de su sitio – ¡Oye, Reika! Necesito tu ayuda.

–No se preocupe, Reika-senpai. Yo puedo cuidar a Kenji-senpai – respondió Sakura.

–De acuerdo… – Reika agarró el arco y las flechas que estaban en un rincón con el equipaje.

–¡El sujeto del turbante va a sacar un rifle! – anunció Mizuki – ¡Maaya!

–¡Entendido! – respondió ella.

 

Lograron evitar las balas con las justas. Cuando Maaya volvió a quitar el campo, Reika aprovechó para disparar, pero las flechas sólo se clavaron a los costados de la camioneta.

 

–Increíble… Realmente se han puesto más fuertes – dijo Minos para sí mismo al ver cómo una simple flecha había traspasado la coraza del vehículo – Reika-chan nunca dejará de sorprenderme.

–¿«Segá» momento «paga» «ig» más «gápido», Minos? – preguntó Luc, muy divertido al conducir.

–Con todo lo que tengas, Luc – respondió sonriente.

 

La camioneta aceleró hasta chocarlos por detrás. Yamato seguía acelerando, pero aún los tenía pisándoles los talones.

 

¡Kuso…! – maldijo Lina entre dientes. No había mucho que pudiera hacer.

–¿Qué vamos a hacer? – Phobos también estaba al límite de la tensión. Cerbero seguía ladrando frenéticamente desde la ventana del auto.

 

La camioneta de los Cazadores Divinos se colocó justo a la derecha de ellos, ésta vez equiparándose en velocidad con ellos.

 

–No querrás detenerte, Yamato – dijo Minos al estar justo frente a su ventana.

–¿Cómo sabe mi nombre?

–Sé muchas cosas – respondió sonriente mientras le encañonaba con un revólver.

 

Roy y Misty tampoco podían hacer algo. No podían dejar que algo le ocurriera a Yamato, especialmente porque era él quien conducía. Cerbero también estaba consciente de eso, por lo que no podía hacer más que gruñir con frustración. Phobos trató de usar su poder contra él, pero no podía.

 

«¿Quién rayos es éste sujeto?... No tiene temor alguno…» se preguntó el mapache para sus adentros.

 

Aoshi seguía concentrado en los ataques que hacía Haytham hacia ellos. Cada vez su arsenal era de más calibre que el anterior.

 

–Ese campo de fuerza no va a soportar mucho – dijo para sí mismo al cambiar las municiones de sus pistolas.

–Yamaki, No puedo seguir así. Vas a tener que desarmarlo.

–Sí, ¿pero cómo?

 

Al mismo tiempo, Madison trataba de continuar la pelea contra Antíope sobre los techos de sus respectivos vehículos, ambas armadas con espadas.

 

–Trata de no hacerte mucho daño al caerte, Madison – dijo la amazona al atacar nuevamente.

–Ya quisieras – Madison volvió a contraatacar, quedando a iguales con su media-hermana.

–¡Hay que ayudar a Madison! – exclamó Sakura, pero Tetsuo y Ryo no se movían – Senpai-tachi…

–Hay que ser realistas, Takatsuki… No vamos a hacer nada ahí – respondió Tetsuo.

–Saldríamos perjudicados en medio de la pelea y eso sería una carga para los demás – Ryo se sentía mal al no poder hacer nada, pero era consciente de todo lo que estaba diciéndole a Sakura.

–Y más importante – Tetsuo miró fijamente a Madison, la cual peleaba arduamente – Madison jamás me perdonaría si hiero su orgullo.

–Senpai…

 

Aoshi entonces tuvo una idea desesperada. Antes de que Maaya pudiera detenerlo, Aoshi saltó hacia la camioneta de los Cazadores Divinos y trató de hacerle frente a Haytham, sin obtener un buen resultado, ya que el iraquí sabía defenderse apropiadamente. Aoshi recibió unos cuántos golpes y quedó en el suelo al bajar la guardia.

 

–No sigas, niño. Vas a hacerlo peor para ti – dijo Haytham en su idioma.

–No entiendo nada de lo que me dices – a pesar de todo, Aoshi estaba sonriendo.

 

No hubo tiempo para reaccionar, especialmente cuando Mizuki había volado detrás de Haytham y le dio un golpe tal que logró dejarlo fuera de combate. El hecho hizo que Antíope se distrajera y Madison aprovechara para desarmarla y noquearla con la funda de la espada.

 

Al ver que ambos habían sido puestos fuera de combate, Lina se había acercado al lugar de Yamato y abrió la puerta del auto para distraer a Minos y poder darle un porrazo en la cara. Minos pudo esquivarlo con las justas, sólo cayéndosele los lentes oscuros. En la breve fracción de segundo, Lina creyó reconocer a aquel hombre. Sabía que lo había visto en algún lado. Yamato entonces aprovechó para crear la ilusión de una nube alrededor del furgón enemigo, haciendo que Luc perdiera el control y se viera obligado a frenar. La oportunidad también la aprovechó Mizuki para regresar volando a la camioneta, cargando a un golpeado Aoshi y Madison.

 

–¡Hiciste que me preocupara, Yamaki baka! – le gritó Maaya desde el auto, justo cuando Mizuki aterrizara para dejarlo.

–¿Funcionó? – preguntó Aoshi, aún sonriendo complacido.

–Demonios, claro – Maaya comenzó a limpiarle la sangre de la cara.

 

Kenji entonces recobró la compostura y trató de levantarse.

 

–Perdónenme… No hice nada para pelear – dijo Kenji, ya mejor de las visiones.

–Si no hubieras visto eso venir, quizás no habríamos salido de esta – Ryo le pasó una lata fría de té y se la pasó por la frente.

–Y de no ser porque Aoshi es un loco, tampoco nos lo hubiéramos quitado de encima – comentó Tetsuo al darle una palmada en la espalda, lo cual provocó que el muchacho se doblara de dolor por la golpiza que recibió.

–Un loco con mucha suerte – murmuró Maaya al terminar de limpiarle las heridas.

–Al menos me di el gusto de devolvérsela a Antíope – dijo una satisfecha Madison.

 

Por su propia parte, Sakura se sintió inútil nuevamente. Sólo había sido una espectadora más y se preguntaba si ella realmente tenía una función en el grupo, porque al menos entendía la conexión que tenían Ryo y Tetsuo con los muchachos que eran las reencarnaciones de dioses. Ellos no necesitaban a alguien más a quién proteger, ya que a penas podían cuidarse ellos mismos.

 

En la parte delantera de la camioneta, Misty miró a los muchachos por el espejo retrovisor. Roy estaba frustrado, ya que no había podido hacer nada frente a sus enemigos, pero también notaba la extraña actitud de Lina desde que había logrado quitarles a Minos de encima.

 

–Oye, Lina – de repente le dijo Yamato mientras conducía. La calma le había vuelto de a pocos y su vista seguía enfocada en el camino.

–¿Sucede algo? – respondió al volver a estar seria nuevamente, a su lado en el asiento del copiloto.

–¿Ese sujeto es quien creo que era?

–Sí, no me cabe la duda… No puedo creer todavía que sea él…

–No entiendo, señorita Lina – Roy también estaba intrigado al escucharlos hablar – ¿Ustedes conocen a ese Cazador Divino?

–No sólo Yamato y yo. Reika, Kenji y Madison también – respondió Lina muy seriamente.

 

En ese momento, Misty, Cerbero y Phobos también la miraron intrigados.

 

* * *

 

–¡Maldita sea! – renegó Haytham entre dientes al recordar la sonrisa astuta de Aoshi – No puedo creer que caí en la trampa del mocoso ese.

 

Aún en medio de la carretera, se habían tomado su tiempo para descansar, contar las pérdidas de armamento y demás resultados.

 

–No te culpes, Haytham-kun… Se nota que el entrenamiento que tuvieron fue intensivo. Significa que no los vamos a subestimar la próxima vez – le dijo el sonriente Minos – Oye, Antíope ¿Estás mejor ahora?

–Estaré mejor cuando le haya dado una lección a Madison. Realmente me impresionó – dijo sonriente a pesar de la derrota.

–Eso se debe a tu falta de concentración, mujer – respondió el iraquí.

–No tomaré eso de alguien que perdió contra dos niños de preparatoria.

«Tganquilos», «Tganquilos» – les trató de calmar Luc, aún fumando su cigarro desde el asiento del conductor – Lo que no sé es que le vamos a «decig» «ag» jefe «ag» «dagle» «eg» «infogme» de la «missionné».

–La verdad – Minos, antes de sacar sus lentes oscuros de repuesto, sonrió de manera diferente y sus ojos verdes brillaban – Hicimos un reconocimiento y por fin sé qué tan fuertes están. Va a ser una misión muy interesante.

–Entonces «espego» que «egstés» muy «oggulloso». Tienes muchas «gazones» «paga» «seglo».

Naturellement je suis – respondió él al cubrirse los ojos nuevamente con sus lentes oscuros.

 

* * *

 

–No puede ser… Pero… Realmente no puede ser – seguía diciendo Roy al haber escuchado aquella respuesta de Lina. Nunca se esperó información de ese calibre.

–Nosotros tampoco lo creímos al verlo. Ahora que hemos meditado con calma, podemos asegurar de que ese sujeto es él – Yamato seguía manejando.

–¿Piensan contarles esto a los muchachos? – preguntó Misty, siempre impasible.

–No es buen momento… Y dudo que lo asimilen bien. Kenji y, especialmente, la impulsiva de Reika, van a saltar en su búsqueda a penas sepan algo – entonces Lina se llevó una mano a la frente y buscó los cigarros en la guantera del auto – Demonios… Justo tenía que pasar algo así.

 

* * *

 

–Hola, Aoshi. Habla Lena. Sé que es muy tarde para dejarte un mensaje. Este sábado hay una presentación especial en el circo Ruso. Veámonos allá, y si quieres lleva amigos. Va a ser un show inolvidable. Goodbye!

 

 

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