Deux Kratos: Pantheon

  

Extra: Lina- Yamato- Perséfone: Un trío de a dos.

Por: Vilo Arévalo

  

Los ojos verdes de ella parecían alterados por la lujuria y el amor. Su mirada no dejaba de lanzar llamadas hacia la reencarnación del Dios Hades. Después de todo en la época de la mitología eran esposos.

Perséfone había ganado el control del cuerpo que albergaba ambas personalidades, la suya y la de Lina, por lo que quería aprovechar la soledad para estar con su amado esposo.

Yamato y Lina estaban supuestos de hacer de chaperones, al igual que Misty y Roy, en la fiesta de Promoción de Kenji y los demás. Ya era tarde y Lina no estaba lista a la hora en la que Yamato la recogería, lo cual era extraño en ella, ya que debido a su personalidad estricta, no admite llegar tarde a ningún lugar.

Yamato estaba usando un traje negro oscuro, una camisa blanca de seda italiana y una corbata color azul cielo cuando la puerta se abrió media hora más tarde de lo acordado. La combinación se veía muy bien con aquel cabello castaño peinado de lado y con el viril cuerpo que tenía. Por su parte, Lina usaría un vestido estilo sirena color morado claro con joyas de un tono más claro cayendo sobre su escote. Su peinado era un moño simple pero elegante.

El interior del departamento de Lina estaba decorado hábilmente por ambas mujeres (Lina y Misty).

Un sofá para tres color negro estaba colocado contra la ventana, la cual era cubierta por cortinas color blanco humo. Las paredes eran de color azul claro mientras que las vigas eran de color azul oscuro.

El suelo estaba tapizado, la mesa de centro tenían libros tanto de Lina como de Misty.

Lina permitió entrar a Yamato a la residencia porque le faltaban unos toques en su atuendo, Yamato por su parte sabía que era normal eso en las chicas y sobre todo en Lina cuyo perfeccionismo era ya característico, por lo cual decidió esperar sentado en el sofá.

  

-“Te ves preciosa”- Dijo galantemente el castaño.

-“Amor siempre tan galante”. - Con estas palabras en tono dulce, Perséfone demostró estar despierta, lo cual sorprendió al Dios del Inframundo.

  

Perséfone se iba acercando a un nervioso Yamato, era obvio que ahora quería aprovechar el momento a solas para intimar con su marido. Yamato por su parte, sabe que si hace algo Lina lo desollaría vivo (como tantas veces la chica le había advertido).

  

-“No te preocupes, mi amor, ella no saldrá. Estoy a cargo.”- La voz de la mujer se escuchaba en un susurro, aquel tipo de susurros que vuelven locos a los hombres, aquellos susurros que aceleran el corazón y hacen hervir las hormonas de cualquier miembro del género masculino que está frente a una mujer.

  

Yamato parecía estar entre la espada y la pared. Como Lina o como Perséfone, la mujer delante de él siempre lo había cautivado en todas las vidas anteriores y más aún en esta, en la cual estaba seguro no podría aguantarse mucho tiempo. Perséfone se iba acercando más y más. Abrazó al castaño por el cuello y ambos pechos estaban el uno contra el otro. Sus labios se van acercando poco a poco. Sus ojos ya están cerrados. Hades sentía seguridad, al pensar que no estaba mal, después de todo él y Perséfone eran esposos, aunque la mitad de ella también sea Lina Kuroha, por lo que rodea la cintura de su mujer. Sus alientos estaban tan cerca que se confundían poco a poco se iban acercando en lo que sería un hermoso beso...

  

PAF

  

Yamato abrió los ojos de par en par. Una cachetada había llegado a su rostro. Frente a él los iracundos ojos verdes de Lina lo miraban mientras resoplaba y se alejaba. Su sonrojo fue oculto por la tenue luz del departamento.

  

-“Veo que regresaste, Lina”- Dijo Yamato sarcásticamente, sobándose la mejilla derecha mientras una sonrisa divertida aparecía en su rostro. No podía negar que él había disfrutado el breve momento romántico.

-“¡Pervertido! ¡No me toques así!”- Había cierta vergüenza oculta bajo la ira en la voz de Lina. – “El hecho que Perséfone haya sido esposa de Hades no te da derecho a aprovecharte de mí”.

  

Aparentemente, Lina no recordaba (o no sabía) que Perséfone había intentado seducir al varonil mancebo, por lo que se sentía avergonzada.

  

-“Bueno pues no me puedes culpar, sabes que creo que de las cenizas renace el fénix.”- La sonrisa de Yamato era notoria al soltar el comentario de doble sentido. Para complementar su metáfora, Yamato creó la ilusión de un pequeño fénix que salía de una pequeña montaña de cenizas en el suelo y volaba alrededor de Lina.

-“Déjate de tonterías, Yamato.”- Dijo Lina con tono de fastidio en su voz, pero con una leve sonrisa por ver la hermosa ilusión del ave con plumas carmesí y brillo dorado. –“Vamos saliendo, que ya es tarde. Roy y Misty nos deben estar esperando en la fiesta y estamos a media hora del local.”

-“Sí creo que tienes razón.”- Yamato estaba de acuerdo con Lina, después de todo los Dioses de Hera irían también, además era posible que los Cazadores Divinos aparezcan.

  

Yamato ya había dado la vuelta para dirigirse a la puerta, cuando Perséfone regresó.

  

-“Mi eterno amor, te amo y te necesito aquí conmigo. Sé que debemos estar ahí pero Roy y Misty Podrían cuidar a Apolo y a los demás.” – La voz de Perséfone había recuperado el tono seductor de hace un rato, pero Yamato también sabía que Perséfone aún temía encontrarse con los Cazadores Divinos. ¿Qué habrá tenido que soportar Perséfone en una de sus vidas pasadas para que el trauma afecte tanto a la Diosa?

  

Yamato se volteó justo a tiempo para abrazarla e intentar calmarla. Perséfone de por sí estaba preocupada, ya que nadie sabía el paradero de su madre, Demeter, quien había desaparecido hacia tiempo de la Clínica donde había estado internada por su enfermedad terminal. Lo que menos quería era que su esposa sufriera, pero tenían una responsabilidad que cumplir, la cual como bien dijo Perséfone, tenía a Roy y Misty para ser cubierta. Además Yamato no podía negar que como Hades deseaba estar con su esposa y como Yamato deseaba estar a solas con Lina y tratar de recuperar el antiguo fuego que existió entre ambos.

Acercándose otra vez a la mujer que tenía enfrente de él, Yamato la volvió a tomar entre sus brazos y depositó un suave beso en aquellos delicados labios femeninos. El beso fue correspondido por Perséfone, quien en verdad demostraba todo el amor y fidelidad que le tenía a su esposo en un sincero beso.

Las manos de ella acariciaron suavemente la castaña cabellera de Yamato (o Hades como lo considera Perséfone), mientras que Yamato acariciaba suavemente la espalda descubierta de Perséfone. Sus dedos recorrían su espalda como si fuese un piano. Sus poderes demostraban la hermosa sensación de amor y calidez al crear una ilusión de un campo de flores blancas alrededor de ellos, mariposas de colores volaban alegremente sobre sus cabezas...

  

-“OUCH!!!!!!!!”

  

Lo siguiente que supo Yamato fue que estaba tirado en el piso cogiéndose su estómago.

Lina le había proporcionado un fuerte golpe con su puño izquierdo. Para ser exactos fue un gancho certero. Las flores y las mariposas habían desaparecido tan rápido como habían aparecido.

  

-“¡No tenías que golpearme tan fuerte!”- Se quejó Yamato, mientras intentaba recuperar el aliento.

-“Te he dicho que no quiero que me toques ni me beses. Y menos cuando Perséfone esté aquí.”- Dijo Lina jadeando de cólera. Acaso era solamente idea de Yamato, pero notó más que rabia algo de celos. ¿Qué habrá querido decir con “y menos cuando Perséfone esté aquí”?

  

Yamato tenía que usar su habilidad innata para obtener información. Tenía que comprobar sus sospechas. Así que tendría que iniciar una estrategia. Él tendría que seducir a Lina antes que Perséfone lo seduzca a él. Su cuerpo no soportaría otra onda de erotismo para ser apagada por otro golpe de Lina.

  

-“Lina, acabas de decir “y menos cuando Perséfone esté aquí”, ¿qué quisiste decir? ¿Te da celos tu otra personalidad?”- Preguntó Yamato con su sonrisa característica y su tono burlón.

  

El rostro de Lina no esperó mucho tiempo para sonrojarse con todo el brillo carmesí que podría ser envidiado por la más roja de las manzanas. Eso era lo que detestaba (y secretamente adoraba) de su ex pareja, esa habilidad para decir las cosas de tal forma que no hubiese salida ni respuesta, esa habilidad para atraparla y enredarla con sus propias palabras.

  

-“Este... me expresé mal.”- El sonrojo en el rostro de Lina había aumentado en intensidad. Ya era notorio incluso en la tenue iluminación del departamento.

  

La luz de la luna llena se filtraba por las ventanas. Era una noche sin nubes ni estrellas. El manto índigo de la noche parecía el vestido de una elegante dama adornada con una perla única.

Yamato aprovechó este momento de silencio en Lina para crear una ilusión del primer día de la relación que hace tanto tiempo habían sostenido él y ella.

Ahí, en versión pequeña, sobre la mesa de vidrio estaba Lina bailando muy románticamente con Yamato. Había sido la primera fiesta en la universidad de ambos. Yamato la conducía hábilmente sujetándola por la cintura mientras ambos se miraban con ojos tímidos, la mirada propia de los enamorados.

Lina usaba un vestido largo azul marino. Yamato le había conseguido el adorno más elegante e inusual de la fiesta. Lina no quería orquídeas ya que eran muy comunes y frágiles. En cambio, Yamato le había dado un arreglo de tres rosas oscuras, conocidas como “príncipe negro”. Yamato por su parte usaba un terno azul metálico, una camisa azul italiano y una corbata dorada. Sus ojos pardos no dejaban de ver a su chica. Fue en esa misma canción que ella había aceptado ser su enamorada. La canción que sonaba había empezado a llenar el departamento con sus tonadas románticas. Era la canción favorita de Lina, la canción que fue usada para el soundtrack de la película Titanic, tan lenta, tan romántica, tan inspiradora.

La imagen de la pareja mostraba a ambos seres bailando de lado a lado, como si fuesen dueños de la pista de baile en su totalidad. Ambas pequeñas figuras se besaban con pasión y dulzura, mezcladas tiernamente en un una sola emoción.

La verdadera Lina no pudo evitar sentirse halagada, por no decir aún más sonrojada. No tenía idea que Yamato recordara esa fecha con tanto afecto. Sus ojos se volvieron vidriosos por la emoción, mientras que su expresión se suavizaba. Yamato por su parte se despojo de su saco y lo colocó a un lado.

  

-“Yamato... yo...”- Balbuceó Lina. Al parecer los recuerdos le habían quitado el habla.

-“Lina, sabes que el orgullo no nos dejará ver lo que en verdad queremos. Ambos deseamos estar juntos, lo sé por como me miras y te sonrojas, por como mi corazón late a mil por hora cuando estoy contigo.”- Yamato le responde a Lina, acercándosele sin apartar esa penetrante mirada llena de romanticismo de aquellos verdes y brillantes ojos.- “¿No lo ves? ¿Crees que es coincidencia que seamos las reencarnaciones de dos de los más grandes amantes en toda la historia? ¿Crees que es coincidencia que yo represente a la obscuridad y tú a la luz? No podemos seguir evadiendo nuestro amor, bendecido a través de los siglos y la mitología.”- En este punto Yamato toma el mentón de Lina suavemente con su mano derecha.

  

El rostro de Lina era aquel de las personas que saben que su interlocutor tiene razón y no pueden pensar una salida coherente para seguir negando esta realidad.

Antes que Lina pudiese decir algo, o incluso liberarse de la caricia en su mentón, Yamato une sus labios con los de ella. El suave beso no demoró en ser correspondido. Ya nada importaba, eran víctimas del amor. Y esta vez Yamato sabía que Lina no reaccionaría con su acostumbrada severidad.

Los brazos de Lina se cerraron alrededor del cuello del hombre que tanto amaba, a pesar de haber intentado tan tercamente de negarlo en el pasado, mientras que los brazos fuertes de él rodeaban la cintura de ella.

El beso continuaba aumentando la intensidad con los segundos que pasaban. Sus lenguas danzaban suavemente en un vals tierno dentro sus bocas. Los dedos de Lina empezaron a enredarse en la suave cabellera castaña de Yamato mientras que las manos de Yamato exploraban la esbelta figura de la dama con mucha suavidad.

La sangre hervía tanto que era casi imposible evadir la excitación en ambos cuerpos. Llegó el momento en el que la ropa se volvió un sobrante incómodo.

Lina de por sí no podía controlar sus manos, las cuales ya estaban desanudando la corbata azul del cuello de Yamato, para luego desabrochar los botones de la suave camisa mientras el beso no se rompía.

Yamato por su parte va desnudando primero el hombro izquierdo para acariciarlo con su mano. El otro hombro no tuvo que esperar mucho para compartir el destino de su hermano.

El beso fue interrumpido por Yamato, para acariciar suavemente el provocador cuello de Lina con sus labios, mientras Lina, embargada por el deseo, al fin se deshace de una manera torpe de la camisa blanca.

El torso desnudo de Yamato era el sueño de cualquier chica. Sus músculos eran moderadamente desarrollados y su espalda ancha robaría suspiros de muchas damiselas.

Mientras Lina es engatusada por los hábiles labios de Yamato sobre su cuello, ella intenta quitar la correa de cuero alrededor de la cintura de él. Yamato, sin dejar de lado su suave labor en el cuello de ella, comienza a bajar el vestido de una sola pieza que tanto estorbaba.

Lina ya estaba en ropa interior, blanca como la luna que brillaba afuera. Su curvado cuerpo perfilado muy bien por la luz de la luna.

Al fin Lina logró su cometido, el par de pantalones al fin abandonó las piernas de Yamato, dejándolo en boxers blancos con cuadros negros.

Ambos amantes retoman la posesión de los labios del otro en otro firme y suave beso. Ya no existían dudas en sus corazones. Esa noche la relación de ambos renacía como el Fénix.

El amor les daba vida y les daba pasión, pero sobre todo les proporcionaba dulzura.

Las caricias sobre los bordes de sendas ropas interiores se volvieron traviesas ya que Lina iba bajando los boxers y Yamato desabrochaba el delicado brasier con una sola mano mientras que con la otra iba bajando la pequeña trusa.

Ambos cuerpos desnudos, abrazados el uno al otro, unidos por un beso, emanaban una hermosura digna de obras de arte, tan perfectas, tan sublimes, tan puras.

Lina retrocedía hacia el sofá negro, mientras jalaba hacia ella el peso de Yamato.

Los besos y mordidas de labios no cesaron mientras ambos cuerpos cayeron encima del acolchonado mueble, ardientes del deseo.

  

-“Lina te amo. Siempre te amé. Discúlpame fui un tonto.”- Yamato interrumpe el beso, mas no las caricias en el muslo de Lina. Sus ojos muestran un deseo único.

-“Perdóname tú, amor, mi orgullo no quería aceptar mis verdaderos sentimientos. Sólo quiero estar a tu lado”.

-“Seré cuidadoso amor”.

  

La lengua de Yamato volvió a introducirse en los labios de su mujer, reclamando su territorio. Sus manos acariciaban las caderas de Lina.

La excitación en Lina ya era notoria, su cuerpo se humedecía en sudor y deseo, como esperando que su hombre la poseyera completamente. Sus manos encontraron su moño y lo deshicieron con apuro.

El miembro erecto de Yamato comenzó a palpitar en deseo. Suavemente, la humanidad de Yamato fue introduciéndose en Lina, cumpliendo su promesa de ser delicado. Lina deja salir un gemido. Aparentemente la estrechez de Lina era mayor a la que Yamato recordaba.

Los movimientos de ambos seguían un ritmo acompasado, pero sus respiraciones eran desordenadas. Lentamente pero con mucho amor, el cuerpo de Lina iba permitiendo a su hombre la posesión completa, la penetración completa.

Las manos de Yamato acariciaban las nalgas de Lina mientras ella clavaba sus uñas en las nalgas de Yamato. Los besos, los jadeos, las miradas cargadas de pasión aumentaban.

El peso de Yamato sobre su cuerpo, descontrolaba en pasión a Lina, quien se estaba arrepintiendo de no haber permitido sus verdaderos sentimientos fluir.

Ambos cuerpos llegaron al clímax en una explosión simultanea, Lina clavaba sus uñas en la espalda de Yamato, mientras éste mordía suavemente los pezones de su mujer. La explosión más hermosa que cualquier humano hubiese podido desarrollar.

Con suaves caricias, por parte de ambos, sus cuerpos eran dibujados por las manos del otro. Sus respiraciones se iban calmando, pero el rostro de Lina se mostraba mucho más extasiado que el de su pareja.

  

-“Amor, ¿disfrutaste este trío?”- Dijo con voz traviesa la dama.

-“¿Trío?”- Yamato no comprendía lo que su mujer quería decir.

  

El entendimiento lo golpeó de inmediato, durante aquella batalla de amor ambas, Lina y Perséfone, habían estado compartiendo el cuerpo del hombre que amaban, alternándose el control entre ellas.

Es por eso que el orgasmo había sido tan mágico y explosivo. Habían sido dos orgasmos al mismo tiempo en el mismo cuerpo.

Yamato solía podía sonreír, ya que no le fue infiel a ninguna de sus “dos mujeres”, ni como Hades, ni como Yamato.

La pareja se quedó abrazada ahí en el sofá durmiendo con una expresión calmada en sus rostros, cuidados por la noche, por la luna y por sus sueños.

  

***

  

Mientras tanto en otro lugar, un poco más ruidoso una sonriente mujer le preguntaba a su hermano con tono inocente y una sonrisa en sus labios:

  

-“Roy ¿no crees que Yamato y Lina se están demorando mucho? La fiesta de promoción de los chicos está por terminar”.

  

Roy no respondió pero mostraba celos y fastidio en su rostro, refugiándose en su cocktail de café.

  

  

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