Deux Kratos: Pantheon

 

 

Trigésimo Quinto Acto:

 

 

Ya eran las 7.45 cuando los muchachos llegaron directamente a la escuela Hokubei. Aún estaban con las ropas del viaje y tenían que cambiarse al uniforme de sus respectivas escuelas.

 

–No sé si pueda con esto… Nadie aguanta un viaje de seis horas desde el campo y encima salta directo a clases – Reika, a penas bajaron, se había puesto a rebuscar su uniforme entre el equipaje.

–Piensen en el nivel que han alcanzado durante esta última semana – les dijo Lina con seriedad – La escuela se va a pasar volando y luego van a tener otra sesión de entrenamiento para mantenimiento.

 

Todos los muchachos pusieron cara de sufrimiento, incluso Maaya. Estaban a un mes de terminar el año escolar y los exámenes se acercaban.

 

–¡Ten compasión, Lina! Es como si nunca hubieras estado en la escuela – protestó Madison.

–El que no hayas tenido vida social en la escuela no es para que te la descargues con nosot… – Reika no continuó porque Kenji y Ryo, temerosos de lo que fuera a pasar, se la llevaron a rastras mientras le tapaban la boca.

 

Al mismo tiempo, Lina también estaba por responderle a gritos, de no ser porque Yamato también le tapó la boca y la sujetó por la cintura.

 

–Vamos, Lina. Sabes que eso no es cierto, especialmente porque fuiste Reina de Promoción en los tres años de preparatoria – rió Yamato, aún sujetándola ante la mirada de ira reprimida de Roy Flanagan.

–¡Señorita Lina! No deje que este fresco de Kobayashi la retenga de esa manera – trató de protestar él, pero nadie parecía escucharle.

 

Una vez que las aguas se calmaron, Lina recuperó la compostura.

 

–Sólo porque soy buena, les daré una semana para que estudien y se relajen, así que espero ver sus promedios o tendrán pesas dobles.

–¡No es justo! ¡Yo voy a ser el único que sufrirá! – comenzó a protestar Aoshi.

–Ahora sí nos vamos. Te llevo a tu casa, Lina – dijo Yamato al subirse de nuevo a la camioneta. Cerbero y Phobos no hicieron más que mirar desde el asiento trasero.

–¿Tú no vienes, Misty? – preguntó Lina.

–Hoy tengo que hacer la revisión médica, así que también me quedo – Misty se despidió sonriente – Hablen bien sobre lo que tienen pensado.

 

Aunque no entendió a qué se refería Misty, Lina se tornó seria nuevamente con un ligero sonrojo y se despidió de los demás.

 

Maaya recogió su maletín del suelo y llamó a Mizuki.

 

–Nosotros también nos vamos. Nos veremos durante la semana – se despidió la pelirroja.

 

Aunque Mizuki no dijo nada como era usual, volteó con una mirada que el resto interpretó como su despedida. Tetsuo le sonrió y le hizo una seña con la mano.

 

* * *

 

Todos los demás entraron a su salón tras cambiarse en los vestidores de la escuela. Al ser tan temprano, todo el campus estaba completamente vacío. Roy Flanagan, antes de ir al salón de maestros y aparentar normalidad, tuvo una última charla con los muchachos.

 

–Desde ahora tengan cuidado y no bajen la guardia en ningún momento. Después del ataque de hace unas horas, los enemigos pueden estar en cualquier parte, y no me refiero únicamente a los Cazadores Divinos. No olviden que aún faltan los demás dioses que los buscan.

–¿Crees que nos vayan a atacar en la escuela? – comentó Aoshi con cara de escepticismo, pero se calló al ver a los demás dirigiéndole miradas para que cerrara la boca – Sí, sí. Ya sé.

–Vamos ¿Qué es lo peor que podría pasar? – dijo Ryo para tratar de bajar la tensión.

 

En ese momento, la puerta del salón se abrió y Lena Ivanovich hizo su aparición, haciendo que Ryo sintiera todo caerse dentro de él. Aoshi y Kenji tragaron saliva al verla, mientras que el resto no prestó importancia y continuaron con tranquilidad.

 

–Flanagan-sensei… ¿Qué hace tan temprano? – preguntó la muchacha rusa.

–Revisaba que todo estuviera bien. Justo me retiraba – no miró a los demás y se fue con la mayor naturalidad.

 

El silencio reinó durante todo ese rato. Ya que los demás no hablaban con Lena, era comprensible, pero Aoshi, Ryo y Kenji estaban más tensos que antes. A medida que los alumnos entraban al aula, pudieron alivianar la situación, pero no por mucho.

 

* * *

 

Llegó la hora del receso y Madison tuvo que ir al baño. Tras terminar y lavarse las manos, se dedicó a arreglarse frente al espejo, cuando apareció Lena. Madison siguió con lo suyo mientras Lena se asomaba a lavarse las manos.

 

–¿Qué tal la semana? – preguntó Lena.

–Bien, supongo… – respondió Madison, confundida con la repentina conversación espontánea.

–Me imagino que debe ser difícil después de pasar por muchas cosas en estos meses, especialmente raras… ¿Qué piensas de Francis?

 

La sola mención del nombre hizo que Madison, hasta el momento indiferente hacia la rubia, volteara repentinamente a verla fijamente.

 

–¿Tú que sabes de Francis? – preguntó.

–Trabajamos juntos y pienso que él es muy interesante… Me gustaría saber si él no solo es hábil con sus poderes…

 

La reacción de Madison no se hizo esperar, tratando de darle una bofetada a Lena. Para su sorpresa, no logró tocarla. Había pasado su mano a través de ella.

 

–¿Qué rayos pasa? – murmuró en desconcierto.

–No deberías ser tan violenta. No es educado.

–Ya entiendo… Tú eres una de ellos… – Madison se alejó un poco de ella, aún a la defensiva – ¿Qué es lo que quieres? ¿Vienes a cumplir con la cadena vengativa?

–Todo a su tiempo. Para comenzar con la acción, ya es tiempo de que todos ustedes se enteren de los hechos interesantes. Sería aún mejor si le preguntaras a Aoshi. Nos hemos conocido tanto en estos últimos meses…

 

Madison supo al instante a qué se refería ella. La impresión no le dejó moverse, por lo que escuchó lo último que ella iba a decir.

 

–Recuérdale a Aoshi que el sábado hay una función especial de circo. Se van a divertir porque ustedes también podrían formar parte de la función.

 

* * *

 

Aún no había terminado el receso, estando solamente Aoshi, Tetsuo y Kenji en el salón. Madison entró y le dio un buen golpe en la mejilla a Aoshi, para espanto de Tetsuo y Kenji.

 

–¡¿Qué te sucede, Madison?! – exclamó Tetsuo al ir a ayudar a Aoshi.

–¡¿Desde cuándo, Aoshi?! ¿Hace cuánto que estás tirándote a Lena Ivanovich, una de las que quieren matar a Kenji y Reika? – gritó completamente molesta.

 

Un tope en la puerta hizo que Kenji viera a una impactada Reika, seguida por Ryo. Lo habían escuchado todo a penas entraron.

 

–¿Qué estás diciendo, Madison? Aoshi es cabeza dura, pero él no… – trató de decir Tetsuo.

–No lo defiendas si no sabes nada, Tetsuo – lo calló ella – La misma Ivanovich me lo dijo. Anda, Aoshi. Si no es cierto defiéndete.

–Aoshi… Tú no…

–Sí, lo hice – lo aceptó Yamaki – Y además de eso, Lena es Afrodita.

 

Todos se quedaron en silencio durante mucho rato. Bastó para Reika mirar un momento las expresiones de su hermano y de Ryo para atar más cabos.

 

–Ustedes lo sabían ¡Por eso han estado tan callados en estos dos últimos días! ¿Por qué no me dijeron nada?

–Reika-chan… Es que no podíamos – trató de decir Ryo.

–Aoshi lo iba a comunicar hoy día y a explicarles las razones. Es mejor que él nos cuente todo… – dijo Kenji, permaneciendo racional.

 

Aoshi se levantó del suelo, frotándose la mejilla golpeada. Se inclinó frente a sus amigos en un sincero gesto de disculpas. Reika y Tetsuo apaciguaron todas las emociones del impacto al ser la primera vez que veían a Aoshi humillarse.

 

–Más te vale que las razones sean buenas, Aoshi – dijo Reika al sentarse en su lugar.

–No puedo creer que hagas tonterías como estas… Tampoco puedo creer que iba a defenderte – murmuraba Tetsuo al ir a su sitio.

 

Tras calmarse y aguardar poco tiempo a que las clases se reanudaran, cada uno pasó por momentos de conflicto que debían reprimir. Roy Flanagan notó la tensión nueva del salón de clases, con los cinco muchachos mirando hacia el sitio de Lena.

 

* * *

 

–Lina, cálmate – le dijo Yamato todavía sorprendido. Estaba conmocionado por la repentina reacción de Lina. Los restos de un florero seguían esparcidos en la esquina en un intento de liberar su tensión.

–Ya estoy demasiado preocupada para que me digas que ya no voy a poder hacer nada en “mi situación”. No es mi culpa que Perséfone ya no se manifieste – respondió enfadada – Si tanto la quieres de vuelta, tal vez la que debió irse fui yo.

–Deja de poner palabras en mi boca, Lina. Y al menos soy honesto, no estás dando ejemplo sobre control si tú misma no puedes resolver tu propio problema.

 

Mientras los dos discutían airadamente, Phobos y Cerbero no se atrevieron a moverse ni siquiera un poco. La tensión era demasiada.

 

–Mejor nos vamos… – dijo el pequeño mapache al otro animal, aún montando el lomo del can, a lo que una de sus cabezas baja sus orejas – Oye, sé que quieres quedarte para apoyar a tu humano, pero tú conoces más de esos dos. No necesito ser un genio para saber que estamos de más.

 

Sabiendo que tenía Phobos tenía razón, Cerbero emitió un pequeño gruñido resignado y se fue hacia la cocina junto al mapache, sin llamar la atención.

 

–¡¿Y qué te hace creer que yo soy siempre la histérica y paranoica?! ¡Por supuesto que soy siempre la que no es tomada en cuanta cuando Yamato saca una conclusión! ¡No me tomaste en cuenta cuando te fuiste a Inglaterra y terminaste conmigo! – Lina entonces se sorprendió de sí misma al soltar esa confesión involuntaria, al igual que Yamato.

–Lina… Pensé que estábamos de acuerdo con esto…

–No, solo tú estabas de acuerdo, Yamato. Y en ningún momento dije que aceptaba tranquila que me cortaras de la nada. Se supone que terminas una relación porque te vas a otro país Y vas a ligarte a otra persona allá.

–No me lo rebatiste, Lina. Me tiraste una bofetada, me llamaste cretino y luego dijiste que estabas feliz de que me largara por todo lo que te habías perdido mientras éramos novios.

–Yo te hubiera esperado, idiota… – Yamato la veía llorar enojada, cuando ella se le abalanzó a golpearle el pecho, pero con mucha menos fuerza de la que tenía usualmente – ¡Ni siquiera te tomas la molestia de preguntarme nada! ¡Crees que no me las puedo arreglar sola cuando tengo mis propios problemas…!

 

Entonces todo lo que tenía que decir se cayó cuando Yamato la besó, respondiendo por instinto, mientras ella seguía histérica y él le sujetaba las muñecas. Cuando él terminó el beso, se estaba esperando la bofetada mientras la miraba a los ojos, pero ésta nunca llegó.

 

Lina se limpió las lágrimas y se apartó de él, pero no parecía enfadada. Trataba de recuperar los papeles y ser la Lina recta de siempre.

 

–¿Y qué sigue ahora? – preguntaba Lina entre llanto contenido – ¿Acaso estás esperando a que vuelva contigo? ¿Y luego me dirás que salgamos de nuevo, recobremos el tiempo perdido y que juntos superaremos la tragedia griega en la que literalmente estamos envueltos? No pienso humillarme por un beso, que ni siquiera es un tipo de confesión, Kobayashi Yamato. Tengo cosas más importantes que pensar en revivir una relación cortada…

–Lo sé… – Yamato le sonrió levemente – Es que eso es parte de ti, pero aún tengo esperanza.

 

Yamato silbó y tomó su chaqueta de la percha. Cerbero, al escuchar la señal, llegó tímido de la cocina y, tras asegurarse de que todo ya estaba tranquilo, se acercó a Yamato. No sin antes mirar con su cabeza derecha hacia Lina, también preocupado por ella.

 

–Sé que me podrás decir mañana que sientes lo de hoy, que no significa nada lo que pasó, que lo olvidemos y sigamos juntos en nuestro trabajo con los muchachos. Solo recuerda que todo lo que estás guardando hace que me preocupe por ti como siempre lo he hecho, Lina.

 

Lina sollozó un poco y tomó fuerzas para decirle:

 

–Vives de sueños, Yamato. No creas que se puede obtener todo lo que te propones si crees en ello con mentalidad optimista, y eso no incluye el amor.

 

En la puerta, una recién llegada Misty se cruzó con Yamato, con el cual intercambió un breve saludo. Lo veía a él marcharse y luego a Lina. Ella le devolvió la mirada y quiso mantenerse firme y fuerte.

 

–No te preocupes – dijo Misty, cordial y calmada – Prepararé el té.

 

* * *

 

Planearon confrontar a Lena a penas terminara la clase, pero, como si se les hubiera adelantado, la muchacha rusa desapareció de la escuela. La buscaron por todos lados sin obtener resultados.

 

–¿Cómo le hizo para salir tan rápido? – se preguntó Reika al llegar al punto de encuentro, recuperándose de su maratón por la zona de kyuudou.

–La maldita puede pasar a través de los cuerpos sólidos – comentó Madison – Es posible que haya encontrado un atajo para escaparse…

–De todas formas no hubiéramos podido retenerla si tomamos en cuenta sus poderes – dijo Kenji – tendremos que aguardar a verla otra vez.

–Ahora sí, Aoshi – comenzó Tetsuo – Te toca explicárnoslo todo.

 

Aoshi se rascó la nuca mientras escogía la mejor manera de comenzar. Le fue más fácil ya que había confesado todo a Kenji y a Ryo primero, y esperó que los demás fueran igual de comprensivos.

 

–… comprendan que no tuve ni idea de que se trataba de Afrodita hasta que comencé a salir con ella – les contó Aoshi – No estaba seguro de qué debía hacer, y al principio quise sacarle información… Lo malo es que Lena es demasiado lista. De hecho que ya está enterada de todo y solo me dio información irrelevante para su grupo. Pero les juro que he terminado todo tipo de trato con ella hace más de un mes, pero es ella la que me busca todavía. No les he traicionado ni lo haría. Tienen que creerme, muchachos.

 

Reika y Tetsuo dudaron un poco, pero al final fue Tetsuo quien soltó un suspiro resignado.

 

–De qué me sorprendo… Sueles ser un cabezota cuando se trata de chicas guapas – dijo Tetsuo comprensivamente.

–Oye, Reika. No espero que dejes de detestarme por ser un idiota… Al menos ya cumplí con explicarte mis motivos – dijo Aoshi.

–¿Y? La próxima vez, en lugar de excluirme contándole solo a Ken-chan y a Ryo-chan, me lo dices también en lugar de enterarme así, cabeza hueca – contestó Reika al darle un pequeño golpe en la cabeza.

 

La única que faltaba era Madison, la cual seguía muy afectada por su conversación con Lena.

 

–Oye, Madison… Ya está arrepentido y sufrió durante semanas… – le trató de decir Tetsuo.

–No lo conozco tanto tiempo como ustedes, Tetsuo, y quizás es por eso que todos cayeron tan rápido – Madison volteó hacia Aoshi – Tú sabías que Ivanovich ya se había dado cuenta de la existencia de Francis y no dijiste nada, sabiendo lo importante que es esto para mí. Ella es la única que me puede llevar a él, y si lo hubiera sabido antes, podría…

–Madison, no seas irracional – la detuvo Reika – Y si encontraras a ese chico ¿Qué le dirías? Aoshi no tiene la culpa de que él ya haya escogido bandos. No seas injusta.

 

No podía rebatir nada de eso y miró nuevamente a Aoshi.

 

–¿Crees que él de verdad pueda estar en el grupo de Ivanovich?

–Según ella, sí… Lo siento, Madison…

–No… no lo sientas… – contuvo las ganas de llorar y se sentó más calmada en la banca. Tetsuo le frotó los hombros y luego le regaló una botella de agua.

 

Ryo entonces tomó la palabra:

 

–¿Qué es lo último que te ha dicho Ivanovich-san?

–Hay una función de circo este sábado y quiere que todos vayamos – contó Aoshi, con todos ellos poniéndole atención – Parece ser que hay alguien más en su bando que es parte de ese circo.

–Ahora que lo mencionan, es muy raro que venga un circo extranjero sin ser temporada… Es muy probable que ya hayan planeado todo esto – concluyó Kenji – Lo mejor sería no ir.

–De ninguna manera – dijo Madison al instante – Tenemos que ir. No lo digo por esas tonterías, que ya las dejé atrás. No es ninguna trampa. Ella nos está retando y debemos aceptar.

–Sería mejor que pensemos todo con calma…

–¡Qué rayos! Madison tiene razón. Si huimos, va a ser así toda la vida – Reika estaba más decidida que nunca – Podemos defendernos si ocurre algo, por nada hemos sufrido una semana en el campo ¿Acaso no creen que debemos hacer algo al respecto?

 

Los muchachos del grupo estaban todavía inseguros.

 

–Solo si mantenemos esto en secreto. No quiero involucrar a nadie más – dijo finalmente Kenji.

–Creí que le íbamos a informar a Lina-san y Flanagan-sensei – dijo Ryo, aún confundido por esa decisión.

–¿Qué crees que nos dirían? Es obvio que no nos dejarán ir – dijo Tetsuo.

–Y otra cosa… – Reika se acercó a Aoshi amenazante – Cuando le cuentes todo esto a Shikura y a Mizuki-kun, no se te ocurra mencionar tus jueguitos con Ivanovich.

–¿Y eso por qué? – preguntaron Tetsuo y Ryo.

–¡Tú no lo hagas y punto! – le gritaron Madison y Reika a la vez, por lo que Aoshi asintió asustado.

 

Decidieron entonces que lo mejor era ir a la tienda de Maaya y contarle lo que tenían planeado para el sábado. En esos momentos era cuando más necesitaban la fuerza de Atenea y Hermes.

 

* * *

 

Los intentos de hablar con Maaya y Mizuki se vieron truncados al llegar. Maaya no estaba sola en casa. Si bien Mizuki estaba con ella, dificultando más la situación, el señor Shikura los hizo quedarse a todos para la cena. Para sorpresa de Aoshi, Emi también se encontraba ahí.

 

–¿Qué haces aquí? – preguntó Aoshi.

–Kyo-kun y yo tenemos un proyecto.

–Oii, Kyo – Aoshi se acercó al niño de 12 años y le susurró – Te puedo dar autorización siempre y cuando me la tengas ocupada. Pero ya sabes, nada de “esas cosas” todavía. El perjudicado podrías ser tú.

–¡¿Cómo se te ocurren esas cosas, Aoshi-niichan?! – gritó Kyo completamente rojo.

–El campamento no te ha subido puntaje de IQ en absoluto, baka aniki – le regañó su hermana menor.

 

Todos ellos estaban reunidos en el comedor. Los hermanos de Maaya hablando animadamente con Tetsuo y Aoshi, los muchachos a la mesa y Kenji, como era la costumbre, ayudando en la cocina.

 

–Perdonen a mi papá… No se pone a pensar si ustedes tienen cosas que hacer – decía Maaya.

–Descuida, Shikura. Tu papá es buena onda – respondió Madison.

–Más bien disculpe si hemos llegado sin avisarle – dijo Ryo amablemente.

–¿Cómo no iba a invitar a los amigos de Maaya después de cuidarla toda una semana? Adelante, están en su casa – ofreció amablemente el padre de Maaya.

–Muchas gracias, Shikura-san – dijeron todos al mismo tiempo.

 

Kenji terminó de hacer la cena con Mizuki y Yuuhi y todos comenzaron a cenar.

 

–Oh, por cierto – dijo Kyo después de masticar – Espero que tengan espacio para este sábado… Tenemos pensado celebrarle el cumpleaños a nee-chan.

–Les digo que no es necesario celebrarme nada, pero si les hace felices… – comentó Maaya.

–No sabía que tu cumpleaños es este sábado que viene, Shikura-san. Felicidades – le dijo Kenji.

–Pudiste haber contado, Mizuki – dijo Tetsuo.

–Maaya no me deja – se limitó a responder antes de llevarse otro bocado de arroz.

–16 años no se cumplen todos los días – dijo Reika al llevarse otro nabo encurtido al plato – El 16 de Ken-chan y mío fue… inolvidable en forma peculiar.

Por supuesto… No todos los días tratan de asesinarte en tu propio cumpleaños – pensaba Kenji mientras seguía comiendo.

–Será motivo para hacer algo muy especial ese día… – al instante Aoshi se interrumpió cuando se fijó en las caras de sus amigos – Ah, verdad. Qué idiota. Hay algo que hay que decirte sobre el sábado…

–No vayas a fallar, Aoshi-niichan – le dijo Yuuhi – Iremos al circo.

 

Al escuchar el destino planeado para el sábado, los cinco muchachos se paralizaron, para extrañeza de los demás. Incluso a Ryo se le cayeron los palillos de la mano y Tetsuo se casi se atragantó con el arroz.

 

–¿Pasa algo? – preguntó Emi.

–N-no, para nada – rió Madison nerviosamente.

–Es solo que… eso es justo lo que habíamos pensado hacer – respondió Reika.

–¡Qué bien! – exclamó Suguru, el más pequeño de los hermanos Shikura – Aoshi-niichan estará celebrando el cumpleaños de Nee-chan. Así se cumplirá su deseo de cumpleaños.

–¡Sugu-chan! – exclamó Maaya completamente colorada, a la vez que su padre estalló en risas.

 

Todos los demás también se rieron, a excepción de Aoshi. Usualmente también se reiría para fastidiar más a Maaya, pero solo pudo sonrojarse y apenarse, especialmente al recordar por qué Madison y Reika le prohibieron hablar de su tipo de relación con Lena. Al fin entendía y se sintió peor.

 

Debido a que toda la familia de Maaya estaba ahí, los muchachos no tuvieron oportunidad para decirle lo que pasaba a alguno de los dos. Al momento de irse, Mizuki se fue junto con Tetsuo. Mientras ellos dos caminaban, Tetsuo decidió que lo mejor era ir contándole todo a Mizuki.

 

–Mizuki… Sobre lo del sábado… Va a pasar algo.

–¿Qué sucede?

–Hoy día nos hemos enterado de que Aoshi estuvo en contacto con Lena Ivanovich desde hace meses. Ella es una de las diosas.

–Ya veo…

–Y este sábado recibimos un reto… o al menos Madison y Reika lo tomaron como tal. Pero en fin, es en el circo.

 

Mizuki no respondió, pero Tetsuo sabía que sí estaba escuchando. Entonces el peliblanco, inmutable, dijo:

 

–Eso explica la actitud de Yamaki…

–¿A qué te refieres?

–Está apenado y ha evitado los ojos de Maaya toda la tarde… Debe estar muy adolorido por dentro.

–Espera… ¿Estás diciendo que Aoshi…?

–Se ha guardado lo que siente por Maaya desde hace años… Lo malo es que esos dos son muy tercos y en el fondo tienen miedo. Con lo que creo que Yamaki tiene oculto todavía, la brecha se hará más grande.

 

Tetsuo estaba muy sorprendido, además del hecho de que Mizuki realmente estaba hablando más de lo acostumbrado. No podía creer que Mizuki fuera tan observador para notar aspectos de Aoshi que no pudo ver antes, incluso parecía que ya se sabía toda la historia.

 

–Ya veo por qué no conversas mucho… Esa atención siempre está por todos lados – dijo sonriente, pero luego algo le dio curiosidad – Oye, Mizuki… ¿Y qué hay de ti con respecto a Maaya? Digo… ¿Me entiendes, no?

 

Mizuki, aún sin expresión, miró hacia el frente y tardó unos segundos en responder.

 

–Maaya es muy importante para mí. Solo quiero que esté feliz… Y ojalá Yamaki no la haga llorar.

 

A diferencia de las usuales respuestas frías de Mizuki, Tetsuo sintió escalofríos por esas últimas palabras. Ni cuando Mizuki era controlado por su tutor despedía un aura tan amenazante como la de esos momentos. Solo deseó que Aoshi no haga ninguna tontería.

 

–Entonces… ¿Se lo dirás todo a Shikura?

–Mejor háganlo ustedes. No me gustaría crear divisiones involuntariamente.

 

* * *

 

–Hablé con Madison en la escuela – comentó Lena al pasar por la habitación de Francis, pero él no respondió – ¿No me vas a amenazar si le hago algo o a preguntarme de qué hablamos?

–No me importa… Seguro que me odia…

 

Lena se sintió mal al percibirlo en ese estado.

 

–Francis… ¿No la olvidaste aún? Tú mismo te lo propusiste.

–¿Acaso crees que todos somos igual de descorazonados que tú? – le dijo con frustración – Solo piensas en ti misma, te sería imposible entender cómo me siento desde que llegué aquí.

–Quizás tengas razón… – Lena le dio la espalda, dirigiéndose hacia la puerta – Es por eso que tampoco vas a saber mis propios sentimientos. Sí, también los tengo, Francis.

 

Lena atravesó las paredes antes de salir del apartamento, pasando cerca de Hilde, hasta ese momento completamente neutral. La señora pasó por la habitación de Francis, viendo al muchacho sentado en medio del cuarto a oscuras. A pesar de querer mantenerse indiferente ante los problemas de los chicos, no pudo evitar detenerse en el marco de su puerta y decirle:

 

–No me importa qué tan destrozado te sientas o todo el intercambio verbal que tengas con Lena o con Bruno.

–¿Entonces por qué está aquí hablándome si no le importa?

–Porque te vas a consumir así. No puedes actuar bien si no piensas con claridad. Si para eso ustedes tres deben limar sus asperezas, tendrán que hacerlo si quieren sobrevivir ¿Crees que todo va a ser fácil a estas alturas, muchacho? Te cueste admitirlo o no, tú dependes de esos dos para sobrevivir y ellos dependen de ti.

 

Era la primera vez que la señora Hilde le decía algo tan serio en todo el tiempo que llevaban viviendo ahí. Aunque no quería escucharla, debía admitir que tenía un carácter demasiado firme para mantener esa convicción en sus palabras y, aún más importante, ella tenía razón.

 

–¿Y la vida de usted depende del que tolere a Lena y su sinvergüencería?

–No. Ustedes solo me son útiles.

 

* * *

 

Durante el resto de la semana, los muchachos trataron de vigilar a Lena constantemente. Sin embargo no ayudaba el entorno, haciendo más difícil el pasar desapercibidos o aparentar que no ocurría nada entre todos ellos.

 

Tampoco habían podido contarle nada a Maaya, debido a que siempre que iban a verla a su casa, había alguien de su familia cerca a ella. Si le pedían hablar en privado levantarían muchas sospechas, por lo que seguían buscando oportunidad para advertirle antes del sábado.

 

–¿Crees que tengo algo de malo, Okubo? – comentó Maaya, mientras pasaba las compras de Reika por la caja registradora.

–¿A qué te refieres, Shikura? – respondió Reika, tratando de no mirar nerviosamente donde estaban Kyo y su padre. Aún estaba preocupada por encontrar el momento adecuado para contarle todo a Maaya – ¿Acaso nunca la dejan sola? ¿Por qué justo esta semana? pensó completamente frustrada.

–Yamaki estuvo muy callado cuando vino la semana pasada… Y además no me ha mirado directamente, ni me ha hablado siquiera para gastarme una de sus bromas y… comienzo a preocuparme… ¿Está molesto conmigo?

–¡No, no! ¡Para nada! Aoshi puede tener bajones en cualquier momento, no tiene que ver contigo – se apresuró a negar – Aoshi, eres un imbécil… Es por esto que no quería que la preocuparas, baka – pensó completamente frustrada. Entonces Reika sonrió y quiso cambiar la dirección del tema – ¿Te gusta Aoshi, verdad?

–¡¿Cómo se te ocurre eso?! – negó completamente roja.

–Vamos, todos nosotros nos damos cuenta. Si no te importara siquiera un poquito, no estarías preocupada por lo que pueda estar pasando por su cabeza.

 

Maaya suspiró y se frotó la nuca.

 

–Aunque él sea un arrogante, hablador y cabeza hueca, es alguien muy noble y sensible. Pero no le gusto, Yamaki solo me coquetea porque él es así y le gusta fastidiarme.

–Creo que deberías darle una oportunidad, y aunque no lo creas, le importas más de lo que crees – Reika se aseguró primero de que nadie les estuviera poniendo atención y se le acercó más a Maaya, por fin tenía la oportunidad de avisarle – Y lo que tiene en la cabeza es sobre el sábado.

–¿Qué hay con eso?

–Nos estamos preparando para la primera pelea contra unos dioses, que justo va a ser en el circo. No la has conocido aún, pero la estudiante rusa de nuestro salón es Afrodita y vamos a enfrentarla a ella y otros dos dioses. Uno de ellos es el muchacho que conoció Madison en el club.

–No tenía ni idea ¿Por qué no me lo dijeron antes?

–Tu familia estaba por todos lados y hubiera sido demasiado descortés tener una conversación privada… Al menos no te puedes quejar de que no tratamos de mantenerte informada. Pero eso sí, Flanagan-sensei ni Lina saben de esto, así que no se te vaya a escapar o no nos van a dejar ir.

–Tiene sentido, aún no le digo nada a papá o a los chicos sobre este asunto de los dioses y reencarnaciones... Ayudaré en lo que pueda ese día.

–Descuida… más bien disculpa que esto se haya cruzado con tu cumpleaños, Shikura. Si salimos vivos, el yakiniku corre por mi cuenta.

–Eso es reconfortante… – dijo no muy convencida por el “si salimos vivos” – Por cierto… ¿Cómo se enteraron de todo eso?

–Eh… pues… – “no menciones a Aoshi con Ivanovich, no menciones a Aoshi con Ivanovich” – … Ivanovich soltó información a Madison cuando estaban en la escuela.

–Seguro debe estar tratando de provocarnos a propósito… Más vale estar prevenidos.

 

Antes de irse, Reika recordó lo primero que habían hablado hacía unos momentos.

 

–Oye, con respecto a Aoshi… Piensa en lo de darle una oportunidad. Tú misma has dicho cuáles son sus cualidades, así que tómalo en cuenta.

–Sí, pero…

–Vamos, por un momento vive más en tu presente en lugar de lo que pudo haber pasado o lo que va a pasar… Si no es nada serio lo que buscas con Yamaki, al menos puedes pasarla bien con él.

 

* * *

 

Kimi to nara… No, demasiado recurrente para comenzar – Aoshi tachó la línea por octava vez. Cogió su guitarra y tocó otra melodía. Ya llevaba la partitura completa, pero faltaba una letra apropiada.

 

Su celular comenzó a sonar y contestó al instante al ver que el número era de Maaya.

 

–Okubo ya me contó todo sobre el sábado… – le dijo Maaya.

–Menos mal… no habíamos podido encontrar un momento apropiado…

–Sí, también me explicó eso… Más bien te llamo por otra cosa…

–Dime…

–Q-quería saber si… ¿Vas a hacer algo en la mañana del sábado antes de encontrarnos con los demás?

–N-no, tengo libre todo ese día.

–Bien, porque… pues… quería que me acompañes a comprar unas cosas… Y como no conozco mucho ese distrito…

–Sí, no te preocupes.

–Nos vemos en el parque a las 10.00.

–Bien…

–Bien…

 

Para Aoshi, la situación fue demasiado extraña. Si tenía una conversación con Maaya por teléfono, ella habría comenzado haciéndose la dura, él habría reaccionado con una broma, ella se habría enfadado y le habría cortado. Ahora su límite para terminar esa canción era de ocho horas menos.

 

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